LAEMANCTUS LONGIPES: UNA BELLA “IGUANA DE CASCO” COLOR VERDE (por Pablo R. Bedrossian)

Hace poco tuvimos oportunidad de ver en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, el primer ejemplar de Laemanctus longipes, una bella iguana de casco.

Laemanctus longipes

Íbamos en el auto del vecino Fernando Castellon a reubicar una bejuquilla verde (Oxybelis fulgidus) encontrada en el jardín de su casa.

La Oxybelis fulgidus que liberamos

De pronto exclamó:

– ¡Mire esa iguanita verde!

Me imaginé que era uno de los habituales garrobos o iguana gris (Ctenosaura similis) juveniles, intensamente verdes, muy comunes por aquí.

Ctenosaura similis juvenil

También pensé que podía tratarse de alguna pequeña iguana verde (Iguana iguana).

Iguana iguana juvenil

Sin embargo, al observarla me sorprendí: tenía la cabeza triangular y una especie de casquete en la parte superior. Esa peculiaridad me recordó lejanamente a una iguana de casco que algunos llaman turipache (Corytophanes cristatus), aunque es muy diferente: posee otro color y luce una delgada pero enorme cresta de líneas rectas en el centro de la cabeza.

Corytophanes cristatus

(Si Ud. desea conocer más sobre esta otra iguana de casco o turipache (Corytophanes cristatus), puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2018/10/10/corytophanes-cristatus-una-curiosa-iguana-de-casco-por-pablo-r-bedrossian/).

LA IGUANA DE CASCO VERDE

Bajé del auto y comencé a filmar y fotografiar este pequeño reptil tratando de evitar que se sintiera amenazado. Me permitió acercarme a pocos centímetros sin inmutarse.

Cada tanto movía los ojos, como advirtiendo mi presencia. Finalmente, como continuaba sobre el pavimento y corría el riesgo de ser atropellado, tuve que tocarlo suavemente para que huyera hacia el canal de agua que se encontraba a pocos metros.

Enseguida recordé una fotografía de esta especie que había publicado nuestro amigo, el Dr. Juan Ramón Collart en su libro “Honduras Salvaje”[1] y la identifiqué como la iguana de casco color verde (Laemanctus longipes).

ACERCA DE ESTA ESPECIE

Laemanctus longipes pertenece a la familia Corytophanidae[2]. Está integrada por tres géneros: Corytophanes, al que pertenece el turipache mencionado más arriba, el Basiliscus, cuya especie más conocida es el famoso charancaco (Basiliscus vittatus) y el Laemanctus, al que corresponde nuestra especie.

Basiliscus vittatus

Nótese que no es una verdadera iguana. De paso, en algunos lugares lo llaman toloque verde y en otros lemacto coludo. En inglés se lo llama Eastern Casquehead Iguana.

Es difícil de observar porque es una especie arbórea; gracias a su color se mimetiza con el follaje. Solo abandona los árboles para poner huevos, de abril a junio, de 3 a 5 por vez. Las crías nacen tras una incubación a temperatura entre 28º C y 30º C durante casi dos meses[3]. Los recién nacidos tienen una LHC (longitud hocico – cloaca) de 5 cm. con una cola de unos 17 cm. Los adultos pueden alcanzar una LHC de 15 cm y desde la cabeza a la cola hasta unos 45 a 50 cm.

El cuerpo es alargado de un color verde intenso, con franjas suavemente amarillentas a los costados de la cabeza y el cuello y en ocasiones una pequeña franja negra desde la parte posterior de los ojos al cuello. La superficie dorsal de la cabeza (el casquete o yelmo) es plana, sin mostrar crestas y de un color grisáceo más pálido que el resto. Una notable línea blanca interrumpida se extiende de la cabeza a la ingle. Además, presenta pequeñas manchas blancuzcas en el dorso y la cola. Posee cinco dedos en las patas delanteras y traseras. Se conoce muy poco de sus hábitos no reproductivos. Se ha reportado que en cautiverio se alimenta de insectos.

¿DOS ESPECIES DIFERENTES CON EL MISMO NOMBRE?

