8 ESCULTURAS BIZARRAS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Aunque en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra bizarro se asocia valentía y esplendor, el uso corriente lo asocia a rareza o extravagancia. Siguiendo la acepción popular definimos como bizarras a aquellas esculturas que despiertan nuestra curiosidad por su forma extraña o su tema inusual. Presentamos aquí una breve selección. Además, lo invitamos a proponer otras obras que puedan ser incluidas en un próximo artículo.

MONUMENTO A LA COIMA

El Monumento a la Coima hace alusión al pago que se realiza bajo la mesa con el objetivo de obtener un favor de parte de un funcionario o de una autoridad. En otros países se lo llama “mordida” y es una de las modalidades más conocidas del soborno.

Poco se sabe de su historia pues no aparece en el proyecto original del edificio del Ministerio de Obras Públicas, en uno de cuyos ángulos se encuentra, ni en los planos, ni en los archivos. Tampoco se sabe a ciencia cierta quien fue su creador. Sin embargo, corre una leyenda cuya veracidad aún nadie ha podido corroborar[1].

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. Con diseño del arquitecto Alberto Belgrano Blanco[2], las obras se iniciaron en 1934 en una manzana lindante con la Avenida 9 de Julio, bajo la dirección del ingeniero Marcelo Martínez. El edificio fue terminado recién en 1936.

Se dice que el propio arquitecto Hortal, cansado de los atrasos en la construcción y de los “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó a Troiano Troiani, un artista italiano radicado en la Argentina, la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, una figura con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende su enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva. Aunque ambas aluden a los pagos informales, la segunda es conocida como el “Monumento a la Coima”.

EL MONUMENTO AL PERRO ABANDONADO

Ubicado dentro del predio del Instituto Bernasconi, el Monumento al Perro Abandonado es un canto a la desdicha del “mejor amigo del hombre” abandonado por sus dueños. Fue creado por la artista plástica Susana Casanovas en granito.

En su base hay una placa colocada por el M.A.P.A. (Movimiento Argentino de Protección al Animal) que dice 1997-29-4-1999 en recuerdo del Día del Animal que se celebra los 19 de abril. 1997 refiere al año de su emplazamiento y 1999 al año de colocación de la placa. Dice su autora “Cuando en el acto fue destapado, los chicos lanzaron una expresión que me emocionó. Me costó dejarlo, pero me tuve que despedir. Mi perrito iba a estar rodeado de chicos, y eso me gustó”[3].

Nos apena que esta obra se encuentre escondida. No conocemos otros monumentos similares, aunque sabemos que en la ciudad de México existe el Monumento al Perro Callejero desde 2008. En Argentina, hemos conocido personas dedicadas a rescatar perros abandonados y darlos en adopción.

EL CRISTO ANCIANO DE LA RECOLETA

La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Cristo. El Nuevo Testamento cuenta que Jesús, tras resucitar, pasó unos cuarenta días con sus discípulos tras los cuales ascendió a los cielos[4] prometiendo regresar. ¿Qué edad tendría? Dice el evangelio de Lucas que al empezar su actividad pública “era como de treinta años”[5]. Si, como según se cree, participó de tres pascuas, entonces, tendría unos 32 o 33 años cuando fue crucificado. De allí viene la famosa frase “Treinta y tres. La edad de Cristo”. Este apacible Cristo anciano rompe con la perspectiva tradicional: presenta a un Jesús resucitado prolongando su vida terrenal.

Su nombre original es “Redentor” y ocupa en el corazón del cementerio de la Recoleta, por eso se lo llama también “el Cristo Central”. Posee una larga barba, una gran entrada en la frente y una larga cabellera por detrás.  

Hecha en bronce e inaugurada en 1914, es obra del escultor argentino Pedro Zonza Briano[6], formado en Europa, cuya obra tuvo alcance internacional. Buenos Aires luce otras esculturas suyas como “Flor de juventud” en el Rosedal, el Monumento a Leandro N. Alem y un busto a Lucio Correa Morales[7].

EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Cuenta Nicolás Gutiérrez que “en 2010 se llevó a cabo el Proyectos Mamas, que procuró por medio del arte escultórico concientizar a la población sobre la necesidad de adoptar todas las medidas preventivas en pro de la lucha del cáncer de mama[8]. 30 torsos femeninos fueron intervenidos artísticamente y vendidos para recaudar fondos para la lucha contra este doloroso mal. Una de las piezas, decorada por el famoso artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, fue adquirida por la firma Vopak junto a la Embajada de los Países Bajos y colocada en su actual ubicación, la plaza Reina de Holanda.

Este tipo de intervenciones se han realizado en otras partes del mundo con distinto propósito. Nosotros hemos escrito acerca de una de estas iniciativas, Las Meninas en las calles de Madrid, impulsada por Antonio Azzato[9].

Paradójicamente lo que nos atrajo de esta obra es la sensación de desagrado al contemplarla. Como obviamente la lucha contra el cáncer de mama demanda prevención, quizás el artista se propuso alertarnos, aplicando pinturas colorinches sobre formas exageradas sobre la mitad superior del cuerpo. Si ese fue el caso, es probable que haya logrado su propósito. Los choques nos sacuden y nos enseñan.

