“DÉJALO A DIOS ACTUAR”: UN VIDEO INSPIRADOR CON LA VOZ DE LAURA VALÍA Y EL PIANO DE MARIANO VELTRI (por Pablo R. Bedrossian)

Presento un nuevo video de “Déjalo a Dios actuar”. Esta versión cuenta con la maravillosa voz de Laura Valía acompañada en el piano por Mariano Veltri y la producción visual de Sony Valusek, una emprendedora y mujer de fe, que lleva adelante sus proyectos TVCLatina y TVCreer. Para escucharlo haga clic en la pantalla que está debajo.

De todas las canciones que he escrito, “Déjalo a Dios actuar” es la más grabada y recordada. Escuché a Laura Valía interpretarla por primera vez cuando ella tenía 16 años. Cada vez que la canta me conmueve de un modo especial. En esta ocasión junto al piano de Mariano Veltri logra un momento de profunda intimidad donde nos acerca a Dios.

Recuerde: Dios no actúa donde no hay fe. ¿Desea un cambio en su vida? Comience dentro de Ud. Déjelo a Dios actuar. Desde luego, seguirá habiendo tragedias, problemas y calamidades, pero tendrá fuerzas para enfrentarlas y la compañía del Rey de reyes y Señor de señores, Jesucristo, quien dijo “He aquí yo estoy con Uds. todos los días hasta el fin del mundo”[1]. No hay momento más transformador en la vida que el encuentro con Dios. La oportunidad es ahora. Déjelo a Dios actuar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: ACERCA DE TVCLATINA Y TVCREER

TVCLatina es un emprendimiento que funciona como una agencia de contenidos cristianos cuyo propósito es estimular a personas de fe a crear contenidos breves de alto impacto. TVCreer recibe las producciones de TVCLatina para comunicarlas a todas las personas, y no persigue fines de lucro.


REFERENCIAS

[1] Palabras de Jesús en el evangelio de Mateo 28:20

EL PASAJE HUGO DEL CARRIL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Detrás del flanco sur de la Estación Flores encontramos un colorido pasaje. Tiene una sola cuadra que corre entre las calles Bolivia y Artigas, y aunque hay espacio para que circule un vehículo, funciona como peatonal. De un lado se encuentra el magnífico edificio de la estación, que a la vez sirve de entrada al andén; del otro, sobresalen las medianeras de edificios de departamentos cuyas bases están decoradas con trocitos de cerámica esmaltada. Es el pasaje Hugo del Carril.

SIN TREN NO HAY PASAJE

A principios de 1854 la Sociedad Anónima del Camino de Fierro del Oeste obtuvo la concesión del primer ferrocarril argentino. Fue inaugurado el 29 de agosto de 1857. Partía de la Estación Parque (donde actualmente se encuentra el Teatro Colón) hasta la Estación Floresta[1]. La anteúltima parada era Flores.

No hizo falta expropiar los terrenos donde circulaban los trenes. Respondiendo a una solicitud del gobierno sus legítimos dueños cedieron voluntariamente pequeñas lonjas de tierra casi sin reparos[2]. Tal fue el caso de Inés Indarte de Dorrego, quien entregó un sector de su propiedad para la primera Estación Flores que fue ubicada sobre la calle La Paz (actual Caracas). Sin embargo, en 1863 un estudio determinó que la estación se encontraba en un pronunciado declive y que debía ampliarse para minimizar riesgos. Como Mariano Miró, yerno y heredero de Inés Indarte de Dorrego, se negó a ceder ese espacio, la estación tuvo que ser trasladada[3].

La Municipalidad de Flores[4] compró un terreno con las condiciones requeridas al vecino Ramón Romero. Luego lo ofreció a la Provincia de Buenos Aires quien el 5 de septiembre de 1863 decretó su aceptación y el traslado de la estación[5]. Ubicada en su nuevo emplazamiento en la calle Artigas comenzó a operar en enero de 1864

LOS JARDINES Y EL NACIMIENTO DEL PASAJE

En 1882 una ampliación en el tramo Once – Floresta obligó a hacer un rediseño integral de la estación. La obra fue inaugurada en 1885 proveyéndole su actual fisonomía[6]. Además de las vías férreas y los nuevos andenes se erigió un magnífico edificio del lado sur. Delante suyo se crearon jardines que daban a la calle Yerbal, de la cual estaban separados por una reja con tres accesos.

