CLOROFONIA CORONA AZUL, UNA DE LAS AVES ÚNICAS DE CENTROAMÉRICA Y MÉXICO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

No por casualidad una pareja de esta especie sea la imagen de tapa de “Honduras Salvaje”[1], el extraordinario libro fotográfico sobre fauna hondureña del Dr. Juan Ramón Collart. Es un ave cuya belleza cautiva y hace que se encuentre entre las más buscadas.

Llamada en inglés Blue-crowned Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia occipitalis; en español Clorofonia coroniazul), mide unos 13 cm. Es de color verde rutilante con una corona azul turquesa en su cabeza y partes inferiores amarillas. Presentan un leve dimorfismo sexual (diferenciación visual de los sexos): el macho tiene una suerte de fina gargantilla negra, pecho y vientre amarillo y flancos verdes, mientras que la hembra no tiene la raya negra y sus partes inferiores son amarillas verdosas con vientre amarillo[2]. Ambas en la mitad posterior del cuello tienen una línea celeste. El pico y las patas son grises. Los juveniles carecen de la corona la cabeza, alcanzando su plumaje adulto luego de aproximadamente un año[3].

Según eBird[4], tiene una distribución poco extendida: va del centro de México al noroeste de Nicaragua. Incluso en esa área no es fácil encontrarla: En El Salvador hay apenas 25 registros y solo 3 con fotografías; no hay registros en Belice. Es considerada un ave local y poco común[5].

Suelen andar en pareja o pequeñas bandadas. Sus nidos, de forma globular, están hechos con raicillas y musgos que construyen en medio de bromelias. Ponen tres huevos blancos muy moteados con manchas color café, rojizo y gris[6]. En una reciente publicación, Guillermo Funes, de El Salvador, describe a una pareja construyendo su nido entre helechos sobre una cactácea epífita (Disocactus speciosus cinnabarinus) a unos 10 metros de altura. Cuenta Funes “Mientras uno colocaba el material vegetal sobre el nido, el otro individuo permanecía cerca con más material vegetal en su pico. Una vez que uno de los individuos terminaba de colocar el material, volaba a los alrededores e inmediatamente, el ave que esperaba en las cercanías volaba al nido y acomodaba también su material vegetal. Durante todo el tiempo de observación (cerca de 30 minutos), esta pareja realizó tres visitas al nido y emitían un silbido corto, suave y persistente” [7]. Lamentablemente no pudo dar seguimiento al proceso reproductivo pues a los tres días una tormenta derribó el nido; tampoco halló huevos. La publicación aporta su segundo interesante dato: se creía que el periodo reproductivo de esta especie iba de febrero a mayo, sin embargo, Funes realizó su observación a fines de junio de 2016.

La Blue-crowned Chlorophonia es amante de los bosques; aunque prefiere las zonas altas, por temporadas desciende hasta casi el nivel del mar. Suele divisarse entre los árboles, aunque es difícil de fotografiar por su constante movimiento. Consume higos (de la familia Moraceae) o frutos del guarumo (Cecropia peltata). Nosotros la hemos visto en Honduras en el Parque Nacional Montaña Santa Bárbara, en la Reserva Biológica Montecillos vecina a Siguatepeque, Comayagua, y en Opatoro, departamento de La Paz. En una de las ocasiones varios observadores la percibimos de tonalidad celeste, no sabemos si fue debido a un efecto de la luz solar o a otra razón que desconocemos.

QUÉ SON LAS CLOROFONIAS

Es un grupo de aves que conforman un género que solo se encuentra en el continente americano llamado Chlorophonia. El género Chlorophonia es parte de la familia Fringillidae, dentro de la cual también se encuentran también los géneros Euphonia y Spinus. Esta familia corresponde al orden Passeriformes.

El género Chlorophonia está integrado solo por cinco especies; además de la Blue-crowned Chlorophonia se conocen las siguientes:

Golden-browed Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia callophrys; en español clorofonia cejidorada), muy parecida a la Blue-crowned Chlorophonia) en Costa Rica y Panamá (según eBird, en Nicaragua solo hay 2 observaciones sin respaldo fotográfico).

