“TU MANO”: LA HISTORIA DE LA CANCIÓN QUE HABLA DE LA VERDADERA MANO DE DIOS

Cuando Diego Maradona hizo el famoso primer gol a los ingleses en el Mundial ’86, generó la protesta de sus rivales que decían que había convertido con la mano. Al ser entrevistado, en una respuesta ingeniosa por su reveladora ambigüedad, el jugador argentino dijo que hizo el gol “un poco con la cabeza y otro poco con la mano de Dios”. Años después, en un acto de sublime obsecuencia e indudable oportunismo comercial, el periodista Fernando Niembro, publicó un libro sobre Maradona titulado “La mano de Dios”. “Tu mano”, un negro spiritual  presentado en 2013, recupera el sentido original de la frase, que no es religioso y menos aún deportivo, sino testimonial.

House of Blues 01Siempre admiré la música afroamericana. Cuando era niño, en casa había unos discos con negro spirituals que me gustaba escuchar y cantar con mi voz desafinada. Con los años entendí  la enorme carga testimonial que contenían esas canciones de estructura simple y letra repetitiva: Eran cantos de esperanza en medio de circunstancias de peligro extremo, el sueño de una vida libre de toda esclavitud.

Al hurgar en sus raíces, esta música se presentó completamente desnuda, sin nombres famosos o grandes protagonistas. Me encontré con una voz anónima colectiva que expresaba al mismo tiempo dolor y resistencia. Declaraba con fe que Dios terminaría con tanto llanto, dolor y clamor pues traería la aurora de un nuevo día.

“Tu mano” nació de esa idea: Escrito en primera persona, es una oración que reconoce la soberanía divina. Comienza de un modo testimonial: la mano de Dios representa su misericordia, manifestada “cualquiera sea la adversidad”, tal como dice la letra. Al escribirla pensé en las pruebas padecidas no sólo por los esclavos negros en el sur de los Estados Unidos. Pensé en incontables mártires, “de los cuales el mundo no era digno”[1] como dice el autor de la bíblica Epístola a los Hebreos. Pensé en el heroico pueblo armenio, que por su fidelidad a la fe cristiana fue masacrado, y en la gesta de mi abuelo Agop. Para quienes no conocen su historia, fue deportado con su familia durante meses a través del desierto por gendarmes turcos, cuyos líderes organizaron e impulsaron el genocidio. Finalmente, al llegar a la base de una montaña y escuchar los gritos de los que eran asesinados, su madre, que había quedado viuda en el camino, puso un poco de tierra en la boca de cada uno de sus hijos, como si fuera el pan de la Santa Cena, y les dijo “en unos momentos estaremos en la presencia de Dios”. Mi abuelo, dado por muerto y arrojado a una fosa común, logró sobrevivir tras pasar escondido varias horas en la enorme pila de cadáveres. A pesar de tanto sufrimiento, fue un ejemplo de fe. Siempre imputó la crueldad  y la injusticia a la maldad del hombre. Nos enseñó que la comunión con Dios era lo más importante en la vida pues nos permitía hacer frente a la peor adversidad.

Por ello, me indigna escuchar a ciertos predicadores que anuncian una falsa prosperidad a través de la obediencia, una suerte de éxito negociado, no sólo porque se centran en el beneficio material y en el dinero que ellos recogen, sino porque plantean una supuesta retribución divina a la buena conducta, ignorando deliberadamente el sufrimiento de los justos. Sin el menor pudor, ven en los padecimientos ajenos supuestas culpas y merecidos  castigos. Jesús jamás comulgó con esas ideas miserables. Presentó a Dios como “vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”[2], y habló de “toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar”[3]. Él mismo “fue llevado como oveja al matadero”[4].

Los padecimientos de los esclavos negros en el sur de Estados Unidos, los campos de concentración y exterminio nazis, los gúlags soviéticos y las deportaciones y matanzas de armenios  son circunstancias terribles que muestran  al hombre como lobo del hombre. Vivimos en un mundo de violencia y terrorismo que deja al descubierto a las atrocidades a las que estamos expuestos. Agradecer a Dios por esa “mano”, es también reconocer que la necesitamos.

