EL RETO DE LOS MOTMOTS O GUARDABARRANCOS (por Pablo R. Bedrossian)

Los motmots son coloridas aves tropicales que solo existen en el continente americano. En cada región reciben un nombre diferente, como torogon, taragon, torogoz, guardabarranco, barranquero, momoto o burgo; pero sin importar el nombre que se les dé, la asombrosa combinación de rojos, azules, verdes, turquesas y naranjas de su plumaje los pone en la lista de los más buscados para fotografiar. Se los reconoce porque la mayoría de ellos tienen gruesos picos largos y curiosas colas en forma de raqueta.

Un motmot con su grueso pico y las puntas de la cola en forma de raqueta

Para describir las diversas especies, además del nombre científico, en Centroamérica suele preferirse el nombre en inglés. Ud. quizás se pregunte por qué. Es para unificar el lenguaje, porque hay un solo nombre en esa lengua para cada especie de ave; en cambio, en español suele diferir de pueblo en pueblo y de país en país.

TURQUOISE-BROWED MOTMOT (EUMOMOTA SUPERCILIOSA)

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa)

En Honduras hay siete especies de motmot, pero en el barrio donde vivo, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, solo una, el Turquoise-browed Motmot (cuyo nombre científico es Eumomota superciliosa). Es llamada así por sus enormes “cejas” color turquesa, Su detalle más notable es la cola formada por plumas con forma triangular de color azul con puntas negras. También conocida como talapo, es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua.

LESSON’S MOTMOT ( MOMOTUS LESSONII)

En nuestra ciudad hay unos cerros que forman parte de una pequeña cordillera que se conoce como El Merendón, y es un área protegida. Allí también se observa una especie más grande, el Lesson’s Motmot (nombre científico Momotus lessonii), antes conocido como Blue-crowned Motmot.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

Junto con el Turquoise-browed Motmot antes mencionado son los más comunes. Posee una corona o anillo turquesa en la parte superior de la cabeza y las plumas en raqueta de las puntas son muy pequeñas.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

EL RETO

Las demás especies son más difíciles de observar. Un fin de semana me propuse ver dos de ellas: el Keel-billed Motmot y la especie más pequeña y díscola, el Tody Motmot, algo nada fácil, pero, desde luego, tampoco imposible.

KEEL-BILLED MOTMOT (ELECTRON CARINATUM)

Con mi esposa nos dirigimos al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar, más conocido por su acróstico PANACAM. Se encuentra a una hora de viaje de nuestra casa y a escasos 7 kilómetros del Lago de Yojoa, en el centro de Honduras. Se llega ascendiendo por una serpenteante carretera de tierra colorada.

En el Lodge ubicado en su entrada hay senderos que ofrecen una amplia diversidad[1]; también cuenta con torres de avistamiento. En una de ellas, muy próxima a la recepción del hotel, Abiel Martínez, el joven guía que me acompañó en la ocasión, reprodujo el canto del Keel-billed Motmot (Electron carinatum). Lo escuchamos paulatinamente acercarse. Cinco minutos después se mostró cerca nuestro. No era la primera vez que lo veía, pero era la primera vez que lo fotografiaba con claridad.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Abiel me dijo: “Cada vez que lo llamo, siempre responde”. Aprovechamos para ver otras aves. Tras la caminata, almorzamos con Graciela en el bello deck con vista al lago de este hotel de montaña; en el lugar hay además comederos para colibríes que llegan raudamente, se alimentan y se alejan dejando la resonancia de su zumbido.

Uno de los miradores del Panacam lodge

Por la tarde, estaba cerca de las cabañas cuando don Teo, uno de los guías que se hallaba a pocos metros, exclamó: “¡Mire lo que hay delante suyo!”.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Era otro Keel-billed Motmot a unos tres metros, apoyado en la baranda de una escalera, con tonalidad más verdosa, acentuada por la iridiscencia producida por el sol.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

La primera misión estaba doblemente cumplida. Pernoctamos en el lodge y tras otra breve caminata fotográfica emprendimos el camino para encontrar el Tody Motmot (nombre científico Hylomanes momotula).

TODY MOTMOT (HYLOMANES MOMOTULA)

Descendimos en nuestro vehículo el camino de piedra y tierra unos 3 kilómetros hasta la aldea Santa Elena y allí doblamos a la derecha para dirigirnos a la EcoFinca Luna del Puente, ubicada a unos 20’, poco después del pueblo de San Isidro, en el Municipio de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

Flores en la EcoFinca Luna del Puente

La EcoFinca Luna del Puente es un hermoso y amplio terreno que cubre varias hectáreas; allí se cultiva el café y el cacao, y cuenta con una magnífica biodiversidad. Nos recibió nuestro amigo Damián Magario, un cordobés radicado en Centroamérica, quien ofició de guía. Mi esposa prefirió recostarse en una hamaca de tela. En cambio, Diana Rosellón, una querida colega observadora de aves que había acampado allí, decidió sumarse a nosotros para ir en busca del Tody Motmot.