En 1890 los ferrocarriles pasaron a manos del consorcio británico Buenos Aires Western Railway. En 1923, a causa de la electrificación del servicio, los andenes fueron elevados. Con la nacionalización de los ferrocarriles ocurrida el 1º de marzo de 1948 el Ferrocarril del Oeste pasó a llamarse Domingo Faustino Sarmiento[7].

Por razones que desconocemos, entre 1945 y 1947 se loteó y se vendió el área parquizada que daba a la calle Yerbal. Según un trabajo de investigación de Federico Fiorini en el cual nos hemos apoyado, la venta se realizó entre el Ferrocarril del Oeste y propietarios particulares, apareciendo también entre los compradores el Estado argentino, que adquirió en ese momento la parcela más grande, que corresponde al actual pasaje Hugo del Carril[8]. Además, indica que aquella plaza desapareció “en algún momento entre los relevamientos topográficos de 1940 y 1965”[9].

Los edificios que se levantaron sobre el pequeño parque que daba a la calle Yerbal, cuya altura promedio es de cinco pisos, prácticamente crearon el pasaje que del otro lado tiene el magnífico edificio de la estación. Lamentablemente esas mismas construcciones dejaron oculto ingreso al ferrocarril y privaron a los vecinos de un área verde en diagonal a la Plaza Pueyrredón, más conocida como Plaza Flores.

DEL EMPEDRADO Y LA MALA FAMA AL CONJUNTO DE HISTORIA, ARTE Y COLOR

La franja adquirida por el estado argentino se convirtió naturalmente en la calle de acceso a la Estación Flores. El pasaje Hugo del Carril, cuyas entradas se encuentran en Artigas 142 y Bolivia 123, quedó ubicado entre la calle Yerbal y los rieles del Ferrocarril Sarmiento. Pasó a ser el lugar obligado de tránsito para miles de personas. Mostraba un incesante movimiento de día y una alta peligrosidad de noche. Sin embargo, ni siquiera tenía nombre. Lo recuerdo con su viejo adoquinado gris, sucio y a veces maloliente, poblado de vendedores ambulantes y de pasajeros que entraban y salían.

Sin embargo, el siglo XXI trajo cambios inesperados que revitalizaron ese espacio oscuro y despreciado.  El primero de ellos fue otorgarle un nombre. El 12 de julio de 2007 por la ley 2,383, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le asignó el nombre “Hugo del Carril” homenajeando al famoso cantante de tango nacido en el barrio de Flores.

Además, tras años de reclamos por parte de los vecinos, en 2014 el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dispuso la puesta en valor del pasaje. ¿Qué significaba? Realizar un conjunto de acciones que permitiera revalorizar esta vía peatonal, considerándola parte del patrimonio histórico y cultural de Flores.

En 2015 se inició la profunda transformación del pasaje. Se levantó el empedrado, se crearon una acera embaldosada y una calzada revestida de cerámicas separadas mediante monolitos y, sobre los muros posteriores de los edificios vecinos se reemplazaron los graffiti por murales de mosaicos esmaltados.

La renovación del pasaje fue parte de un programa de la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana del Gobierno porteño, de la Dirección de Participación Ciudadana y de la Comuna 7, entre cuyos comuneros de aquel momento se encontraba nuestro primo José Atamian, quien falleció en 2019 y recordamos con mucho cariño.

EL ARTE COMO CORAZÓN DEL PASAJE

Siguiendo el diseño de Marino Santa María, el mismo que realizó la famosa intervención de la calle Lanín en Barracas, se crearon una serie de postales gigantes utilizando trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventada por Antoni Gaudí, y mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Esta técnica, adoptada por el artista en 2005, ha dado identidad a muchas de sus obras.

