DISECANDO UNA CANCIÓN: ESTRUCTURA – de CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 8)

VIII

Toda expresión artística tiene forma; aún las formas más amorfas tienen estructura.

En el arte el todo es más que la suma de las partes.

Para entender lo que el oyente o espectador percibe y retiene es necesario “disecar” de algún modo  la obra arte, su forma, analizando el proceso creativo, porque el  resultado de ese proceso será el que dirija o convoque la atención del público. Recordemos que creador conduce, la audiencia responde.

Nuestro abordaje consiste en descomponer la obra identificando sus partes más significativas. Desde luego, es un método limitado: al separar los diferentes aspectos una canción es imposible captar su espíritu, pues en el arte el todo es más que la suma de las partes. Por lo tanto, este proceso no puede establecer por qué nos agrada o desagrada una canción o por qué nos produce determinado efecto. Además siempre esa división es siempre arbitraria. Pero hagamos el ejercicio enfocándonos en tres elementos  de la forma: estructura, elementos y detalles. Comencemos por la estructura.

La estructura de una canción puede concebirse como un relato, pues tiene un principio, un desarrollo y un final. Sin embargo, no sigue el mismo esquema. En un cuento, como en una película o en una obra de teatro, generalmente se siguen tres pasos: hilo, nudo y desenlace. Comienza una historia cuyo drama o misterio van creciendo hasta llegar a una máxima intensidad tras la cual llega la resolución, que libera la tensión acumulada. En una canción en general hay un tema (sea musical o poético) que se repite; suele ser el coro o estribillo, o una frase que viene a ser la síntesis o clímax del “relato”. Pero, a pesar que sean repetitivas, la música y la letra deben ir creando una tensión y un modo de liberarla para crear impacto en el oyente.

Cada uno debe elegir la estructura que le resulte conveniente a sus fines (siempre entendiendo qué quiere decir y a quién se dirige) pero es importante que sea armónica: Debe tener un principio, un desarrollo y un final que estén debidamente relacionados, como los huesos del cuerpo están unidos mediante articulaciones para sostenernos a través de esa estructura ósea que llamamos esqueleto. Es fundamental entender que lo que se repite es lo que más se recuerda, y esa frase musical o poética, ese momentum, debe ser el corolario de lo que lo precede, una suerte de coronación del camino recorrido o el esfuerzo realizado.

Analicemos brevemente la estructura de algunas obras musicales, eligiendo dos muy básicas, tomadas del rock nacional argentino. Por ejemplo, “Todas las hojas son del viento” de Luis Alberto Spinetta:

Cuida bien al niño, cuida bien su mente,

dale sol de enero, dale un vientre blanco,

dale tibia leche de tu cuerpo.

Todas las hojas son del viento,

ya que el las mueve hasta en la muerte;

todas las hojas son del viento,

menos la luz del sol.

Hoy, que un hijo hiciste, cambia ya tu mente,

cuídalo de dogas, nunca lo reprimas,

dale el aura misma de tu sexo.

Todas las hojas son del viento,

ya que él las mueve hasta en la muerte;

todas las hojas son del viento,

menos la luz del sol.

La estructura es fácilmente reconocible: Estrofa – Coro – Estrofa – Coro, o, resumiendo simbólicamente A1 B A2 B. Diferenciamos A1 de A2 porque, aunque la música de ambas es idéntica, el contenido de la letra es diferente.

Veamos ahora “Libros sapienciales” de Vox Dei, de su álbum “La Biblia”:

De sol a sol, labrando tierra tendrás tu pan.

Todos los ríos van al mar, pero éste nunca se llenará.

Todos los ríos siempre volverán a donde salieron,

para comenzar a correr de nuevo.

Lo que siempre fue, lo mismo será;

lo que siempre hicieron, repetirán.

No olvidar, lo que ves ya se ha visto ya.

Tal vez un día lo sabrás, todo tiene un tiempo bajo el sol,

porque habrá siempre tiempo de plantar y de cosechar,

tiempo de hablar, también de callar,

tiempo para guerra y tiempo de paz,

tiempo para el tiempo y un rato más.

Buenas y malas son, cosas que vivo hoy.

No es esta tierra, no; sueño color azul

¿No es quizás que no sé mirar?

¿Cuánto, cuánto hay a mi alrededor?

¡Más de lo que mis ojos pueden mirar, y llegar a ver!

Estas son razones que dicen que sólo sé que sé querer,

que tengo a Dios, y tengo fe, y que doy amor, y puedo ser.

Sé que en algún lugar alguien me espera hoy.

Sé que ahora tengo yo alguien a quien buscar.