Yellow-collared Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia flavirostris; en español clorofonia acollarada) desde Panamá (donde es muy difícil de ver; en eBird solo hay 41 registros de los cuales solo 5 tienen fotografías que documenten la especie) hasta Ecuador siguiendo la línea del Océano Pacífico.

Chestnut-breasted Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia pyrrhophrys; en español clorofonia pechicastaña) presente desde Venezuela en el norte de Sudamérica hasta Perú, siguiendo una línea paralela a la cordillera de los Andes.

Blue-naped Chlorophonia (nombre científico Chlorophonia cyanea; en español clorofonia nuquiazul) con una curiosa distribución en dos vastas zonas: una que va del extremo norte de Sudamérica siguiendo también una línea paralela a la cordillera de los Andes hasta Bolivia y otra que abarca el sur de Brasil, Paraguay y Argentina. 

Concluyo presentando una tabla comparativa sobre la presencia de clorofonias  construida con datos provistos por eBird a la fecha de publicación de esta nota.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología).


REREFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014,

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p 484

[3] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.666

[4] www.eBird.org; es la base de datos más completa de observaciones de aves en el mundo; fue desarrollada por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell

[5] Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America“, Peterson Field Guides, 2016, p.330

[6] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia, Op. cit., p.666

[7] Funes, Guillermo, “Notas sobre la anidación de la clorofonia corona azul (Chlorophonia occipitalis) en El Salvador”, Zeledonia 22:2, Noviembre 2018, p.60


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadAs por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EN BUSCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA (por Pablo R. Bedrossian)

Hay aves que ya no existen. Por ejemplo, el famoso pájaro dodo (nombre científico Raphus cucullatus), endémico de las Islas Mauricio en el Océano Índico, desapareció a fines del siglo XVII a causa del hombre. Otro caso es el pájaro carpintero real, (nombre científico Campephilus imperialis) que se hizo popular gracias a los dibujos animados de El Pájaro Loco (en inglés Woody Woodpecker). No ha habido reportes confiables de su avistamiento desde 1956.

Otras aves han desaparecido de algunas regiones o países. Por ejemplo, un pequeño halcón, el Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) que el autor de esta nota ha fotografiado en Tikal, Guatemala, hace años que no se observa en Honduras, país de donde se lo considera extirpado.

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Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) en Tikal, Departamento de Petén, Guatemala. Foto tomada en 2009.

Muchas especies se han extinguido, han restringido su hábitat o disminuido sus poblaciones por la acción humana; no solo es debido a la caza sino también a la destrucción de los bosques, la contaminación de los ríos, el uso de plaguicidas y la expansión demográfica, entre otras causas.

El caracara garganta roja (cuyo nombre científico es Ibycter americanus y en inglés Red-throated Caracara) supuestamente tiene una amplia distribución que va de México a Brasil y Bolivia; sin embargo, es una especie cada vez es más difícil de encontrar pues, aunque la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) lo ha incluido dentro del grupo de “preocupación menor”[1], sus poblaciones vienen reduciéndose dramáticamente[2]. Al momento de escribir este artículo (fines de octubre de 2018), según eBird[3], la base de datos preferida de los observadores de aves, para México, Guatemala, Belice y El Salvador no hay reportes. La última observación en Nicaragua fue el 14 de diciembre del 2015, y en Costa Rica, donde es muy difícil de hallar, el 24 de agosto de este año, documentado por una foto de pésima calidad según el propio usuario que la tomó.

INTENTOS FALLIDOS

Romel Romero, nuestro maestro y amigo, regresando de un viaje de trabajo por una zona rural del centro de Honduras escuchó a estas ruidosas aves. A pesar de la sorpresa, gracias a su extraordinaria memoria auditiva las reconoció de inmediato. Detuvo su vehículo y luego de una exhaustiva búsqueda logró fotografiarlas. Fiel a su estilo, este experto observador de aves hondureño nos compartió la información y nos propuso ir a buscarlas. Seguramente habría más ejemplares por allí.

