RACHEL RATHA: UNA MUJER CON UNA MISIÓN (por Pablo R. Bedrossian)

El domingo 12 de mayo de 2019, Rachel Ratha compartió por WhatsApp lo ocurrido durante su visita a Malasia: “Dios hizo milagros al llegar el domingo pasado. Había una joven india desmayada en el aeropuerto. Mientras la policía y una docena de personas nos rodeaban, puse mis manos sobre esta joven y oré en voz alta en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, pidiendo que Él le abriera sus ojos y respirara. Ella estaba sin vida. Tan pronto como terminó la oración, Dios hizo eso. Ella abrió los ojos. En ese momento agradecí a Dios en voz alta frente a musulmanes e hindúes”. Quien lea semejante relato puede pensar que se encuentra frente a una curandera o una farsante, sin embargo, quienes conocemos a Rachel Ratha sabemos que es una mujer de una fe genuina y profunda.

Poseedora de una amplia sonrisa enmarcada por un hermoso cabello ceniciento, me permitió entrevistarla justo antes de su traslado a México. Es inspirador compartir la historia de una mujer cuyo sentido de misión la llevó a dejarlo todo. 

1. ¿Dónde naciste? ¿Cuál es el trasfondo religioso de esa sociedad de Singapur?

Nací en Singapur. Mis padres eran singapurenses de primera generación, pero nuestros orígenes étnicos tienen sus raíces tanto en la India como en China. El gobierno de Singapur reconoce oficialmente cuatro religiones: budismo, cristianismo, hinduismo e islam, cuatro idiomas: inglés, malayo, mandarín y tamil, y cuatro razas: eurasiáticos, chinos, indios y malayos. Mi papá es agnóstico; mi madre es hindú; soy una hindú convertida al cristianismo.

2. ¿Cuándo y cómo decidiste ser cristiana? ¿Qué cambios generó esta decisión en ti?  

Acepté a Cristo como mi Salvador cuando estudiaba en una escuela metodista en Singapur. Fue durante un culto en la capilla. Desafortunadamente, no fui discipulada y regresé a otras religiones. Pasaron dieciocho años desde ese momento hasta que un líder de una iglesia me discipuló: allí me di cuenta de que Jesús también tenía que ser mi Señor.  

Cuando en 1994 decidí que el Señor Jesucristo tenía que ser mi prioridad, Dios me puso en una vía rápida: tenía hambre de la Palabra de Dios y me involucré más en las misiones y en escribir literatura cristiana. Mi ambición terrenal, que era materialista y egoísta, cambió a una ambición piadosa de ver muchas almas salvadas para Cristo. Este es el cambio más grande e importante en mi vida. Pero también entendí que no podía servir a los demás a menos que tuviera el mismo amor por el pueblo de Dios.

3. Vives viajando y formando líderes cristianos. ¿Qué lugar ocupa la iglesia en tu vida?

He estado lejos de Singapur por mucho tiempo, pero mientras uno esté conectado con una comunidad de fe que honre a Dios y sea obediente al Gran Mandamiento[1] y la Gran Comisión[2], no puede equivocarse. Busco servir en iglesias que practican lo que Jesús nos ha enseñado.

El estilo de adoración, el número de programas de la iglesia, el tamaño de la iglesia o su estado financiero saludable son de importancia secundaria para mí. Ninguna iglesia o comunión es perfecta porque no somos perfectos. Pero es importante que, como miembro de la iglesia, uno pueda sentir el amor y la dirección de Dios para cumplir el mandato de la Gran Comisión.

4. Siendo mujer, ¿cómo has podido desarrollar tu liderazgo en un ámbito donde predominan los hombres?

La aceptación de las mujeres en el liderazgo es extremadamente importante pues creo que Dios usa a hombres y mujeres por igual y de acuerdo con sus dones espirituales en su reino. En Génesis 2:28, Dios dijo que hará “una ayuda idónea para el hombre”. Ella será tan inteligente y sabia como el hombre. Este versículo con frecuencia es utilizado en el contexto del matrimonio, pero pensémoslo en el contexto del reino de Dios: en el mundo perfecto de Dios, las mujeres son cogobernantes con los hombres.

5. ¿Cuándo y por qué decidiste servir a Dios como misionero en todo el mundo? ¿Por qué decidiste dejar tu país y tu cultura yendo a países muy lejanos? ¿Cómo fue el proceso?