Bajo la dirección del propio Santa María el trabajo fue realizado en un lapso de tres meses por los mosaichistas (sic) Patricia Veras y Ariel Ferrazzano con la asistencia de Angélica López Alberti, Martín Romuzzi y Walter Corimayo.

Los motivos de los murales de mosaico incluyen a la primera locomotora que operó en la Argentina, “La Porteña”, que pasaba por la Estación Flores, al poeta Baldomero Fernández Moreno, al papa Francisco y naturalmente a Hugo del Carril, todas celebridades nacidas en el barrio.

En la ornamentación del pasaje también colaboraron las autoridades y alumnos del Escuela Técnica Fernando Fader, ubicada en el pasaje vehicular “La Porteña”, vecino a la estación.

Lamentablemente el mural de Hugo del Carril, instalado en la medianera de mayor altura tuvo problemas atribuidos al calor generado por una pizzería lindante[10]. Sin embargo, el pasaje ha mantenido su nueva y luminosa imagen y también ha permitido una mejor vista del edificio de la estación, que luce limpio y bien pintado a la fecha de nuestra última visita.

QUIÉN FUE HUGO DEL CARRIL

Nacido en 1912 en la avenida San Pedrito 256[11] del barrio de Flores, se dedicó a diferentes labores artísticas, descollando como cantante de tango y también como actor. Su consagración llegó con la histórica grabación que realizó en 1949 de la Marcha Peronista, a pedido del propio presidente Perón. En 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Falleció en 1989. Lo escuchamos cantar por televisión en nuestra niñez y lo recordamos como poseedor de una poderosa voz, una gran sonrisa y un impecable cabello corto engominado, muy al estilo de Grandes Valores del Tango. Hugo del Carril fue su seudónimo artístico; su verdadero nombre era Piero Bruno Hugo Fontana Bertani.

ANÉCDOTAS Y LEYENDAS

En una entrevista realizada a Ángel Prignano, vecino de Flores, encontré un sabroso relato que tiene que ver con el cantante y el barrio: “Hay una leyenda de Hugo del Carril que cortejaba a una muchacha que vivía en el Pasaje Renán al 1200, en las llamadas casitas municipales. Se apoyaba en un árbol chiquito para cantarle a la chica su serenata y dicen los vecinos que ese árbol se puede ver hoy que creció inclinado hacia la calle porque Hugo cantaba apoyado en el árbol hacia la ventana de la mujer”[12].

Otro dato que obtuve es que el pasaje de noche era tan peligroso que algunos lo apodaron “Emboscada” y que un grupo delictivo para convocarse allí sin delatarse usaban una expresión sonora parecida, “Nuez Moscada”.

Además, escuché una curiosa anécdota contada por un conocido que vive en la calle Bacacay:

Ya había oscurecido. Una banda de ladrones de poca monta estaba reunida cerca de la salida de la calle Bolivia. Mientras conversaban vieron pasar por el pasaje a un vendedor de golosinas con una carretilla. Entre el jefe de la banda y el trabajador se generó un diálogo que adapto:

– Pasá tranquilo. No te vamos a hacer nada porque nos das lástima.

– Los que dan lástima son Uds…

– ¡Cómo te atrevés! ¿Quién te creés que sos?

– Yo estuve ahí donde están Uds… Me agarró la “yuta” y tuve que pagar dos años. Cuando volví, mi hija me preguntó si iba a volver a lo mismo. Me dijo: “Porque si es así, me voy, no quiero perderte de nuevo”. ¿Uds. tienen hijos?

Se hizo un silencio sepulcral. El vendedor siguió su camino.

Al día siguiente el hombre iba ofreciendo chocolates por el pasaje cuando se le acercó uno de la banda y le rogó:

– Decime cómo hiciste.

Esa noche los vieron entrar a juntos en una iglesia evangélica sobre la calle Alberdi.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.31

[2] Fiorini, Federico, “Estación Flores: El progreso oculto”, HISBA, Lupano, 2013, Grupo 2, p.6 en nuestra separata; en la publicación la página lleva impresa el número 65. Los propietarios no cedieron la tierra por generosidad sino por conveniencia pue la llegada del ferrocarril aumentaba automáticamente el valor de sus terrenos.