GRITO DE LIBERACIÓN

La mano de Dios 01Cuando dice “Tu mano me ha sanado, mi herida ha curado aunque siga la dificultad”, hace referencia no sólo al dolor físico sino al dolor moral, aquel que surge por el daño que nos ha producido otro ser humano. Dios nos sana del resentimiento y nos mueve a renunciar a la venganza. La frustración, esa herida, ya no nos domina ni ocupa el centro de nuestros pensamientos “aunque siga la dificultad”, pues no han cambiado las circunstancias sino nuestra actitud frente a ellas. Esta experiencia es propia de los spirituals afroamericanos. No son llamados a la revancha o expresiones de rencor, sino un grito de liberación.

La letra termina jugando con el llamado del solista y la respuesta del coro, con rimas que incluyen todas las vocales. Le dicen a Dios que, a pesar de las calamidades y pase lo que pase, confían que su milagrosa presencia estará con ellos hasta el final. No se trata de librarnos de las desgracias sino de ser acompañados y recibir fuerzas en medio de ellas.

Aunque los negro spirituals son cantos eminentemente rurales, este es un salmo urbano. Hoy vivimos en nuestras junglas de cemento y asfalto también una realidad difícil. “Tu mano” es una declaración de fe en medio de los abusos, la impunidad y la opresión,  que siempre terminan teniendo como víctimas a las personas más indefensas, el hombre común, cuyo único interés es servir a su familia y vivir en paz con su prójimo.

SOBRE LA MÚSICA

La mano de Dios He publicado un artículo sobre los negro spirituals donde sostengo que “aunque para algunos no es un género musical, encontramos en esta música rasgos muy definidos que le confiere  identidad propia… Las raíces africanas se advierten  en forma de call and response (llamado y respuesta), donde el solista “dialoga” con el coro enunciando una frase, tras la cual recibe una respuesta colectiva. También hay sílabas que se prolongan, reiteraciones y variaciones melódicas con disminuciones de cuartos de tono”[5]. “Tu mano” es justamente una expresión de ese género. Compuesta en tono menor para crear una atmósfera dramática propia de los spirituals, se nutre también de obras como de “Joshua fit the battle of Jericho”, canción que si bien tiene otro ritmo, siempre me ha inspirado. El “amén” es la respuesta del pueblo a los afirmaciones del solista. El final, con el esquema de sucesivas líneas por solista primero y coro después, unen a ambos  en un solo sentimiento.

LA LETRA

TU MANO

Por Pablo. R. Bedrossian (2012)

Tu mano me ha tomado

y nunca me ha soltado

cualquiera fuera la adversidad.

Tu mano me ha ceñido

siempre me ha sostenido

y cuando hubo dolor puso paz.

Tu mano me ha sanado,

mi herida ha curado

aunque siga la dificultad.

Tu mano me ha guardado

en los momentos malos

por eso en ti yo puedo confiar.

Aunque todo salga mal

sé que Tú me sostendrás

Aunque no pueda entender

sé que buscarás mi bien.

Aunque sienta que no puedo seguir

seguirás actuando en mí

Aunque me agobie dolor

sentiré tu inmenso amor

Aunque cargue con la cruz

siempre me guiará tu luz.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


NOTA: VERSIONES GRABADAS

La canción fue grabada en Buenos Aires y presentada en forma digital en 2013, interpretada por:

Gabriela Sepúlveda (voz y coros), Andrés Partamian (saxo), Irhyna Medina y Juan Carlos Marsili (coros), Marcelo Mollo (teclados, arreglo, mezcla y edición), Alejandro Bedrossian (contrabajo), Carlos Cáceres (guitarra).

Se puede escuchar en:

La pista se puede descargar de:


REFERENCIAS

[1] Epístola a los Hebreos 11:38, Santa Biblia, RVA 1960, Sociedades Bíblicas Unidas

[2] Mateo 5:45

[3] Mateo 23:35

[4] Isaías 53:7

[5] https://pablobedrossian.wordpress.com/2013/06/17/por-pablo-r-bedrossian-negro-y-spiritual-son-dos/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

QUE ES LA MUSICA GOSPEL por Pablo R. Bedrossian

El autor de esta nota cantando en el Cotton Club, Harlem, New York

Es difícil definir un género musical; no es cuestión sólo del ritmo. En el caso de la música gospel, que toma su nombre del inglés gospel, que significa evangelio, la situación es más complicada, porque se trata de una música que apoya o sostiene un contenido claramente definido: el mensaje cristiano. La música está al servicio de la letra, cuyo propósito es anunciar y celebrar a Jesús.

