EL ANTIGUO PASAJE COSTA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

En Medrano 1352, entre las calles Honduras y El Salvador se abre un pasaje privado a cielo abierto entre dos cuerpos de construcciones. Es el pasaje Costa.

En su entrada, un portón de rejas de hierro negro aparece rodeado por un arco de medio punto con un frontón donde se lee “Pasage Costa”, quizás una adaptación del francés passage, pues fue levantado en 1924 cuando la arquitectura porteña aún miraba a la parisina como un espejo donde reflejarse.

A los lados, en Medrano 1334 al 1368, se levantan dos conjuntos simétricos, ambos de dos plantas, que delimitan el pasaje. Cada uno cuenta con 6 casas que dan al frente y, por dentro, 18 departamentos. Las casas que dan a la calle tienen las puertas agrupadas de a pares, una al lado de la otra. Se trata de viviendas unifamiliares. No hay acuerdo en cuanto al estilo: algunos creen que tiene detalles art nouveau y otros lo consideran italianizante.

El pasaje es rectangular y no tiene curvas. En su recorrido se observan algunos apliques con farolitos y unas cuantas macetas diseminadas a lo largo de su corto recorrido.

PROPIETARIO, EL TERRENO Y SU ESTATUS

El pasaje Costa se encuentra dentro de una APH (Área de Protección Histórica)[1], con rango de protección cautelar[2]. En el documento oficial que lo acredita, se dice que el propietario fue Ángel Miguel Costa[3]; sin embargo, no hemos podido obtener ninguna información sobre él. Además, en ese texto aparecen datos interesantes; por ejemplo, que la superficie del lote es de 2963 m2, que el área construida es de 5549 m2 y que la altura de las construcciones es de alrededor de 8 metros.

El mismo documento pondera su valor patrimonial: “El conjunto es testimonio del modo de habitar en los barrios porteños de principios de siglo XX. Tanto el tipo ‘Casa de Altos’ como el ‘Pasaje’ denotan la transformación y densificación que sufrió la Ciudad de Buenos Aires en el período 1920-1940, dando lugar a adaptaciones del tipo ‘Casa Chorizo’ para su conversión en residencias multifamiliares”[4].

LOS CONSTRUCTORES

Aunque quizás no haya mucho más para decir sobre el pasaje, ha sido una labor detectivesca averiguar quiénes fueron realmente sus creadores.

Se afirma que las construcciones a los lados del pasaje fueron diseñadas por “el arquitecto Vittori y construidas por Civelli Hnos”. Estos datos se encuentran en todas las notas sobre el pasaje, pero no pudimos encontrar ninguna evidencia de un arquitecto Vittori en aquel tiempo trabajando en Buenos Aires. Quizás la confusión provino de los nombres grabados a uno de los lados del acceso al pasaje “C. Vittori y Civelli Hnos. Constructores”. Como suele pasar en publicaciones en la web, alguien supone algo, lo publica y los demás lo copian. Durante la investigación notamos otro detalle: aunque la mayoría dice que es C. Vittori, para nosotros la inicial era una G, pues en la inscripción del pasaje se diferencia muy bien de la C de Civelli y Constructores.  

En un libro que inventaría el patrimonio urbano del barrio de San Telmo una referencia a “C. Vittori y Cía” como constructor de una vivienda colectiva levantada en 1914 en la Avenida Independencia 401, en la esquina con la calle Defensa[5]. También encontramos que Alejandro Machado, investigador y especialista en arquitectura argentina de autor, lo mencionaba como constructor para la casa de renta de Agüero 827-31 y para un hotel ubicado en la Avenida Montes de Oca 250, ambos diseñados por el arquitecto italiano Domingo Donati[6]. En el primer caso hablaba de C. Vittori y en el segundo de G. Vittori. Entonces, decidimos comunicarnos con él. Al comentarle nuestra lectura de una G. en lugar de la C. precediendo al apellido Vittori del pasaje Costa, nos comentó que no había reparado en ese detalle. Tras validar que en las dos obras que él mencionaba una era claramente G y la otra una letra más dudosa, Machado logró develar el misterio: el constructor fue Gerardo Vittori, cuyo atelier estaba en Juncal 2832. Encontró el dato nada menos que en la Guía Rural de 1912, siendo considerado un constructor de primera categoría.