[3] Fiorini, Federico, Op. cit., p.6 (65); en el original da como año 1853, pero se trata de un error.

[4] Flores era en aquel entonces un municipio cuya cabecera estaba en el actual barrio. que aún no era parte de la ciudad de Buenos Aires, sino un pueblo independiente. Recién en 1888 el pueblo de Flores fue anexado a la Ciudad de Buenos Aires cuya Provincia ya se había integrado a la Confederación Argentina en 1859.

[5] Fiorini, Federico, Op. cit., p.7 (66)

[6] Fiorini, Federico, Op. cit., p.9 (68)

[7] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[8] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[9] Fiorini, Federico, Op. cit., p.5 (64)

[10] Acta Nº 47, Junta Comunal de la Comuna 7, Apartado F, 21/11/2016

[11] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.203

[12] Kisielewsky, Sergio, “Diálogos, Angel Prignano, nacido en flores, especialista en los barrios porteños”, Página12, Lunes 8 de octubre de 2012, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-205103-2012-10-08.html


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“FAUDA” TEMPORADA 3, MÁS CAOS, MÁS ACCIÓN (por Pablo R. Bedrossian)

En nuestro comentario a la Temporada 2 explicamos que Fauda significa caos en árabe y que  representa la interminable guerra entre árabes y judíos, librada sin tanques ni bombas sino entre pequeñas unidades de uno y otro lado, como si fuera un ajedrez.

El comentario completo a la Temporada 2 se puede leer el https://pablobedrossian.com/2018/07/05/fauda-el-caos-hecho-accion-por-pablo-r-bedrossian/)..

La tercera temporada, que cuenta con 12 capítulos, inicia con el protagonista de la serie, Doron Kavillio, miembro de un equipo israelí, infiltrado en el territorio palestino de Cisjordania. Trabaja como entrenador de boxeo. No se encuentra en un gimnasio cualquiera: tiene como pupilo a Bashar Hamdi cuyo primo hermano es el terrorista palestino más buscado. A partir de ese comienzo la trama se vuelve cada vez más compleja debido a la liberación del papá de Basha, un famoso combatiente palestino, tras 20 años de cárcel y a la existencia de un túnel que permite a los comandos palestinos de Gaza -a donde luego se traslada la historia- ingresar secretamente a territorio israelí para ataques por sorpresa.

En esta temporada hay más caos y más acción. El precio pagado por ambos bandos para defender sus territorios y sus derechos es tan alto que ninguno sale indemne. En alguna medida parece una guerra pírrica. ¿Qué significa? Pirro fue un general griego que venció a los romanos perdiendo a casi todo su ejército. Resumiendo, ganar a tan alto precio que parece una derrota.

La Temporada 3 agrega un costado sentimental: la vida familiar de los militares encubiertos y de los guerrilleros palestinos; hay una fuerte presencia femenina que muestra el otro lado: el de los miedos, las crisis y los afectos. Además, presenta a la amistad -y no la disciplina militar- como la amalgama que mantiene unido a los equipos aún en los peores momentos.

Pese a ser una producción israelí, en la segunda temporada mostraba de un modo más imparcial las dos partes del conflicto. En esta cae en una suerte maniqueísmo que separa a los “buenos” de los “malos” según la bandera. De paso, si a Ud. le gusta la psicología de los personajes vea la transformación producida en Bashar Hamdi, el camino que recorre desde donde empieza hasta donde termina.

Fauda fue creada por Lior Raz (el magnífico actor que encarna a Doron Kavillio) y Avi Issacharoff. Recomendamos el audio en los idiomas originales, hebreo y árabe; para la Temporada 2 habíamos elegido el inglés. Desde luego en ambos casos está subtitulada en español.  

El mayor mérito de Fauda y su mayor atractivo sigue siendo la acción. Es el ritmo y la tensión de situaciones cuyo desenlace es impredecible, incluida la escena final.