GARDEL ALIENÍGENA

Muchos turistas al visitar San Telmo no resisten la tentación de tomarse una foto con esta estatua de Gardel color verde marciano con unas antenas rematadas por un par extra de ojos saltones sobre la cabeza.

El zorzal criollo extraterrestre en tamaño real se apoya sobre un buzón en la calle Defensa y Cochabamba, dando la bienvenida a la Galería del Asombro. Es obra del artista plástico Gerardo Bernstein, quien además maneja aquella galería. El creador del Gardelalien afirmó “puse a Gardel allí porque es un cantante de otro mundo”[10].

EL MONUMENTO AL TAXISTA

En Buenos Aires, hasta donde conocemos, no existe un Monumento al Ingeniero, al Científico o al Médico, pero curiosamente en Puerto Madero sí se encuentra el Monumento al Taxista, un infaltable personaje porteño que ahora se ve amenazado por los Uber. Está ubicado en la calle Macacha Güemes entre la Avenida de los Italianos y la Costanera, cuyo nombre oficial es Avenida Intendente Hernán M. Giralt.

Apoyado sobre un viejo Siam Di Tella un chófer luce canchero, orgulloso de su máquina en tamaño real. Aunque por su color cobrizo parece metálico, la obra (vehículo, conductor y piso) es de cemento patinado[11]. Al costado, en la base, hay una placa que explica que es una donación del Sindicato de Peones de Taxi a la Ciudad de Buenos Aires. Este original homenaje a sus afiliados fue inaugurado en 2012.

El Monumento al Taxista es obra del artista plástico y abogado Fernando Pugliese, quien ha recreado varios personajes de historietas y artistas populares en esculturas emplazadas en distintos sitios del Centro, incluyendo la de Minguito sobre la avenida Corrientes, la de Sandro en el Gran Rex y la de Don Nicola en Puerto Madero.

ESCULTURA EN 11 DE SEPTIEMBRE Y JOSÉ HERNÁNDEZ

Una escultura de gran tamaño sin nombre que la identifique (al menos, nosotros no lo encontramos) se encuentra frente a una torre en la esquina de José Hernández y 11 de Septiembre en el barrio de Belgrano. Es la representación de un cuello y la mitad inferior de su cabeza, fragmentada con un toque Minujín; la obra comunica movimiento pues se observa un hombre trajeado y con corbata tratando de ascender por el cuello como si fuera una escalera y a otro, pero sin brazos, sentado en la parte superior.

Cuando publicamos la nota en su versión original no sabíamos quién era su autor. Gracias a Gaby Pereyra nos enteramos que la obra se llama “Amores” y es obra del escultor Carlos Affranchino y el escultor y arquitecto Abel Trybiarz. Por su volumen y la calidad de su terminación vale la pena conocerla. Tal vez, por la expresión del hemirostro, y en particular de su boca, y también por la inclinación que le da el cuello, se trata de alguien que sufre. ¿Por qué sufre? Quizás por una lucha interior. Una parte de él, la figura que está arriba, es su pensamiento establecido, mientras que el hombrecito que sube es un pensamiento nuevo, que quiere desplazar o ayudar al otro. La paradoja es que ambos hombres son muy parecidos.

HITO DE FRONTERA, ¿UN MONUMENTO ECUESTRE A LA INVERSA?

Ubicado en la Plaza Intendente Seeber, enfrente del viejo Zoológico porteño, se encuentra un enorme mulita de un amarillo rutilante sobre un auto volcado cuyas ventanas están tapiadas con ladrillos. Esta curiosa obra de arte, creación de Carlos Huffman, fue presentada en abril de 2019 en ocasión la Semana del Arte de Buenos Aires.

La idea de un armadillo gigante -que parece más bien un tatú carreta– sobre un auto dado vuelta evoca distintas situaciones. Escuchemos al artista “podría ser una estatua ecuestre invertida, con el animal arriba y el humano abajo, representado en el auto. Hay inversiones de sentido, todo lugar es una frontera si lo podés definir… me interesa mucho la idea de mundos intermedios”[12].

Se ha dicho que el hito de la frontera se encuentra entre el realismo y surrealismo; para nosotros es una suerte de realismo mágico que nos recuerda que Buenos Aires nunca nos deja de sorprender.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[3] “Susana Casanova Arte”, http://susanacasanovas.blogspot.com/2010/06/1997-monumento-al-perro-abandonado_27.html

[4] Evangelio de Lucas 24:50-53; Hechos 1:3,6-11

[5] Evangelio de Lucas 3:23

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.120

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.120, 853

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p..506

[9] “Las Meninas salen a la Calle”, https://pablobedrossian.com/2018/05/13/las-meninas-salen-a-la-calle-por-pablo-r-bedrossian/

[10] https://issuu.com/eltangautatango/docs/eltangauta236/10

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.510

[12] Zacharías, María Paula, “Un circuito en cinco postas: dar la vuelta a la plaza, un paseo cultural con sorpresas”, https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-circuito-en-cinco-postas-dar-la-vuelta-a-la-plaza-un-paseo-cultural-con-sorpresas-nid2236431


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BUTTELER: LA ÚNICA CALLE EN X DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

La primera noticia que tuve de Butteler, la única calle en forma de X de La Reina del Plata, fue a través de unos cuadernillos con textos de León Tenenbaum, titulados “Buenos Aires, un Museo al Aire Libre” que Laboratorios Elea regalaba[1]. Había pasado varias veces por una de sus entradas y no me había percatado que era mucho más que diagonal.