En cuanto a Civelli Constructores es poco lo que pudimos averiguar. En el libro que mencionamos sobre San Telmo aparece mencionado un Pedro Civelli, constructor de una vivienda individual en Carlos Calvo 535 que aparenta ser de la misma época[7]. Hay un Carlos Civelli mencionado en una lista de constructores que trabajaron en Mar del Plata entre 1870 y 1945[8]. En un blog personal hay otra mención a los  constructores Civelli: “Del otro lado del camino a San Martín, más allá del imponente edificio del Seminario Conciliar y a pocos metros de la antigua pulpería “El Cimaro”, en el año 1910 los constructores Civelli y Jacopini edificaron la mansión existente en la Avenida América 3346, hoy Avenida Mosconi siendo su primer propietario el Señor Pedro Bignoli, un comerciante muy conocido, dueño de una cadena de bazares, que la destinó como lugar de veraneo[9]. Ese predio corresponde actualmente al Hospital Sirio Libanés.

EL PASAJE EN EL CINE

Muchos quizás encuentren familiar el pasaje, pues allí se filmaron escenas de la película “El Secreto de sus Ojos”, ganadora del premio Oscar a la Mejor Película Extranjera 2010, dirigida por Juan José Campanella, con las actuaciones de Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella y Pablo Rago, basada en la novela “La Pregunta de sus Ojos” de Eduardo Sacheri[10].

UNA HISTORIA CANINA

Conseguir historias de los vecinos no suele ser fácil. De vez en cuando encontramos una mano amiga, pero en general hay reticencia para hablar con desconocidos. Los hechos que vamos a presentar nos los refirió un comerciante que tiene su negocio muy cerca del pasaje Costa.  

Una bonita joven venida del Litoral buscaba forjar buenas relaciones con los demás vecinos. Como inquilina cumplía meticulosamente todas las reglas y durante la semana que llevaba en el edificio coincidió varias veces con otra muchacha de su misma edad a la hora de depositar las bolsas con residuos. Siempre se saludaban y ese jueves por la tarde se pusieron a conversar frente al portón de rejas.

– Me mudé a Buenos Aires hace una semana; conseguir un departamento en este pasaje me hace muy feliz.

– Yo vivo aquí desde hace tres años. ¿Qué te ha traído a la capital?

– Un muchacho que conocí por Facebook del cual estoy enamorada; vine a conocerlo. Me dijo que me ama.

– ¡Qué bien! Hay que ser muy valiente para dejar todo por amor.

– Aún no nos hemos visto. Esta noche lo pienso llamar. Quiero darle la sorpresa, pero tengo miedo porque aún no le conté que decidí venirme. ¡Estoy muy emocionada!

– Espero que todo salga muy bien.  ¿A qué se dedica?

– Es arquitecto

– ¡Igual que mi novio! ¿Cómo se llama?

– Ignacio

– ¡Igual que mi novio! ¡Qué coincidencia! ¿Y dónde vive?

– Acá cerca, en la esquina de Gascón y El Salvador

La otra joven se puso pálida. Su sonrisa se borró de inmediato.

– ¿Trabaja en un estudio que queda en la calle Gorriti?

– ¡Sí! ¿Cómo sabías?

Cruel momento al descubrir que hablaban del mismo hombre.

Esa noche la litoraleña llamó al joven; le dijo que estaba de visita y lo citó para la tarde del día siguiente en un café de Palermo. Al encontrarse transmutó sus penas en unos ojos ardientes y una voz seductora. El arquitecto disfrutó a pleno del encuentro y cuando ella lo invitó a ir a su departamento pensó que había ganado la lotería. Sin embargo, al llegar al pasaje, sorprendido y advirtiendo el riesgo de cruzarse con su novia, le dijo:

– ¿Vivís acá?

– Sí, ¿por qué? ¿Pasa algo?

– No, no pasa nada

Para sus adentros rogaba que nadie lo viera. Al entrar al departamento, ella le dijo:

– Ponete cómodo.