Según el experto James McCranie, en Honduras coexisten dos subespecies: Una es Laemanctus longipes waltersi, de los departamentos de Atlántida y Cortés (donde encontramos nuestro ejemplar), con escamas corporales más grandes y ausencia o forma incompleta de abanico gular[4]. La otras es Laemanctus longipes longipes, de los departamentos de Copán y Olancho, que posee escamas corporales más pequeñas y un abanico gular completo[5]. En su opinión constituirían dos especies distintas.

Hay otra especie que solo conocemos por fotografías, llamada Laemanctus serratus, que habita en Tamaulipas y la península de Yucatán, México y en poblaciones aisladas en el noroeste de Honduras[6]. Se diferencia de Laemanctus longipes en que posee escamas espinosas en la parte posterior de la cabeza además de una cresta dorsal evidente[7]. El hábitat de esta especie es bastante reducido, desde el sur de Veracruz en México hasta el occidente de Honduras con una población aparentemente aislada en el centro de Nicaragua[8].

No es fácil encontrar una la iguana de casco color verde como Laemanctus longipes debido a sus hábitos de vida. En más de 12 años de vivir en este lugar y con varios cientos de caminatas realizadas tuvimos el privilegio de verla personalmente por primera vez.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014, p.64

[2] Durante mucho tiempo se la consideró una subfamilia de la familia Iguanidae, pero desde 1989 comenzaron a ser consideradas como familias separadas: D.R. Frost & R. Etheridge (1989) “A phylogenetic analysis and taxonomy of iguanian lizards (Reptilia: Squamata)”, Univ. Kansas Mus. Nat. Hist. Misc. Publ. 81 y D.R. Frost, R. Etheridge, D. Janies & T.A. Titus (2001) “Total evidence, sequence alignment, evolution of polychrotid lizards, and a reclassification of the Iguania (Squamata: Iguania)”, American Museum Novitates 3343: 38 pp.

[3] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, 2003, p. 135

[4] El abanico gular o gula (en inglés dewlap) es una delgada membrana ubicada en el cuello que se despliega y retrae. También la poseen los Anolis.

[5] McCranie, James R., “The Lizards, Crocodiles, and Turtles of Honduras”, “Bulletin of the Museum of Comparative Zoology”, Special Publications Series, No. 2, Harvard University, 2018, p.200.

[6] McCranie, James R., Op. cit., p.213

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.136

[8] McCranie, James R., Op. cit., p.209


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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BOTHROPS ASPER – BARBA AMARILLA, FER-DE-LANCE O TERCIOPELO: RESCATANDO UN EJEMPLAR (Por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Muchos han leído nuestro artículo “Bothrops asper – Barba amarilla, la serpiente más temida de Centroamérica”, donde presentamos esta especie con datos, fotos y videos y explicamos detalles de su biología y su comportamiento. Para los que no leyeron, lo pueden encontrar en

https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/

OTRA BARBA AMARILLA ENTRE NOSOTROS

Tiempo después de aquel artículo, un vecino de nuestra comunidad, Residencial Campisa, ubicada en el sector noroeste de San Pedro Sula, Honduras, me pidió ayuda pues había visto una serpiente entre unas maderas frente a su casa. Al llegar, la identifiqué de inmediato: era una Bothrops asper, conocida como barba amarilla, fer-de-lance o terciopelo. Aunque solo se veía una pequeña parte de su grueso cuerpo, los patrones en A de su piel aterciopleada y grisácesa fueron suficientes para comprender que estábamos frente a una de las especies más peligrosas de Centroamérica.

Las maderas se encontraban a pocos metros de un curso de agua. Nos preguntamos cómo retirar el barba amarilla sin correr riesgos, evitando a la vez que huyera al canal desde donde podría regresar. Además no contábamos con pinzas adecuadas para la toma de serpientes. Como no teníamos una mejor opción decidimos quitar con cuidado las maderas que estaban en las partes superiores, hasta que dejamos a la víbora al descubierto.