¿No es quizás que ahora sé mirar?

¿Cuánto, cuánto hay a mi alrededor?

¡Más de lo que mis ojos pueden mirar, y llegar a ver!

Estas son razones que dicen que sólo sé que sé querer,

que tengo a Dios, y tengo fe, y que doy amor, y puedo ser

Aquí tenemos dos estrofas con idéntica música, y luego, junto en el cambio de ritmo, otras dos estrofas diferentes a las primeras que tienen igual música, cada una de ellas seguidas de un mismo coro. Podría resumirse como A1-A2-B1-C-B2-C[1].

Como vemos, no es difícil identificar la estructura de una canción. Al crearla debemos elegir cuál será precisamente ese molde en el volcaremos el arte de modo que sea comprensible a nuestro público.

Práctica complementaria:

Por favor, lea la letra (en traducción al español) de Georgia Lee, un famoso tema de Tom Waits que León Gieco y Roxana Ahmed interpretaron magistralmente e identifique su estructura. Luego hágalo con sus canciones predilectas.

Fría la noche como duro el pisar.

La encontraron bajo un árbol aquí atrás,

en un desolado y oscuro lugar.

Es tan niña para andar por ahí.

¿Y Dios… no miraba?

¿Por qué no escuchaba?

¿Por qué Dios no estaba para Georgia Lee?

Su madre entre brumas

no alcanzó a hacerla estudiar.

“Hice todo lo que se puede hacer”.

y ella sólo buscaba del mundo escapar qué difícil criarla feliz

¿Y Dios… no miraba?

¿Por qué no escuchaba?

¿Por qué Dios no estaba para Georgia Lee?

Cierra los ojos y cuenta hasta diez.

Yo me esconderé, pero después

veré que me encuentres, te pido que me encuentres,

para jugar otra vez jugar otra vez,

de nuevo, todo otra vez

Hay un escuerzo en la maleza;

hay un cuervo en el maizal.

Flor silvestre trepando a una cruz.

Una niña que llora llamando a su mamá

mientras doran los campos su luz.

¿Y Dios… no miraba?

¿Por qué no escuchaba?

¿Por qué Dios no estaba para Georgia Lee?

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] El formato de la letra está tomado del álbum “La Biblia” en su nueva versión de 1997, con músicos invitados

UN COMENTARIO AL LIBRO “PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED Y OTROS CUENTOS”, DE ALEJANDRO KALFAYAN (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Alejandro W. Kalfayan es un talentoso joven de ascendencia armenia, nacido en Quilmes, Argentina. En su adolescencia empezó a escribir monólogos y cuentos fantásticos para todas las edades. En su opera prima “Prohibido pisar el césped y otros cuentos” nos presenta una colección de relatos cortos que nos transportan a un mundo íntimo, el de las percepciones, donde las cosas sólo suceden en tanto y en cuanto suceden para uno: Lo fantástico no está en las circunstancias sino en el protagonista.

De los diez cuentos que conforman la obra quiero detenerme brevemente en cinco de ellos. “Prohibido pisar el césped” es un juego con el tiempo y el espacio cuyo final es sorprendente. Tiene alguna reminiscencia borgeana, pero la resolución en absolutamente original. “Vida líquida” es un viaje que no es comprendido sino hasta el final. Lo releí por la excelente construcción de un mundo confuso y cambiante, que puede ser una metáfora de aquel al que pertenecemos. “Visiones” es un cuento desconcertante porque la dimensión tiempo no está trazada como una línea continua. Creo que “En el camino” contiene muchos elementos autobiográficos; siendo el cuento más largo de la obra, ofrece diversos matices a lo largo de la historia de modo que el final no requiere un desenlace sorpresivo. Finalmente “Un sutil cambio de vías” es un texto mágico con una historia de amor que es al mismo tiempo posible y milagrosa.

El lenguaje de los cuentos es simple, y la extensión de los relatos, corta. Esa sencillez, que no le quita de ningún modo belleza, hace que la obra sea fácil de leer para todos. “Prohibido pisar el césped y otros cuentos” puede ser leído por un niño y por un anciano, y ambos disfrutarlo. Como edición de autor tiene un formato pequeño y transportable (podría decirse que es un libro de bolsillo) con ilustraciones de Claudia Casquero, y diseño y producción gráfica de Lidia Peraggini. Lo leí prácticamente sin interrupciones del principio hasta el final.

Alejandro W. Kalfayan es un escritor talentoso cuya obra recomendamos. Es original sin sofisticaciones, y trasmite emociones intensas con pocas palabras.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.