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“TRAPPED” TEMPORADAS 1 Y 2, CRÍMENES A LA ISLANDESA (por Pablo R. Bedrossian)

Luego de ver “Valhalla Murders” (en español “Los asesinatos de Valhalla”), quedé admirado al ver que una nación como Islandia, una isla de solo 350,000 habitantes, pueda producir una serie de calidad internacional.

Por eso decidí ver “Trapped” (“Atrapados”), una temporada luego de la otra. Cada una cuenta de diez capítulos y confirman aquel dicho “pueblo chico, infierno grande”.

Ambas transcurren casi exclusivamente en un municipio pesquero llamado Seyðisfjörður (no se preocupe, yo tampoco sé pronunciarlo), en medio de caminos estrechos y paisajes nevados. Tratan sobre una serie de asesinatos que pueden estar conectados o no, pero siempre parecen vinculados a la historia de las familias del lugar y sus secretos.

Es una serie lenta. La primera temporada -que nos gustó un poco más que la segunda- tiene un pequeño bajón en el quinto episodio para volver a levantarse en los siguientes. Una tormenta de nieve entorpece las investigaciones que quedan en manos de la pequeña policía local.

La segunda temporada tiene que ver con la llegada de un ferry, reapariciones, intereses económicos y políticos sumados a tragedias familiares. Es un guion interesante, aunque no llega a ser brillante. Lo mejor de la serie son las actuaciones, muy creíbles, que crean estupendos personajes cuya psicología de va revelando a lo largo del relato.

Dirigida por Baltasar Kormákur, se destaca la actuación de Ólafur Darri Ólafsson en el papel del policía investigador Andri Ólafsson y la de Ilmur Kristjánsdóttir en su papel de Hinrika Kristjánsdóttir, su asistente.

Si le gustan las series de intriga, puede gustarle, a pesar que no tenga el ritmo del cine de acción al que Hollywood nos tiene habituados.

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“TIEMPOS RECIOS”, LA NUEVA NOVELA DE MARIO VARGAS LLOSA (por Pablo R. Bedrossian)

La segunda mitad del siglo XX nos legó una legión dorada de escritores latinoamericanos, entre la que sobresalieron el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa. Más allá de su calidad narrativa, sus obras enarbolaban un mensaje político: la liberación de lo que llamaban el imperialismo yanqui.

El fracaso de los gobiernos de izquierda y sobre todo la caída de la Unión Soviética pusieron en evidencia que el marxismo era aún peor que el capitalismo y que ni siquiera a través de sangrientas dictaduras era posible imponerlo. Frente a ese escenario, García Márquez prefirió continuar sentándose a la mesa de un dictador mientras que Vargas Llosa admitió su error, aborreciendo el autoritarismo y las figuras de poder absoluto.  Sin embargo, lejos apoyar conservadurismos o nacionalismos adhirió al liberalismo en el más puro sentido de la palabra. Hace un tiempo declaró “el nacionalismo es esa idea racista que sostiene que es un privilegio pertenecer a un país. Y que ese país es, de alguna manera, mejor que los otros”[1].

Por eso no sorprende que en “Tiempos Recios” lejos de adular a los Estados Unidos, denuncie el golpe perpetrado por la CIA -en complicidad con militares locales y apoyados por los dictadores Somoza y Trujillo- en contra del presidente de Guatemala Jacobo Árbenz en 1954, perpetrado en defensa de los intereses de la United Fruit Company, la bananera estadounidense más importante de la región centroamericana. 

Esta novela histórica comienza con la alianza sellada entre el mayor experto norteamericano en manejo de la opinión pública y el CEO de la bananera, plasmada en una estrategia de medios que instaló la creencia de que los gobiernos, primero el de Juan José Arévalo y luego el de Jacobo Árbenz, querían implantar el comunismo en su país. A partir de allí el relato no sigue una cronología, sino que intercala situaciones, acontecimientos y protagonistas de modo de hacer una semblanza de aquellos “tiempos recios”. Vargas Llosa dedica un espacio preponderante a quien resultó victorioso en aquel golpe de estado, un militar tan ambicioso como mediocre, el coronel Carlos Castillo Armas, su posterior asesinato y, a la vez, a la suerte corrida por sus asesinos.