Desde luego, no fue un proceso fácil y tomó bastante tiempo. La serpiente prácticamente se mantuvo inmóvil, por lo que sospechamos que había elegido ese lugar para reposar tras haber ingerido alguna presa. En una ocasión habíamos observado y filmado a unos 200 metros una Boa constrictor deglutiendo un Ctenosaura similis, una iguana gris o garrobo. La cuestión es que la teníamos al descubierto y había que extraerla.

Este ejemplar medía aproximadamente 1,30 metros. Por el tamaño pensamos que era un juvenil y decidimos tocarla suavemente con un tubo de metal sin agarraderas y una rama seca de aproximadamente un metro para que ingresara por sus propios medios en una bolsa gruesa y resistente para un traslado seguro.

Al mínimo toque la serpiente se movió de inmediato, aunque sin la agresividad que hemos observado en otros adultos de la misma especie.

La fuimos guiando con el tubo y la rama procurando que entrara en la bolsa, cuya ancha boca dejamos abierta frente a ella. Guardamos una buena distancia y no la golpeamos; nuestros movimientos fueron dirigidos a evitar que se desviara. Luego de un par de intentos fallidos, la Botrhops asper ingresó en la bolsa, que cerramos y levantamos de inmediato. Cómo suele suceder, la víbora se quedó tranquila, descansando en la parte de abajo.

La trasladamos en ese mismo momento en una camioneta a una región montañosa cercana donde habíamos visto otros ejemplares de esta especie. Allí la liberamos.

Su comportamiento fue diferente pues rápidamente se movilizó y desapareció entre las piedras y las plantas.

EDUCAR PARA CONSERVAR Y ACTUAR PARA RESCATAR

Desde luego, nuestra actuación es cuestionable; no contar con pinzas entraña siempre peligros. Sin embargo, y luego de trabajar durante mucho tiempo con serpientes, sabemos que no siempre es posible hacer procedimientos de manual. Dejarla allí hubiera sido exponer a la comunidad a su mortal mordedura.

Para nosotros es importante preservar cada animal. Por ello nos ofrecemos a ayudar a nuestros vecinos en caso de visitantes peligrosos como los barba amarillas o las corales. Las rescatamos evitando en lo posible agredirlas y las devolvemos a su hábitat. En 2019 rescatamos una pequeña Bothrops asper (quizás tenía solo un par de semanas de vida) del jardín de una vecina cuyo muro linda con el de nuestra casa.

Invitamos a ver el video de este pequeño pero temible ejemplar:

En 2020, pocos días antes de la publicación de este artículo, también rescatamos una Micrurus nigrocinctus de dos colores.

Esta coral verdadera se hallaba en un terreno baldío, lindante con la vivienda de una familia de nuestra comunidad. Compartimos un video de este ejemplar una vez que fue liberada.

Muchos cuando ven una serpiente, aunque sea inofensiva, la matan de inmediato, actuando por miedo. Ese miedo es producto de la falta de educación ambiental y, en particular, el total desconocimiento de las serpientes. El gran desafío que tenemos todos los que amamos los reptiles es educar para conservar, y solo si es necesario, actuar para rescatar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


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LAS 7 IGUANAS DE HONDURAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

En Honduras se han descrito siete especies de iguanas; solo una pertenece al género Iguana, la que se conoce popularmente como iguana verde, cuyo nombre científico -y no hay error al repetirlo- es Iguana iguana. Las otras seis corresponden al género Ctenosaura, y son consideradas genéricamente como iguanas negras.

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Las especies más comunes son la mencionada iguana verde y el garrobo gris o café, cuyo nombre científico es Ctenosaura similis. Ambas se encuentran ampliamente distribuidas por todo el país. Las otras parecen tener localizaciones específicas. Los invito a descubrirlas.

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IGUANA IGUANA (IGUANA VERDE, EN INGLÉS GREEN IGUANA)

La iguana verde es un reptil que habita desde México hasta el norte de Argentina, Paraguay y el sur del Brasil. Se caracteriza por su color intensamente verde, que les permite camuflarse, aunque en Honduras los machos adultos pueden tomar un color más pálido, cercano al ocre.

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Su gruesa piel está cubierta por diminutas escamas. Poseen un cuerpo alargado con patas cortas, que terminan en cinco dedos con garras en cada una. Uno de sus rasgos más distintivos es la presencia de una escama grande circular cerca de la boca; Además la cola es más larga y lisa que en los Ctenosaura.

