ARGENTINA 1 – ISLANDIA 1: EL DÍA QUE GOLIAT NO PUDO CON DAVID (por Pablo R. Bedrossian)

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Se ha repetido la historia de David y Goliat. No le resto méritos a estos vikingos futboleros, que basan su fútbol en una férrea disciplina táctica y en la actitud valiente con la que salen a jugar todos los partidos. Desde luego, es falso que entrenen en su tiempo libre; casi todos juegan profesionalmente fuera de su país. Muestran trabajo y dedicación. David practicaba para tener precisión en con su onda.

¿Qué pasó con Goliat? No es ninguna novedad hablar de la Messi dependencia[1]. Hasta los memes previos al Mundial lo señalaban. Pero se agregaron otros males: la falta de ideas del mediocampo hacia arriba y terribles desajustes en la defensa.

MIRANDO HACIA ADENTRO

Argentina nunca atacó por las puntas. Meza y Salvio por la derecha terminaban centralizando el juego, mientras que del otro lado Tagliafico jugaba lejos de un Di María en un bajísimo nivel. Messi hizo todo solo y el Kun metió la única que tuvo. Además, la Messi dependenciafalta de movilidad para crear espacios permitió que la defensa en zona de los islandeses funcionara casi a la perfección. Creemos que uno de los errores del técnico fue poner un doble cinco, Mascherano y Biglia, frente a un equipo que se sabía que iba a jugar replegado con un 5-4-1 y defender en los límites de su propia área. Se necesitaba más creación, no más contención. Las cosas solo cambiaron con el ingreso de Pavón y los pocos minutos de Higuaín, que tuvo más peso en la ofensiva. Es obvio que el chico de Boca fue el revulsivo que Argentina necesitaba y puede ser socio de Messi.

PUEDE PASAR LO MISMO

Pareciera que Sampaoli no aprendió las lecciones del 6 a 1 con España. La defensa mostró fallas muy graves, sobre todo en los centros atrás, donde nadie cerraba y los delanteros islandeses entraban como Pancho por su casa. Si el rival hubiera sido Alemania, quizás Argentina se hubiera comido más goles que Brasil en aquella famosa semifinal del Mundial anterior. Argentina tuvo el 78% de la posesión y triplicó a su rival en tiros al arco, pero Islandia desperdició por lo menos las mismas oportunidades que Argentina. Por eso, para dejar de ser un colador, se requieren ajustes urgentes, pues, salvo la presencia de Gabriel Mercado en el carril derecho, no vemos mejores opciones. De paso, nadie puede reclamarle la falla del penal a Lio porque siempre fue para adelante a pesar que no encontraba compañía.

AHORA O NUNCA

Resumiendo, si Sampaoli no cambia, muere. No hay mayor locura que esperar resultados diferentes haciendo lo mismo. Tiene opciones y debe usarlas, pero debe trabajar mucho para coordinar una defensa que tambaleó frente a los supuestamente más débiles. Los otros equipos no creo que perdonen.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Para más datos, nuestro artículo “SE VIENE EL MUNDIAL: LA SELECCIÓN ARGENTINA FRENTE A TRES FANTASMAS”, https://pablobedrossian.com/2018/06/09/se-viene-el-mundial-la-seleccion-argentina-frente-a-tres-fantasmas-por-pablo-r-bedrossian/

“NO ME ARREPIENTO DE NADA” (por Pablo R. Bedrossian)

Una de las frases más repetidas es “no me arrepiento de nada”. Desde celebridades como Diego Maradona, Julio Iglesias y Kate del Castillo a personajes siniestros como el asesino profesional Carlos “El Chacal” o el dictador Jorge Rafael Videla, son muchos los que la han pronunciado.

Sin embargo, no es sólo una declaración de personalidades públicas; la escuchamos en la intimidad de una charla de café, en una reunión social y hasta en los juzgados. Puede ser que Ud. o yo alguna vez la hayamos utilizado.