Pernoctamos en Siguatepeque, una tranquila ciudad en el centro de Honduras, y a la seis de la mañana once personas provenientes de diversos lugares de Honduras nos montamos en dos camionetas con el único propósito de encontrar el Red-throated Caracara[4]. En el grupo había observadores de aves expertos como John Van Dort, Francisco Dubón, Héctor Moncada, Oscar Suazo y Ricardo Aguilar, fotógrafos eximios como Kathy y Alejandro Sikaffy, además de Karina y Ashley, esposa e hija de Romel.

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El día estaba oscuro y lluvioso, tal como indicaba el pronóstico. Nos dirigimos hacia el noreste por un camino que rápidamente se hizo de tierra. Gracias a la tracción 4 x 4 de las pickups pudimos avanzar sobre el barro y vadear algunos pequeños arroyos; ante los signos de una posible tormenta alguno propuso desistir del intento. Sin embargo, primó el deseo de arriesgarnos y continuar el viaje por un camino sinuoso que bajaba y subía.

Tras andar más de una hora, al aproximarnos al punto donde Romel Romero había visto los dos ejemplares, las nubes comenzaron a alejarse, permitiendo que el sol asome sus rayos. Cuando nos detuvimos cerca de las 7.30 de la mañana en el sector Tierras Blancas (14.7092,-87.6973), Municipio de La Trinidad, Departamento de Comayagua, el cielo se había aclarado. Nos encontrábamos en la cresta de una montaña a 630 metros sobre el nivel del mar, que servía de mirador hacia un fértil valle tras el cual se levantaba otro cerro. La vista era imponente.

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Repentinamente apareció un buen número de payasos, un tipo de pájaro carpintero de aspecto colorido (en inglés Acorn Woodpecker, nombre científico Melanerpes formicivorus).

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También contemplamos, entre otros, a un halconcito llamado en español cernícalo americano (en inglés, American Kestrel, nombre científico Falco sparverius[5]) y, apoyado sobre un poste de madera, un pequeño Rusty Sparrow (nombre científico Aimophila rufescens).

DSC05659.JPGRomel reprodujo desde su celular el canto del caracara garganta roja audible a considerable distancia gracias a un parlante con tecnología bluetooth; en algún momento se oyó la respuesta a lo lejos pero no fue posible identificar de dónde provenía el sonido. El aliciente más significativo provino de un agricultor que apareció en el camino con su machete. Al consultarle nos dijo:

Siempre se escucha; es un ave negra de cuello rojo y pico ganchudo. Aquí le decimos “cuentacacao”.

Sentimos que estábamos más cerca.

Luego de casi una hora en nuestra primera parada, avanzamos cerca de un kilómetro más hasta el sector Terreros (14.7104,-87.6857), a 650 metros sobre el nivel del mar.

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Mientras detrás nuestro se alzaba un bosque mixto de pino-encino, seguíamos desde la carretera de tierra pendientes de oír el canto del caracara garganta roja.

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De pronto en el cielo aparecieron numerosos buitres negros, conocidos en Honduras como zopilotes cabeza negra (en inglés, Black Vulture; nombre científico Coragyps atratus) y gavilanes de ala ancha (en inglés, Broad-winged Hawk; nombre científico Buteo platypterus). En esa media hora volvimos a llamar al caracara garganta roja sin éxito. ¿Estaría realmente allí o la observación que Romel había hecho durante la semana fue pura casualidad?

EN BUSCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA

Decidimos seguir avanzando. Llegamos a La Trinidad, un pequeño pueblo, cabecera del municipio del mismo nombre, que vive de la agricultura y la ganadería. Vimos la iglesia, erigida hace justo un siglo, y aprovechamos para hacer consultas. Todos coincidían que el ave estaba en la zona. Nos brindaron la misma descripción que el campesino y el mismo nombre: cuentacacao.

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Seguimos nuestro viaje cuando alguien señaló la copa de un árbol ubicado a unos 30 metros sobre un montículo . Bajamos de los autos pensando que había visto el ave que buscábamos. Sin embargo, eran dos caracaras comunes o quebrantahuesos, (en inglés Crested Caracara; nombre científico Caracara cheriway), muy parecidos al que conocemos en Argentina como carancho (nombre científico Caracara plancus). No tuvimos tiempo de fotografiarlos pues volaron de inmediato.