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El macho es más grande que la hembra y tiene una cresta mucho más notoria, al igual que la papada que crece a lo largo de los años. Se dice que de la cabeza a la cola pueden medir cerca de dos metros, pero publicaciones científicas sostienen que su longitud hocico-cloaca llega hasta 550 mm[1]. Si bien son de las iguanas mayor tamaño, la más larga que hemos visto en Honduras medía menos de metro y medio.

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Prefieren las tierras bajas, cerca de cursos de agua. Son arbóreos, aunque también se arrastran por el suelo. Los juveniles suelen encontrarse a baja altura y en arbustos y los adultos en las copas de los árboles. Se alimentan de hojas y son grandes nadadoras. Donde vivimos, Residencial Campisa, en San Pedro Sula, cuando sienten la presencia humana suelen arrojarse desde los árboles a la laguna si sufrir perjuicio alguno.

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Köhler, basado en observaciones de otros investigadores, menciona que al llegar la temporada seca las hembras cavan un agujero en la tierra que puede tener de 30 cm a 2 metros de profundidad, donde desovan entre 20 y 60 huevos. Las crías nacen tres meses después, al inicio de la época lluviosa.

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En Centroamérica hay dos subespecies. En Honduras se encuentra la rhinolopha, mientras que la otra habita desde Costa Rica hacia el sur.

LOS CTENOSAURIOS

Como hemos dicho, las otras seis especies pertenecen al género Ctenosaura, y son agrupadas como iguanas negras, aunque no en todas predomina ese color. Estas especies habitan en tierras bajas de México y Centroamérica hasta Panamá, en algunas islas del Pacífico cercanas a las costas de dichas regiones y también en islas del Mar Caribe.

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Todas son ovíparas. Eligen lugares expuestos donde, utilizando un sistema de hoyos y túneles, desovan de 5 a 15 huevos en las especies pequeñas y de 20 a 88 huevos en el caso de C. similis[2]. El periodo de incubación es de aproximadamente tres meses.

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Todos los Ctenosaura (salvo el bakeri) presentan al nacer un color verde intenso que podría mover a un observador sin experiencia a confundirlos con una iguana verde. Sin embargo, la iguana verde se diferencia por esa gruesa escama redondeada cerca de la boca que mencionamos y porque su cola es lisa.

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Al crecer, los juveniles toman un color marrón grisáceo o café; alcanzan su madurez sexual a los dos o tres años.

CTENOSAURA SIMILIS (GARROBO, EN INGLÉS SPINY-TAILED IGUANA)

Su color es café claro, a veces virando hacia un tono anaranjado, con franjas oscuras en el dorso. Como describe su nombre en inglés poseen una cola con espinas y en anillos. Los machos son más grandes, pudiendo medir del extremo de la cabeza hasta el final de la cola hasta 1,3 metros (longitud hocico-cloaca hasta 489 mm). Además, poseen una cresta muy notable en su dorso con aspecto de espinas pero suaves al tacto, cabeza ancha y mandíbulas fuertes.

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La hembra es más pequeña y de cabeza angosta.

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Es común verlos arrastrarse por el suelo o treparse a un árbol para esconderse en alguno de sus huecos. Pueden desplazarse a gran velocidad. Expresan su sensación de amenaza o enojo con una secuencia de movimientos de ascenso y descenso de la cabeza.

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Hemos filmado dos veces a machos luchando; en uno de los casos una hembra observaba tranquilamente el combate.

CTENOSAURA MELANOSTERNA (JAMO, JAMO NEGRO, EN INGLÉS BLACK-CHESTED SPINY-TAILED IGUANA)

Esta especie tiene una distribución restringida: Es endémica del valle del río Aguán y de los Cayos Cochinos, ubicados en el Caribe hondureño. En la zona de Olanchito, Yoro, se celebra una fiesta que lleva su nombre, “La fiesta del jamo”. Su existencia está amenazada tanto por el consumo de su carne, considerada por algunos un manjar, como de sus huevos.