No es necesariamente un acto de arrogancia. Si bien la frase indica que arrepentirse es algo negativo, no parece que el arrepentimiento se perciba como algo malo, sino como un signo de debilidad.

Sin embargo, decir “no me arrepiento de nada” es una actitud defensiva: una forma de justificarnos. La frase no es una afirmación sino una negación que puede indicar, al menos, una de estas tres cosas: no querer asumir que nos hemos equivocado, negarnos a darle la razón a los otros o evitar hacernos cargo de las consecuencias de nuestros errores.

Para algunos arrepentirse sería reconocer errores o derrotas. Entonces, el problema no es el arrepentimiento sino asumir que nos hemos equivocado. La palabra fracaso en nuestra sociedad suena a lepra. Nadie quiere sentirse un fracasado; reconocer que necesitamos arrepentirnos nos incluiría en esa categoría.

Hay también quienes sienten que aceptar culpas, fallas o yerros es darles la razón a los otros, a los que le advirtieron de los riesgos, a los críticos, a los adversarios o a los chismosos. En ese caso, el problema no está en el error sino en admitirlo ante los demás.

Finalmente esgrimimos la frase para evitar hacernos cargo de las consecuencias de nuestras equivocaciones. Obviamente es una posición muy ingenua: decir que no estamos enfermos no nos librará de las consecuencias del cáncer.

ARREPENTIRSE: LAS LLAVES DEL REINO

En lo personal creo que todos tenemos muchas cosas de qué arrepentirnos, y, más importante aún, el arrepentimiento puede sernos de gran utilidad. Quiero presentar sencillamente sus beneficios.

Quien no admite que se equivocó, repetirá sus errores. Reconocer las fallas no es humillarse: es una forma de aprender. Sólo aceptando nuestras caídas podemos identificar las causas y corregirlas. El necio ignora sus fracasos; el hombre inteligente aprende de ellos.

Salvo que el orgullo nos domine, no hay nada malo en darle la razón a los demás. A veces asumimos riegos inútilmente. Saber escuchar y sopesar todos los puntos de vista es muestra de sabiduría. Alguna vez leí que hay tres clases de personas: los muy inteligentes, que aprenden de la experiencia ajena, los normales, que aprenden de la propia y están aquellos que no aprenden nunca. ¿En qué grupo quisiera encontrarse Ud.? Eso no significa que debamos actuar de acuerdo con lo que los demás nos digan, sino considerando los diferentes puntos de vista.

Finalmente, ser sincero con uno mismo implica asumir los resultados de nuestras acciones. Si le fallé a alguien, ¿por qué no reconocerlo y pedirle perdón? Si dañé a alguien, ¿no corresponde compensarlo? Es cierto que hay cosas que no tienen arreglo, pero tratar de enmendar aquellas acciones que voluntaria o involuntariamente dañaron a los demás nos ayuda a madurar y mejorar.

¿Le cuesta decir me equivoqué? ¿Es capaz no de ofrecer simplemente disculpas, sino de pedir perdón sinceramente? ¿Puede decir me arrepiento de algunas cosas y trabajo para corregirlas? En mi caso -y lo digo sin falso pudor- me he arrepentido muchas veces. Desde luego, en ocasiones ha sido doloroso, pero creo que es el modo más sencillo para cambiar, crecer y mejorar. Para ello hay dos claves: tomar conciencia y ser responsables.

Tomar conciencia es la capacidad de examinarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de nuestros aciertos y errores, fortalezas y debilidades; ser responsables es actuar midiendo riesgos y si fallamos enfrentarlo y responder por ello.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


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Las fotos del cuerpo de la nota corresponden a “El Pensador” de Auguste Rodin y “La Mujer del Sweter Rojo” de Antonio Berni

EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS – Parte 2 LOS HUSITAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

Jan Hus había sido para mí un nombre más en la lista de reformadores fallidos: hombres que lucharon por ideas legítimas cuya voz fue suprimida por los poderosos de su tiempo, un héroe anónimo, cuyo fuego sólo se recuerda por sus cenizas. Pero al llegar a Praga me di cuenta que su legado sigue vivo de una doble manera: uno religioso y otro espiritual.