Veinte segundos después las dos muchachas aparecieron juntas.

A esta altura el comerciante que me describió los hechos hizo una pausa y me dijo:

– No puedo imaginar el susto que se habrá pegado el tipo. Se creía piola, pero el muy canchero cayó en su propia red. Por supuesto, la vecina cortó el noviazgo y la otra joven volvió a su provincia, pero esa tarde hicieron una cosa extraordinaria. Lo arrinconaron al muchacho que no emitía palabra y le impusieron un castigo que, por vergüenza o para evitar un escándalo, aceptó sin chistar. No creo que haya hecho falta amenazarlo con un arma. Le pusieron un collar para perros y lo obligaron a salir a la calle en cuatro patas llevando ellas la correa. Además del collar colgaba un cartelito que decía “por idiota”.

En ese instante hizo un alto en relato, lanzando una mirada inquisidora.

– ¿No me cree? Mire la foto.

Allí estaba: había un hombre convertido en una mascota conducida por dos mujeres. La imagen parecía una representación de lo que en inglés se llama justicia poética.

– Varios en la calle tomaron fotos con los celulares, lo subieron a redes sociales y la historia se volvió viral. ¿Ud. no se enteró? Le confieso algo… soy un tipo casado y tenía un asunto fuera de casa… al ver eso corté de inmediato, tuve miedo de terminar como un perro…

Nunca hallamos la foto en internet, ni prueba alguna de lo sucedido. Por un buen tiempo creímos que era un invento de aquel comerciante. Cierta tarde nos convocaron a una reunión en un estudio sobre la calle Gorriti. Nos presentaron un arquitecto que parecía muy tímido al que le decían Chihuahua. Desde luego, no nos animamos a preguntar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Una APH (Área de Protección Histórica) es Las Áreas de Protección Histórica son zonas de la Ciudad con valor patrimonial que poseen gran calidad urbana y arquitectónica.

[2] La protección cautelar de una APH hace referencia a la protección de edificios cuyo valor reconocido es el de constituir la referencia formal y cultural del área, justificar y dar sentido al conjunto; se trata de la protección de la imagen característica del área previniendo actuaciones contradictorias.

[3] Base de Datos de Edificios de Valor Patrimonial Inventario 19-042-035, Separata del Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires, N° 4799, Anexo – Ley N° 5358 (continuación), Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Ministerio de Desarrollo Urbano, Subsecretaria de Planeamiento, Direccion General de Interpretación Urbanística – SPU, -13/1/2016, N° 9858, p.5

[4] Base de Datos de Edificios de Valor Patrimonial Inventario 19-042-035, p.6

[5] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.69

[6] Machado, Alejandro, “Arquitectos italianos en Buenos Aires”, http://arquitectos-italianos-buenos-aires.blogspot.com/2010/01/arquitecto-domingo-donati-aguero-827-31.html

[7] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; Op. cit., p.57

[8] Pegoraro, Víctor Nahuel, “La formación del empresariado de la construcción en mar del plata, una mirada desde la primera cámara empresarial: el centro de constructores y anexos entre 1935-1945”, Universidad Nacional de Mar del Plata, Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, 2014, p.92

[9] Bento Company, Carlos, “La Casa de mi Abuelo en Buenos Aires”, sin fecha, http://www.c-bentocompany.es/152239205 y Costa Susana, “Hospital Sirio Libanés”, Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto, sin fecha, http://www.c-bentocompany.es/152239205

[10] Nuestro comentario al libro puede leerse en “La Pregunta de sus Ojos”, Intriga para ganar un Oscar“, 2016, https://pablobedrossian.com/2016/12/10/la-pregunta-de-sus-ojos-intriga-para-ganar-un-oscar-por-pablo-r-bedrossian/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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UN COMENTARIO A “LA NOCHE DE LA USINA”, DE EDUARDO SACHERI (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

La Noche de la Usina 01Eduardo Sacheri es uno de los escritores más originales que ha dado la Argentina. No escribe con la excelsa pluma de Borges, ni con la profunda presencia de significado de Sábato. Ha creado, más bien, una literatura llena de emociones utilizando palabras sencillas. Ubica a personas comunes en situaciones inesperadas. Crea una secuencia que se inicia con una pérdida, a partir de la cual se genera un conflicto interior; le sigue la búsqueda de una salida, la toma de decisiones y finalmente la ejecución de un plan. Tal es el caso de “El secreto de sus ojos”, donde el personaje Ricardo Morales se enfrenta al cruel asesinato de su esposa, y de “La noche de la usina”, donde seis amigos son víctimas un vil engaño que los ha hecho perder los ahorros de toda su vida.