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Aunque algunos puedan confundirlos con los garrobos, son portadores de algunas marcas de campo particulares: color más oscuro con franjas grises y negruzcas, ojos anaranjados y en los machos una enorme papada.

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Más pequeñas que la I. iguana y el C. similis, su longitud hocico-cloaca alcanza los 310 mm. Aunque solo es producto de observaciones aleatorias y no de una medición rigurosa, todos los ejemplares que hemos visto en los Cayos Cochinos son más grandes que los que vimos en el valle del Aguán.

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Recién en 1997, las investigaciones de Buckley & Axtell demostraron que se trataba de una especie independiente. Hasta esa fecha se pensaba que estos especímenes correspondían a Ctenosaura palearis.

CTENOSAURA OEDIRHINA (IGUANA NEGRA DE ROATÁN, EN INGLÉS ROATAN SPINY-TAILED IGUANA)

Esta especie, que también recibe los nombres en inglés de De Queiroz’s Spiny-tailed Iguana y Wishywilly, vive exclusivamente en la isla de Roatán, la más grande de las tres Islas de la Bahía (Bay Islands en inglés) en el Caribe hondureño. Fue descrita como una especia propia en 1987 por Kevin de Queiroz.

019 Ctenosaura oedirhina

Estas iguanas se reconocen por su color negro con franjas gris oscuras. Tienen el hocico más redondeado debido a que la cápsula nasal está inflada[3] (su nombre oedirhina traducido del griego al castellano significa nariz hinchada).

Copia de 021 Ctenosaura oedirhina

Viven en manglares y bosques secos. Está amenazada por la destrucción de su hábitat, la caza furtiva y el tráfico de mascotas.

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CTENOSAURA BAKERI (IGUANA NEGRA DE UTILA, EN INGLÉS UTILA SPINY-TAILED IGUANA O SWAMPER)

Esta especie es endémica de la isla de Utila, la más pequeña de las tres islas de la Bahía (49 km2) y la más cercana al continente. A estas iguanas también se las conoce como swampers, wishywilly o garrobos de Utila por su coloración oscura. No existen en ninguna otra parte del mundo, salvo que sea como mascotas traficadas ilegalmente.

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C. bakeri fue descrita como una especie hace más de un siglo, en 1901, por el noruego Leonhard Stejneger, que era investigador del Smithsonian Institute. Por ello ha sido mejor estudiada que otras especies de identificación más reciente. Se trata de iguanas pequeñas. Los machos, de la cabeza a la cola pueden alcanzar los 76 cm; las hembras son más pequeñas[4] (Su longitud hocico-cloaca llega hasta 300 mm). Como ya hemos dicha, es la única especie de Ctenosaura en Honduras que al nacer no es de color verde.

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En la misma isla coexiste con I. iguana y C. similis. La competencia con estos, más grandes y agresivos, parece ser la causa por la cual estas iguanas negras viven exclusivamente en una zona pantanosa poblada de manglares, en un área estimada de 8 km2. Son muy territoriales, al extremo que habitan el mismo sitio (un hoyo de un árbol o una depresión de un árbol hueco) durante muchos años[5].

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Las iguanas adultas son estrictamente arbóreas. Sólo durante la temporada reproductiva dejan su “casa” yendo hasta las pocas playas de arena que Utila tiene, donde colocan sus huevos en túneles excavados por ellas mismas. No se sabe cómo estas hembras son capaces de navegar hasta un kilómetro de regreso a “su” árbol después de que los huevos han sido puestos.

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Gracias al esfuerzo del herpetólogo Gunther Köhler, que a principios de los ’90 encontró casi extinta a la C. bakeri, se creó en 1997 Iguana Research & Breeding Station (IRBS), un ente autónomo dedicado a la conservación de esta especie.

CTENOSAURA PRAEOCULARIS (EN INGLÉS SOUTHERN HONDURAN SPINY-TAILED IGUANA O HONDURAN CLUB TAIL IGUANA)

Esta especie fue descrita recientemente, en 2009, por Carlos Roberto Hasbún y Gunther Khöler. Su hábitat se localiza en la vertiente Pacífica del sureste de Honduras (Departamentos de Francisco Morazan y Choluteca). El nombre praeocularis, que combina las palabras latinas prae (antes) y oculus (ojo), se asignó debido a unas escamas preoculares que son exclusivas de la especie.