¡Fue todo el proceso! Comenzó con el deseo de aprender más sobre Dios y la misión; me encontré tomando primero cursos cortos y luego un programa de postgrado en el Colegio Bíblico de Singapur. Durante este período de formación y transformación, también comencé a participar en viajes misioneros a la etnia Iban de Sarawak, en el este de Malasia.

Pocos años después, terminé siendo invitada como la única oradora en la primera conferencia de jóvenes en un gran país musulmán. El 75% de la audiencia eran hombres jóvenes que nunca habían aprendido sobre liderazgo enseñado por una mujer. En los años siguientes, me convertí en facilitadora, coordinadora de país, directora regional y directora de ministerio en el extranjero de Educación Bíblica por Extensión de Corea, una agencia mundial de discipulado. También fui Directora de Educación Bíblica de Extensión África. En esos diez años (2002-2012), viví en cuatro naciones diferentes y viajé a más de diez países de África y Asia.  

Salir de casa nunca es una decisión fácil, pero uno puede dejar todo atrás debido a la meta establecida por delante. Mi versículo favorito es Colosenses 1: 17. “Y él es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas se mantienen juntas”. Mi deseo personal es siempre ofrecerle a Dios toda la gloria.

6. ¿Cuál es el enfoque de su trabajo / ministerio? ¿Cuál es tu visión?

Faith Ablaze International Ministries, organización de la cual soy fundadora, ha evolucionado en los últimos años. Continuamos invirtiendo nuestras vidas en los pastores y líderes de la próxima generación de iglesias. Nos hemos centrado cada vez más en equiparlos en las áreas de liderazgo de servicio, prácticas básicas de discipulado y en algunos libros de la Biblia. También nos asociamos con iglesias, otros ministerios y agencias para motivar a todos con valores bíblicos. Además, actualmente también escribo para Langham Publishing, habiendo publicado mi libro “Unashamed Servant-Leadership” en 2017. También estoy muy activa como profesor de Haggai International y profesor adjunto en el Singapore Bible College.

7.   Por favor, cuéntanos algunas experiencias que muestren algunos resultados de tu servicio a Dios.

Mi primer viaje al extranjero como misionera de tiempo completo fue a Nepal en 2003. Recuerdo que fui la facilitadora de un grupo de pastores. Para ganarme su confianza, tuve que someterme a un “interrogatorio” acerca de Dios y la fe durante 45’. En 2018, estaba en Uganda y un joven pastor en medio de una de mis clases contó que no quería asistir cuando se enteró que el facilitador sería una mujer. ¡Y luego agregó que el Espíritu Santo lo había convencido de que una mujer (yo) podía enseñar! Dieciséis años de diferencia entre ambos incidentes y, sin embargo, el desafío para las mujeres de equipar a los hombres continúa en el siglo XXI. Los prejuicios de género o culturales no me han disuadido de escuchar y obedecer a Dios.

Es una alegría tener un pequeño equipo internacional como parte de los Ministerios Internacionales de Faith Ablaze International Ministries (FAIM). Nuestra organización comenzó en 2012 cuando Dios permitió que fuera registrada en tres días en Ghana. Normalmente, transcurren semanas o meses antes de que se completen los trámites administrativos. ¡Fue un milagro! Todos nuestros miembros son voluntarios. Recientemente, impactamos a Honduras. En México el impacto ha sido muy lento, pero creo que pronto habrá una gran cosecha.  

8. ¿Quién es Dios para ti? ¿Qué significa la fe para ti?

Dios es mi vida. Tengo un lema: ¡Trayendo VIDA a ustedes! Y obtuve esta vida porque el Padre Celestial envió a su Hijo, Jesucristo. Él es el Hijo de Dios que se hizo hombre solo para poder salvarme de mis pecados y de la muerte eterna. Y su Espíritu, el Espíritu de Cristo, continúa ayudándome a ajustarme a su imagen. Dios para mí es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios me da la gracia de tener fe en Cristo. En definitiva, confiando en Cristo con todo mi ser. Las emociones no guían mi fe; más bien mi fe se basa en las verdades de Dios.  

9. Según su experiencia, ¿cómo puede una persona encontrar el propósito de su vida?

Encontré mi propósito cuando decidí entregarlo todo al Señor Jesucristo. Los propósitos de Dios para mí se convirtieron en mi propósito y esto solo puede hacerse por fe en el Señor Jesucristo. Mi propósito está motivado por el amor de Dios por mí y por su pueblo. Podemos vivir la vida con un propósito bien Si confiamos en Jesús, el Hijo unigénito. ¡Vamos, vivamos para la gloria de Dios!