Planta de cacao en EcoFinca Luna del Puente

Nos adentramos en el bosque siguiendo el sendero donde tiempo atrás ocasionalmente se dejaba ver el más pequeño de todos los torogones. Es un angosto camino de tierra rodeado de una vegetación muy tupida. Tras cuatrocientos metros de marcha nos detuvimos donde lo habían observado. Damián reprodujo su canto utilizando la aplicación Merlin, favorita de los birders. Como no obtuvimos respuesta, avanzamos unos doscientos metros más. Intentamos de nuevo y pareció responder muy a lo lejos, pero teníamos dudas. ¿Vamos en su búsqueda? Damián no dudó y pronunció un viejo refrán para dejar en claro que la decisión ya estaba tomada: “El que no arriesga no gana”.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Decidimos penetrar en la espesura. Descendimos lentamente por una barranca, abriéndonos paso trabajosamente entre arbustos con espinos y un grueso zacate, hasta encontrar un pequeño espacio donde agazapados volvimos a reproducir el llamado del Tody Motmot. Para nuestra sorpresa nos respondió. Minutos después se posó por un instante frente a nosotros; sin darnos tiempo para una fotografía partió con la misma velocidad con la que llegó. Esperamos su regreso durante más de media hora. Veíamos y escuchábamos otras aves, pero nuestro pájaro ni siquiera cantaba a la distancia.

Selfie por Diana Rosellón; al lado suyo el autor de esta nota y detrás Damián Magario, todos a la espera del Tody Motmot

Decidimos regresar habiendo obtenido como premio raspones y picaduras. Nos tomó más de veinte minutos la subida sobre ese terreno irregular cubierto de ramas y juncos. Cuando logramos retornar al sendero hicimos una nueva prueba, reproduciendo la llamada, pero el motmot enano no respondía. Era el momento para desistir. “Hagamos un intento más” propuse.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Habiendo insumido cerca de una hora y media, nuestra búsqueda había resultado estéril. Sin embargo, no perdíamos nada con invertir un rato más. Lo habíamos visto por brevísimos segundos, y aunque no cantara sabíamos que debía estar allí. La tarde estaba avanzando, y el resto de sol que quedaba nos permitiría intentar unos minutos más.

Más flores en la Ecofinca Luna del Puente

 Avanzamos unos treinta metros. Sin previo aviso, el Tody Motmot apoyó sus diminutas patas en una rama justo frente a nosotros. La sorpresa del encuentro no impidió que, al fin, pudiéramos fotografiarlo. No fue fácil ni obtuvimos imágenes perfectas, pues comenzaba a oscurecer.

Tody Motmot (Hylomanes momotula), foto por Damián Magario

Pocos segundos después el ave había desaparecido. Con una amplia sonrisa, nos felicitamos mutuamente por el mágico momento. Emocionados, desde luego, emprendimos el regreso.

Imagen tras el encuentro con el motmot enano; de izquierda a derecha Damián Magario, Diana Rosellón y el autor de esta nota

EL MOTMOT GARGANTA AZUL

He podido ver ya en cuatro ocasiones otro torogon, el garganta azul. Blue-throated Motmot (nombre científico Aspatha gularis). Tiene su santuario en Opatoro, una localidad cercana a Marcala, La Paz, en el Occidente de Honduras.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

Muy esquivo, cuesta fotografiarlo pues se esconde entre el follaje con mucha facilidad. Sin embargo, sus colores le dan una belleza única. Se caracteriza por su garganta intensamente azul y la ausencia de raquetas en la cola.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

ACERCA DE LOS TOROGONES

Pertenecen a la familia Momotidae. Se los conoce como guardabarrancos o barranqueros porque crean huecos en los barrancos para utilizar como nidos. Solo existen en el trópico latinoamericano. En total hay 14 especies, de las cuales 10 habitan en Centroamérica, y de ellas 7 se observan en Honduras, donde vivo, que es el país con más especies de motmots en el mundo. Comparto una tabla donde se puede ver la distribución de motmots según eBird.

Solo me faltan ver allí el Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum) y el Rufous Motmot (Baryphthengus martii). Se encuentran en la costa norte de Honduras y en la Mosquitia, al oriente del país, lugar donde no es posible acceder por transporte terrestre.

Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), foto por nuestro amigo y maestro Romel Romero

Compartimos una imagem del Rufous-capped Motmot (Baryphthengus ruficapillus), también con corona rufa, que habita en las selvas tropicales ubicadas al este de Sudamérica (Brasil, Paraguay y Argentina) y es conocido como yeruvá o yeruvá oriental.

Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), foto por Vicente García

ACERCA DE LOS MOTMOTS, TOROGONES O GUARDABARRANCOS

Su colorido plumaje brillante hace a los motmots sumamente vistosos. Una curiosa característica de la mayoría de los miembros de esta familia son sus largas colas en forma de raqueta. Robert Gallardo, citando a Beebe (1910) explica que “las puntas son formadas por la caída de venas que están débilmente pegadas a lo largo del raquis medial de las dos plumas caudales centrales alargadas”[2].

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa) mostrando las puntas de la cola en forma de raqueta

Según el mismo autor, un experto al que admiramos, se alimentan de “artrópodos, pero también de frutos y ocasionalmente de vertebrados pequeños”. No tiene dimorfismo sexual (externamente el macho luce igual que la hembra) y sus sonidos son graves, cortos y poco atractivos al oído humano.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Para conocer más de ese lugar, puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2017/09/13/una-caminata-por-panacam-parque-nacional-cerro-azul-meambar-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018, p.227


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de:

La foto de los tres observadores de aves agazapados esperando al Tody Motmot, tomada por Diana Rosellón.

La última foto del Tody Motmot (Hylomanes momotula), tomada por Damián Magario.

La foto del Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), tomada por Romel Romero.

La foto del Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), tomada por Vicente García

Las cuatro han sido utilizadas con los respectivos permisos de los mencionados fotógrafos, actuales propietarios de sus derechos.

UNA CAMINATA POR PANACAM (PARQUE NACIONAL CERRO AZUL MEÁMBAR) (por Pablo R. Bedrossian)

Si Ud. viene por la carretera que une Tegucigalpa, la capital de Honduras, con San Pedro Sula, corazón industrial del país, encontrará a mitad de camino uno de los espejos de agua más bellos de Centroamérica, el Lago de Yojoa. Puede parar allí en el conocido Restaurante La Naturaleza para degustar los famosos pescados fritos de la zona o avanzar un corto trecho para hacer una excursión en lancha.

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Aunque el encuentro con los centenares de especies de aves que sobrevuelan el lago es asombroso, si no conoce la zona puede perder lo mejor: El Parque Nacional Azul Meambar, más conocido por su acróstico PANACAM.

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Nuestro punto de inicio es el Panacam Lodge, un hotel de montaña administrado por la ONG Aldea Global. Para llegar, viajando de Tegucigalpa a San Pedro Sula se debe doblar a la derecha en La Guama, y ascender 7 kilómetros por un camino de piedra para el cual no se necesita un vehículo con tracción 4 x 4, salvo en ocasiones de grandes tormentas.

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Al final del camino hay un pequeño puesto de control del ejército, e inmediatamente aparece el lodge en un entorno natural intensamente verde, rodeado de cerros. Seguramente al llegar a la recepción observará diferentes especies de colibríes en pleno vuelo o alimentándose en los comederos.

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El lugar es ideal para los que aman el treakking, el hiking y todo tipo de senderismo. Además, para los observadores de aves es un verdadero paraíso. Según eBird, la base de datos más utilizada en el mundo por los birdwatchers, Panacam Lodge es el quinto lugar de Honduras con más especies observadas, 309 a agosto de 2017, una cantidad mayor a la que se registran en algunos países.

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No sólo la fauna sorprende. Es un lugar ideal para relajarse y meditar. Lejos ruido de las grandes ciudades, el soplo de una brisa o el canto de los pájaros nos permite desconectarnos de las preocupaciones y renovar nuestra visión de nosotros mismos y de las circunstancias que atravesamos.

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En mi último viaje descubrí una mejora en el restaurante del hotel, un amplio deck de madera donde uno puede dejar que la mirada se pierda entre el bosque y el cielo mientras disfruta de una taza del famoso café hondureño.

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Siempre que visité PANACAM encontré joyas. Por ejemplo, un White-collared Manakin (cuyo nombre científico es Manacus candei), un ave que nunca se queda quieta, y, por lo tanto, difícil de fotografiar.

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RECORRIENDO EL SENDERO SINAÍ

Sin embargo, hoy quiero compartir acerca del sendero Sinaí, un paseo por la montaña de 6.5 kilómetros que junto a un grupo de cinco birdwatchers recorrimos en la última visita: nuestro guía y amigo Romel Romero, Felipe Reyes, David Corea, el joven Abiel Martínez y quien escribe. Emprendimos el ascenso hacia lo alto de la montaña, livianos de ropa pero con nuestras cantimploras llenas y las cámaras fotográficas listas.

Panacam 004 DSC05406El camino no es muy empinado. Por el contrario, está diseñado para que cualquiera que esté en buena forma puede recorrerlo. Va subiendo lentamente, con algunos tramos planos donde es ideal hacer una pausa para admirar el entorno, visualizar aves y descansar por la subida.

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– ¡Colibrí! ¡Colibrí!

