NOTRE-DAME TRES DÍAS ANTES DEL INCENDIO (por Pablo R. Bedrossian)

El viernes 12 de abril visitamos con mi esposa la Catedral de Notre-Dame. Tres días después, el lunes 15, mientras caminábamos por la avenida de Champs-Élysées divisamos una enorme nube de humo que venía del sudeste de la ciudad. En ese momento no imaginamos que la histórica iglesia estaba siendo consumida por el fuego.

La catedral de Notre-Dame comenzó a construirse en 1163, cuando el papa Alejandro III colocó su piedra fundamental. Ubicada en el corazón de l’île de la Cité, la isla más importante de París sobre el río Sena, tiene una notable arquitectura gótica. Se la reconoce fácilmente por sus torres simétricas de 69 metros de altura, erigidas a mediados del siglo XIII. El edificio fue terminado hacia 1330, con unos 130 metros de largo con altas paredes sostenidas por arbotantes a fin de reflejar la pequeñez del hombre frente a la majestuosidad divina.

Durante la visita aproveché para subir a las torres. Era mi tercera vez en Notre-Dame y la segunda en sus terrazas que, además de, ofrecer fantásticas panorámicas de la ciudad, permite observar de cerca las famosas gárgolas o más correctamente quimeras (del francés chimères), pues no son las típicas figuras utilizadas para disfrazar desagües. Se trata de verdaderas esculturas de aspecto monstruoso cuyo propósito primigenio era mantener alejados a los malos espíritus[1].

Subí más de 400 peldaños de una estrecha escalera en espiral. Desde lo alto se veía perfectamente una amplia zona en restauración, cubierta de estructuras metálicas, incluyendo la famosa aguja, una torrecilla en forma de flecha de 90 metros de altura, erigida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX que colapsó durante el incendio.

Al llegar al nivel donde se encuentran las campanas, el guía, un tico llamado Juan Carlos, nos dijo:

“Aquí no hay conexiones eléctricas pues hay materiales altamente combustibles”.

“Pero mire allí -le dijo un turista señalando un tomacorrientes –; hay un enchufe colocado allí”.

Sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, había algo premonitorio en esa conversación.

Tras bajar, admiramos las imágenes labradas en la fachada e ingresamos al interior de la iglesia.

Los techos elevados, las anchas columnas interiores y la delicada luminosidad que se filtra por los vitrales crean una atmósfera de hondo recogimiento. Fiel al estilo medieval, cuenta con tres naves: la central está ocupada por los bancos para la feligresía, el altar y, detrás, el coro de madera, mientras que en las laterales, que se unen al fondo permitiendo rodear toda la iglesia, se abren numerosas capillas.

Hubo dos capillas que atrajeron mi atención. La primera es la dedicada al mártir chino del siglo XIX san Paul Chen. Toda una curiosidad ver en una catedral gótica imágenes con ideogramas.

La otra, la Capilla del Sagrado Sacramento, por sus extraordinarios vitrales.

No sabemos cuán grande ha sido la magnitud de los daños. Pero, más allá de las religiones y las teologías -quien escribe esta nota no es católico-, Notre-Dame es un símbolo de la cristiandad de Occidente, además de un ícono de la nación francesa y parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Por eso presentamos algunos testimonios de lo que quizás se haya perdido para siempre.

LOS BAJORRELIEVES ALREDEDOR DEL CORO

El coro ubicado detrás del altar cuenta con una hermosa sillería. Sin embargo, en su pared exterior, llamada jubé, que mira al amplio pasillo que conforma junto a las capillas, se encuentran unos bajorrelieves de madera tallada que cuentan la historia de Jesús.

Fueron realizados a mitad del siglo XIV y están pintados a mano[2]. Definitivamente son mis favoritos.

LOS VITRALES

Según pudimos constatar al día siguiente, desde el lugar donde la policía nos permitió llegar (estaba acordonada toda la zona), en el incendio se dañaron algunos vitrales e incluso se perdió al menos un rosetón lateral.

Afortunadamente han sobrevivido los tres principales de 13 metros de diámetro. La extraordinaria vidriería es del siglo XIII pero fueron renovada en numerosas ocasiones[3].

LAS QUIMERAS O “GÁRGOLAS”

Como hemos dicho estas figuras que -aunque se atribuyen a
Eugène Viollet-le-Duc, el mismo autor de la aguja que cayó-, parecen surgidas de la imaginería medieval.

Se encuentran en las terrazas exteriores, muy cerca del lugar donde aparentemente se inició el incendio y parecen surgidas de alguna extraña mitología.

