POR LA RAZÓN O LA FUERZA: EL CONVENIO OFICIAL CON LA FUNDACIÓN HUÉSPED Y LA PROMOCIÓN DEL ABORTO (por Pablo R. Bedrossian)

Esta curiosa frase, que se encuentra en el escudo de Chile, parece ser el emblema de muchas organizaciones políticas que disfrazadas bajo banderas como derechos humanos y democracia están decididas a cumplir sus fines “por las buenas o por las malas”. Para ellos, los fines justifican los medios. Ignoran los derechos humanos de los demás -incluso están dispuestos a violarlos-, asumiendo un mesianismo por el cual se sienten empoderados para imponer a otros su doctrina. Más preocupante aún es cuando instituciones del Estado actúan aliándose con ellos.

Convenio Fundación Huésped -Ministerio de Educación 01.jpgEl 11 de julio de 2018, mientras en el país se discutía con ardor la despenalización del aborto, ley de la cual el presidente Mauricio Macri había declarado ser neutral, el portal de noticias del gobierno argentino anunciaba que “el Ministerio de Educación de la Nación firmó un convenio de cooperación con Fundación Huésped para el trabajo conjunto entre ambas instituciones en materia de Educación Sexual Integral y prevención del embarazo no intencional en la adolescencia”[1].

LOS DUEÑOS DEL BIEN COMÚN

La Fundación Huésped es ampliamente conocida por su labor en la lucha contra el SIDA. Ha sido pionera en ese campo y trabajado tanto en la prevención como en el tratamiento de la enfermedad. Sin embargo, ha ido más allá de su rol sanitario -sin duda, extraordinario-, y se ha declarado abiertamente pro abortista. Incluso, tras la derrota en el Senado, donde la representación popular rechazó por amplio margen la despenalización del aborto, la Fundación dirigida por el Lic. Leandro Cahn en su sitio web declaró: “Esta noche no perdimos. En las calles el derecho al aborto legal, seguro y gratuito ganó, y de eso no hay retorno… El movimiento de mujeres tiene una fuerza irreversible. Logra reunir en un solo grito el reclamo por un derecho que históricamente fue negado. La marea verde arrasa y nos transforma”[2].

MESIANISMO ABORTERO

Senado Argentino.jpgNo voy a detenerme en los argumentos con los que justifican su posición de legalizar el asesinato de los argentinos por nacer, pero sí señalar que bajo la sombrilla de la palabra derechos, y siguiendo fielmente el libreto de los ideólogos de género, en esa declaración intentan estigmatizar a sus oponentes sosteniendo que sus argumentos fueron meramente “morales o metafísicos”. Para ello se ven forzados a ignorar deliberadamente que, por ejemplo, la Academia Nacional de Medicina, muchos médicos -como es mi caso- y otros hombres de ciencia ateos y cristianos nos oponemos al aborto por razones científicas y de derechos humanos[3], muy distintos a los derechos que ellos reclaman. Además, quiero resaltar el desprecio que han demostrado por la opinión ajena, en particular por las ideas vertidas por los senadores en representación del pueblo al afirmar “No logramos en esta oportunidad que una mayoría de las y los Senadores haga a un lado sus creencias personales y religiosas para pensar en el bien común”. ¿Acaso creen que los senadores son ignorantes cuando sostienen que la vida comienza en el momento de la concepción y que el aborto voluntario implica terminar en forma violenta con la vida intrauterina?  ¿No es acaso un pensamiento mesiánico el de aquel que se cree dueño de la verdad, y siendo juez y parte se atribuye el patrimonio de establecer qué es el bien común?

CABALLO DE TROYA

Leandro CahnDesde luego, hasta aquí solo se trata de opiniones. Sin embargo, la Fundación Huésped afirma en la nota sobre la derrota en el Senado que seguirán “trabajando para que el Protocolo de Interrupción Legal del Embarazo se aplique en cada provincia del país, para que la Educación Sexual Integral se incorpore en todos los niveles de todas las escuelas”. Por eso, la firma de un convenio educativo entre el Ministerio de Educación y una entidad declaradamente opuesta a una ley del Estado relacionada, provee los medios para prediquen sus dogmas, en particular sobre el aborto, y en general sobre ideología de género a niños y adolescentes, sin respetar la legislación vigente, ni el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Los argentinos no somos ingenuos y hemos padecido otros Caballos de Troya, con la complicidad, desde luego, de las autoridades de turno.