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] El Gran Mandamiento es un mandato de la Ley Judía prescripto en Deuteronomio 6:5, del cual Jesús dice que es el principal mandamiento: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” Evangelio de Marcos 12:30 (y textos paralelos de Mateo 22:37 y Lucas 10:27)

[2] La Gran Comisión es la misión que Jesús encarga a sus discípulos, tras la resurrección antes de ascender a los cielos (Mateo 28:19-20)

ERNESTO CASACCIA: DESDE EL MONTE CHAQUEÑO AL DESIERTO DE MONGOLIA (por Pablo R. Bedrossian)

Entrevistamos a Ernesto Casaccia, misionero evangélico oriundo de la provincia de Chaco, que sirvió durante 20 años en Mongolia. Junto a su esposa y sus tres hijos entregó lo mejor de sí al pueblo mongol, a pesar de los riesgos que tuvo que asumir y las dificultades que tuvo que enfrentar. Regresó a la Argentina a luchar contra una dura enfermedad. Nuestro propósito es compartir las experiencias de una persona comprometida con Dios, que estuvo dispuesta en todo momento a ser fiel a su llamado.

MONGOLIA Y UN POCO DE SU HISTORIA

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Mongolia se encuentra en el centro de Asia. Limita al norte con Rusia y al sur con China. Habitada por tribus nómades, a principios del siglo XIII se constituyó como estado bajo el liderazgo de Gengis Kahn. Este extraordinario estratega militar conquistó una gran parte del mundo conocido de la época. Su nieto Kublai Kahn se adueñó de China e inició la dinastía Yuan (1279-1368). La lenta declinación del imperio mongol desembocó tres siglos después en su sometimiento a China. Aunque sus autoridades dispusieron de cierta independencia, la relación con el gobierno chino siempre fue complicada. Finalmente, un acuerdo entre Rusia y China determinó los límites entre China y Mongolia mantenidos hasta hoy.

A principios del siglo XX Mongolia sufrió vertiginosos cambios políticos: recuperó su independencia, luego fue invadida por los chinos, después se volvió a independizar con ayuda rusa; en 1924 se proclamó la República Popular de Mongolia, convirtiéndose en un país comunista bajo la órbita de la desaparecida Unión Soviética. En 1992 volvió a llamarse Mongolia y se transformó en una democracia representativa.

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Es un país muy escasamente poblado, con montañas y estepas al norte y oeste y el desierto de Gobi al sur. Una parte importante de la población es nómade o seminómade. La religión mayoritaria es el budismo tibetano y la capital se llama Ulan Bator.

Pudimos conectarnos con Ernesto Casaccia gracias a nuestro común amigo Daniel Bianchi, de Conexión Oriental, y a las nuevas tecnologías, que acortan las distancias.

LA ENTREVISTA

¿Cómo la fe cristiana ingresó a Mongolia? Así como China tuvo al jesuita Francisco Javier, ¿quiénes han sido las personas que mayor influencia misionera?

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Mongolia tiene una larga historia con el cristianismo, desde el tiempo de Gengis Khan, cuando los mongoles conquistaron gran parte de lo que hoy es Europa Oriental. Parte de su botín era traer mujeres de los lugares que habían sometido; muchas de ellas eran cristianas, de la Iglesia Nestoriana. Eso tuvo una gran influencia incluso en la corte: El cristianismo fue respetado, aunque no fue aceptado como religión oficial. El propio Gengis Kahn declaró “de interés” a la fe cristiana.

Gengis Kahn pidió al Papa de aquel entonces que enviara personas pudieran enseñar el evangelio a su pueblo; sin embargo, pasaron más de cien años hasta que otro Papa encontró la carta con la solicitud del conquistador mongol, y envió solamente dos evangelizadores: uno murió en el camino en el viaje en barco y el otro se desanimó y regresó Italia. Por eso el evangelio nunca llegó a alcanzar el Imperio Mongol plenamente.

Una de las razones fue también que el Papa creía que los mongoles eran gente pagana que no merecía conocer la Palabra de Dios. Uno de los Khan envió una delegación al Tibet y ellos sí enviaron monjes tibetanos que, según cuenta la leyenda, con artes mágicas hicieron que el vino que este Kahn tenía en una copa subiera hasta su boca sin tocarla. Esto lo sorprendió tanto que dijo que esa debería ser la religión verdadera, y de allí se adoptó el budismo como religión oficial para todo el Imperio. El cristianismo quedó relegado.

