LIBRERÍA “EL TÚNEL DE BUENOS AIRES”, UN JARDÍN ENCANTADO PARA LOS BIBLIÓFILOS (por Pablo R. Bedrossian)

Las librerías de Buenos Aires siguen siendo una referencia obligatoria para todos los lectores. A pesar de las innovaciones tecnológicas, los kíndles y los e-books, nada reemplaza la experiencia de visitarlas y pasar en ellas un tiempo placentero. ¿Quién no ha llegado tarde a una cita por andar mirando libros?

Si alguno duda de la importancia de las librerías porteñas, Umberto Eco (devenido a personaje narrador) en la introducción de “El Nombre de la Rosa” encuentra en una de ellas el manuscrito que le sirve como fuente: “curioseando las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del famoso Patio del Tango de esa gran arteria, tropecé con la versión castellana de un librito…”[1].

Uno de mis mayores placeres de adolescente era visitar a la salida del Colegio las librerías de usados de la Avenida de Mayo. Allí con algunos compañeros del Nacional Buenos Aires pasábamos horas buscando gangas. Pasó el tiempo, vinieron las crisis y también un cambio de concepto: del libro usado se pasó al libro antiguo. El valor de una primera edición incluso en estado regular puede costar una pequeña fortuna, cuando antes quizás se conseguían a bajo precio.

El amor por los libros que compartimos con mi hermano Alejandro, heredado sin duda de nuestro padre, me impulsó a armar una pequeña colección de manuscritos y libros antiguos. Cada vez que viajo inevitablemente recorro librerías para coleccionistas; entre ellas, hay una que trato de visitar en cada viaje a la Argentina, mi país de origen: La librería El Túnel de Buenos Aires.

LA LIBRERÍA EL TÚNEL DEL BUENOS AIRES

Ubicada muy cerca del histórico Café Tortoni, ocupa un local en la Avenida de Mayo 767, en la planta baja del Palacio Vera. Fue creada hace más de 30 años por Carlos Noli y está especializada en primeras ediciones, libros antiguos (anteriores a 1850) y de colección.

Al entrar uno se sumerge en un mundo de libros. Basta bajar unos pocos escalones para encontrar a la izquierda obras antiguas y ediciones especiales mientras que al fondo la variedad se multiplica. Allí hay un pequeño espacio con fotografías en las paredes y mesas, anaqueles y vitrinas pobladas de libros llenos de historia y de historias. Si tiene suerte y nadie se los ha llevado aún, puede encontrar libros de los siglos XVI y XVII.

En una entrevista realizada por el diario colombiano Vanguardia en 2014, Noli explicó “Mi oficio como librero data de hace unos treinta y cinco años, y la librería lleva veinticuatro años en este local. Fue declarada patrimonio cultural, y pertenece a un edificio que es patrimonio histórico” [2].

En el mismo reportaje, Noli afirmó sobre Borges “es nuestra especialidad, nuestra debilidad. Es una cosa muy rara, pero se dio con el tiempo, al conseguir primeras ediciones, entrevistas y cosas así”. Nosotros podemos confirmarlo. En nuestra última visita adquirimos una primera edición de “Atlas” firmada por el gran escritor argentino.

La librería sirve a dos mercados: el de la gente común, que va y compra ocasionalmente y el de los coleccionistas que son los clientes frecuentes. En aquella entrevista de 2014 la periodista le pidió que contara de alguna búsqueda por encargo que haya sido un desafío, a lo que Noli respondió: “Una guía de la empresa Varig[3] de aviación, hecha por Borges y Bioy Casares. Algo muy difícil de hallar, porque entra a formar parte del coleccionismo. Después de muchos años conseguí una; carísima”. Es más conocido que estos grandes autores coescribieron un folleto para la recordada empresa láctea “La Martona”, con la historia y las propiedades de la leche cuajada, pero solo los expertos conocen de aquel opúsculo que promocionaba el turismo en la Argentina, hecho para la desaparecida aerolínea brasilera en 1965.

ACERCA DEL PALACIO VERA DONDE SE ENCUENTRA LA LIBRERÍA

El Palacio Vera fue construido en 1910 por los arquitectos. Arturo Prins y Oscar Ranzenhöffer[4]. Fue levantado en el terreno que da a la Avenida de Mayo Av. de Mayo 769/77 cuyo contrafrente se encuentra sobre la calle Rivadavia. Se lo considera una de las expresiones más importantes del Jugendstil, variante austriaca del modernismo.

Cuenta planta baja y cinco pisos Desde la calle, al contemplar su espléndido portón de herrería negra y la escalinata de mármol se puede intuir su refinado interior. La librería El Túnel de Buenos Aires ha hecho del Palacio Vera su casa.

Si busca libros que parecen difíciles de encontrar visite esta librería. Si no lo halla seguramente se topará con otro que le parecía imposible de conseguir.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Edición argentina, 1987, p.11

[2] Mantilla Durán, Claudia P., “Un paseo por El Túnel”,  Diario Vanguardia,  Bucaramanga, Colombia, 1/2/2014, https://www.vanguardia.com/entretenimiento/cultura/un-paseo-por-el-tunel-EDVL244642

[3] En la entrevista original, la periodista escribe Bari, pero se trata de la aerolínea brasilera Varig.