Avisó Romel, nuestro guía y maestro. Todos hicimos silencio para observarlo. Era un Berylline Hummingbird, un hermoso picaflor cuyo nombre científico es Amazilia beryllina.

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Tardamos unos 20′ para llegar a una torre de avistamiento hecha de madera. Como aún era temprano y recién amanecía, el espléndido bosque se vía como un manto gris oscuro cubierto de niebla. Decidimos seguir el ascenso mientras el sol despejaba el cielo y el cerro comenzaba a revelar su verdor. Como en un bosque encantado, a cada paso algo nos sorprendía: hongos de diversos colores, mariposas de colores o ranitas de montaña.

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Sin previo aviso unos loros poco comunes, llamados en inglés es Brown-hooded Parrot (nombre científico Pyrilia haematotis) salieron a nuestro encuentro. Nos detuvimos unos momentos para observar cómo elegían los frutos

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Poco después llegamos a un amplio mirador. Recorrer la distancia entre la torre y el mirador nos tomó algo menos de media hora. Desde allí la vista que se extendía hasta el lago nos maravilló.

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Mientras degustábamos una burrita (una pequeña merienda para tener fuerzas en lo que restaba del camino), un Green Honeycreeper (nombre científico Chlorophanes spiza) posó para nosotros. Era un macho, pues esta especie presenta lo que se conoce como dimorfismo sexual: el macho es visiblemente diferente de la hembra, que en esta especie es intensamente verde.

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A medida que ascendíamos iba cambiando el clima y la vegetación. Una experiencia memorable fue cerrar los ojos y escuchar. La sinfonía de pájaros alrededor nuestro nos permitió conectarnos con la naturaleza de un modo profundo. Lejos quedaban los ruidos  molestos de la ciudad. Además, la hermosura de la naturaleza continuaba sorprendiéndonos.

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Como saben los birdwatchers, observar aves en el bosque es mucho más difícil que en campo abierto. Por eso avanzamos silenciosamente hasta la cima. Allí, entre la densa vegetación, pudimos atisbar el otro lado de cerro. Antes de iniciar el descenso vimos a nuestra derecha el pico más alto de esta formación geológica. Mientras tanto, delante se extendía toda la falda del cerro cubierta de verde.

DSC05426Poco después de iniciar un intensivo descenso, notamos un brusco cambio en el entorno que nos rodeaba. La forestación era diferente y por un momento las voces de las aves se hicieron inaudibles.

Panacam 016 DSC05429Pocos metros más adelante llegamos a un lugar emocionante: el sitio donde las cámaras trampa habían fotografiado meses atrás a un puma; avanzamos por el estrecho sendero donde el poderoso felino había dejado sus pisadas. Escuchamos un Red-capped manakin, una de las aves más bellas y curiosas de Honduras, debido a su famoso baile.  Intentamos encontrarlo entre la maleza -que en Centroamérica se conoce como zacate– pero, pese a los intentos de Romel, fue imposible. Nos dejó un buen motivo para regresar. Pero allí mismo, en ese lugar, otros pájaros pusieron color y movimiento a la mañana que ya se iba convirtiendo en mediodía.

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Descendiendo otro buen trecho, llegamos a una cascada cuyo raudal cae desde unos 10 metros de altura. El agua fresca, la suave brisa, el vuelo de los vencejos y las gruesas piedras crean un oasis luego del intenso recorrido. Al estar al amparo de un pequeño cañón, su sombra ayuda a menguar el calor.

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Cruzamos un puente colgante y subimos unos metros; nuevamente multitud de pájaros cantaron alrededor nuestro.

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Muchos pertenecían a distintas especies de colibríes. Abiel y Romel nos ayudaron a identificarlos entre la espesura del bosque. Pareciera que esas aves diminutas hubieran estado esperando por nosotros.

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La visita se acababa. Unos veinticinco minutos después arribamos a nuestro punto de partida. Un suculento almuerzo en el restaurante del Panacam Lodge aguardaba por nosotros.

NOS VAMOS PARA VOLVER

Cada vez visita a PANACAM ofrece algo diferente gracias al manejo que desde 1992 el Proyecto Aldea Global realiza sobre este bello parque nacional. Debido a su excelente gestión, esta ONG obtuvo en 2009 el Premio Nacional del Ambiente en la Categoría Institucional, que otorga la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (SERNA) y la Fundación Cervecería Hondureña para el Ambiente.

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Proyecto Aldea Global es una propuesta inclusiva que promueve la participación activa de los municipios y comunidades de la región.

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El día se termina. Uno puede elegir quedarse o regresar en otra ocasión. Prefiero la primera opción, pues los colores del atardecer son demasiado bellos como para perdérselos. Si piensa visitar Honduras y ama la montaña y la naturaleza va a disfrutar de este magnífico lugar.

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.