“FAUDA” TEMPORADA 2, EL CAOS HECHO ACCIÓN (por Pablo R. Bedrossian)

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Fauda significa caos en árabe. La expresión sirve no solo para ilustrar la serie israelí presentada por Netflix sino el tema que representa: la interminable guerra entre árabes y judíos, que no se libra entre ejércitos sino entre pequeñas unidades de uno y otro lado, como si fuera un ajedrez.

En la segunda temporada, el hijo de un líder de Hamas asesinado por el protagonista de la serie, Doron Kavillio, miembro de un equipo encubierto israelí, busca venganza. El palestino, conocido como Abu Ahmad (“la Pantera”), formado en Siria bajo ISIS, basa su estrategia en el terror; bajo la pantalla de una revancha política busca hacer una justicia personal. En la serie hay varios personajes que tejen una compleja red de relaciones humanas, como el líder del brazo militar de Hamas, Walid Al Abed o la médica palestina Shirin Al Abed.

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Fauda tiene varios motivos que la hacen digna de ser vista. En primer lugar, su ritmo que nunca decae; por momentos nos recuerda al de 24, la famosa serie interpretada por Kieffer Shuterland. Si Ud. es de los que mira el reloj para ver cuánto falta, es probable que lo sorprenda el final de un capítulo.

En segundo lugar, muestra los dos lados. Uno observa lo que pasa del lado judío pero también lo que ocurre del lado árabe: la idiosincrasia y la forma de justificar las acciones violentas de cada uno. También se ven las asimetrías: mientras los israelíes cuentan con drones y apoyo satelital, los palestinos pelean con piedras y explosivos caseros. Además, la lucha está presentada con una excelente ambientación.

Finalmente, y no menos importante, emerge sobre de la corteza militar de los personajes su emotividad, ese curioso rasgo de humanidad que nos iguala sin distinción de fronteras. La amistad, la mentira, la lealtad, las ofensas forman parte de las experiencias de los protagonistas. Obviamente hay también algún turbulento romance entre miembros de pueblos enemigos.

Fauda fue creada por Lior Raz (el magnífico actor que encarna a Doron Kavillio) y Avi Issacharoff. Hablada originalmente en hebreo y árabe, nuestra versión está doblada al inglés y subtitulada al español. Si le gusta el cine de acción, no lo dude: esta serie formará parte de sus favoritas.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

HEBREOS, ISRAELITAS Y JUDÍOS (por Pablo R. Bedrossian)

Muchos utilizan los términos hebreo, israelita y judío como sinónimos, pero cada uno de ellos tiene raíces diferentes. En la actualidad conservan usos específicos, tanto en el campo de la nacionalidad como en el comunitario y en el religioso, pero no nos vamos a ocupar aquí de su significado presente, sino de su nacimiento y su significado primitivo.

Israel 01La literatura sagrada judía provee en el libro de Génesis los relatos fundacionales para la nación. Explica el origen del mundo y del hombre, además de expresar su preocupación ética, al abordar la cuestión del origen del bien y del mal. Esta tradición, que posee algunos puntos en común con la vecina sumeria, contiene un profundo valor simbólico hasta nuestros días y nos sirve como fuente primaria.

Abram (luego llamado Abraham) es el primero a quien se designa como hebreo: “Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo”[1]. La palabra hebreo (en hebreo: עִבְרִית, romanización: ʿIvrit)[2], deriva de otra palabra que quiere decir “más allá de” o “del otro lado de”. Se cree que Abraham fue llamado así por haber cruzado el Éufrates para llegar a la tierra de Canaán, pues provenía de la ciudad caldea de Ur, en el actual Irak. Algunos, dándole una diferenciación religiosa al término, sostienen que fueron llamados “hebreos” porque estaban “del otro lado” de la idolatría, al dar culto al único Dios. Sin embargo, existe una segunda teoría, menos extendida, que postula que ʿIvrit podría significar hijo o descendiente de Heber, Eber o Ever, dependiendo de las traducciones. Este Heber es mencionado en el Génesis como bisnieto de Sem, el hijo de Noé: “También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Heber, y hermano mayor de Jafet. Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram… Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber. Y a Heber nacieron dos hijos”[3]. El uso de la expresión “padre de todos los hijos de Heber”, refuerza esa interpretación. Un detalle interesante es que este Heber está mencionado en la genealogía de Jesús que Lucas enuncia en su evangelio, presentado no como bisnieto sino como tataranieto de Sem: “hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala, hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé” [4]. No se conocen las fuentes que este autor gentil utilizó para reconstruir el linaje de Jesús, pero no coinciden exactamente con las del Génesis, ni tampoco con las del Primer Libro de las Crónicas, escrito al regreso de la cautividad, que es similar a la del Génesis[5]. Hay una mención a Heber en otro libro de la Torá (Ley) que forma parte de lo que conocemos como Pentateuco o libros de Moisés, que en una severa advertencia dice “Y afligirán a Asiria, afligirán también a Heber; mas él también perecerá para siempre”[6]. Heber aquí representa un territorio y se ha postulado que su mención proviene de sus habitantes de habla hebrea. Una curiosidad es que Heber es mencionado en el Corán bajo el nombre de Hud o Houd[7].