POR LA RAZÓN O LA FUERZA

¿Por qué el gobierno nacional ha elegido en un tema tan sensible a una entidad que se opone a una ley del Estado? ¿Qué compromisos tiene y con quién? Si creemos en la democracia, entonces respetemos las decisiones populares que le han dicho claramente no a la despenalización del aborto, y, en caso de firmar convenios, que se haga con aquellas instituciones respetuosas de la Ley que trabajan no solo por apoyar a la mujer en situación de riesgo sino a los hijos que llevan dentro de ellas. Digamos basta a vivir en el reino del revés.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://www.argentina.gob.ar/noticias/convenio-de-colaboracion-con-fundacion-huesped

[2] https://www.huesped.org.ar/noticias/tras-la-desaprobacion-de-la-ley-de-interrupcion-voluntaria-del-embarazo/

[3] https://pablobedrossian.com/2018/08/02/el-comienzo-de-la-vida-humana-por-pablo-r-bedrossian/

“¿CÓMO HABLA DIOS?” POR FRANCIS COLLINS, DIRECTOR DEL PROYECTO DEL GENOMA HUMANO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

Cómo habla Dios (Francis Collins 01)LA PREGUNTA

¿Se puede ser cristiano y evolucionista? Para los cristianos fundamentalistas, la teoría de la evolución contradice en forma explícita a las Escrituras. En mi primera juventud escuché a un predicador afirmar que “el diablo había sembrado un huevo de áspid en la mente de Darwin”[1]. Personas con esta visión del mundo perciben el conocimiento científico una amenaza, negándose a examinar las evidencias. Por otro lado, los fundamentalistas de la ciencia, mejor llamados cientificistas[2], creen que describir y comprobar un mecanismo les habilita automáticamente a entender su significado. Desde luego, descubrir que una enzima acelere cierta reacción química puede establecer un cómo, pero no necesariamente determinar el por qué.

Bajo esta perspectiva, el fundamentalista religioso y el cientificista aparecen enfrascados en la vieja discusión entre la ciencia y la fe, evocada por nuestra pregunta inicial. Sin embargo, ambos, producto de una manifiesta ceguera voluntaria desconocen “el territorio enemigo”; bajo semejantes prejuicios, son incapaces de entender el alcance del otro: La ciencia estudia el mundo material. No crea verdades; crea conocimientos (observables, medibles, reproducibles, siempre precarios, pues son sometidos a pruebas y debates, que pueden confirmarlos o rectificarlos)[3]. En cambio, la teología y la filosofía abordan significados, y dentro de ellos, como tema crucial, la cuestión de la verdad.

EL AUTOR

El Dr.Francis Collins es cristiano y evolucionista. Nacido en una pequeña granja de Virginia, este médico genetista doctorado en Química, es una reconocida autoridad científica por haber dirigido el Proyecto del Genoma Humano, cuyo objetivo fue identificar las secuencias químicas del ADN a fin de formular un mapa genético completo. Collins lideraba la iniciativa pública del proyecto y Craig Venter, la privada, que se hacía en forma paralela. No sin pugnas, al final unieron fuerzas y el 26 de junio del 2000, presentaron en la Casa Blanca, ante el presidente Bill Clinton, el primer borrador del genoma humano, uno de los logros científicos más altos alcanzados para esa fecha. Entre otros hitos profesionales, en 2009 el Dr. Collins fue nombrado Director de los Institutos Nacionales de Salud, entidad líder en investigación biomédica dentro de los Estados Unidos, por el presidente Barack Obama, quien afirmó en el comunicado de la designación “Collins es uno de los científicos de más altura en el mundo y su descollante trabajo ha cambiado la manera en que consideramos nuestra salud y examinamos la enfermedad”[4].

 EL LIBRO

Quizás por eso, el libro, cuyo título original en inglés es “The Language of God”, fue publicado en español bajo dos títulos diferentes, ambos provocadores: “El lenguaje de Dios” (como lo leí originalmente) y “¿Cómo habla Dios?”  (como lo releí).

Podemos decir que la obra está dividida en tres partes. En la primera, Collins cuenta su experiencia personal. Tras haber crecido en un ambiente rural dentro de una familia agnóstica, nunca se sintió atraído por las ideas religiosas. En la universidad adhería al pensamiento de sus compañeros ateos. Pero graduado de médico, la pregunta de una paciente acerca de su fe y el descubrimiento de una conciencia moral en un universo material, lo llevaron a tomar la decisión de creer en Jesucristo y seguirlo. Influyeron poderosamente en él las lecturas del C.S. Lewis, no una iglesia.

En la segunda, el autor aborda los temas donde ciencia y fe suelen hacer colisión. En cuanto al origen del universo, presenta el Big Bang, la teoría científica de la formación casi instantánea del universo que niega la eternidad de la materia, compatible con el creacionismo cristiano.