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Pasaron siglos hasta que grupos de iglesias bautistas procedentes de Rusia volvieron a evangelizar, pero pagaron un alto precio en vidas. También la Iglesia Nestoriana tuvo cierta influencia. Cuando se produjo la Revolución de los Boxers[1] en China, a fines del siglo XIX y principios del XX, muchos misioneros escaparon hacia el norte. Nuevamente muchos tuvieron que pagar un alto precio. Tenían que cruzar el río Obi con sus familias y la mayoría murió. Así fueron los inicios de cristianismo en Mongolia, una tierra inhóspita y hostil. Luego vino la Revolución Cultural[2] en 1921, donde Mongolia se cerró a todo lo que sea religión. Hubo una “limpieza religiosa” completa: se destruyeron todos los monasterios budistas y las pocas iglesias cristianas que había.

Recién en 1990, cuando se pasó del comunismo a una apertura a la democracia, fue cuando comenzó a ingresar el evangelio en forma más contundente, veraz y continua. La iglesia de Mongolia es muy joven y pujante pues ha habido grandes avances en la predicación del evangelio. Sin embargo, hay zonas, especialmente rurales, donde la Palabra de Dios no ha ingresado. Resumiendo, en Mongolia no hubo un pionero; ha sido un esfuerzo conjunto. Dios ha usado grupos pentecostales, bautistas, presbiterianos.

¿Cómo surgió tu deseo de ir a compartir tu fe a un país tan lejano? ¿Fuiste con tu familia? ¿Qué imaginabas de Mongolia y qué encontraste?

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Quizás de lo aprendido en El Impenetrable, esa densa selva del noreste argentino, sirvió como patrón: decidí no imaginarme cómo iba a ser el lugar para no formarme falsas expectativas. Sabía algunas cosas de la cultura, del clima, de la situación, pero no imaginé nada, de modo que al llegar no sufrí un choque. Sí sufrí el cambio de clima: del norte argentino, acostumbrado a los calores de 45º y 50º C pasé a Mongolia, con temperaturas de -30º a – 40º C (¡bajo cero!).

En Mongolia encontré gente común, muy receptiva, interesada en conocer a extranjeros. Antes había estado cinco años en El Impenetrable y encontré muchas similitudes entre los nómades -la gente mongol con la que me tocó trabajar- y la gente de campo chaqueña. Tomamos la decisión con mi esposa y decidimos irnos a ese lugar.

¿Hay libertad religiosa? Si la hay, ¿en qué grado? ¿Cuál era tu visión y cómo desarrollaste allí tu labor misionera?

En Mongolia hay libertad religiosa garantizada por la Constitución, aunque yo diría que más bien hay tolerancia religiosa, pues hay un fuerte control oficial. Desde que se inició la democracia en 1990, el budismo se adelantó y hoy Mongolia ha sido declarada la segunda capital mundial del budismo, siguiendo al Tibet. El Dalai Lama ha venido muchas veces a Mongolia pues se practica el budismo tibetano. Por supuesto, hay bastante restricción religiosa; no está permitido hacer proselitismo. Jóvenes de 16 años para abajo deben tener autorización escrita de los padres para asistir a una reunión, así que desde ese punto de vista, la libertad religiosa es muy limitada.

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En cuanto a la visión, mi trabajo específicamente fue a ayudar a formar y desarrollar la iglesia local. Para ello nos concentramos en grupos de personas que fuimos conociendo y discipulando poco a poco. Por una cuestión logística, pues teníamos continuamente la supervisión de los servicios secretos, nunca tomamos el rol de pastores en una iglesia, sino que entrenábamos a los discípulos más antiguos, a los que parecían líderes locales, y ellos eran los que hacían las reuniones. Nosotros sólo asistíamos y escuchábamos. Cuando estábamos solos con ellos compartíamos qué estuvo bien, qué habría que reforzar. Eso ayudó a que la gente local tomara respeto por sus propios líderes.

