LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

Jesús cargando la cruz 03

Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

JAN VAN EYCK: PASIÓN POR EL DETALLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES MAESTROS DE LA PINTURA

Los primitivos pintores flamencos fueron un puente entre la oscuridad medieval y la luminosidad renacentista. A Jan van Eyck (1390 – 1441), uno de ellos, se atribuye la creación de la pintura al óleo[1]. Sin embargo, la trascendencia de este artista no proviene de su invención sino de su arte, reflejado magistralmente en sus obras. Le invito a conocer sus creaciones más importantes.

  1. LOS ARNOLFINI (1434)

Los Arnolfini 02

La primera noticia que tuvimos de este pintor que vivió y murió en Brujas, Bélgica, fue en un libro de viajes. Allí aparecía un cuadro que retrataba al próspero matrimonio Arnolfini, pintado por van Eyck en 1434.

Es una de las primeras pinturas que no abordan un tema religioso o de la antigüedad clásica. A la vez, es un símbolo del cambio sociopolítico que se había puesto en marcha: el paso del feudalismo, basado en el poder de las armas y en la economía agrícola, al predominio de las ciudades, cuya principal fuente de riqueza era el comercio.

Giovanni Arnolfini fue un importante mercader que estableció su base de operaciones en Brujas, ciudad del norte de Europa famosa por sus bellos canales, donde Van Eyck tenía su taller. Desde luego, la pintura fue un encargo del comerciante al artista.

Si bien no podemos detenernos en los numerosos detalles de la obra, vamos a señalar algunos que, para nosotros, revisten la mayor relevancia.

Hablemos primero de los protagonistas. Los magníficos atuendos muestran y representan su poderío económico y la consecuente elevación social. La dama, Giovanna Cenami, no está embarazada, sino que viste de acuerdo con los cánones estéticos de la época. Es admirable el grado de detalle que se observan en su tocado y pulseras, así como en los objetos representados detrás de ella

Los Arnolfini 10Su esposo le toma la mano con delicadeza.

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Simultáneamente hace un gesto con la mano derecha. Algunos piensan que es un juramento o promesa matrimonial. Sin embargo, no hay ninguna expresión de afecto entre los esposos que parecen mirar hacia abajo sin alegría.

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Sería casi un oxímoron decir que el perrito humaniza la imagen, pero tampoco puede afirmarse que rompe el severo momento. Más bien parece que, como mascota de la familia, comparte su misma inexpresividad.

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Pasemos al pintor. Retrata a los personajes posando con solemnidad, carentes de todo movimiento. Sin embargo, no es una escena aburrida. Nótese la magnífica textura y pliegues de las telas, resaltados por el contraste de los colores. La pintura al óleo permitió otorgar una intensa luminosidad a las distintas tonalidades. Esto también fue aprovechado por el pintor para darle más realismo a la obra a través de las sombras. Observe, por ejemplo, los pies del caballero o los zuecos en el piso.

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El espejo detrás, visto en una imagen ampliada, lleva en su marco diez escenas de la pasión mientras que en la superficie se reflejan dos personas y objetos de la sala. La tabla mide 80 cm. por 60 cm. lo que muestra una extraordinaria minuciosidad quirúrgica.

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Arriba del espejo, con bella caligrafía aparece la firma del pintor: dice allí “Johannes de Eyck fuit hic 1434” (“Jan van Eyck estuvo aquí en 1434”).

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  1. HOMBRE CON GORRO AZUL (1430)

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Cuatro años antes, Van Eyck había pintado su “Hombre con gorro azul”, también conocido como “Retrato de un orfebre” por el anillo que el joven sostiene en su mano derecha con el pulgar y el índice.