Notre-Dame ha sufrido un devastador incendio, pero esperamos que pueda recuperar la belleza perdida, no solo por lo que es sino por lo que representa no solo para el pueblo francés sino para el mundo entero, símbolo de arte, historia y fe.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1

Fotos del 16 de abril, día después del incendio. Como se observa el fuego se extendió en la zona donde se estaba trabajando.


BONUS 2

Fotos del 4 de mayo mostrando las obras en la Iglesia de Notre-Dame.


REFERENCIAS

[1] Según hemos leído las quimeras de Notre Dame no provienen del medioevo, sino que fueron agregadas por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX.

[2] Si desea más Información, puede leerse un interesante artículo con amplia documentación histórica y fotográfica en https://aquicoral.blogspot.com/2017/03/notre-dame-de-paris-escultura-talla.html

[3] Del Ser, Guimar y Romero, Alejandro, Diario El País, Madrid, España, edición del 18/04/2019. Escriben“aunque los tres rosetones principales, de 13 metros de diámetro, no han sido destruidos, el fuego sí ha afectado a los de menor tamaño situados en el nivel de la cubierta calcinada”. La nota completa puede leerse en:
https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555432161_255893.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS DE LA AVENIDA BELGRANO 579 (por Pablo R. Bedrossian y William D. Grant)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA PRESBITERIANA SAN ANDRÉS, Av. Belgrano 579, Barrio
de Monserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

LOS PIONEROS

La Iglesia Presbiteriana surge en Escocia durante el siglo XVI como heredera de una notable tradición religiosa que comienza con los albores de la fe cristiana. Liderada inicialmente por el reformador John Knox, es una iglesia protestante que luchó contra la monarquía inglesa en reiteradas ocasiones.

La firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825 permitió la inmigración de súbditos británicos, reconociéndoles derechos religiosos que incluían la construcción de sus propios templos.

Bajo este marco y como parte del acuerdo entre el Ministro de Gobierno Bernardino Rivadavia y los hermanos John y William Parish Robertson, en agosto de ese año arribó a tierras argentinas un contingente de escoceses para formar la Colonia Agrícola Ganadera de Monte Grande en la Provincia de Buenos Aires. La travesía en la goleta “Symmetry”,que duró tres meses, fue documentada por William Grierson, abuelo de Cecilia Grierson, primera médica mujer egresada de la Universidad de Buenos Aires, que hoy es recordada por una calle de Puerto Madero[1].

Estos primitivos colonos establecidos en la zona sur de lo que hoy llamamos el Gran Buenos Aires al año siguiente de su llegada pidieron a la Iglesia de Escocia el envío de un ministro religioso, por lo que fue enviado el reverendo William Brown, quien arribó a la Argentina a fines de 1826.

Sin embargo, tras un inicio prometedor, hacia 1828 la colonia cayó en el fracaso económico. Algunos colonos se radicaron en la zona de lo que hoy es Florencio Varela, San Vicente y zonas cercanas, y otros en la zona de Chascomús. El Rev. William Brown y otros colonos prefirieron, en cambio, establecerse en la ciudad de Buenos Aires.

El 22 de diciembre de ese año un grupo de escoceses presbiterianos autoconvocados decidieron formar una iglesia en Buenos Aires, bajo “la doctrina y disciplina de la Iglesia Establecida de Escocia”. Para ello acordaron compartir los buenos oficios del Rev. William Brown con los colonos de Monte Grande, dando origen a la Iglesia Presbiteriana San Andrés en la Argentina, que fue constituida formalmente el 15 de marzo del año siguiente.

Parte del memorial de los miembros de la Iglesia caídos en la Primera Guerra Mundial

Ese esa ocasión el culto inaugural se llevó a cabo en lo que se llamó “Capilla Presbiteriana Escocesa” (“Scotch Presbyterian Chapel”) en la calle México al 300, según su antigua numeración, que probablemente correspondiera al cruce actual entre la calle mencionada y la Avenida 9 de Julio o a sus cercanías.

Su ministro fue el mismo Rev. William Brown y los primeros presbíteros “elders” o “ancianos”, que constituían el cuerpo formado por laicos al que la autoridad pastoral estaba sujeta, fueron John McClymont, Hugh Robson y James Brown.

EL TEMPLO DE LA CALLE PIEDRAS Y SU ARQUITECTO

Con la anuencia del Gobierno de Buenos Aires encabezado por Juan Manuel de Rosas, el 25 de febrero de 1833 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo en un predio adquirido por la comunidad. Se encontraba ubicado en la calle Piedras 55, entre las actuales calles Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, que en aquel entonces se llamaba Victoria. El edificio fue inaugurado el 25 de abril de 1835, con el nombre de “Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés” (“St. Andrew’s Scotch Presbyterian Church”)

Templo de calle Piedras 55 diseñado por Richard Adams.