Corre el año 2001 y, aunque las autoridades lo niegan, la Argentina está al borde del estallido económico. En un pueblo de la Provincia de Buenos Aires, al que Sacheri llama O’Connor, vecinos y conocidos deciden asociarse para hacer una inversión. Un inescrupuloso gerente bancario les propone depositar los dólares que han reunido, ocultándoles la crisis que sobrevendrá de inmediato: el famoso corralito que les impedirá no sólo disponer de su dinero, sino que les devolverá a cuenta gotas y en moneda nacional sólo un tercio de lo depositado. El gerente, a cambio de una sabrosa comisión, entrega los billetes norteamericanos a uno de los hombres poderosos de la zona, sabiendo que podrá culpar al gobierno por la pérdida de los ingenuos inversores. A partir de allí se suceden los hechos y nace la trama que transcurre entre dos ejes -para algunos antagónicos y para otros sinérgicos-, la justicia y la venganza. Además, y quizás por sobre todo, el relato es un canto a la amistad.

Aunque descreo de los concursos literarios, corresponde mencionar que ha recibido el Premio Alfaguara en 2016. En mi opinión, “La noche de la usina” no es una gran novela, pero es una buena historia. Entretendrá a sus lectores hasta el final y no dudo que, por su estilo visual, pronto será llevada al cine.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

“ESPERÁNDOLO A TITO”, EL FÚTBOL HECHO PURO CUENTO (por Pablo R. Bedrossian)

esperandolo-a-tito-02Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Serie SIMPLEMENTE FÚTBOL

El fútbol nunca fue tema predilecto de la literatura. Más bien, algunos intelectuales que conocimos hablaban de 22 idiotas corriendo detrás de una pelota, como si fuera un absurdo. Ocurre que la razón no entiende la pasión; la contempla con desconcierto, y, en su afán de controlarla, la descalifica.

Quizás por eso el fútbol fue excluido de cuentos y novelas: una banalidad en medio de las grandes preocupaciones de la vida. Sin embargo, es imposible ignorar la pasión, que es como un géiser que lanza imprevistamente su chorro de vapor.

De los que conozco, el primero que se atrevió a cruzar esa frontera literaria fue Agustín Cuzzani, cuando publicó “El centroforward murió al amanecer”, una obra de teatro escrita en 1955, que más que en el juego se centra en un futbolista, vendido como si fuera un objeto coleccionable. La leí cuando tenía apenas 13 años, y aún guardo el sabor amargo de haber descubierto allí otro cruce inevitable: fútbol y negocios.

Pasaron muchos años hasta que llegó el inolvidable Roberto Fontanarrosa y el fútbol volvió a convertirse en tema de escritura. A partir de ese momento surgió una plétora de autores y textos que lo abordan. Uno de los primeros es Eduardo Sacheri, con su colección de cuentos “Esperándolo a Tito”.

Cuenta Sacheri en la nota preliminar, que siendo un desconocido, y a instancias de su esposa y de sus amigos, se atrevió a divulgar sus narraciones: “puse tres cuentos en un sobre de papel madera y lo dejé en la recepción de Radio Continental dirigido a ‘Todo con afecto’, que era el entrañable programa de Alejandro Apo, dedicado a recordar grandes momentos y personalidades del fútbol. Allí disfruté por primera vez “Me van a tener que disculpar”, el relato con el que Sacheri homenajea a Diego Maradona por sus dos famosos goles a los ingleses en el Mundial ’86.