Hombre con gorro azul 03.jpgEs una obra de pequeño tamaño (22,5 cm. por 16,6 cm. con marco incluido) pero de singular belleza. A diferencia del cuadro anterior, parece una fotografía. Muestra el extraordinario dominio que Van Eyck posee de la técnica hiperrealista, novedosa para su tiempo. Toda la luz en concentra en el rostro y en las manos. El artista retrata cuidadosamente la barba incipiente, prolijas cejas y ojos cuya mirada parece proyectarse más allá del momento.

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El delicado tocado intensamente azul sobre el cabello contrasta con la oscuridad del fondo y del gabán, sirviendo de marco a la adusta cara iluminada. Todo el conjunto indica que se trata de un hombre de alta posición social, quizás un joyero, por el anillo.

Años después Van Eyck pintaría otro cuadro similar hiperrealista, “Hombre con turbante rojo”. Hombre con Gorro Azul, siendo una pintura de casi seiscientos años de antigüedad, se expone protegida de la luz. Un detalle curioso: en el ángulo superior izquierdo lleva la firma AD -agregada en 1493-, por lo que se atribuyó erróneamente a Albert Durero.

  1. RETRATO DE MARGARETA VAN EYCK (1439)

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Nueve años años más tarde de “Hombre con gorro azul”, Van Eyck retrató a su esposa Margareta. Aún en la última etapa de su vida Jan van Eyck se revela como un innovador pues es uno de los primeros casos -quizás el primero- en que un pintor famoso retrata a su propia esposa.

Margareta no es precisamente una mujer bonita. Sin embargo, está representada con mucho amor, algo que se advierte en la dignidad de sus rasgos y en el delicado trabajo de los adornos sobre su cabeza.

Por una convención social las mujeres casadas llevaban la cabeza cubierta[2]. Cuenta Blanche Payne en su “Historia del vestido” que a finales del siglo XIV la crispina, una redecilla de metal para limitar el cabello a ambos lados de la cabeza, se volvió un trabajo de joyería. A medida que las mujeres siguieron la moda de afeitarse frentes y cejas -algo que se observa en el retrato de Margareta- se fue agrandando la crispina -también llamada caul– a la altura de las sienes, tomando formas puntiagudas como cuernos. Nótese que un accesorio similar luce la dama en Los Arnolfini. Sobre este adorno se colocaba un rollo acolchado, a veces en forma de corazón, un velo o ambos, que se apoyaban en los alambres de aquella.

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En esta obra nuevamente la luz se concentra en el rostro enmarcado por la blancura del tocado, resaltado por el fondo oscuro y el saco de lana roja con forro de piel animal. En la base superior e inferior del marco, que es original, hay dos inscripciones “Mi esposo Johannes me lo terminó el 17 junio del 1439; mi edad es de treinta y tres años” y su lema personal “Hago lo mejor que puedo”.

  1. LA ADORACIÓN DEL CORDERO MÍSTICO (1432)

La Adoración del Cordero Místico 02Si usted vio la película “Los Hombres Monumento” (en inglés “The Monuments Men”) recordará la primera escena donde unos sacerdotes guardan apuradamente grandes piezas de madera con bellas pinturas. Ocultan nada menos que diversas partes de esta obra, también conocida como el Políptico de Gante, para evitar que caigan en manos nazis.

La Adoración del Cordero Místico es un retablo conformado por doce paneles de madera. Un retablo es una obra de arte con escenas bíblicas que se coloca detrás de un altar. Este retablo es un políptico: un cuadro compuesto de varias tablas pintadas. Está ubicado en la Catedral de San Bavón en Gante (Gent en flamenco), Bélgica. Mide 340 cm. por 440 cm; es plegable y se abre para mostrarlo en todo su esplendor a ciertas horas del día. Según consta en la propia pintura, esta magnífica obra fue iniciada Hubert van Eyck, hermano mayor del artista, fallecido en 1426, y completada luego por Jan.

Es una obra sumamente compleja, de la cual sólo podemos hacer una descripción somera.