Termina con un encuentro del autor con una de las mujeres más influyentes de aquel tiempo, apodada Miss Guatemala, quien ya muy anciana parecía guardar muchos secretos sin dejar claro cuál fue su rol, aunque es una de las principales protagonistas de la novela.

Los diálogos y los hechos le dan a la obra un ritmo creciente. Además, el autor muestra no solo un profundo conocimiento de la historia sino de la geografía y la cultura del triángulo norte de Centroamérica, incluyendo el uso del voseo, tan típico desde Guatemala hasta Costa Rica. No se enfoca en la psicología de los personajes sino en las consecuencias de sus acciones.

En las últimas páginas, escribe Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010: “Fue una gran torpeza de Estados Unidos preparar ese golpe militar contra Árbenz poniendo de testaferro al coronel Castillo Armas a la cabeza de la conspiración. El triunfo que obtuvieron fue pasajero, inútil y contraproducente… por varias décadas proliferaron las guerrillas y el terrorismo y los gobiernos dictatoriales que asesinaban, torturaban y saqueaban sus países haciendo retroceder la opción democrática por medio siglo más”[2].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Restrepo Pombo, Felipe, “La conversión política del escritor Mario Vargas Llosa”, El Tiempo, 25 de marzo 2018. Puede leerse en https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/como-fue-la-conversion-politica-de-izquierda-a-derecha-del-escritor-mario-vargas-llosa-197838

[2] Vargas Llosa Mario, “Tiempos recios”, Alfaguara, 2019, p.350

LAEMANCTUS LONGIPES: UNA BELLA “IGUANA DE CASCO” COLOR VERDE (por Pablo R. Bedrossian)

Hace poco tuvimos oportunidad de ver en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, el primer ejemplar de Laemanctus longipes, una bella iguana de casco.

Laemanctus longipes

Íbamos en el auto del vecino Fernando Castellon a reubicar una bejuquilla verde (Oxybelis fulgidus) encontrada en el jardín de su casa.

La Oxybelis fulgidus que liberamos

De pronto exclamó:

– ¡Mire esa iguanita verde!

Me imaginé que era uno de los habituales garrobos o iguana gris (Ctenosaura similis) juveniles, intensamente verdes, muy comunes por aquí.

Ctenosaura similis juvenil

También pensé que podía tratarse de alguna pequeña iguana verde (Iguana iguana).

Iguana iguana juvenil

Sin embargo, al observarla me sorprendí: tenía la cabeza triangular y una especie de casquete en la parte superior. Esa peculiaridad me recordó lejanamente a una iguana de casco que algunos llaman turipache (Corytophanes cristatus), aunque es muy diferente: posee otro color y luce una delgada pero enorme cresta de líneas rectas en el centro de la cabeza.

Corytophanes cristatus

(Si Ud. desea conocer más sobre esta otra iguana de casco o turipache (Corytophanes cristatus), puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2018/10/10/corytophanes-cristatus-una-curiosa-iguana-de-casco-por-pablo-r-bedrossian/).

LA IGUANA DE CASCO VERDE

Bajé del auto y comencé a filmar y fotografiar este pequeño reptil tratando de evitar que se sintiera amenazado. Me permitió acercarme a pocos centímetros sin inmutarse.

Cada tanto movía los ojos, como advirtiendo mi presencia. Finalmente, como continuaba sobre el pavimento y corría el riesgo de ser atropellado, tuve que tocarlo suavemente para que huyera hacia el canal de agua que se encontraba a pocos metros.

Enseguida recordé una fotografía de esta especie que había publicado nuestro amigo, el Dr. Juan Ramón Collart en su libro “Honduras Salvaje”[1] y la identifiqué como la iguana de casco color verde (Laemanctus longipes).

ACERCA DE ESTA ESPECIE

Laemanctus longipes pertenece a la familia Corytophanidae[2]. Está integrada por tres géneros: Corytophanes, al que pertenece el turipache mencionado más arriba, el Basiliscus, cuya especie más conocida es el famoso charancaco (Basiliscus vittatus) y el Laemanctus, al que corresponde nuestra especie.