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En las zonas vecinas se encuentran otras dos especies: Ctenosaura flavidorsalis (suroeste de Honduras, El Salvador y sureste de Guatemala) y Ctenosaura quinquecarinata (Nicaragua y Costa Rica). Difiere de ellas en varias características de escamación, coloración y osteológicas[6].

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Los especímenes son de tamaño pequeño en comparación con las mencionadas precedentemente. Su longitud hocico-cloaca máxima que se ha encontrado es de 168 mm. La mayoría de los rasgos que permiten diferenciarlas de las iguanas de zonas vecinas son imperceptibles para quien no es especialista, pero hay detalles interesantes; por ejemplo, que no presentan papada y poseen una tonalidad amarillenta, además de una cola espinosa.

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Los ejemplares al momento de ser hallados se encontraban en huecos de árboles a no más de 2 metros del suelo, en un medio dominado por arbustos y árboles.

CTENOSAURA FLAVIDORSALIS (RUMIA, EN INGLÉS YELLOW-BACKED SPINY-TAILED IGUANA)

Esta iguana fue descrita en 1994 por Khöler y Klemmer, en el departamento de La Paz, Honduras. Hoy se sabe que hay poblaciones aisladas de esta especie desde el este de Guatemala hasta el este de El Salvador y al sudoeste de Honduras, en el valle de Comayagua[7].

Ctenosaura flaviorsalis - Yellowback-spiny-tailed-iguana

Estas pequeñas iguanas miden de la cabeza a la cola 40 cm. (longitud hocico-cloaca llega hasta 170 mm). Tienen la cabeza claramente separada del cuello. En lugar de papada presentan un pliegue transversal hendido[8] y la piel en la región del cuello muy flexible. Además, tienen una extensa cresta y la cola es sumamente espinosa. En cuanto al color, en los machos se mezclan franjas oscuras con amarillo o suave anaranjado, mientras que en los especímenes juveniles y en la mayoría de las hembras son predominan tonalidades grises o cafés brillantes, aunque en ocasiones pueden ser oscuras. Su nombre proviene del latín (flavus significa amarillo y dorsalis, dorso o espalda).

Habitan en bosques tropicales secos y formaciones de bosque seco subtropical. Son principalmente terrestre y su hábitat preferido es el terreno rocoso. Las grietas y los agujeros se usan como refugios.

Se cree que hay unos 2,500 ejemplares maduros, en unas 20 poblaciones aisladas. La deforestación, la quema regular de su hábitat y el uso de su carne localmente como alimento son sus mayores amenazas. Ninguna ley los protege.

CONCLUSIONES

Hasta la fecha se conocen siete especies de iguanas en Honduras. Al conocimiento tradicional de la Iguana iguana y Ctenosaura similis, en 1901 se añadió Ctenosaura bakeri. Pasaron 86 años para que se identificara una nueva especie endémica de Honduras: en 1987 se demostró que la iguana negra que habitaba Roatán era una especie independiente, y fue denominada Ctenosaura oedirhina. A partir de allí se sucedieron tres nuevos hallazgos: Ctenosaura flavidorsalis en 1994, Ctenosaura melanosterna en 1997 (que hasta esa fecha se consideraban C. palearis, una especie que habita en el valle del Río Motagua en Guatemala) y finalmente Ctenosaura praeocularis en 2009. Aunque es difícil que se identifique una nueva especie, no parece imposible. Mientras tanto sigamos protegiendo las siete iguanas de Honduras y disfrutando de su belleza.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.134

[2] Köhler, Gunther, Op. cit., p.127

[3] De Keiroz, Kevin, “A New Spiny-tailed Iguana from Honduras, with Comments on Relationships within Ctenosaura (Squamata: Iguania)”, Copeia, American Society of Ichthyologists and Herpetologists, December 1987, p.892-893

[4] Sosa, Arturo, “Iguana Station”, http://www.hondurastips.hn/2010/10/04/iguana-station/ Si bien no es un artículo científico contiene información muy útil acerca de la historia natural de esta especie y su conservación.