El templo era de diseño neoclásico, con un atrio al que se llegaba ascendiendo tres escalones; tenía al frente seis columnas con capiteles jónicos sobre las que se levantaba un frontón triangular. El interior era más modesto, aunque lucía dos pares de columnas con capiteles corintios entre los cuales se alineaban los bancos de madera para los feligreses. Décadas después, en 1884, detrás del altar se ubicaron los majestuosos tubos del órgano, el mismo que con sus sucesivos arreglos, modificaciones y ampliaciones aún perdura en el actual templo sobre la Avenida Belgrano.

Interior del templo de la calle Piedras 55

El edificio fue diseñado por Richard Adams, un escocés que había arribado a la Argentina como parte del contingente de la goleta “Symmetry” y había trabajado en la colonia escocesa de la zona sur de Buenos Aires. Allí este arquitecto y pintor había levantado en 1828 más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[2]. Ese pequeño templo desaparecido fue la primera iglesia protestante erigida en Argentina.

Casa de los hermanos Parish Robertson en la Estancia Santa Catalina. En ese predio se instalaron los colonos escoceses y Adams construyó el primer templo protestante de la Argentina.

En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde le encargaron la construcción de la actual Catedral Anglicana de San Juan Bautista, inaugurada en 1831, cuya fachada sirvió de referencia para la Iglesia Presbiteriana San Andrés. Además, estuvo a cargo del proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[3]. Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. 

Vista aérea del centro de Buenos Aires en la década de 1890. Encerrada en un círculo se observa el templo de la calle Piedras 55.

A fines de 1841 se colocó la piedra fundamental de la Escuela San Andrés en el terreno detrás de la Iglesia, bajo diseño de Edward Taylor, un ingeniero y arquitecto inglés y que había llegado a la Argentina en 1824. Décadas después tuvo a su cargo la creación de la Aduana Nueva[4].

LA DEMOLICIÓN DEL TEMPLO

La congregación presbiteriana fue creciendo con el paso del tiempo. En la década de 1880, luego de un encendido debate en Buenos Aires, se decidió la apertura de una gran arteria en el centro de la ciudad, la Avenida de Mayo, que comunicaría la Casa Rosada y la Plaza de Mayo con el Congreso de la Nación. El proyecto inicialmente fue muy resistido pues implicaba la expropiación y demolición de importantes edificios de ubicación privilegiada, entre ellos el de la Iglesia Presbiteriana San Andrés y su escuela. Tras su aprobación, las obras se iniciaron en 1888. Fueron lentas debido a la magnitud del proyecto. Finalmente, le llegó el turno a la iglesia de la calle Piedras 55, que fue expropiada y demolida cinco años después. El último servicio religioso allí se realizó el 8 de octubre de 1893.

EL NUEVO EDIFICIO Y SUS ARQUITECTOS

En 1894 la Iglesia Presbiteriana Escocesa, que había adquirido el terreno actual con accesos por la avenida Belgrano y la calle Perú, convocó a varios arquitectos para el diseño y construcción de su nuevo templo, adjudicando el proyecto al estudio de los arquitectos Edwin Arthur Merry y Charles T. Raynes[5]. E.A. Merry fue un importante proyectista de la comunidad británica en Buenos Aires[6], que en 1872, asociado con Carlos Ryder, había levantado la Iglesia Anglicana de la Santísima Trinidad en Lomas de Zamora y en 1874 la Primera Iglesia Metodista en la avenida Corrientes 718, que aún subsisten.

Colocación de la piedra fundamental del templo de la calle Belgrano 579

En 1895 se inauguraron las oficinas de la Iglesia en la calle Perú 352; allí el lote ofrecía un pequeño acceso, que en la actualidad se considera el segundo frente más estrecho de la ciudad.

Actual frente sobre la calle Perú

Finalmente el 10 de abril de 1896 se consagró la nueva Iglesia Presbiteriana San Andrés (“St. Andrew’s Scotch Church”) en Belgrano 579, que en ese momento era una calle angosta.

La iglesia de la calle Belgrano 579 con su espléndida torre. Detrás, el bellísimo edificio Otto Wulff con su doble cúpula

La construcción original era dominada por una espléndida torre de 35 metros de alto, con base cuadrada, que lucía en su techo agujas y almenas.