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La calle Butteler abarca únicamente una manzana que es cruzada por dos angostas callecitas empedradas que forman una equis, con una plazoleta en el centro. Cuenta con unas 70 casas, en su mayoría de una planta, construidas a principios del siglo XX. Sus calzadas tienen un ancho de unos tres metros, por donde puede pasar solo un auto, y las veredas 1,60 metros. Como se imagina, estacionar es un problema.

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Más difícil es aún entender su numeración, que comienza en la cuadra que nace en Avenida La Plata y Zelarrayán. Se ha dicho que va en sentido inverso a las agujas del reloj, pero a mí me sigue resultando indescifrable. Como alguien dijo, el 5 puede quedar frente al 88.

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LA HISTORIA

Corría 1907 cuando doña Azucena Butteler decidió donar a la Municipalidad un terreno que formaba parte de una quinta familiar para construir un barrio obrero. Cercano al Parque Chacabuco, que había sido creado cuatro años antes, ocupaba una superficie de alrededor de una hectárea. Estaba delimitado por las actuales Avenida La Plata al este, la Avenida Cobo al sur, la calle Senillosa al oeste y la calle Zelarrayán al norte y tenía un leve declive hacia el sur.

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Según un sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la piedra fundamental fue colocada el 15 de diciembre de 1907, siendo intendente don Carlos Torcuato de Alvear; ofició como padrino José Figueroa Alcorta, quien había sido elegido como Vicepresidente de la Nación, y ejercía la Presidencia desde enero de 1906 debido a la enfermedad y muerte del presidente Manuel Quintana. A la ceremonia asistieron, entre otros, Carlos Saavedra Lamas, quien casi 30 años después recibió el Premio Nobel de la Paz, el paisajista Carlos Thays, el Jefe de la Policía Ramón L. Falcón y el renombrado político socialista Alfredo Palacios.

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De acuerdo a la misma publicación, “se construyeron 64 casas de manera idéntica: divididas en cuatro secciones, distribuidas en dos ambientes, con un patio interior, paredes de color crema y puertas de madera” [2]. Fueron terminadas e inauguradas en 1910.

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Un siglo después, en 2010 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró la manzana de la calle Butteler “Área de Protección Histórica”, prohibiendo modificaciones a su espacio y a sus casas, y convirtiéndolo en patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

LA PLAZOLETA

La placita ubicada en el centro se llamaba Plaza Escondida; a partir de 1972 recibió el nombre de Plaza Enrique Santos Discépolo en honor al famoso compositor autor de Cambalache, que frecuentaba este diminuto barrio debido a que uno de sus amigos residía en él. De todos modos, para los vecinos sigue siendo la placita Butteler. Ha sido remodelada y cuenta con un espacio para juegos infantiles que ha sido cercado para evitar el vandalismo.

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Por fuera de la cerca hay un busto del popular Discepolín, obra del puntano Jesús Domingo Páez Torres (1920-2001), creador de varias esculturas porteñas. La historia del busto es interesante. Según Nicolás Gabriel Gutiérrez, el original realizado en cemento fue inaugurado el 18 de octubre de 1976 en el desaparecido Teatro Enrique Santos Discépolo. En 1980 se lo trasladó a su actual ubicación donde fue destruido por desconocidos. Por ello se realizó una copia en bronce fundido en la Dirección General de Obras y Monumentos, que fue emplazada el 10 de mayo de 1983 en el corazón de la calle Butteler[3] .

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EL NOMBRE

Según Miguel Iusem el nombre de la calle es “Azucena Butteler”[4]. Sin embargo Alberto Gabriel Piñeiro, indica que la denominación es simplemente “Butteler” y cita la Ordenanza Municipal del 2 de junio de 1911[5].

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CURIOSIDADES

La placita Butteler en la primera mitad del siglo XX fue sitio de celebración de concursos de disfraces y de las populares fogatas de San Pedro y San Pablo.

En aquel tiempo la calle Butteler era frecuentada por integrantes de la farándula, en particular por glorias del tango, como Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril, quien dirigió y protagonizó en esta curiosa callecita el film “Culpable”.

Aunque algunos lo desmienten, la placita era un punto de reunión antes de los partidos de la barra brava de San Lorenzo, el equipo de fútbol cuyo antiguo estadio, el Viejo Gasómetro, se ubicaba a pocas cuadras sobre la Avenida La Plata. Por eso a la hinchada azulgrana se la conoce como La Gloriosa Butteler.

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Finalmente, así como hemos señalado que Alejandro Dolina menciona el Pasaje Trieste en su relato fantástico “Los amantes desconocidos”[6] o que la novelista colombiana Laura Restrepo ubica momentos de su novela “Demasiados héroes” en el Pasaje Coronda[7], en 2016 Néstor Darío Figueiras publicó una colección de cuentos titulada “El cerrojo del mundo está en Butteler”, cuyo título proviene del cuento homónimo, inspirado -en sus propias palabras- en este mágico pasaje. El personaje principal del cuento, el Dr.Beltrán, es un fan declarado de Discépolo.