[5] Goetz, Matthias, “Ctenosaura bakeri, Husbandry Guidelines and Bibliography”, Durrell Wildlife Coservation Trust, Mayo 2006, p.3

[6] Hasbún, Carlos Roberto y Gunther Khöler, “New Species of Ctenosaura (Squamata, Iguanidae) from Southeastern Honduras”, Journal of Herpetology, Society of Amphibians and Reptiles, Vol.43, Nº2, 2009, p.192

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.128

[8] Köhler, Gunther & Konrad Klemmer, “Eine neue Schwarzleguanart der Gattung Ctenosaura aus La Paz, Honduras”, Revista Salamandra, vol. 30, n. 3, 1994, p.201


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de:

1. Las fotos de Ctenosaura praeocularis, compartidas por Carlos Roberto Hasbun y usadas con su permiso.

2. La foto de Ctenosaura flavidorsalis, tomadas por el Dr. Gunther Köhler y descargada del sitio https://www.arkive.org/yellowback-spiny-tailed-iguana/ctenosaura-flavidorsalis/image-G73315.html


AGRADECIMIENTOS

A Leonel Marineros por ser el primero en enseñarme a distinguir las especies de iguanas de Honduras hace muchos años.

Al Dr. Gunther Köhler, a quien conozco solo por correo electrónico, por sus aportes al conocimiento científico de la herpetofauna centroamericana. Hemos tomado una foto suya sin su permiso, confiando en que no se opondrá, pues nuestro propósito exclusivo es poner la biodiversidad hondureña al alcance de todas las personas.

A Carlos Roberto Hasbún, quien junto al ilustre Dr. Gunther Köhler identificó la Ctenosaura praeocularis, por los artículos y fotos que me compartió y permitió publicar.

Al Dr. Juan Ramón Collart, quien gentilmente me compartió y permitió publicar una de sus fotos de Ctenosaura bakeri en la versión original de este artículo, que posteriormente sustituí por fotos que tomé en los pantanos Utila y en Iguana Station.

A Joel Amaya por su experiencias con fauna en las Islas de la Bahía y su disposición a colaborar con este artículo.

UNA BOA CONSTRICTOR COMIENDO UNA IGUANA GRIS (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Una de las serpientes más famosas del mundo es la Boa constrictor. Esa popularidad quizás se deba a su amplia distribución, que va desde el norte de México a la Argentina, y a su impactante tamaño, que puede alcanzar unos cuatro metros.

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En Campisa, San Pedro Sula, Honduras, donde resido, he visto personalmente más de veinte ejemplares en estado natural, algunos de más de dos metros. No solo sorprenden por su longitud sino por su grosor. Su ancho cuerpo cilíndrico les permite comprimir mortalmente a sus presas gracias a la fuerza provista por robustos anillos musculares. El nombre constrictor precisamente se deriva de su capacidad de matar por estrangulamiento.

UNA BOA COMIENDO UNA IGUANA

En una ocasión, mientras almorzaba sonó el teléfono. Un vecino me sugirió.

– Véngase pronto, hay una boa comiéndose un garrobo.

Tardé cinco minutos en llegar hasta el lugar. Allí encontré una Boa constrictor devorando – en realidad, engullendo, porque no mastican- un Ctenosaura similis, una iguana gris o iguana café de cola espinosa, conocida en inglés como Spiny-tailed Iguana.

Pude registrar el momento en video:

ACERCA DE LA BOA CONSTRICTOR

La Boa constrictor es una serpiente de color marrón o café claro cubierto por 17 a 29 manchas ovaladas color café oscuro. Pese a que la cabeza se destaca claramente del cuerpo y su pupila es elíptica, no es venenosa. Suele presentar un triángulo oscuro (o una franja) con vértice en el ojo que se extiende hacia el ángulo de la boca. La cola es relativamente corta. Las escamas superiores de la cabeza suelen ser más pequeñas o iguales que las del dorso.

No pone huevos: es vivípara, pariendo de 10 a 64 crías por vez, generalmente de marzo a agosto. Las boas recién nacidas miden cerca de medio metro y pesan unos 50 gramos[1].