Monumento a Jan Hus y detrás la Iglesia de San Nicolás, devuelta a los husitas
Monumento a Jan Hus y detrás la Iglesia de San Nicolás, devuelta a los husitas

La actual República Checa es la nación con menos creyentes de Europa. Según los datos que allí me bridaron un 60% de la población es agnóstica, un 20% católico, 10% husita y 10% del resto de religiones. Al profundizar, observé que bajo el nombre de husitas incluyen a evangélicos y a otras confesiones reformadas. Sin embargo, en la actualidad hay husitas, y la Iglesia de San Nicolás, en una esquina de la Plaza, les pertenece. ¿Qué ha ocurrido desde la muerte de Jan Hus?

EN DIRECCIONES OPUESTAS

Los seguidores de Hus en Bohemia continuaron su obra, denominándose “husitas”, divididos en dos alas: una moderada (los “utraquistas”) y otra radical (los “taboritas”). En un primer momento, todos los husitas se pusieron bajo las órdenes del general Jan Zizka, y pelearon contra las tropas del emperador Segismundo. Se cuenta que Zizka, gravemente enfermo por la peste, pidió a sus soldados que a su muerte lo despellejaran “para acompañarlos a la batalla, con mi piel estirada en los tambores”.

Tras la muerte de Jan Zizka, las divisiones se hicieron insalvables pues los husitas radicales se convirtieron en una suerte de guerrilla que fue finalmente derrotada. Cuenta el historiador cubano-norteamericano Justo L. González que pese a ello “las doctrinas de Hus no desaparecieron. A mediados del siglo XV sus seguidores se unieron a algunos valdenses y formaron la Unión de los Hermanos Bohemios, que posteriormente adoptó las ideas de la Reforma Protestante”[1]. Lo que González llama “Hermanos Bohemios” nosotros lo conocemos como “Hermanos Moravos”, cuyas iglesias incluso existen fuera de Europa, principalmente en Estados Unidos. Entre sus predecesores se encuentra el educador Juan Amós Comenio, quien condujo a sus fieles al exilio debido a las grandes persecuciones padecidas. Pero el espíritu renovador se debe sobre todo al conde Graf von Zinzendorf, un cristiano pietista. Bajo su liderazgo se fundó la comunidad de Herrnhut y un despertar espiritual sacudió la iglesia allí en 1727, generando no sólo una fuerte acción social a favor de los necesitados, sino también una poderosa visión misionera, alcanzando países de África y América.

Los Hermanos Moravos llegaron hasta la costa norte de Honduras y Nicaragua, evangelizando la Mosquitia. Dice el premiado escritor hondureño Julio Escoto “como es sabido, Centroamérica fue hasta el siglo XVII predominantemente católica, pero a partir de ese período, cuando los agentes ingleses comienzan a intervenir en la vida regional, el credo moravo se impone en una amplia franja del istmo, la de los pueblos de La Mosquitia, y empieza a cambiar notablemente el peso de la concepción romana de la relación entre el hombre y la deidad”[2]. Hoy los miskitos en una alta proporción pertenecen a la Iglesia Morava.

LA IGLESIA HUSITA CHECOSLOVACA

Pero la historia también tiene otra vertiente dentro de la patria de Jan Hus. La Primera República Checoslovaca surgió tras la caída Imperio Austro-Húngaro en 1918, al final de la 1ª Guerra Mundial. Bohemia y Moravia fueron integradas con Eslovaquia bajo un mismo estado. Como la Iglesia Católica había sido utilizada por el emperador para frenar el llamado resurgimiento checo, sacerdotes católicos renovadores aprovecharon la coyuntura para separarse y crear la Iglesia Husita Checoslovaca en 1920, introduciendo, entre otros cambios, la abolición del celibato obligatorio y el uso de la lengua checa en los servicios religiosos, democratizando el ministerio eclesiástico a través de la participación directa de los laicos. La Iglesia Husita, que reconoce a Jan Hus como su predecesor e inspirador, participó valientemente de la resistencia a la ocupación nazi, pero durante el comunismo sufrió una gran fractura que la dañó severamente. Del 10% de la población que se identificaba con ella en 1950, hoy conserva menos del 2%.