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No podemos cerrar esta nota sin citar el tango Calle Butteler, con música de Saúl Cosentino y letra de Ernesto Pierro, compuesto en 1999, que evoca con nostalgia el pasado perdido, en el que inevitablemente incluye con pasión recuerdos del equipo del barrio, San Lorenzo de Almagro.

EPÍLOGO

Nos despedimos citando las palabras del Arq. Rolando Schere: “A nuestro juicio el pasaje Butteler es de las manzanas más lúcidas proyectadas en la ciudad de Buenos Aires… Constituye toda una lección de arquitectura, de conocimiento de la ciudad, de aprovechamiento de la manzana, de uso de espacios comunes significativos, apropiables, de sabiduría en la elección de la medida y en el empleo de elementos tipológicos que pertenecen largamente a la memoria ciudadana: la casa chorizo, la ochava, el retiro con verja y la fachada continua, reunidos en una propuesta absolutamente novedosa”[8].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: EL TANGO “CALLE BUTTELER”

Aquí se puede escuchar el tango “Calle Butteler” (S. Cosentino – E. Pierro) , en la voz de Carlos Varela, con imágenes de esta curiosa callecita porteña.


BONUS 2: VIDEO TRAILER DE ““EL CERROJO DEL MUNDO ESTÁ EN BUTTELER”

Aquí Néstor Darío Figueiras presenta su libro en la propia calle Butteler y cuenta su amor por ella.


REFERENCIAS

[1] Tenembaun, león “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillo nº 4 “Pasajes, cortadas y callejones”, Laboratorios Elea, Buenos Aires, Argentina, sin fecha pero alrededor de 1985, p.8. Su libro homónimo, que no tenemos ni hemos leído, es de 1987. No sabemos si estos textos sirvieron de insumos para el libro o, al revés, son separatas de él.

[2] Autor no identificado, “Historias de mi Comuna: Barrio Butteler y Plaza Enrique Santos Discépolo”, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-barrio-butteler-y-plaza-enrique-santos-discepolo

[3] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.475

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.32

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.314

[6] https://pablobedrossian.com/2015/06/21/el-pasaje-trieste-y-la-calle-juan-a-boeri-por-pablo-r-bedrossian

[7] https://pablobedrossian.com/2017/06/17/los-pasajes-coronda-y-burgos-y-el-mercado-del-progreso-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.128


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción del plano, que fue tomado de Google Maps y editado a fines informativos para esta nota.

El video del tango “Calle Butteler” fue tomado del canal de Youtube de su intérprete, Carlos Varela.

El video ““El cerrojo del mundo está en Butteler – Book trailer” fue tomado del canal de Youtube de su autor, Néstor Darío Figueiras.

 

8 ESCULTURAS IMPERDIBLES DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS DE BUENOS AIRES

Buenos Aires se ha convertido en la capital del arte latinoamericano. No es sólo por sus numerosos museos o sus variadas actividades culturales, sino por la sinfonía que componen innovadores murales, músicos populares y esculturas clásicas y modernas bajo una glamorosa arquitectura europea. Como decía León Tenenbaum, La Reina del Plata es un museo al aire libre.

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Dentro de ese universo creativo se destacan las esculturas, quizás porque resisten mejor las inclemencias del tiempo o, más probablemente, porque perduran más allá de los cambios que modelan nuestra propia historia.

Actualmente existe un renovado interés en las esculturas de la ciudad. Fruto de ello son publicaciones recientes como “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público” de María del Carmen Magaz (2013), “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires” de Nicolás Gabriel Gutiérrez (2015) y “Monumentos y Esculturas de Buenos Aires” de Martín Comamala (2016). Te invito a descubrir o conocer más de ocho extraordinarias esculturas porteñas.

  1. LA DUDA
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Está ubicada en el sector este de la Plaza San Martín, donde la avenida Santa Fe dibuja una curva, justo antes del nacimiento de la calle Maipú. Es una obra de profundo simbolismo: Un anciano interpela a un hombre joven probablemente abrumado por sus propias preguntas. La mirada abstraída, el torso inclinado, la posición de las rodillas entre los brazos expresan la profunda incertidumbre del joven, mientras la elocuencia del anciano -que lo mira a los ojos- parece agobiarlo. El detalle que da un significado más preciso a la obra es el libro abierto a la izquierda del joven, una Biblia, a la cual ha dejado de prestar atención.

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Hay quienes han visto en la obra un encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento[1], pero más bien parece una lucha entre la fe y la razón, entre la vida y la muerte inevitable.

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“La Duda” es creación del artista parisino Louis Henri Cordier (1853-1925), hijo del escultor Charles Henri Joseph Cordier. Está hecha en mármol de Carrara y lleva cincelado su título, el nombre del autor y la fecha. A principios del siglo XX Buenos Aires se estaba convirtiendo en una de las urbes más importantes del mundo y necesitaba embellecer el trazado urbano. Una comisión de la Municipalidad de Buenos Aires viajó especialmente a Europa y adquirió esta bella pieza, que fue emplazada en su actual ubicación en 1906.