Hemos visto otros casos donde los misioneros toman el rol de pastores o líderes y después la gente compara. Los misioneros vienen con formación teológica, un bagaje de años en el evangelio, y no se puede comparar el conocimiento de una persona nueva en la fe, con dos o tres años de estudio bíblico, con alguien ya formado. A veces las comparaciones son dañinas porque toman al local como de menor categoría. Gracias a Dios nunca hemos hecho eso ni hemos predicado en público, salvo unas pocas veces que nos invitaron. Siempre hemos dejado que los locales prediquen, aun cuando sus mensajes a veces eran demasiado simples, pero poco a poco la gente les fue tomamdo cariño y hoy han ganado gran respeto; el Señor los ha fortalecido. Se han ido formando y el Espíritu de Dios ha ido trabajando en sus vidas de una manera interesante.

¿Cuál fue la recepción? ¿Cuáles fueron los resultados que pudiste ver? Por favor, ¿podrías contarnos algunos testimonios de personas concretas?

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Al principio fue difícil pues había bastante desconfianza; sin embargo, fuimos ganando acceso a través de la amistad, hacernos conocer, estar con ellos allí. Dios fue abriendo puertas.

Desde el principio, por una cuestión de visa, trabajamos con una ONG cristiana, y iniciamos proyectos de alcance comunitario que nos daba acceso a familias que no eran cristianas. Así fuimos ganando confianza con ellos, y cuando nos preguntaban por qué hacíamos esa tarea, ahí se abrían las puertas para hablar del Señor Jesús en forma paulatina. La recepción no fue a brazos abiertos, pero creció poco a poco.

Comparto el testimonio de un actual líder.  Vivía al lado de una de las mujeres que trabajaba con nosotros. Como era ateo, decidió probarle que todo lo que ella creía era mentira. Le pidió una Biblia y comenzó a leerla. Una vez por semana se reunían para discutir. Pero a medida que él avanzaba en la lectura se iba dando cuenta que sus argumentos se desmoronaban. Llegó un punto donde se dio cuenta que era él el que estaba equivocado. Finalmente le preguntó a esta hermana ¿qué debo hacer para seguir a Jesucristo? Y fue una de las personas que trajo muchas personas a la iglesia pues había sido un ateo conocido en la región.

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En el segundo lugar donde servimos fue diferente. La gente estaba más preparada a recibir este tipo de asistencia o ayuda de ONGs, y a través de eso se nos abrieron más puertas para poder proclamar el evangelio.

¿Cómo te has sentido en un país tan diferente al tuyo en estos 20 años?

El deseo de ir a Mongolia fue en el mismo momento de mi conversión. Fue cuando conocí a Cristo, leyendo la Biblia y orando. Una de las primeras cosas que hice fue trabajar con un mapa mundial y marcar áreas donde creía que aún no había ingresado el evangelio. Una de esas áreas fue precisamente Mongolia. Pasé mucho tiempo orando. Todavía no había asistido a ninguna iglesia.

Antes de ir a Mongolia surgió el deseo de ir a predicar el evangelio en El Impenetrable chaqueño. Empecé a asistir a la Iglesia Bautista Resistencia Sur que hoy se transformó en la Iglesia de la Ciudad, y fue a través de ella que se abrieron las puertas. Era algo que le había pedido a Dios: encontrar una iglesia con un espíritu misionero Había visitado otras congregaciones, pero Dios realmente me guio a ese lugar. Allí el pastor y los líderes comenzaron a apoyar este llamado.

Pasaron nueve años desde ese momento hasta que salimos a Mongolia. Antes pasé cinco años en El Impenetrable. Pasé un año en Inglaterra, un año en Kazajistán[3], tuve en el medio algunos viajes a Mongolia, y recién en 1996 nos instalamos allí. Había conocido a quien hoy es mi esposa, que es de Corea del Sur, en Inglaterra. Decidimos casarnos, fuimos a la Argentina para nuestra boda y nos trasladamos en Mongolia, donde nacieron nuestras dos primeras dos hijas; nuestro tercer hijo, el varón, nació en Corea del Sur.

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Nuestra intención nunca fue quedarnos en un sitio donde ya había testimonio cristiano, sino extendernos a lugares donde aún no se ha predicado el evangelio. En oración el Señor mostró el oeste de Mongolia, por lo que, poco después de llegar a la capital, Ulan Bator y del nacimiento de nuestra primera hija, nos trasladamos a esa zona, donde pasamos once años en el país. No fue fácil porque éramos de los primeros matrimonios extranjeros que vivían en esa región y había mucha reticencia y miedo hacia nosotros. Tuvimos varias veces la visita de la agencia secreta de Mongolia (equivalente a la famosa KGB soviética) y estuvimos a punto de ser echados; incluso nos incautaron los pasaportes. Pero por gracia de Dios pudimos perseverar y continuar adelante hasta que el Señor nos permitió ver que la iglesia se formara en ese lugar. Terminamos nuestra labor y dejamos la obra en manos de los hermanos locaes. Volvimos a Ulan Bator donde estuvimos un año y medio buscando la guía del Señor, hasta que nos volvió a mostrar a dónde ir, esta vez a una provincia de Uvs, más al norte. Allí estuvimos casi ocho años. Allí la gente era más receptiva con los extranjeros y la obra del Señor avanzó mucho más rápido.