El políptico cerrado tiene tres niveles. En el nivel superior muestra cuatro figuras. Las del centro son las sibilas Cuma y Eritrea. Se creía que estas profetizas a pesar de ser paganas habían anunciado el advenimiento de Cristo. A ambos lados están los profetas Zacarías y Miqueas. Las cuatro figuras observan a la Virgen María, ubicada en el nivel medio; sobre ella se posa el Espíritu Santo en forma de paloma mientras que el arcángel Miguel, en el mismo nivel pero lejano, también dirige su atención hacia ella.

La Adoración del Cordero Místico (cerrado) 01

En el nivel inferior se observan en ambos extremos a los donantes, Joos Vyd y su esposa; en el centro, pintadas como si fueran estatuas, Juan el Bautista, y al apóstol san Juan, el discípulo, autor de uno de los evangelios.

La Adoración del Cordero Místico (cerrado) detalle 01Al observarla abierta, en el centro la figura más alta es Cristo pantokrator, triunfante de la muerte que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos[3] y está sentado en el trono a la diestra de Dios[4]. A su derecha aparece la Virgen María con una corona sobre su cabeza, y a su izquierda Juan El Bautista. El color dorado de los nichos resalta las exquisitas figuras cuyos vestidos en azul, rojo y verde, muestran magníficas texturas mientras que los ornamentos, escrupulosamente trabajados, señalan abundancia y autoridad.

La Adoración del Cordero Místico 04

A la izquierda de la triada central hay ocho ángeles cantores, y a la derecha, un grupo de músicos.

La Adoración del Cordero Místico 05.jpgA sus lados aparecen Adán y Eva. Los humanos tienen aspecto realista a diferencia de las figuras celestiales representadas idealmente. Hay una clara separación entre lo divino y lo terrenal, entre la santidad y el pecado.

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Debajo de estos siete paneles hay otros cinco. El central es el más ancho de toda la obra y muestra distintos grupos procedentes de los cuatro puntos cardinales adorando al Cordero místico. Esa figura, que inspira el título de la obra, recuerda las palabras de Juan El Bautista, quien, al ver a Jesús, exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”[5], en alusión a los animales sacrificados en el Templo de Jerusalén para el perdón de los pecados. Jesús también es presentado como un cordero victorioso en el Apocalipsis: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar…y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero[6].

La Adoración del Cordero Místico 08La escena muestra una mesa sobre la cual hay un grial que recibe la sangre del cordero herido, simbolizando la eucaristía o Santa Cena que los cristianos celebran recordando la muerte de Cristo.

La Adoración del Cordero Místico 10 (detalle cordero místico)La mesa está rodeada por ángeles, detrás de los cuales aparecen cuatro grupos: judíos y paganos abajo a la izquierda, los apóstoles seguidos de santos y papas (la iglesia) a la derecha, y probablemente mártires masculinos y mártires femeninos, a ambos lados arriba.

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Todos los personajes están retratados con un extraordinario cuidado.

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Los paneles laterales también tienen trabajadas figuras. A la izquierda se ubican los jueces justos y los caballeros cristianos. A la derecha, los ermitaños y a los peregrinos, entre los que se destaca san Cristóbal, el gigante patrono de los viajeros.

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La escena está bañada por rayos de luz que surgen de un medio sol donde se observa al Espíritu Santo en forma de paloma. Detrás del pasaje campestre hay edificios que representan a la Jerusalén celestial.

Además, sepa que, por su historia, el Políptico de Gante es considerado por algunos la obra más robada del mundo. Incluso el panel de los jueces justos aún sigue desaparecido y hay dos grupos asignados trabajando desde hace años en su recuperación. El expuesto actualmente es una copia, hecha en 1945 por Jef Vanderveken.

  1. VIRGEN DEL CANÓNIGO VAN DER PAELE  (1436)

Virgen del canónigo Van der Paele 01.jpgSegún se desprende de una inscripción en su marco, esta pintura fue encargada a Van Eyck por el canónigo Joris van der Paele, una de las autoridades de la Catedral de San Donaciano en Brujas, probablemente para ser colocada en su tumba y servir como un pedido de oración por el difunto.