  1. FLORALIS GENERICA
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Esta inmensa flor es de acero inoxidable, aluminio y hormigón armado es una escultura dinámica: se abre y se cierra con la luz, mientras adquiere distintas tonalidades. Se encuentra en la esquina de la Avenida Figueroa Alcorta y la calle Facundo Quiroga, sobre la Plaza de las Naciones Unidas, muy cerca de la Facultad de Derecho. Asentada sobre una fuente de agua circular, está formada por seis enormes pétalos con cuatro pistilos en el centro. Mide 23 metros de alto, pesa 18 toneladas[2] y en su mayor extensión alcanza los 32 metros de diámetro[3].

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Fue donada por su creador, Eduardo Fernando Catalano (1917-2010), un arquitecto argentino con una amplia trayectoria profesional en Estados Unidos. El sitio wikiarquitectura.com cuenta cómo surgió la idea: “La idea surgió un atardecer de verano, cuando trabajando en su jardín de invierno, notó que una gran flor roja de la especie Hibiscos comenzaba a cerrarse. Sin saber por qué, dibujó una flor geométrica, Catalano cuenta que hacía tiempo deseaba crear una estructura móvil que se abriera, se cerrara o se expandiera. Floralis generica, es ese proyecto hecho realidad”[4].

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Adoptando la regla para los nombres científicos, cuyo primer término describe el género y el segundo la especie, Floralis generica, es una denominación que homenajea a todas las flores. Lo escribimos sin acento porque es un término en latín.

Lamentablemente el mecanismo ha fallado en varias ocasiones (incluyendo el día de su inauguración). Sin embargo, aún sin el movimiento, es una obra admirable. No sólo constituye probablemente la escultura más grande de la ciudad, sino la más cara: se estima que costó entre 4.5 y 6 millones de dólares.

  1. LA NIÑA DE LA FUENTE
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En la pequeña plaza Reina de Holanda, de Puerto Madero, se aloja una de las esculturas más pequeñas de cuerpo entero de la ciudad. Es una niña que mira hacia arriba con la boca, los brazos y las manos abiertos. Aunque puede interpretarse como un reclamo al cielo, el gesto comunica sorpresa y felicidad. Este parece ser el sentido original, según la copia en Apeldoorn, Países Bajos, donde la muchacha parece alegrarse con un chorro de agua que cruza sobre ella[5]; por esa razón, no hay nada mejor que admirarla un día de lluvia. La obra hecha en bronce es creación de la escultora holandesa Tineke Willemse-Steen (1920-2014). También hay otra copia Lüneburg, Alemania.

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La niña de la fuente luce un vestido con mangas cortas, un collar y los pies descalzos. Se apoya sobre un podio cuadrado que, a su vez, está dentro de otro cuadrado con agua. A la izquierda hay una fuente de agua formada por tres cuadrados superpuestos a modo de pirámide. Detrás hay un pequeño muro curvo color naranja con el nombre de la plaza, que -suponemos- hace alusión a Máxima Zorreguieta, la esposa argentina del actual monarca de los Países Bajos, el Rey Guillermo, con quien contrajo matrimonio en 2002.

  1. LA JOVEN CON SU MASCOTA
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Una de las esculturas más emotivas de Buenos Aires se encuentra en el Cementerio de la Recoleta. Representa a la joven Liliana Crociati y a su perro Sabú, al que acaricia tiernamente con su mano derecha.

La joven se había casado a los 23 años con el húngaro Juan Szaszak. En 1970, dos años después de la boda, viajaron a Austria, donde un alud los sorprendió en el hotel de montaña donde se hospedaban. El marido pudo ser rescatado a los pocos minutos, pero Liliana fue encontrada una hora después y no logró sobrevivir. Se dice que Sabú, su mascota, murió el mismo día que ella[6], como si los hubiera habido entre ellos una conexión invisible.

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El escultor Wilfredo Viladrich retrató en bronce a Liliana lánguida y esbelta, con un vestido largo con motivos que se repiten en los bordes de las mangas, debajo del pecho y en el ruedo. El largo pelo lacio cae a ambos lados dejando una raya al medio. Las manos ocupan un lugar central en la obra: son finas y delicadas pero muy alargadas. El dedo anular de la mano izquierda lleva el anillo de bodas.

Según Omar López Mato, el artista, cuyo nombre está grabado en una placa, utilizó como modelos fotos de Liliana con Sabú que, en realidad, había muerto diez años antes[7]. Junto a la sepultura, un escrito en italiano redactado por el padre de Liliana expresa su profundo dolor y se pregunta por qué ha perdido a su amada hija.

Un detalle adicional es que la escultura ha tomado un color verdoso pero la nariz del perrito conserva el color dorado del bronce debido a que muchos la tocan creyendo que da buena suerte.

  1. LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA
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Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existe una réplica en tamaño real en Buenos Aires.

La escultura es del año 190 a.C.. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia se hallaba partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

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La Victoria de Samotracia porteña se encuentra dentro del Palacio Estrugamou, un monumental edificio de departamentos de lujo muy cerca de la Plaza de Retiro, cuya mejor vista es la esquina formada por Juncal y Esmeralda, calle en la que se encuentra su entrada principal. Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Esta réplica en tamaño real hecha en bronce tiene alas algo más cortas. Corona el patio que sirve de espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. No se sabe quién es su autor, que copió cuidadosamente los detalles de la original: la pierna derecha hacia adelante mostrando poder y movimiento y los pliegues del atuendo y la postura del torso, sugiriendo que avanza contra el viento. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Está esperando por usted.