¿Cuál sentís que es tu legado al pueblo de Mongolia? ¿Cuáles pensás que han sido tus mayores contribuciones como predicador y maestro cristiano a esa nación?

Nosotros siempre trabajamos como equipo. Éramos parte de la WEC International. Nunca hemos trabajado solos como Llaneros Solitarios así que no puedo decir esta es mi contribución. Hicimos lo mejor que pudimos, tratamos de entrenar líderes locales, motivarlos a que ellos mismos tomen valor y confianza en el Señor. No hay algo que pueda decir que me pertenece o que surgió así por causa mía. Fue todo un trabajo en equipo, y todo lo que ha sucedido y todo lo que el Señor ha hecho, lo ha hecho a través de la oración, algo que venimos trabajando como equipo, como grupo de hermanos. Cada uno ha hecho su parte, cada uno ha puesto su grano de arena para que el evangelio pueda prender en ese lugar.

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Personalmente nunca me he sentido extraño en Mongolia. Sí parezco diferente, pero haber trabajado con gente en el monte y luego en el campo, nunca me hizo sentir como una persona totalmente extraña para ellos. Jamás tuve una reacción de melancolía por mi tierra argentina. Al contrario, cuanto más tiempo pudiera pasar en ese lugar, mejor sería para mí. Cada vez que teníamos que venir para nuestro retiro sabático, cada cuatro o cinco años, me costaba venir y quedarme un tiempo. Al principio era un año y la última vez lo acortamos a seis meses. En los últimos 10 años solo regresamos a Argentina a renovar pasaportes y nos quedábamos uno o dos meses y regresábamos. Nunca sentí que me faltaba algo. Hemos tomado un gran cariño por la gente de Mongolia. Aunque hemos tenido que salir a causa de mi enfermedad, seguimos en contacto con ellos casi semanalmente y mantenemos nuestras relaciones. Hemos hecho un alto en la obra en Mongolia pero es nuestra oración a Dios, a pesar de mi enfermedad, que podamos volver.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


COLUMNISTA INVITADO: ESCRIBE DANIEL BIANCHI

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Ernesto Casaccia ha sido un obrero pionero en un lugar con enormes necesidades espirituales y humanas. Su perseverancia y compromiso desde que inició su camino misionero ha sido conocida por muchas gente. La tarea en Mongolia auguraba tiempos de consolidación y crecimiento. Sin embargo, hace más de tres años a Ernesto se le diagnóstico cáncer.  Él mantuvo su servicio dentro de todas sus posibilidades. La enfermedad siguió avanzando aunque se le hicieron cirugías y varios tratamientos de quimioterapia. Actualmente él y su familia están de vuelta en Chaco para recibir atención. Ernesto mantiene una confianza plena en el Señor y sigue inspirando a cientos por sus mensajes y palabras. ¡Oremos por él!


NOTA DE 2019

Ernesto Casaccia falleció el 7 de marzo de 2018, dejando una enorme herencia de fe y esperanza. Fue un eslabón más en esa “gran nube de testigos” que menciona el autor de la Epístola de los Hebreos. Además de la columna que va debajo, recomendamos leer la nota de nuestro querido amigo Daniel Bianchi en Facebook titulada “El Legado de Ernesto”.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Fue un movimiento conservador nacionalista chino que se opuso a todo lo foráneo llevado a cabo entre noviembre de 1899 y finalizado el 7 de septiembre de 1901, Fueron asesinados centenares de extranjeros y miles de chinos cristianos, además de los combatientes.

[2] Revolución por la cual Mongolia quedó bajo la supervisión del gobierno soviético y que desembocó en la proclamación de la República Popular de Mongolia, una dictadura comunista.

[3] País asiático que formó parte de la Unión Soviética hasta 1991, cuya mayoría de la población profesa el Islam.