Basiliscus vittatus

Nótese que no es una verdadera iguana. De paso, en algunos lugares lo llaman toloque verde y en otros lemacto coludo. En inglés se lo llama Eastern Casquehead Iguana.

Es difícil de observar porque es una especie arbórea; gracias a su color se mimetiza con el follaje. Solo abandona los árboles para poner huevos, de abril a junio, de 3 a 5 por vez. Las crías nacen tras una incubación a temperatura entre 28º C y 30º C durante casi dos meses[3]. Los recién nacidos tienen una LHC (longitud hocico – cloaca) de 5 cm. con una cola de unos 17 cm. Los adultos pueden alcanzar una LHC de 15 cm y desde la cabeza a la cola hasta unos 45 a 50 cm.

El cuerpo es alargado de un color verde intenso, con franjas suavemente amarillentas a los costados de la cabeza y el cuello y en ocasiones una pequeña franja negra desde la parte posterior de los ojos al cuello. La superficie dorsal de la cabeza (el casquete o yelmo) es plana, sin mostrar crestas y de un color grisáceo más pálido que el resto. Una notable línea blanca interrumpida se extiende de la cabeza a la ingle. Además, presenta pequeñas manchas blancuzcas en el dorso y la cola. Posee cinco dedos en las patas delanteras y traseras. Se conoce muy poco de sus hábitos no reproductivos. Se ha reportado que en cautiverio se alimenta de insectos.

¿DOS ESPECIES DIFERENTES CON EL MISMO NOMBRE?

Según el experto James McCranie, en Honduras coexisten dos subespecies: Una es Laemanctus longipes waltersi, de los departamentos de Atlántida y Cortés (donde encontramos nuestro ejemplar), con escamas corporales más grandes y ausencia o forma incompleta de abanico gular[4]. La otras es Laemanctus longipes longipes, de los departamentos de Copán y Olancho, que posee escamas corporales más pequeñas y un abanico gular completo[5]. En su opinión constituirían dos especies distintas.

Hay otra especie que solo conocemos por fotografías, llamada Laemanctus serratus, que habita en Tamaulipas y la península de Yucatán, México y en poblaciones aisladas en el noroeste de Honduras[6]. Se diferencia de Laemanctus longipes en que posee escamas espinosas en la parte posterior de la cabeza además de una cresta dorsal evidente[7]. El hábitat de esta especie es bastante reducido, desde el sur de Veracruz en México hasta el occidente de Honduras con una población aparentemente aislada en el centro de Nicaragua[8].

No es fácil encontrar una la iguana de casco color verde como Laemanctus longipes debido a sus hábitos de vida. En más de 12 años de vivir en este lugar y con varios cientos de caminatas realizadas tuvimos el privilegio de verla personalmente por primera vez.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014, p.64

[2] Durante mucho tiempo se la consideró una subfamilia de la familia Iguanidae, pero desde 1989 comenzaron a ser consideradas como familias separadas: D.R. Frost & R. Etheridge (1989) “A phylogenetic analysis and taxonomy of iguanian lizards (Reptilia: Squamata)”, Univ. Kansas Mus. Nat. Hist. Misc. Publ. 81 y D.R. Frost, R. Etheridge, D. Janies & T.A. Titus (2001) “Total evidence, sequence alignment, evolution of polychrotid lizards, and a reclassification of the Iguania (Squamata: Iguania)”, American Museum Novitates 3343: 38 pp.

[3] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, 2003, p. 135

[4] El abanico gular o gula (en inglés dewlap) es una delgada membrana ubicada en el cuello que se despliega y retrae. También la poseen los Anolis.

[5] McCranie, James R., “The Lizards, Crocodiles, and Turtles of Honduras”, “Bulletin of the Museum of Comparative Zoology”, Special Publications Series, No. 2, Harvard University, 2018, p.200.