EL LEGADO MÁS IMPORTANTE

Pero el legado de Jan Hus no es sólo religioso sino espiritual. El coraje demostrado al aceptar la muerte antes que renunciar a sus convicciones lo convirtió en un símbolo patrio. Más que un mártir, es visto como un héroe que amó su nación. Su integridad y su valentía están presentes en el recuerdo de cada checo. La fe en Jesucristo fue su inspiración, y no es improbable que su ejemplo vuelva a mover el corazón de su pueblo en dirección a Aquel por quien dio la vida.

LOS GRUPOS MILENARISTAS

Paul Johnson hace una observación interesante al respecto que ilumina mejor el comportamiento de grupos como los husitas radicales “La creencia de que el milenio era inminente era la señal para el ataque a los ricos: había que derribarlos en un apocalipsis terrenal antes de arrojarlos a las llamas eternas del otro mundo…Los igualitarios formaron el  ala radical de los husitas después de 1419; tenían fondos comunes y comunidades del tipo kibutz… Por supuesto,decía la argumentación, la sociedad cristiana ortodoxa en todos los aspectos ha traicionado sus orígenes y aceptado las normas del mundo; por consiguiente, era la sociedad, no de Cristo, sino del Anticristo, y su derrocamiento sería el preludio de la parousía…  Esta tendencia de los milenaristas anárquicos a dominar y por lo tanto arruinar los movimientos reformistas fue una de las razones por las que la Iglesia (Catolica) había permanecido tanto tiempo sin ser reformada. Lutero estaba decidido a evitar este destino”.[3]

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo II, p.348

[2] Escoto, Julio, “Downtown” paraíso: reflexiones sobre identidad en Centroamérica, “Encuentros”, Centro Cultural del Bid, Enero 2002, No 44

[3] Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, 1989, p.299 y 321


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y a él pertenecen todos los derechos.

EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS, Parte 1 (por Pablo R. Bedrossian)

Monumento a Jan Hus 04Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

El corazón de la Ciudad Vieja de Praga es su Plaza, llamada en checo Staromestské námestí. Es un amplio solar empedrado rodeado de edificios medievales, entre los que se destacan la Torre del Ayuntamiento y las agujas góticas de la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn. Desde la Torre del Ayuntamiento se observa en el extremo izquierdo el único monumento que interrumpe la superficie plana de la plaza. Sobre un óvalo de piedra gris oscura se erige el grupo escultórico que tiene el color verde del cobre oxidado; entre todas sus figuras, una se levanta descollante: Es Jan Hus, el gran reformador checo, símbolo de integridad y valentía para su nación. De la Reforma, quizás muchos sólo recuerden los nombres de Lutero y Calvino, pero ante los desvíos de la Iglesia medieval la rebelión teológica tuvo también otros líderes que dieron la vida por lo que creían y predicaban.

Jan Hus nació alrededor de 1370, en Bohemia, hoy República Checa, que formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. No provenía ni de la nobleza ni de la naciente burguesía, pues su padre era un campesino pobre que murió tempranamente. Sin embargo, pudo estudiar e ingresar a la Universidad de Praga, de la cual llegó a ser rector. En 1398 completó el bachillerato en Teología; dos años después fue ordenado sacerdote, y en 1402 comenzó a predicar en la Capilla de los Santos Inocentes de Belén, en Praga, donde, contraviniendo la tradición latina, predicaba en su lengua natal.

Un nacionalismo bohemio, netamente antigermánico, sirvió de contexto sociopolítico y dio cauce a sus ideas revolucionarias. Influido por las ideas de John Wycliff, el reformador radical inglés que había muerto pocos años antes, pedía someter toda creencia y conducta a la autoridad de la Biblia, las Sagradas Escrituras dadas por Dios a todo el pueblo y no sólo al clero. Juntamente con esta pretensión teológica, denunció la corrupción de Iglesia, su degradación moral y su desmedida ambición económica, cuyo ejemplo más notorio era la venta de indulgencias.