Ensanche calle Belgrano, Antiguo Bar Colonial y Torre de la Iglesia Presbiteriana

Lamentablemente esta joya arquitectónica porteña también se perdió: fue demolida en 1950 durante la ampliación de la calle Belgrano que pasó a ser avenida. Por segunda vez la congregación presbiteriana veía truncado su derecho a conservar intacta la espléndida arquitectura de sus edificios.

Demolición de la torre de la Iglesia Presbiteriana Escocesa por ampliación de la calle Belgrano que pasaba a ser avenida

Tanto la demolición de la torre y los vestíbulos contiguos como la construcción del nuevo frente inaugurado en 1962, estuvo a cargo del arquitecto inglés Sydney Follett, quien había arribado a la Argentina en 1911 y años atrás había estado a cargo de los trabajos de ebanistería en el interior de la Catedral Anglicana[7] entre otros edificios importantes de la comunidad británica. Follet falleció en 1968[8].

Vista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés del centro de Buenos Aires desde la demolición de su torre en 1950 hasta su nueva fachada en 1962

El resto del templo se mantuvo sin mayores cambios, conservando la mayor parte de su extraordinario interior hasta el día de hoy.

Nueva fachada en construcción

Cuenta con una gran nave central de 16 metros de largo por 13 metros de ancho, flanqueada por dos pasillos laterales. Por delante tiene un transepto, -suerte de nave transversal- que junto a la nave central conforman una planta en cruz latina.

En el interior tiene numerosos arcos neogóticos; los de los costados sirven como separadores entre la enorme nave central y los pasillos laterales. Por encima de ellos se encuentran bellos vitrales con temas bíblicos. El techo es de madera.

El hermoso ábside de piedra gris labrada cuya forma también corresponde al del arco neogótico, cuenta con cinco placas de bronce y con el hermoso rosetón que permite el ingreso de luz natural desde lo alto.

El púlpito de madera, al cual se accede por una pequeña escalera, se encuentra a la izquierda mientras que la pila bautismal a la derecha, lo mismo que el órgano y sus tubos.

Tanto el órgano como la pila bautismal habían sido inaugurados en la Iglesia de la calle Piedras.

Toda la capilla tiene detalles e inscripciones que habla de su fe y de su historia.

Atrio occidental, con el busto del Rev. Dr. James Smith, segundo pastor de la Iglesia. El busto es obra del escultor Arturo Dresco. Tanto este busto como la Iglesia de Belgrano, que lleva el nombre del Dr. Smith, fueron parte de los memoriales después de su fallecimiento.

LOS VITRALES

Se conservan cuatro bellos vitrales del templo de la calle Piedras que fueron reubicados dos en cada uno de los dos vestíbulos del nuevo templo de la entonces calle Belgrano. Cuando estos vestíbulos se demolieron junto con la torre para dar lugar a la Avenida Belgrano, estos cuatro vitrales fueron reubicados nuevamente uno en cada vestíbulo nuevo y en cada transepto. El más antiguo de los vitrales está en el transepto occidental frente al púlpito. Estos vitrales llevan los nombres de sus donantes o las personas a cuya memoria están dedicados.

El vitral Wilson, “Jesús y María Magdalena en la tumba”, dedicado en 1874 por William Wilson en memoria de su esposa Ann Margaret, fallecida a los 24 años a causa de una diabetes.

El vitral Black, “Las tres Marías junto a la tumba vacía”, dedicado en 1876 por G. C. Black en memoria de sus padres.

El vitral Bell, “Jacob bendiciendo a sus hijos”, dedicado por la viuda e hijos de George Bell en 1879.

El vitral McClymont, “La agonía de Jesús en el jardín de Getsemaní” en memoria de William McClymont, fallecido en 1883.

El Rosetón es el único vitral dentro del templo que perdura de la inauguración del segundo templo, en 1896; fue donado por los niños de la iglesia que hicieron una colecta especial. Se lo conoce como Rose Window o Children’s Window.

Al año siguiente se inauguró el segundo vitral que se encuentra al fondo del templo, en memoria de Thomas Drysdale, un importante miembro de la congregación.

En los siguientes años fueron colocados otros vitrales en memoria de otros miembros, donados por parientes y amigos, todos ellos realizados por la firma John and William Güthrie de Glasgow, Escocia.

LA IGLESIA ACTUAL

Como sucede en casi todas las iglesias étnicas, por cuestiones de idioma y asimilación cultural, ya son pocos los escoceses y sus descendientes que asisten a los cultos; sin embargo, se ha conformado una interesante comunidad de fe, integrada por personas de diferentes orígenes que adhieren a los principios presbiterianos. Además, hay un trabajo mancomunado con la Iglesia Presbiteriana de Olivos, que integra la comunidad San Andrés, de la cual forman parte también el colegio y la universidad del mismo nombre.