  1. MAFALDA
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Uno de los personajes más entrañables, la inefable Mafalda, tiene su propia escultura en Buenos Aires. Ubicada en la esquina de Chile y Defensa, en el barrio de San Telmo, se encuentra sentada sobre un banco blanco para que cualquier visitante pueda tomarse una foto con ella.

La tira de humor de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, vio la luz oficialmente el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana y hoy es conocida en todo el mundo.

La “Mafalda 3D” mide 80 centímetros y luce vestido y moño verdes. El cuello del vestido y las medias son blancas, contrastando con los respectivos botones y zapatos negros. Las manos se apoyan en el vestido a la altura de las rodillas y tiene su eterna sonrisa enmarcada bajo la tupida cabellera negra. La expresión es la del dibujo: una mirada de esperanza a pesar del mundo y sus calamidades.

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La escultura de Mafalda fue inaugurada el 30 de agosto de 2009. Al evento asistió el propio Quino, quien fue vecino de la zona. Por ello, se descubrió una placa en el edificio de Chile 371 con un dibujo del personaje y la frase “Aquí vivió Mafalda”.

La obra fue realizada por el artista argentino Pablo Irrgang. Para su creación utilizó resina epoxi reforzada con fibra de vidrio. Los colores están incluidos en el propio material para que resista las no sólo los cambios climáticos sino el vandalismo urbano. Afortunadamente, hasta la fecha la obra ha sobrevivido y luce espléndida. Dice el artista “me resultó interesante la idea de que estuviera solita en un banco, cavilando sobre el mundo. De noche, será otro de los chicos que duermen a la intemperie“.[8]

En 2014, para celebrar el 50º aniversario de su primera publicación, Mafalda quedó acompañada por dos de sus amigos: Manolito y Susanita. Cuenta el escultor “incluso vino Quino al taller y hasta pidió, con toda su humildad, que Manolito llevara su delantal del almacén color ‘marroncito grasa’ y sus zapatos ‘mal lustrados’”[9].

Irrgang es un extraordinario artista contemporáneo. Sus trabajos pueden admirarse en http://www.pabloirrgang.com.

  1. EL PENSADOR
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Ubicado cerca del extremo este de la Plaza del Congreso, la robusta figura de un hombre desnudo sentado en actitud reflexiva nos sorprende. Es una inmensa mole de bronce que comunica una extraordinaria humanidad.

Los clásicos experimentos sobre actitudes y sentimientos de Albert Mehrabian demostraron que  sólo el 7 por ciento de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38 por ciento se atribuye a la voz y el 55 por ciento al lenguaje. Por eso El Pensador nos habla sin decir una sola palabra: la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano derecha, la cabeza inclinada despojada de toda sugestión de movimiento, la mirada abstraída y cavilante.

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El autor de esta magnífica obra es nada menos que Auguste Rodin (1840-1917), el más famoso escultor de los tiempos modernos, así como en la antigüedad lo fue Fidias. El Pensador originalmente fue parte de un frustrado proyecto por encargo llamado La Puerta del Infierno, inspirado en La Divina Comedia y correspondía a la imagen de Dante Alighieri. Admirando una imagen de esta magnífica creación[10] se observa la escultura del escritor a una escala mucho menor. Se halla en el centro del panel superior de La Puerta, en la misma pose que El Pensador, pero con la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano izquierda. Rodin continuó trabajando en sus ideas tratándolas como piezas individuales, y pasó de representar al poeta italiano a simbolizar al hombre reflexivo, cuyas preguntas demandan respuestas[11].

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La Municipalidad de Buenos Aires a través de Eduardo Schiaffino adquirió una de las copias realizadas por el mismo artista en 1906. Aunque se pensó colocarla en las escalinatas del Congreso, desde esa fecha conserva su actual ubicación. Un placa de mármol a los pies de El Pensador informa que el fundidor de la pieza fue Alexis Rudier.

  1. CANTO AL TRABAJO
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Canto al trabajo es un espléndido grupo escultórico ubicado en la plazoleta Eva Perón, en la intersección de las Avenidas Paseo Colón e Independencia, en San Telmo. Está conformado por catorce figuras humanas que representan el valor del esfuerzo como puerta al futuro. Todas las piezas están desnudas o tienen cubiertas sus partes íntimas con un paño.

La obra puede descomponerse en dos grupos. El posterior hace un enorme esfuerzo para mover una roca, mientras el que encabeza el conjunto, compuesto por una familia, parece liberado y mira al porvenir. Podría decirse que el primero representa el sacrificio; el segundo, sus beneficios: el padre, erguido, señala el camino, la madre mira el destino y los niños intentan abrazar lo que creemos que es el futuro.

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Esta monumental composición en bronce fue creada por Rogelio Yrurtia (1879-1950), considerado el escultor argentino más importante del siglo XX. La obra es de un valor artístico extraordinario y constituye una de las más preciadas joyas de la ciudad.

