EL CURIOSO PASAJE PARTICULAR DE LINIERS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Esta angosta calle sin salida surge como un espacio extraño. Parece haber sobrevivido a los tiempos donde Liniers era parte del Partido de Flores, las reses pasaban guiadas por sus arrieros camino a los mataderos y bravos cuchilleros se batían en cualquier esquina.

Confluyen en él dos paradojas: aunque se accede exclusivamente desde la avenida Rivadavia, pasa inadvertido y pese a llamarse Pasaje Particular es un pasaje público. Nace en Rivadavia 11080 y su única cuadra tiene 5 metros de ancho por 80 metros de largo[1].

Es tan estrecho que cuando un auto estaciona, no hay paso para otro, a menos que ambos ocupen las diminutas aceras.

La mayoría de las catorce casas, siete de cada lado, son de una sola planta y lucen como si para ellas se hubieran detenido las agujas del reloj.

Su numeración va del 0 al 82

El cul-de-sac en el que termina el pasaje muestra un macetero ancho, rodeado de algunas otras macetas y el único arbolito de la cuadra.

Su atmósfera nos hace sentir como en una isla dentro de Liniers, pero con aroma a barrio. El viejo pavimento y las veredas angostas sugieren que no nació planificadamente pero no pudimos obtener datos de su origen o creación.

EL CASTILLITO

La casa más llamativa es la que se encuentra en su inicio, justo en la esquina oeste. Es una casa de dos plantas con aire de castillito. Las altas paredes son blancas, con base, motivos de ladrillos y celosías de color rojo.

Tal como indican los nombres grabados en la fachada, el diseño fue realizado de los arquitectos Zapiola Acosta y Froio mientras que la construcción estuvo a cargo de Pedro Lupardo. Aunque no sabemos la fecha exacta, creemos que la casa fue levantada alrededor de 1930. La obra se realizó por encargo del propietario, el Dr. Miguel Echechiquía. Este cirujano era hijo de un pionero del barrio que a finales del siglo XIX dirigió una famosa pulpería llamada La Blanqueada, que estaba ubicada en la actual esquina de la avenida Rivadavia y José León Suárez. Sin embargo, hasta donde sabemos, el castillito nunca alojó a la numerosa familia del médico sino al hijo de su casero[2].

Nicanor Zapiola Acosta, quien fue yerno de José Guerrico, Intendente de Buenos Aires entre septiembre de 1930 y febrero de 1932, había hecho el bachillerato en Suiza y cursado algunos años de Ingeniería en la UBA[3]. Junto a José Froio fue pionero en la construcción de viviendas en el flamante Parque Chas: en enero de 1925 terminaron las primeras 20 casas que hubo en ese barrio, levantadas sobre la recién nacida avenida La Pampa, entre la avenida Triunvirato y la calle Andonaegui[4].

ALGUNAS CURIOSIDADES

 El historiador y vecino del barrio de Liniers Ignacio Messina[5] entrevistó vecinos y obtuvo datos muy interesantes del barrio. Por ejemplo, en 1948 el cineasta Leopoldo Torre Nilsson filmó allí escenas de la película “Pelota de trapo” protagonizada por Armando Bó.

En la esquina este del Pasaje Particular y Rivadavia, frente al Castillito, hubo una fonda que cerró en 1957. En su lugar se improvisó una canchita de fútbol hasta que en la década del ’60 se levantó la sucursal del Banco Nación que ocupa el lugar actualmente. La medianera de este edificio, que da al pasaje, no posee atractivo alguno.

En el Pasaje Particular vivió el delantero de Vélez Sarsfield, Colón y Platense, Néstor Subiat, que luego emigró a Colombia y terminó su dilatada carrera deportiva en Francia.

UNA HISTORIA

Fue muy difícil obtener una historia de este pasaje cuyo nacimiento nos es desconocido. No sabemos si es cierta o pura leyenda el trágico relato que el dueño de un viejo bar de la zona nos compartió.

Ocurrió en el Pasaje Particular cuando aún era un callejón de tierra. Una noche sin estrellas dos jóvenes se batieron a duelo, el matarife Dalmacio Arenas y un compadrito apodado El Oreja; se disputaban una adolescente que vivía por la zona. Bajo la luz de un farol a querosén se trenzaron a chuchillo. La pelea fue corta. El matarife, diestro en el manejo de armas blancas, hundió la hoja en el vientre del compadrito que cayó sin emitir sonido.

“Es mía” se le oyó decir a vencedor que escapó a la carrera.

Al Oreja lo encontraron muerto a la mañana siguiente con la ropa cubierta de sangre coagulada. Pero también a la misma hora fue descubierto el cadáver de Dalmacio Arenas.

Después de la riña el ganador fue a buscar a la quinceañera. Cuando intentó escaparse con ella (al parecer la jovencita había jurado huir con el que ganara), el desesperado padre de la chica que no empuñaba un acero sino un revólver, disparó acertándole en la espalda. Calló el llanto de su hija de un sopapo, tiró el cuerpo del infortunado muchacho en un baldío y horas después metió a su hija en un convento. Años después, convertida en monja, se dedicó a asistir a los necesitados en San Cayetano, la iglesia que está en las inmediaciones; la imagen del santo había llegado en 1875 a Liniers, gracias a la Sociedad Hijas del divino Salvador, que fundó una capilla y un colegio dedicados al patrono de la Providencia.