Luego se enfoca en el origen de la vida donde es definitivamente evolucionista. Sin necesidad de hacer notar que el Génesis presenta dos órdenes diferentes de la creación de la vida (en el capítulo 1 los animales anteceden al hombre y en el capítulo 2 el hombre precede a los animales, que son creados para hacerle compañía), resuelve la supuesta incompatibilidad entre ciencia y Biblia poniendo el problema en el lector: los textos del Génesis para Collins deben ser leídos en forma simbólica, y no literal como lo hacen los fundamentalistas. Leerlo en forma literal lleva a postular que el mundo fue creado en el año 4,004 a.C., tal como lo calcula la cronología de Ussher[5]. Se apoya para ello en San Agustín, quien reconoce sus limitaciones para entender el significado de estos textos, que sin duda cumplieron un rol explicativo para las personas de su tiempo, pero, desde luego, no pretenden ser enunciados científicos.

A partir de allí presenta a la teoría de la evolución como mecanismo para el desarrollo de la vida en la Tierra. Para este investigador cristiano, el código genético revela cómo “Dios dictó vida al ser”, quedando demostrado que la vida no es producto de la casualidad y que la evolución es el mecanismo elegido. Concluyendo, la teoría de la evolución no refuta a un Dios creador, ni viceversa. Además, y en esto hace un especial énfasis, la presencia de un sentido moral y la búsqueda de sentido, atributos exclusivamente humanos, solamente pueden ser puestos en el hombre por un Creador, no por la materia.

En la tercera parte, se ocupa de la actitud ante la ciencia movida por prejuicios o experiencias personales. Hace notar que Darwin no se volvió agnóstico al descubrir la selección natural sino ante el fallecimiento a los 10 años de vida de su adorada hija Annie, a causa de una tuberculosis[6]. Collins no sólo rechaza el creacionismo tradicional, sino la teoría del diseño inteligente, apoyada por muchos grupos evangélicos en Estados Unidos, a la que sólo concede la habilidad de ser un postulado ingenioso. También resalta que el evolucionista más importante del siglo XX, Theodosius Dobzhansky, era cristiano. Un detalle no carente de humor es su mención a invitaciones que recibe de parte de iglesias. Cuenta que al llegar es recibido con cariño y simpatía por ser un científico cristiano, pero luego, al definirse como cristiano y evolucionista, pocos se acercan a saludarlo cuando se retira.

Al final incluye un apéndice de Bioética, donde presenta situaciones nuevas que el acceso al genoma ha producido. Por ejemplo, comenta el primer caso donde pudo identificarse un gen familiar que ocasionaba cáncer de mama, y expone sus sorprendentes derivaciones. La finalidad es presentar los nuevos retos y oportunidades que trae el conocimiento detallado del ADN, tema que aborda en su siguiente libro, “El lenguaje de la vida”, que recomendamos a todos aquellos interesados en saber en qué consiste la medicina genética.

Muchos ensayos se han escrito sobre este libro del Dr. Francis Collins. Para nosotros esta obra extraordinaria pueden resumirse en una frase suya que se ha hecho famosa: “Dios puede ser reverenciado tanto en una catedral como en un laboratorio”.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Según él, se apoyaba en el texto bíblico del profeta Isaías 59:5, escrito más de un par de milenios antes del nacimiento de Darwin

[2] El cientificismo es la tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas. Sobre la sobrevaloración del alcance de las ciencias y pseudociencias, recomendamos leer, por ejemplo, los comentarios del epistemólogo y filósofo ateo Karl Popper en “La sociedad abierta y sus enemigos”, sobre psicologismo y sociologismo.

[3] No podemos exponer aquí los modelos de pensamiento que subyacen en la lógica de los investigadores, que Thomas S Kühn llamó paradigmas. Para los interesados en el tema recomendamos leer su obra “La estructura de las revoluciones científicas”, Fondo de Cultura Económica, México, Primera edición en inglés, 1962, Primera edición en español (FCE, México), 1971, Octava reimpresión (FCE, Argentina), 2004,

[4] http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/07/09/actualidad/1247090419_850215.html

[5] Ussher fue un arzobispo anglicano del siglo XVII que se tomó el trabajo de contar los años que aparecen en las genealogías y reinados descritos en la Biblia junto a otros periodos de tiempo que se infieren de su texto, deduciendo sobre esa base que la creación se inició el atardecer anterior al domingo del 23 de octubre del año 4004 a. C.

[6] Acaba de ser subastada una carta del autor de “El Origen de las Especies” que dice “Siento tener que informarle de que no creo en la Biblia como revelación divina y por lo tanto tampoco en Jesucristo como hijo de Dios. Atentamente, Charles Darwin”. Interesados en el tema, pueden leer más en http://www.elmundo.es/ciencia/2015/09/07/55ed7d76ca4741f94d8b4588.html