La música gospel nace en los Estados Unidos a mediados de la primera mitad del siglo XX en las iglesias afroamericanas. Surge de la fusión de dos corrientes o géneros musicales: Los spirituals, cantos de fe y esperanza de los esclavos negros que habían abrazado la fe cristiana, y los himnos tradicionales de las iglesias “blancas”, cuya rica tradición aún perdura. Estos himnos comenzaron a crecer con fuerza a partir del movimiento impulsado por John Wesley, que, aunque conocido como el padre del metodismo, puede considerarse el iniciador del movimiento evangélico moderno.

El gospel es un tipo de música popular para uso congregacional. La rítmica es sencilla pero marcada; naturalmente se sigue con el cuerpo o con las palmas. Las estrofas son coronadas por los estribillos que se repiten numerosas veces. Los solistas son apoyados por coros, porque si bien es una música de melodía simple y fácil de aprender, posee una fuerte riqueza armónica. Los mass choir, multitudinarios coros que participan en las reuniones religiosas en los Estados Unidos, se caracterizan precisamente por el canto a cuatro voces. Además, el gospel facilita la improvisación, que realiza el solista sobre la base coral de los estribillos.

La letra es definidamente confesional. No consiste en una tibia declaración de fe sino una proclama valiente y decidida de Jesús como el Salvador. El perdón por su sangre, la cruz, el amor, la fe, el sufrimiento, la victoria y la esperanza de su regreso son los temas predilectos. Una frase medular de una canción puede reiterarse innumerables veces.
Los instrumentos de acompañamiento son variados, pero se destacan el piano, el órgano electrónico (un instrumento que se ha convertido en emblemático del género), el bajo y la batería, por las bases rítimicas que construyen. Los solos de piano improvisando también son característicos (el gospel es una de las fuentes en las que el jazz abreva).

Se habla del southern gospel, un gospel sureño, un género mucho más cercano al himno que al spiritual. Es menos rítmico que el gospel y con escasa improvisación, aunque se apoya también en armonía a cuatro voces y en la estructura de estrofas seguidas por un estribillo. En mi opinión no es verdadero gospel: se trata de una música “blanca”, que es una versión “descafeinada” del género original. No cuestiono su belleza sino su pretensión de apellidarse gospel.

El contemporary gospel, en cambio, es una música afroamericana, que habiendo partido del gospel, incorporó nuevos géneros como el R&B, el soul y el pop, creando una fusión que, me parece, le ha quitado la identidad original. Multiplica la fuerza rítimica, conserva la base coral sobre la cual el solista improvisa, y repite los estribillos con tanta frecuencia que puede causar cansancio o aburrimiento a pesar que se alcancen notas estridentes, cercanos al éxtasis místico o espiritual.

En Latinoamérica también se llama gospel a la música cristiana contemporánea, pero ese uso excede largamente los límites del género. Lo único en común es el mensaje y la modernidad, pero la forma musical puede diferir enormemente.

Tuve el privilegio de asistir en varias ocasiones a iglesias bautistas en el Harlem, el famoso barrio negro de New York, donde se cultiva el gospel de una manera apasionada y genuina. He estado en grandes iglesias como la Abyssinian Baptist Church, donde uno tiene que hacer dos horas de cola para escuchar su famoso coro, y en iglesias pequeñas de cincuenta asistentes donde hay espacios vacíos donde uno puede sentarse con comodidad. En todas las ocasiones he sentido lo mismo: Una tremenda conmoción interior al escuchar alabar a Jesucristo de un modo tan poderoso. En esas ocasiones me pregunté qué movía a estas personas cantar con tanto fervor. Al meditar en ello me convencí que el gospel es la encarnación musical de una fe viva y contagiosa, que revela y comparte una experiencia de profunda comunión con Dios.

© Pablo R. Bedrossian, 2010. Todos los derechos reservados.