La obra fue terminada en 1908 y adquirida por la Municipalidad de Buenos Aires. Entre 1927 y 1937 fue exhibida en la Plaza Dorrego y desde esa fecha ocupa su actual emplazamiento.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.652

[2] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.272

[3] No todos coinciden con las medidas o pesos de una obra tan enorme. Por ejemplo, Diego Zigiotto dice que mide 25 metros de alto y no 23 como Gutiérrez; una nota de La Nación del 10 de junio de 2015, firmada por Josefina Marcuzzi dice que pesa 24 toneladas y no 18 como Zigiotto,

[4] https://es.wikiarquitectura.com/edificio/floralis-generica/

[5] La imagen se puede ver en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Meisje_in_fontein_-_Tineke_Willemse-Steen_(Apeldoorn).jpg

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.358

[7] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de la Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.53

[8] Reinoso, Susana, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 16/8/2009. La nota completa se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/1163053-mafalda-tendra-su-escultura-en-una-esquina-de-san-telmo

[9] Smith, Romina, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 29/9/2014. La nota completa puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Susanita-Manolito-suman-escultura-Mafalda_0_SJLmFmt5vmx.html

[10] Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”), p.387

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.261


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la correspondiente a La Puerta del Infierno, tomada del libro


BIBLIOGRAFÍA

Magaz, María del Carmen, “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público”, Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, Buenos Aires, Argentina, 2013

Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015

López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de l Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004

Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”)

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2012

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013

EL EDIFICIO ART DECO DE JOSÉ M. MORENO 122 Y OTRAS OBRAS DE ALEJANDRO J. VARANGOT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

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La Argentina siempre consideró a Europa como un espejo en el cual reflejarse. Entonces, así como a principios de siglo dio una ferviente bienvenida al Art Nouveau, tres décadas después recibió con sumo beneplácito al Art Déco, cuyo alcance se había extendido también a las grandes urbes de Estados Unidos.

Los cines y teatros porteños fueron los primeros en elegir el Art Déco para vestirse de gala. Luego lo adoptaron bancos, fábricas, mercados y comercios, edificios y viviendas, configurando una nueva metrópolis donde las sensuales curvas del Art Nouveau convivían con las figuras simétricas del Art Déco[1].

Data de 1936 una de las obras Art Déco más curiosas de Buenos Aires, ubicada en José María Moreno 122, barrio de Caballito, frente a lo que hoy es el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina.

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Rodeado de edificios de líneas rectas levantados mucho después, esta construcción de seis pisos emerge con una fachada muy original definida como “puro juego de polleras, collares y tocado hecho de estrías y esferas”[2].

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Vale la pena detenerse a admirarla. En el segundo y tercer piso hay listones verticales de diverso tamaño que producen una sensación de ondulación y, hacia el centro, dos filas de discos que se van reduciendo de tamaño a medida que ascienden. Un diseño parecido se observa en el sexto piso que se continúa en su curiosa torre.

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Precisamente, esa suerte de torre poliédrica es quizás su detalle más llamativo. Se la observa aún desde la concurrida esquina de las avenidas José María Moreno y Rivadavia, ubicada a unos 150 metros. Este curioso remate, al observar el edificio de frente, nos recuerda vagamente las pirámides mayas de Tikal, en Guatemala, que algunos habrán visto en la primera película de la Guerra de las Galaxias.

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El experto Mario Sabugo -cita el historiador Germinal Nogués- afirma que los discos de la fachada “se expanden y multiplican en las ciento sesenta y cuatro esferas de cemento armado que, dispuestas sobre sus diversos diámetros acompañan el carácter ascendente de la composición”[3]. Todos estos detalles Art Déco sugieren poder, elegancia y movimiento.

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 ACERCA DE ALEJANDRO J. VARANGOT, SU CREADOR

Entre los cultores más destacados del Art Déco en Argentina se encuentran los arquitectos Alejandro Virasoro y los hermanos Andrés y Jorge Kálnay.  Sin embargo, el edificio de José M. Moreno 122 proviene de un ingeniero, Alejandro J. Varangot, quien es conocido por algunas de sus obras.

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Su edificio más importante es el Edificio Antonio Pini, ubicado en Diagonal Norte Roque Sáenz Peña 875/99, esquina Sarmiento, ubicado en el barrio porteño de San Nicolás, que es lo mismo que decir pleno Centro.

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La entrada se ubica en una esquina triangular en la cual Varangot ubicó dos enormes águilas, que sirven de ménsulas. En el blog del historiador Alejandro Machado, Laura Varangot, nieta del creador del edificio, dejó un comentario con un detalle muy interesante: “Si se observa sobre las figuras de las dos águilas, en el centro, hay un relieve de una cara con melena de león. Esa era la cara de mi abuelo, o sea, la firma de su magnífica obra”[4]. Este detalle se ve en el balcón del segundo piso.

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De paso, todos los artículos de Alejandro Machado son excelentes y a los amantes de Buenos Aires recomiendo seguir su blog.

Otra curiosa obra de Varangot es el Mausoleo Social del Centro Gallego[5], hoy conocido como Panteón Social, de estilo románico, ubicado en el Cementerio de la Chacarita, calle Nº 33 y 50. Hay datos interesantes de esta obra, proporcionados por Hernán Vizzari, quien se ha dedicado a estudiar el patrimonio funerario porteño, que Miguel Jurado ha recogido en una nota periodística: “Este edificio es de 1929 y está inspirado en la Colegiata de Santa María del Sar de Santiago de Compostela. Tiene gárgolas con los escudos de las provincias gallegas. Además, cuando se puso la piedra fundamental, enterraron cuatro cofres con tierras de Pontevedra, La Coruña, Lugo y Orense”[6].