Copy of P1230755Vive desde el nivel del mar hasta 1370 metros[2], en hábitats boscosos muy diferentes y también en manglares. De hábitos nocturnos, a veces se las observa activas de día. Pueden encontrarse sobre la tierra, en zonas cubiertas por abundante hojarasca o en ramas de árboles grandes, donde suelen esconderse en alguno de sus huecos.

Su dieta es variada: reptiles, aves y mamíferos pequeños. Cuando se sienten amenazadas adoptan una posición defensiva, bufando con el hocico abierto. Pueden morder causando heridas dolorosas y sangrantes debido a sus numerosos y poderosos dientes. Al cazar ratones, arañas y otros animales evitan plagas y contribuyen a preservar el medio ambiente.

OTROS NOMBRES POPULARES

En Centroamérica, según la región, se la llama boa, boba, mazacuate, mazacuata, tragavenados, waula (en lengua miskita) o matacaballos. Algunos de estos nombres se utilizan también en zonas de Sudamérica, donde también hay quienes la conocen como mantona, tragavenao, jiboia y lampalagua.

LA BOA ROSADA

Finalmente, en los Cayos Cochinos, un conjunto de islotes del Caribe hondureño, existe una variedad más pequeña de Boa constrictor de color rosado pálido, conocida como boa rosada. Personalmente he llegado a ver seis en ese lugar en un mismo día. Aún se discute si su coloración se debe a cuestiones genéticas o alimenticias.

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© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.175

[2] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.63


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

PELEA ENTRE DOS MACHOS DE CTENOSAURA SIMILIS – IGUANA GRIS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Esta mañana, a unos 100 metros de mi casa, contemplé un inusual espectáculo: dos machos de la especie Ctenosaura similis, conocidos como iguanas grises o garrobos, y en inglés, Spiny-tailed Iguana, luchaban encarnizadamente. Filmé brevemente con el celular la pelea, pero decidí buscar la cámara de fotos, sin saber si el combate se extendería hasta mi regreso.

Me imaginé que se trataba de una pelea territorial. Cuando volví los machos se encontraban a unos diez metros uno del otro. Comencé a filmar  y vi como el más pequeño y oscuro se acercaba al más grande, que tenía el típico color naranja con trazas negras que los machos suelen tener por aquí. Enseguida se reinició la lucha que, salvo por algunos movimientos involuntarios al acercarme con la cámara, se puede ver perfectamente.

Luego del film, vi que a pocos metros una hembra observaba el combate. Su foto va debajo del video. Vale la pena ver el esfuerzo de estos machos por vencer al otro. Pareciera que el UFC ha crecido tanto que ha llegado a extenderse al reino animal.

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La hembra que a pocos metros observaba la pelea de los machos

Finalmente el más pequeño se retiró, lográndose ocultar en un hueco; el otro no pudo encontrarlo. Aprovechando la distracción del más grande, segundos después la hembra se introdujo en el mismo agujero, siguiendo al macho más pequeño. El más grande continuó infructuosamente su búsqueda durante varios minutos.

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El macho más grande buscando al más pequeño tras la pelea

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

BONUS: LAS SIETE IGUANAS DE HONDURAS

En Honduras, donde vivimos, hasta donde sabemos hay siete especies de iguanas:

Iguana iguana, la conocida iguana verde.

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Ctenosaura similis, muy extendida en el sur de México y todo Centroamérica.

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Ctenosaura melanosterna, también conocida como jamo o jamo negro, que se observa en los Cayos Cochinos y en el departamento de Yoro.

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Ctenosaura oedirhina, la iguana negra de Roatán, la isla caribeña más grande de Honduras.

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Ctenosaura bakeri, la iguana de la pequeña isla caribeña de Utila.

Ctenosaura flavidorsalis, que se encuentra en Honduras sólo en la zona sudoccidental, que limita con El Salvador.

Ctenosaura praeocularis, una especie descrita en 2009 para la zona de Nueva Armenia, Francisco Morazán, por Carlos Roberto Hasbun y Gunther Köhler.


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