¡CORTA TU PROPIA RAMA! (por Pablo R. Bedrossian)

Hay dos tipos de cambio: el que uno elige y el que a uno le ha sido impuesto. Mafalda, la inefable creación de Quino, decía: “si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno”.

Cuando las circunstancias se vuelven adversas, cambiamos porque no hay opción, pero son pocos los que se atreven a cambiar cuando las cosas van bien. Por eso alguien ha dicho que “no hay peor enemigo del éxito futuro que el éxito presente”. La comodidad y la seguridad aparente nos juegan en contra. Confiados en una ingenua sensación de control, olvidamos que no somos dueños de las circunstancias y que lo único que podemos manejar, y solo a veces, es a nosotros mismos.  

Pero es posible cambiar a tiempo. Comparto “El halcón y la rama”, un relato popular de autor desconocido que he reescrito.

EL HALCÓN Y LA RAMA

Un halcón habitaba el jardín del palacio. El rey lo llevaba a todas sus cacerías. Bastaba un mínimo gesto suyo para que el ave se lanzara hacia la presa. Su vuelo era admirado por la corte, y su instinto cazador temido por el pueblo. Funcionarios y visitantes se detenían para elevar la mirada y observar la majestuosa estela que sus alas dibujaban en el aire. Sin proponérselo, se había convertido en un símbolo del reino.

Cierto día, mientras se alistaba para salir de caza con príncipes de naciones vecinas, el rey pidió que trajeran al halcón ante su presencia. Luego de una desacostumbrada demora, el jefe de los sirvientes le informó:

– Su alteza, el halcón se niega a volar.

Sorprendido, el rey envío a uno de los miembros de su guardia al jardín. Efectivamente, halló el ave con sus garras aferradas a una rama dura y oscura. La sacudió, y sólo obtuvo como respuesta una mirada amenazante. –

– Su alteza, el halcón se niega a volar.

Mientras el soldado se retiraba, el rey pidió a uno de sus mejores ministros que se ocupara de resolver la situación, porque la hora de la partida se acercaba.

Este ministro era un hombre sabio, acostumbrado a manejar situaciones delicadas del reino. Primero quiso informarse y convocó al jefe de los sirvientes y al guardia para que le explicaran lo sucedido. Luego de escucharlos, les pidió que lo acompañaran al jardín. Encontró al halcón sobre un ciprés, tal como le habían relatado. Les propuso un plan y dio las órdenes para ejecutarlo de inmediato.

Consistía en tres acciones. Comenzó ordenando al jefe de la servidumbre que se arrojaran sobre el halcón grandes cantidades de agua. Ágiles criados treparon sobre el árbol y derramaron dos enormes tinajas. Nada sucedió. Luego le indicó al soldado que amenazara al ave con su espada. Con el filo plateado trazó lances en el aire, pero el halcón no se inmutó. Finalmente el ministro realizó su última jugada. Hizo encender un fuego debajo de la rama esperando que el calor obligara al ave a emprender su vuelo. Luego de unos minutos de intensa temperatura desistió, porque temía convertir al halcón en un platillo asado que sería servido junto a su propia cabeza. Decidió regresar con la intención de pronunciar la fatídica frase:

– Su alteza, el halcón se niega a volar.

Pero en el camino lo detuvo el grito de un campesino que a través de las rejas que rodeaban el parque había observado el agua, la espada y el fuego.

– ¡Ministro, puedo ayudarlo!

El sorprendido dignatario hizo pasar al hombre cuyo aspecto llevaba las marcas de una dura vida de trabajo.

– He visto lo sucedido y quisiera que me dé la oportunidad de probar. Sólo le pido que me deje solo en el jardín.

El ministro miró con desconcierto al jefe de los sirvientes y al soldado, pero tras un breve momento de duda se dijo que no tenía nada que perder, y ordenó dejar al hombre a solas con el ave.

Cuando se dirigía al salón del trono, encontró al rey con su séquito que se dirigía al parque, presto a salir de cacería. Iba por su halcón y nada ni nadie lo detendrían. Se cruzaron las miradas y el miedo le heló la sangre.

Mientras su mente buscaba una salida, lo sorprendió el vuelo rasante del ave que planeaba con sus brillantes alas extendidas. Asombrado vio cómo el halcón aterrizó en un instante sobre el hombro del monarca.

– Felicitaciones, amigo. Por algo te he puesto sobre los negocios de este reino.