REFORMADOR, NO CISMÁTICO

Vista desde lo alto de la Torre del Ayuntamiento de Praga del monumento a Jan Hus
Vista desde lo alto de la Torre del Ayuntamiento de Praga del monumento a Jan Hus

Como muchos reformadores, Hus no quería cambiar de iglesia, sino que la iglesia cambie. Dice el historiador Justo L. González “Al mismo tiempo que predicaba contra los abusos que existían en la iglesia, Hus seguía sosteniendo las doctrinas generalmente aceptadas, y ni aún sus peores enemigos se atrevían a impugnar su vida o su ortodoxia. A diferencia de Wycliff, era en extremo afable, y grande el apoyo popular con que contaba”[1].  Pero sus críticas eran tan virulentas, que la colisión se hizo inevitable. Sostenía que un Papa indigno no debía ser obedecido, declarando que la autoridad definitiva era la Biblia.

Fue excomulgado dos veces. La primera fue en 1410 para acallarlo. A instancias del arzobispo de Praga, El Papa Alejandro V prohibió predicar fuera de las catedrales, monasterios e iglesias parroquiales; la Capilla de Belén, cuyo púlpito ocupaba Hus, quedaba fuera del ámbito establecido. No se detuvo, por lo que se lo consideró en desobediencia; su negativa a ir a Roma a dar cuenta de sus actos provocó su excomunión. Como si fueran las palabras que el personaje que interpreta Woody Allen pronuncia al final de “El Testaferro”, pareciera oírse a Hus decir “No reconozco la autoridad de este tribunal”.

El rey Wenceslao de Bohemia, para congraciarse con el Papa en la discutida sucesión del trono, prohibió que se siguiera criticando la venta de indulgencias, pero la posición de Hus ya era conocida y contó con la adhesión del pueblo que realizó airadas protestas. Por ello, en Roma lo tomaron por hereje,  y en 1412 fue excomulgado por segunda vez por el Papa Juan XXIII (no confundir con el Papa del mismo nombre que en el siglo XX convocó al Concilio Vaticano II). Hus nuevamente se rehusó a ir a Roma y se refugió en el sur de Bohemia donde continuó su ministerio reformador a través de sus escritos.

EL CONCILIO DE CONSTANZA

La Plaza de la Ciudad Vieja con el monumento de Jan Hus a la izquierda
La Plaza de la Ciudad Vieja con el monumento de Jan Hus a la izquierda

El movimiento conciliar, que había surgido como una reacción a las luchas intestinas por el Papado, era visto como un organismo reformador. Tenía la oportunidad de terminar con la explotación económica, la ostentación y la simonía que dejaban en evidencia la ruina moral en la que se encontraba la Iglesia. Por ello, cuando Hus se enteró que había sido convocado al Concilio de Constanza para exponer su defensa, decidió asistir, obteniendo un salvoconducto que le garantizaba su seguridad personal emitido por el rey Segismundo, que había sucedido a su hermano Wenceslao. No sabía que iba a una emboscada.

El Papa Juan XXIII Primero lo recibió cortésmente, pero días después, cuando Hus no accedió a presentar su alegato ante él, pues sólo reconocía la autoridad  del concilio, lo declaró hereje.  Lo sometió a una suerte de arresto domiciliario, que incluyó la reclusión forzosa en conventos.

Finalmente en 1415 Hus compareció en Constanza. El Papa Juan XXIII había sido arrestado, lo que suponía una ventaja para él. Sin embargo, lo que prometía ser un nuevo día de la Iglesia terminó siendo una caza de brujas. Lo llevaron a la asamblea encadenado. Se le acusó de hereje. Durante el “proceso”, cada vez que le señalaron sus supuestas herejías, Hus demostró ser perfectamente ortodoxo. Se le exigió retractarse y él insistía en que no podía retractarse de una doctrina en la cual nunca había creído. Incluso indicó que Juan XXIII, el Papa que lo había acusado de hereje, había sido condenado por el mismo Concilio que ahora lo juzgaba a él.