Detrás del templo hay oficinas, otras dependencias, un pequeño museo y un amplio salón, al que se accede más fácilmente desde la entrada de la calle Perú que ha sido utilizado por el Coro Gospel Argentina como sala de ensayos.

Pasillo de entrada al edificio por la calle Perú. En este pasillo se ha instalado el MuPSA. (Museo Presbiteriano San Andrés).

© Pablo R. Bedrossian y William D. Grant, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: A MANERA DE COLOFÓN, NOTAS DE LOS AUTORES

Los autores de esta nota: William D. Grant a la izquierda; Pablo R. Bedrossian a la derecha

La Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Ciudad de Buenos Aires, actualmente conocida como Iglesia Presbiteriana San Andrés del Centro, ubicada en la Avenida Belgrano entre las calles Perú y Bolívar, es especial para mí: cursé el Secundario en el vecino Colegio Nacional de Buenos Aires por lo que pasaba diariamente frente a ella. Luego en 1979 y 1980 participamos allí junto a mi hermano Alejandro en unos festivales de rock con nuestra banda “Propuesta”. Finalmente, en 1993 contraje enlace con mi amada esposa Graciela en su maravillosa capilla. A propósito, suelo llamar a esta iglesia “el cementerio de los elefantes” porque allí sucumbimos al matrimonio varios amigos “duros de casar”. Pero detrás de esos recuerdos, este imponente edificio tiene una rica historia digna de contar.

Pablo R. Bedrossian

Mis contactos con la Iglesia Presbiteriana San Andrés de la Argentina, en esa época Iglesia Escocesa San Andrés, se iniciaron en el Salón de Actos de la Escuela Escocesa San Andrés en Nogoyá 550, Olivos. Yo había sido alumno de dicha escuela, y empecé a asistir a los Cultos Religiosos que se hacían allí cuando tenía 16 años. Poco tiempo después me confirmaron como miembro de la Iglesia y empecé a asistir a los cultos en la Iglesia de Belgrano R, Dr. Smith Memorial, que estaba cerca de casa. Al año siguiente se reinaguró la Iglesia de la Avenida Belgrano con su nueva fachada. Y se iniciaron unos cultos mensuales corales a la tarde noche a los que asistía siempre. En 1977 fui ordenado Presbítero Gobernante (Elder) de la Iglesia Dr. Smith Memorial. Pero el cargo era para toda la Iglesia. Y en 1989 me trasladé a la Iglesia del Centro debido a que en esa época vivía en San Telmo. No enumero la cantidad de actividades desempeñadas en ambas congregaciones ya que sería muy largo hacerlo. Pero debo decir que, si bien las otras Iglesias Presbiterianas fundadas originalmente por los escoceses y sus descendientes me maravillan, siento algo muy especial por la Iglesia de la Avenida Belgrano…

William D. Grant


REFERENCIAS:

[1] El diario fue publicado por primera vez en la Revista de la Iglesia Presbiteriana Escocesa “San Andrés” en 1958.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.97

[5] Petrina, Alberto , Alberto Nicolini y Julio Cacciatore, “Patrimonio Arquitectónico Argentino – Memoria del Bicentenario (1810-2010)”, Tomo II (1880-1920), Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación, Argentina, 2010, p.92.93

[6]  Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo i/n, p.134

[7] Para más detalles, ver nuestro artículo “La Catedral Anglicana de Buenos Aires” en https://pablobedrossian.com/2018/01/19/la-catedral-anglicana-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo e/h, p.88


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías a color fueron tomadas por Pablo Bedrossian, uno de los autores de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Las fotos en blanco y negro fueron cedidas por William D. Grant, el otro coautor de esta nota, de su archivo personal, cuya fuente principal es de la revista de la Iglesia Presbiteriana San Andrés.


AGRADECIMIENTO ESPECIAL

Quiero agradecer muy especialmente a William D. Grant por su admirable trabajo de recopilación histórica sobre la Iglesia Presbiteriana Escocesa San Andrés. Espero que alguna vez su investigación pueda verse reflejada en un libro. Buscando información sobre el templo de la avenida Belgrano, todos los consultados me refirieron a Willie, como lo llaman sus amigos, a quien definen como el historiador de la iglesia. ¡Gracias, Willie, por tu generosidad, entusiasmo y aportes! Pablo Bedrossian.