Aunque nos limitamos a exponer los hallazgos de nuestra búsqueda, hay coincidencia general en que el término hebreo se aplicó por primera vez a Abraham.

En cuanto al nombre Israel, la misma fuente, el Génesis, lo asigna a los descendientes de Jacob, pues él recibió ese sobrenombre: “Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”[8]. El “varón” que menciona el texto es un misterioso personaje que algunos estudiosos consideran una teofanía, pues de la lectura se infiere que hay en él algún elemento sobrenatural que se atribuye a lo divino. Nótese que a continuación el escrito habla por primera vez en forma genérica de los israelitas, pues luego de la extraña disputa entre Jacob y aquel que le confiere su nuevo nombre, se dice del primero: “Cojeaba de su cadera. Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo”[9].

Según el mismo libro, de Jacob llamado Israel descienden las famosas doce tribus. Aunque el texto lo expone primero de un modo detallado, luego da un resumen de la descendencia de este patriarca:

“Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce: los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob; Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. Los hijos de Raquel: José y Benjamín. Los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan y Neftalí. Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram”[10].

Quien está familiarizado con el Antiguo Testamento sabe que no se habla de la “tribu de José”, sino de dos medias tribus, correspondientes a sus hijos Efraín y Manasés. Esto se debería -siempre de acuerdo a  nuestra fuente, el Génesis- probablemente a las palabras de Jacob: “Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos”[11].

El libro de Éxodo, que continúa la historia descrita en el Génesis, comienza con las palabras “estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia…”[12]. De inmediato hace extensivo el concepto a sus descendientes: “Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra”[13], y pone en boca del faraón egipcio la frase “el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros”[14].

En cuanto a judío, es un nombre tardío, pues no aparece ni en el Génesis ni en ningún otro libro de la Torá. Las menciones más antiguas en el Viejo Testamento las encontramos varios siglos después, en el libro del profeta Jeremías. Por ejemplo, dice “que cada uno dejase libre a su siervo y a su sierva, hebreo y hebrea; que ninguno usase a los judíos, sus hermanos, como siervos”[15], ubicando el contexto en tiempos de Sedequías, el último rey de Judá, que cayó en manos del babilónico Nabucodonosor en el año 597 a.C. El reino del Israel, al norte, había caído en poder de los asirios en el año 722 a.C.

Hay muy pocas menciones posteriores, una en el profeta Zacarías, fechada como posterior a 520 a.C., y varias en el libro del profeta Daniel –de fecha discutida-, y en los textos post-exílicos de Esdras, Nehemías y Ester. Por supuesto, el uso es frecuente en el Nuevo Testamento, pero es muy posterior.

El término judío es el gentilicio utilizado para designar al nacido o habitante de Judea, región cuyo nombre perduró incluso cuando fue convertida en una provincia romana.

La región denominada Judea adquiere su nombre de una adaptación del nombre Judá, el cuarto hijo de Jacob, quien en el libro del Génesis recibe una bendición especial de su padre, prometiéndole un futuro de grandeza. Incluso le dice “Judá, te alabarán tus hermanos… Los hijos de tu padre se inclinarán a ti”[16], dándole una preminencia sobre las demás tribus.

Al retornar de la cautividad babilónica vemos que el nombre de judíos se había extendido a todos los israelitas, los hijos de Israel (Jacob), entendiendo que profesaban la religión judía, hubieran nacido o no en el territorio de Israel, pues para este pueblo monoteísta nación y fe eran conceptos prácticamente indisolubles.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Génesis 14:13, Santa Biblia, RVA 1960, Sociedades Bíblicas Unidas

[3] Génesis 10:21,22 y 24,25, Op.cit.

[4] Evangelio de Lucas 3:34-36,  Op.cit.

[5] 1º Libro de Crónicas 1:18

[6] Números 24:24

[7] Cantú, César, Resumen del Corán, en Historia Universal, tomo XV, Mellado Editor, Madrid 1848

[8] Génesis 32:28

[9] Génesis 31:31c,32

[10] Génesis 35:23-26

[11] Génesis 48:5

[12] Éxodo 1:1

[13] Éxodo 1:7

[14] Éxodo 1:9

[15] Jeremías 34:9

[16] Génesis 49:8


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