[4] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.222


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadAs por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos

BREVE HISTORIA DEL TANGO (Parte 3): TANGO SIN FRONTERAS por Pablo R. Bedrossian

Piazzolla tuvo varios herederos musicales, hijos legítimos y bastardos. Negar su alcance universal sería una necedad. Músicos de la talla de Al Di Meola, Gary Burton, YoYo Ma y Gidon Kremer, por nombrar sólo unos pocos, han hecho maravillosos discos homenajeando su obra. En la Argentina, bandoneonistas como Rodolfo Mederos, Dino Saluzzi y Daniel Binelli fueron algunos de los que, siguiendo sus pasos, continuaron expandiendo las fronteras del tango y la abrieron a otros géneros. Algo parecido sucedió con los pianistas Pablo Ziegler, cuyo CD “Bajo Cero” obtuvo un Premio Grammy, o Gerardo Gandini con sus “Postangos”. Todos ellos tocaron con Piazzolla. Aunque algunos intentaron sustraerse de esa impronta, la huella piazzolleana perdura en sus obras, lo cual, lejos de desmerecerlas, las eleva, mostrando cómo se puede seguir construyendo a partir de los cimientos que otro colocó.

La primera década del XXI encuentra al tango en dos vertientes novedosas: La postpiazzolleana, que sin perder su esencia tanguera la aproxima al jazz y a la música clásica, y el chill out, una suerte de tango electrónico que pretende ser liviano y relajante, sirviendo más bien como música de fondo. Quizás el chill out tenga el mérito de retornar a las fuentes: Como el tango original, es una música sensual y provocativa. Además, músicos importantes como Gustavo Santaolalla, ganador de dos Premios Oscar a la mejor banda sonora para cine, han incursionado en esta rama del género. Sin embargo, por su propia esencia ligera, parece más una moda que una música perenne. En cambio, el camino postpiazzolleano se amplía día a día presentándose como imperecedero.

 LA MÚSICA Y EL INSTRUMENTO

A partir de Piazzolla llegaron un nuevo tango y una nueva forma de tocar el bandoneón. Cuando me refiero a un modo innovador de utilizarlo no voy a abordar la cuestión técnica sino la utilitaria. A partir de Piazzolla (por ejemplo, de sus encuentros con el saxofonista Gerry Mulligan, o de la creación de sus conciertos, que son verdaderas obras de música clásica), el bandoneón dejó de ser patrimonio del tango para pasar a la música universal.

Gabriel Rivano grabando en la Iglesia Danesa de Buenos Aires (foto del autor)

De origen alemán, este instrumento a fuelle fue creado para uso religioso; su principal virtud residía en ser portátil. Fue en Argentina donde se convirtió en sinónimo de tango. Sin embargo, hubo músicos que cruzaron ese límite. Aunque había habido intentos exóticos, como el de Barletta tocando música de Bach, recién después de Piazzolla el uso del bandoneón se extendió a otros géneros. Tal es el caso, por ejemplo, del mencionado Dino Saluzzi o de Gabriel Rivano. Gabriel, sin provenir de una escuela piazzoleana, capturó la idea de extender el uso del instrumento a otros géneros. No sólo lo utilizó en el jazz o la música clásica, sino, por ejemplo, en la música brasilera, el folclore argentino o la música beat. Su discografía atestigua que el bandoneón en el siglo XXI no necesita aferrarse al tango para generar belleza o melancolía.

Esteban Morgado tocando en el Café Homero, en Buenos Aires (foto del autor)

En cuanto a la nueva música que Piazzolla nos legó, universal y popular, quiero destacar a Esteban Morgado. A través de sus discos, y especialmente de su Cuarteto, ha generado un tango que excede la tradición que lo ha nutrido. A la inversa de Gabriel, es capaz de tomar un tema de Pat Metheny, de Sting o de Ennio Morricone y traducirlos al lenguaje tanguero. Su forma de componer, arreglar y tocar trasmite una atmósfera nostálgica que nos transporta en el tiempo y la distancia. Diría que la esencia de su música, aun cuando se sirva de obras propias de la world music, suena arrabalera… ¿cómo decirlo? Siempre tiene aroma a barrio. Inmune a la música comercial, Esteban nunca dejó que lo encandilaran “las luces malas del Centro”.

Esteban y Gabriel pertenecen a la misma Promoción que ingresó en 1971 al Colegio Nacional de Buenos Aires, de la cual formo parte. Tuve el privilegio de compartir con ellos y escucharlos muchas veces. Recuerdo cuando Gabriel me invitó a una grabación de un concierto para orquesta de cámara en la Iglesia Danesa del barrio de San Telmo, en Buenos Aires, elegida por su excelente acústica, o cuando en ese mismo histórico barrio porteño Esteban, tocando en un club de tango, me dedicó una canción por el nacimiento de mi hija Sophia, o cuando ambos tocaron juntos en un cumpleaños de nuestro amigo Ricardo Hara. Oír su música es una experiencia que deja huellas. Uno no puede salir luego de escucharlos tal cual llegó. Creo que ambos fenómenos (el bandoneón de Gabriel haciendo diversos géneros o Esteban con su Cuarteto transformando toda la música en un nuevo tango) serían imposibles sin haber habido un Ástor Piazzolla. Sin embargo, sería injusto quitarles mérito a músicos como ellos, creativos e innovadores.

Siempre la orquesta “típica” de tango conservará su público y el chill-out encontrará su lugar, aunque dejará de ser moda. Sin embargo no me parece aventurado afirmar que los surcos que Piazzolla abrió seguirán siendo recorridos por varias generaciones.

 

FOTOGRAFÍAS:

Todas las fotos fueron tomadas por el autor, y a él le pertenecen todos los derechos, a excepción de la foto del Pasamurallas, tomada por nuestra amiga Joan Ackley y utilizada con su permiso.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.