Por eso fue una bendición conseguir “Esperándolo a Tito” y detenerme a recorrer sus páginas. Incluye 14 cuentos y un epílogo. Son relatos sobre el barrio, la niñez, la emoción, la lealtad y el sacrificio. Tal como Armando Bó en aquella película legendaria película “Pelota de Trapo”, el tema central es la épica: hazañas de héroes anónimos donde el deporte, la amistad y el equipo, están por encima de todo. Es, a la vez, una oportunidad para volver a creer que aún hay hombres que respetan códigos, y no venden su dignidad a ningún precio.

Editado por Alfaguara, y escrito en un estilo simple y directo, con mucho sabor local, termino recomendando especialmente algunos de sus cuentos: “La valla invicta”, “De chilena”, “Jugar con una Tango es algo mucho más difícil de lo que a primera vista se podía suponer” y “Último hombre”, aunque todos los cuentos atrapan desde el principio hasta el final.

Se podría decir que Eduardo Sacheri, aunque escribe en prosa, es un poeta de la vida, alguien que no escribe sobre fútbol con la neutralidad de un cronista, sino desde el contagioso sentimiento del protagonista.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


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Serie SIMPLEMENTE FÚTBOL

Hay libros que se leen con el corazón. Por supuesto, para el hincha de Independiente este es uno de ellos. Para quienes lo vimos jugar será revivir emociones; para las nuevas generaciones, la puerta de acceso a un pasado glorioso que invita a creer en el futuro.

“Yo, el Bocha – mi autobiografía” es un relato en primera persona de Ricardo Enrique Bochini, el ídolo máximo de los Diablos Rojos de Avellaneda. Comienza contando sus humildes comienzos en Zárate y su llegada a Independiente, donde su extraordinario talento lo catapultó rápidamente a la Primera División, y también a la inolvidable selección juvenil argentina que integró, entre otros, con El Conejo Tarantini, Marcelo Trobbiani, Mario Alberto Kempes y su gran amigo, Daniel Bertoni.

Cada capítulo del libro está dedicado a un tema que es, a la vez, un conjunto de historias, vivencias y opiniones cuya tensión mantiene atrapado al lector. El 10 va recordando en forma ordenada a sus Directores Técnicos, sus títulos (4 veces campeón del Torneo Argentino -campeonatos Nacional y Metropolitano-, 4 Copas Libertadores, 3 Copas Interamericanas, 2 Copas Intercontinentales y 1 Copa del Mundo con la Selección Argentina), sus goles históricos, su participación en la Selección Argentina (vistió 28 veces la celeste y blanca), el juego, su equipo ideal, el retiro y la idolatría, entendida como el enorme cariño y la ferviente admiración que la gente le rinde hasta hoy. Hay una excelente sección de fotos a todo color, y al final aparecen sus impresionantes estadísticas, siendo uno de los pocos jugadores en la historia del fútbol argentino que jugó 20 años con una misma camiseta.

Hay tres cosas que quisiera subrayar de la lectura. En primer lugar, la forma de entender el fútbol según Bochini, resumida en tres palabras: “ir para adelante”. Critica duramente a la táctica que hace un culto a la posesión permitiendo que el equipo rival juegue casi en su totalidad detrás de la línea de la pelota. Un segundo aspecto es que el crack del Rojo opina con libertad y contundencia. Es respetuoso, pero no dice cosas para quedar bien. Cuenta los conflictos y frustraciones, y se juega cuando tiene que expresar su punto de vista, tal como lo hacía en la cancha. En ese sentido, podemos decir que es un libro honesto y valiente. Finalmente, impresiona su memoria para recodar hechos y, sobre todo, personas, sean compañeros o adversarios, amigos, vecinos, periodistas o dirigentes; la mayoría de las veces son recuerdos para expresar gratitud.

Con prólogos de Diego Maradona y Daniel Bertoni, incluye notas sobre el máximo astro del Rey de Copas, entro otros, por Jorge Valdano y el escritor Eduardo Sacheri. El libro fue realizado por Jorge Barraza que puso por escrito la voz de El Bocha. Es un texto que se disfruta a tal extremo que uno no se da cuenta que ha leído 250 páginas de un tirón.

Si Ud. es hincha del Rojo, “Yo, El Bocha” es de lectura obligatoria; y si no lo es, lo disfrutará también.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.