El rey Segismundo (en ese entonces, emperador) le retiró el salvoconducto. La tensión llego a su punto máximo cuando Hus declaró que, de no haber querido ir al Concilio, ni el Emperador lo hubiera podido obligar. Los acusadores se sirvieron de esa afirmación para ver en él la terquedad y la soberbia de un hereje. Le exigieron retractarse nuevamente de sus supuestas herejías a lo que respondió: “Apelo a Jesucristo, el único juez todopoderoso y totalmente justo. En sus manos pongo mi causa, puesto que Él ha de juzgar a cada cual, no en base a testigos falsos y concilios errados, sino a la justicia y la verdad”[2].

EL FINAL

Fue encarcelado. Días después fue llevado a la hoguera no sin ser sometido antes a una humillante parodia de su ministerio. En el camino, le mostraron cómo quemaban sus libros. Se le pidió por última vez que se retractara, a lo que volvió a negarse. Antes de morir oro diciendo “Señor Jesús, por ti sufro con paciencia esta muerte cruel. Te ruego que tengas misericordia de mis enemigos”.

Se cuenta que le dijo a su verdugo: “Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar”. Hus en checo significa ganso, y se les adjudicó valor profético a estas palabras cuando apareció en escena Martín Lutero, cuyo escudo de armas familiar tiene un cisne. Al enterarse el pueblo bohemio de su brutal asesinato, Hus se volvió un símbolo patrio, representando coraje e integridad. Murió cantando salmos.

En Praga me comentaron que Juan Pablo II pidió perdón por este infame homicidio perpetrado por la Iglesia Católica en el siglo XV. Sin embargo, las citas que he encontrado no son ni un pedido de perdón ni un signo de arrepentimiento, sino el reconocimiento de una injusticia, que se define como tal no por su naturaleza sino por la brutalidad del castigo: “Hus es una figura memorable por muchas razones, pero sobre todo su valentía moral ante las adversidades y la muerte… Siento el deber de expresar mi profunda pena por la cruel muerte infligida a Jan Hus y por la consiguiente herida, fuente de conflictos y divisiones, que se abrió de ese modo en la mente y en el corazón del pueblo bohemio”. Estas palabras, vertidas en 1999 durante un simposio dedicado en Roma a la memoria de este gran reformador, no dejan de ser un avance, pero creo que hubiera sido mucho más loable y, desde luego, más justo pedir perdón.

ACERCA DEL MONUMENTO A JAN HUS

Jan Hus, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, principal iglesia husita entre 1419 y 1421
Jan Hus, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, principal iglesia husita entre 1419 y 1421

El monumento a Jan Hus en la Plaza de la Ciudad Vieja fue diseñado por Ladislav Saloun. La primera fundamental se colocó en 1903. La magnífica obra se inauguró en 1915 para los 500 años de la muerte del héroe nacional. Las celebraciones fueron prohibidas pues las autoridades del Imperio Austro-Húngaro temían que exacerbaran el sentimiento nacionalista checo.

El monumento muestra a Jan Hus de pie, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, que fuera la principal iglesia husita entre 1419 y 1421. Hay dos grupos de figuras que lo acompañan. Vistos desde la Torre del Ayuntamiento, los guerreros husitas están a la izquierda y, recostados a la derecha, el pueblo husita forzado al exilio en 1620. Las inscripciones fueron agregadas en 1918, tras la creación de la Primera República de Checoslovaca y tienen palabras de Hus. Una de ellas, que se hace eco de textos bíblicos, dice “Ámense los unos a los otros y deseen la verdad para todos”

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] González, Justo L., “Historia del Cristianismo”, Ed.Unilit, 1994 Tomo I, p.512

[2] González, Justo L., Op. cit. p.516


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