UNA CURIOSIDAD

Algunos consideran que el barrio de Liniers nació el 18 de diciembre de 1872, cuando se inauguró la estación del ferrocarril. Era una zona muy poco poblada, más rural que urbana; formaba parte, como dijimos, del Partido de San José de Flores, que recién en 1887 sería incorporado a la Ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces Capital Federal.

Uno de los pioneros, Salvador Cánepa, vivía con su familia enfrente del pasaje. Según Gabriel Turone “la familia Cánepa provenía de Génova, Italia. Se instalaron en 1865, siete años antes de la creación de Liniers, en una casa que hasta el 2004 estaba ubicada sobre la avenida Rivadavia 11065, entre Martiniano Leguizamón y el Pasaje Particular. Hoy existe allí un insulso Adidas Outlet Store”[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.91. El historiador de Liniers Ignacio Messina dice 75 m.

[2] Messina, Ignacio, “Una cortada exclusiva en el centro de Liniers”, Cosas de Barrio, 20/05/2014, http://www.cosasdebarrioweb.com.ar/edi_anterior/noticia.php?not=5&ed=139

[3] Berjman, Sonia, sección “Notas y referencias” en “Historia de Parque Chas”, sin número de página, https://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/notas.htm

[4] Berjman, Sonia, “Historia de Parque Chas”, sin número de página, https://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/histo.htm

[5] Messina, Ignacio, Op. cit., sin número.

[6] Turone, Gabriel O., “Liniers en la época de Rosas”, Revisionistas, sin fecha, http://www.revisionistas.com.ar/?p=17408


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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“ESPERÁNDOLO A TITO”, EL FÚTBOL HECHO PURO CUENTO (por Pablo R. Bedrossian)

esperandolo-a-tito-02Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Serie SIMPLEMENTE FÚTBOL

El fútbol nunca fue tema predilecto de la literatura. Más bien, algunos intelectuales que conocimos hablaban de 22 idiotas corriendo detrás de una pelota, como si fuera un absurdo. Ocurre que la razón no entiende la pasión; la contempla con desconcierto, y, en su afán de controlarla, la descalifica.

Quizás por eso el fútbol fue excluido de cuentos y novelas: una banalidad en medio de las grandes preocupaciones de la vida. Sin embargo, es imposible ignorar la pasión, que es como un géiser que lanza imprevistamente su chorro de vapor.

De los que conozco, el primero que se atrevió a cruzar esa frontera literaria fue Agustín Cuzzani, cuando publicó “El centroforward murió al amanecer”, una obra de teatro escrita en 1955, que más que en el juego se centra en un futbolista, vendido como si fuera un objeto coleccionable. La leí cuando tenía apenas 13 años, y aún guardo el sabor amargo de haber descubierto allí otro cruce inevitable: fútbol y negocios.

Pasaron muchos años hasta que llegó el inolvidable Roberto Fontanarrosa y el fútbol volvió a convertirse en tema de escritura. A partir de ese momento surgió una plétora de autores y textos que lo abordan. Uno de los primeros es Eduardo Sacheri, con su colección de cuentos “Esperándolo a Tito”.

Cuenta Sacheri en la nota preliminar, que siendo un desconocido, y a instancias de su esposa y de sus amigos, se atrevió a divulgar sus narraciones: “puse tres cuentos en un sobre de papel madera y lo dejé en la recepción de Radio Continental dirigido a ‘Todo con afecto’, que era el entrañable programa de Alejandro Apo, dedicado a recordar grandes momentos y personalidades del fútbol. Allí disfruté por primera vez “Me van a tener que disculpar”, el relato con el que Sacheri homenajea a Diego Maradona por sus dos famosos goles a los ingleses en el Mundial ’86.

Por eso fue una bendición conseguir “Esperándolo a Tito” y detenerme a recorrer sus páginas. Incluye 14 cuentos y un epílogo. Son relatos sobre el barrio, la niñez, la emoción, la lealtad y el sacrificio. Tal como Armando Bó en aquella película legendaria película “Pelota de Trapo”, el tema central es la épica: hazañas de héroes anónimos donde el deporte, la amistad y el equipo, están por encima de todo. Es, a la vez, una oportunidad para volver a creer que aún hay hombres que respetan códigos, y no venden su dignidad a ningún precio.

Editado por Alfaguara, y escrito en un estilo simple y directo, con mucho sabor local, termino recomendando especialmente algunos de sus cuentos: “La valla invicta”, “De chilena”, “Jugar con una Tango es algo mucho más difícil de lo que a primera vista se podía suponer” y “Último hombre”, aunque todos los cuentos atrapan desde el principio hasta el final.

Se podría decir que Eduardo Sacheri, aunque escribe en prosa, es un poeta de la vida, alguien que no escribe sobre fútbol con la neutralidad de un cronista, sino desde el contagioso sentimiento del protagonista.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


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