La aprobación del rey le devolvió el color al semblante del alto funcionario, aunque gruesas gotas de sudor todavía rociaban su frente. Mientras el monarca se despedía con una amplia sonrisa, el ministro buscó al campesino y le pregunto con ojos agradecidos cómo había hecho para que el halcón volviera a volar.

– Muy sencillo; tomé un hacha y corté la rama.

CAMBIA A TIEMPO

Todos en algún momento de la vida nos aferramos a algunas seguridades, creyendo que serán eternas. Cuando se derrumban entramos en crisis. ¿A qué rama te aferras?

Pero no es cuestión de quedarse solo en el análisis sino pasar a la acción: ¡Corta tu rama! Volemos antes que la realidad tire abajo el brazo de madera al cual nos aferramos. Y si nos sorprende el hacha obligándonos a abandonarlo, démosle gracias que nos obligó al fin a levantar vuelo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


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La fotografía de portada fue tomada por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. Corresponde a un halcón murcielaguero, en inglés bat falcon.

5 RAZONES POR LAS QUE ERES VALIOSO (por Pablo R. Bedrossian)

Antes, al iniciar el año solía comprar una agenda; era un grueso cuaderno con tapas de cuero negro que dedicaba a cada día una página encabezada por un pensamiento. Muchas de estas frases tenían como autor a un tal Emerson. Descubrí que era un filósofo norteamericano del siglo XIX y me interesé en sus obras. La primera que leí se titulaba “La confianza en uno mismo”; una de sus frases aún perdura en mi memoria: “cree en ti mismo; todos los corazones vibran cuando se pulsa esa cuerda de acero”.  

Muchas personas durante la niñez reciben mensajes negativos; escuchan a sus mayores decir “no sirves”, “vas a fracasar”, “eres un inútil”. Lamentablemente la mayoría toma esos mensajes como ciertos pues provienen de un ser querido. Basados en esa creencia sobre sí mismos, estos hombres y mujeres desarrollan una baja autoestima. Lo que comenzó con aquella sensación de desprecio termina en un profundo sentimiento de fracaso y frustración. Sin embargo, hay una buena noticia: nuestro valor no depende de lo que los demás opinen, sino de lo que somos.

QUIÉNES SOMOS

Si crees que tu vida no tiene valor, déjame demostrar con evidencias contundentes que tu vida cuenta y que tu mera existencia hace diferente al universo.

La primera razón vale solo para los que creen: eres creación de Dios, y Dios no crea basuras, ni hace las cosas por que sí. Tu vida tiene un propósito; si no lo conoces, debes descubrirlo.

La segunda razón vale tanto para los que creen como para los no creen: eres único e irrepetible. Cada persona tiene un genoma diferente desde el mismo momento de la concepción que le confiere una identidad exclusiva. Incluso los gemelos univitelinos, que nacen del mismo cigoto (un mismo óvulo fecundado por un espermatozoide) tienen leves diferencias genéticas entre sí. Por lo tanto, aunque pasen millones de años nunca habrá otra persona como tú. Eso te hace extraordinario.

La tercera razón es que todos tenemos capacidades, talentos y dones; tú no eres la excepción. Puedo darte muchos ejemplos, pero solo voy a mencionar a Pancho Chévez, a quien conocí por un CD de León Gieco, donde interpretaba junto a él una canción. Pancho nació sin brazos ni piernas, pero usó lo que tenía: su cabeza y su enorme corazón. Es compositor, cantante, toca la armónica y ha dedicado su vida a servir a la niñez que necesita un plato de comida. Si él con sus limitaciones físicas puede, es imposible que tú no puedas. No se trata de cuánto tienes sino de lo que haces con lo que tienes.

La cuarta razón es que no todos recibimos amor, pero todos podemos amar. He conocido personas que han sufrido situaciones que parecen insuperables; entre ellos hay quienes han sido abandonados por su madre o sufrido abusos por parte de su propio padre. Algunos han desarrollado una asombrosa capacidad de amar: habiendo sufrido en extremo, entregan lo mejor de sí mismos para que otros no pasen por lo mismo.  

La última razón es que puedes luchar por tus sueños. Alguna vez leí que para ello hay que transformar una negación en una pregunta: deja de decir “no puedo” para preguntarte “¿cómo puedo?”. ¿Tienes un sueño? Despierta y avanza, porque no hay sueño que no pueda realizarse: todo parece imposible hasta que se hace.

Si comienzas a creer en que eres valioso, habrás dado el primer paso hacia una nueva vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.