La obra es una conversación sacra, donde la Virgen con el Niño Jesús aparecen en el centro flanqueados por dos santos: a la izquierda Donaciano de Reims, patrono de Brujas, y a la derecha san Jorge, que presenta con su mano izquierda a van der Paele.

Virgen del canónigo Van der Paele 02.jpgDesde el punto de vista técnico, la obra es suprema por la asombrosa precisión en los detalles y su riguroso simbolismo. Para comprobarlo, basta observar los acabados del trono de madera, donde el artista simula tallas de Caín asesinando a Abel y de Sansón matando un león.

Virgen del canónigo Van der Paele 03.jpgLa obesa y anciana imagen del canónigo muestra un extraordinario realismo, con anteojos en las manos y un libro, mientras nuevamente la imagen de la Virgen y el Niño aparecen idealizados.

Virgen del canónigo Van der Paele 04.jpgNótese que van der Paele, un humano, no se dirige a la Virgen directamente sino a través de san Jorge, que aparece como intercesor.

OTRAS OBRAS

Estimamos que las cinco obras que hemos presentado muestran el talento de Jan van Eyck en todo su esplendor. Entre sus pinturas, hay otras tres que no debemos mencionar:

a. HOMBRE CON TURBANTE ROJO (1433)

Algunos creen que es un autorretrato del propio Van Eyck

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b. LA VIRGEN Y EL CANCILLER ROLIN (1435)

Nótese la posición de autoridad del canciller Rolin, a la misma altura que la Virgen  el Niño Jesús.

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c. LA ANUNCIACIÓN

Esta obra seguramente constituía el ala izquierda de un tríptico de madera perdido. Posteriormente fue transferida a lienzo.

La anunciación.jpg

Es nuestro deseo que a través de estas imágenes, pueda descubrir a Jan van Eyck y su obra, cuya la pasión por el detalle, el color y las perspectiva nos siguen asombrando casi seis siglos después.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA: SITIOS DÓNDE SE EXHIBEN LAS OBRAS

Si bien, gracias a los avances de la tecnología, hoy no es imprescindible visitar un museo para observar una obra maestra, el autor de este artículo de divulgación ha visto personalmente todas las obras presentadas. Debajo va el lugar donde se expone cada una:

  • Los Arnolfini: National Gallery, Londres, Inglaterra (en nuestra última visita, en 2017, la pintura no estaba disponible al público pues había sido cedida para una exposición temporal).
  • Hombre con gorro azul: Palacio Brukenthal, Sibiu, Rumania
  • Retrato de Margareta van Eyck: Groningen Museum, Brujas, Bélgica
  • Adoración del Cordero místico: Catedral de san Bavón, Gante, Bélgica
  • Virgen del canónigo Van der Paele: Groningen Museum, Brujas, Bélgica
  • Hombre con turbante rojo: National Gallery, Londres, Inglaterra
  • Virgen del canciller Rolin: Museo del Louvre, París, Francia
  • La Anunciación: National Gallery, Washington, Estados Unidos

REFERENCIAS

[1] Vasari, Girogio, “Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”, 1550; utilizamos la edición digital de Leer para Crecer, sin fecha, p.154-155

[2] Desconocemos si se basaban en el mandato bíblico.

[3] 2ª Epístola de san Pablo a Timoteo 4:1 (ver también 1ª Epístola de Pedro 4:5)

[4] Evangelio según san Mateo 26:64 (ver también Evangelio según san Marcos 14:62, Epístola de san Pablo a los Colosenses 3:1, Epístola a los Hebreos 10:12)

[5] Evangelio según san Juan 1:29

[6] Apocalipsis 7:9-10 (Ver también, por ejemplo Apocalipsis 17:14, 21:14, 21:23)

 


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