En la Plaza Almagro, ubicada en el corazón del barrio homónimo, frente al bajorrelieve de El Fauno[7], creado por César Sforza y adquirido e inaugurado por la desaparecida Municipalidad de Buenos Aires, se encuentra “Monumento a la Bandera de la Plaza Almagro”, diseñado por Varangot. Consiste en un alto mástil sobre cuya base se apoyan dos águilas de bronce de grandes alas. La forma geométrica de las aves es propia del Art Déco. La obra fue inaugurada el 18 de noviembre de 1938 y las águilas fueron realizadas gracias a una colecta vecinal[8].

Finalmente, identificamos una obra más suya, el edificio de Guido 1725, en Barrio Norte. Estas obras nos recuerdan que los porteños somos deudores creadores como el Ingeniero Alejandro J. Varangot, que han hecho de Buenos Aires, una de las ciudades más lindas y diversas del mundo.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


ALGUNAS IMÁGENES ADICIONALES DEL EDIFICIO DE JOSÉ MARÍA MORENO 122

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BONUS: QUÉ ES EL ART DÉCO

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Con el Art Déco sucede algo curioso: se lo reconoce a simple vista, pero cuesta definirlo. Por ejemplo, Jonathan Glacey en su “Historia de la Arquitectura”, prologada nada menos que por Norman Foster, dice que “se caracteriza por la utilización de materiales lujosos, motivos estilizados y formas modernas”[1]. Podríamos decir que ofrece una definición indefinida

La mayoría de los expertos fija como punto de inicio del Art Déco a la Exposición Universal de las Artes, celebrada en París en 1925. Se manifestó allí en diferentes expresiones artísticas, tales como el diseño gráfico y textil, los objetos decorativos, la pintura, la escultura y la arquitectura.

Para entender su nacimiento corramos las agujas un poco más atrás. A fines del siglo XIX impactó en Europa un innovador movimiento artístico que recibió nombres diversos según la forma y el país donde se desarrollara: Art Nouveau (Francia), Jugendstil (Alemania), Sezession (Austria), Modernismo (España), Liberty (Italia). Este movimiento rompiendo con el academicismo dominante, intentaba llevar el arte a todas las cosas y personas.  De todos ellos, el más extendido fue el Art Nouveau. Se caracterizaba por el uso profuso (a veces también confuso y difuso) de un elevado número de elementos naturales, generalmente florales, delgados, alargados y entrelazados mediante líneas curvas, junto a la inclusión de imágenes femeninas etéreas con abundantes pliegues en sus ropas y ondas en sus cabellos. Pura sensualidad y sensualidad pura.

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El Art Déco llegó para superar el Art Nouveau, reduciendo la cantidad de detalles y simplificando el trazo de las líneas. Sus diseños eran mucho más geométricos. Sin prescindir de la belleza, se podría decir que aplicó la fórmula “menos es más” sobre el estilo anterior. Se extendió más allá de Europa, apoyado en la idea de la simetría y proponiendo diseños más anchos y menos abigarrados, que comunicaban al mismo tiempo elegancia y solidez. Un buen ejemplo serían los rascacielos de New York, como el Edificio Chrysler y el Empire State.

Más allá de nuestras especulaciones, todos los expertos están de acuerdo en aceptar que el Art Déco fue el puente entre el academicismo y el eclecticismo dominantes en la Vieja Europa y el racionalismo que cobraría auge a mediados del siglo XX.

Entre las características fácilmente observables de Art Déco, encontramos:

  • Preferencia por las formas piramidales (evidenciado, por ejemplo, en los rascacielos neoyorquinos o en los detalles ornamentales de muchos edificios)
  • La geometrización de las formas, incluyendo zigzags, espirales, rectas, guirnaldas, líneas onduladas.
  • Relieves en las superficies planas, creando texturas y juegos de luces y sombras

Resumiendo, la estética de cualquier diseño Art Déco comparado con uno Art Nouveau, no importa el campo en el que se realice, es más sencilla, geométrica, simétrica, sólida y “limpia”. Fue un avance de la razón frente a la sensualidad del fin de siglo europeo, sirviendo de precedente al racionalismo que lo sucedió.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Años después se renunciaría a la ostentación y al refinamiento para dar lugar a la sobriedad del racionalismo.

[2] Böhm, Mimi, Grementieri, Fabio (texto) y Verstraeten, Xavier (fotografía), “Buenos Aires, Art Déco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, Buenos Aires, Argentina, 2008, p.192.

[3] Nogués, Germinal, “Buenos Aires Ciudad Secreta”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

[4] Machado, Alejandro, http://fotosbaires.blogspot.com/2011/10/una-de-las-maravillas-arquitectonicas.html

[5] Galicia, Revista del Centro Gallego, Año XVII, nº198, junio 1929, p.7

[6] Jurado, Miguel, “En la ciudad de los muertos”, Clarín Digital, https://www.clarin.com/ciudades/Ciudad-Muertos_0_B1kb6POpwXg.html

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.24

[8] Ierardo, Esteban y Navarro, Laura, “Buenos Aires Desconocida” https://www.facebook.com/buenosairesdesconocida/photos/a.118050948343486.23666.117908258357755/403049713176940


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REFERENCIAS

[1] Glacey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, Buenos Aires y Barcelona, 2001, p.160


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