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Crested Caracara (nombre científico Caracara cheriway); foto tomada en 2015

Avanzamos unos 150 metros más (ubicación 14.7114,-87.6604) y de repente oímos muy cerca de nosotros su inconfundible canto, que suena parecido a ca-cou, ca-cou, de allí lo del nombre cuentacacao. Una pareja de caracaras garganta roja estaba frente de nosotros. Aunque se movió de inmediato seguimos oyendo las ruidosas voces. Vimos otro ejemplar a nuestra derecha y luego de avanzar unos metros, uno posando directamente frente a nosotros en una rama elevada. Además, se veía la pareja en una zona oscura cubierta por hojas del mismo árbol. En total había cinco.

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Cruzamos un alambre de púas y pudimos observar, fotografiar y filmar desde cerca el ejemplar perchado, quizás un poco más joven que los otros. Se quedó allí largamente, durante más de 15’. Pudimos admirar esta ave de gran porte en toda belleza.

Luego dos ejemplares volaron hasta una rama seca y se dejaron fotografiar allí por unos instantes.

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Misión cumplida. Habíamos podido ver al fin esta peculiar ave cuya supervivencia en México y Centroamérica se encuentra en riesgo.

ACERCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA

El caracara garganta roja es altamente territorial y de gran tamaño, pues mide entre 53.3 y 63.5 cm. Su extensión de alas llega a 114.3 cm. No presenta dimorfismo sexual[6].

Su cabeza y cuerpo son de color negro con panza blanca y patas rosadas o rojas; su pico amarillo está rodeado de una cera[7] color celeste; desde luego, su garganta es roja, lo mismo que sus ojos.

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Habita en bosques de hoja ancha y de pino, a una altura que varía de los 500 a 1000 metros sobre el nivel del mar, al menos en Honduras[8]. Anda solo, en pareja o en grupos pequeños; su vuelo es lento.

Contra lo que se cree no es un ave carroñera. Se alimenta principalmente de larvas de abejas y avispas (hurgando en sus nidos) pero también de insectos adultos[9]. Coloca dos a tres huevos blancuzcos con manchas rojizas y amarronadas[10].

Ya los expertos Steve Howell y Sophie Webb al publicar su famoso libro en 1995 sobre aves de México y norte de Centroamérica presumieron que el caracara garganta roja se encontraba extirpado de la región. En aquel entonces utilizaron su anterior nombre científico, Daptrius americanus. Ernest Preston Edwards también en su libro de aves de México y áreas adyacentes, publicado en 1998, los considera extirpados de esas zonas[11]. Por todo ello, haber admirado estas magníficas aves, tan difíciles de hallar, fue uno de esos momentos que recordaremos toda la vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] BirdLife International (2018) Species factsheet: Ibycter americanus. Downloaded from http://www.birdlife.org on 25/10/2018

[2] Davis, C. and S. McCann (2014). Red-throated Caracara (Ibycter americanus), version 1.0. In Neotropical Birds Online (T. S. Schulenberg, Editor). Cornell Lab of Ornithology, Ithaca, NY, USA. https://doi.org/10.2173/nb.retcar2.01

[3] www.ebird.org, © Audubon and Cornell Lab of Ornithology

[4] Los observadores de aves preferimos usar los nombres en inglés pues en todos los países donde se habla esa lengua (de Estados Unidos a Australia, del Reino Unido a Sudáfrica) las aves mantienen el mismo nombre; en cambio, los nombres populares en español suelen cambiar no solo de país en país, sino de pueblo en pueblo.

[5] Aclaramos el uso de las mayúsculas y minúsculas en las especies animales: los nombres populares en español van en minúscula (uno no escribe “una Jirafa” sino “una jirafa”; en inglés se escriben con la letra inicial en mayúscula. Finalmente, los nombres científicos se escriben con dos palabras en latín; la primera, con la letra inicial en mayúscula expresa el género y la segunda, toda en minúsculas, expresa la especie).

[6] Gallardo, Robert J., “Guide to Birds of Honduras”, Edición de autor, 1ª Edición, 2014, p.236.

[7] “Cera” en español (“cere” en inglés) es una membrana que se encuentra en la parte superior del pico de algunas aves

[8] Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016, p.218

[9] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.236.

[10] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.212

[11] Preston Edwards, Ernest “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005), p.186


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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