[6] McCranie, James R., Op. cit., p.213

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.136

[8] McCranie, James R., Op. cit., p.209


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LOS “PÁJAROS ESTACA” CENTROAMERICANOS: LOS NYCTIBIUS O POTOOS

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

Cierta mañana don Manuel Guillén, un gran amante de la naturaleza, me dijo “encontramos un pájaro que parece un pedazo de madera”. Subimos una empinada cuesta por el cerro Campisa hasta llegar al lugar. Contemplé un alto y angosto tronco seco. “Fíjese: está descansando en la punta”. “No -le dije-; es el extremo del árbol”. Entonces, para mi asombro, sacudió el delgado tronco y el ave movió sus alas. Por algo los llaman “pájaros estaca”. Su inmovilidad y su color los mimetizan para pasar inadvertidos incluso a ojos más entrenados. Se los observa adoptando una posición vertical, con la cabeza hacia arriba y, en general, los ojos cerrados.

El primer Potoo que vimos

LOS PÁJAROS ESTACA EN CENTROAMÉRICA

El pájaro estaca mayor o gran pájaro estaca (nombre científico: Nyctibius grandis; en inglés: Great Potoo) es el “hermano mayor” de esta familia integrada en Centroamérica también por el pájaro estaca jamaicano o norteño[1] (nombre científico Nyctibius jamaicensis; en inglés Northern Potoo) y el pájaro estaca común (nombre científico Nyctibius griseus; en inglés Common Potoo) que se observa en Costa Rica y Panamá[2]. Además, hay otras cuatro especies de pájaros estaca, todos del género Nyctibius, que solo se observan en Sudamérica. En Honduras solamente se observan el Great Potoo y el Northern Potoo.

Los miembros de esta familia llamada Nyctibiidae están emparentados con los pucuyos o chotacabras pertenecientes a la familia Caprimulgidae.

PÁJARO ESTACA MAYOR (NOMBRE CIENTÍFICO: NYCTIBIUS GRANDIS; EN INGLÉS, GREAT POTOO)

El pájaro estaca mayor mide algo menos de 60 cm. Tiene una cabeza grande y boca ancha con la que caza insectos en vuelo. Tiene ojos color café. Es de tonalidad gris rojiza, con barras más oscuras que se observan mejor en su larga cola.

Habita los bosques húmedos y en sus alrededores en áreas bajas. Se distribuye desde el sur de México (en eBird[3] hay escasísimas observaciones en ese país) hasta el centro de Sudamérica. En Honduras se lo ve con mayor facilidad en la costa norte. Un lugar ideal para admirarlo es en la entrada del Pico Bonito Lodge, en las cercanías de La Ceiba.  

PÁJARO ESTACA JAMAICANO O NORTEÑO (NOMBRE CIENTÍFICO: NYCTIBIUS JAMAICENSIS; EN INGLÉS, NORTHERN POTOO)

El pájaro estaca jamaicano o norteño es más pequeño, alcanzando unos 40 cm. Es más delgado y de cuerpo más afinado que el mayor. Su canto es algo así como un cuaajj, cuaajj. Sus ojos son de un amarillo intenso.

Se adapta a distintos ambientes, incluido el suburbano. Se lo encuentra desde el centro de México hasta Costa Rica y también en el Caribe, en particular en República Dominicana. En Honduras se encuentra en casi todo el territorio a excepción de la zona oriental. Además es el único Potoo que se observa en El Salvador.

Nosotros hemos observado tres ejemplares en Residencial Campisa, San Pedro, Honduras. Además del mencionado al principio, uno en un árbol entre dos casas pegadas a la montaña y otro fue encontrado caído, presumiblemente enfermo.

El Northern Potoo encontrado caído por un vecino

Lo llevamos a un veterinario, pero murió al día siguiente. Además, lo hemos observado en la Reserva Natural Luna del Puente, en las cercanías de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

PÁJARO ESTACA COMÚN (NOMBRE CIENTÍFICO: NYCTIBIUS GRISEUS; EN INGLÉS, COMMON POTOO)

El pájaro estaca común o urutaú, como se lo llama en algunos lugares de Sudamérica, es levemente más pequeño, alcanzando unos 35 cm.

Common Potoo con su cría fotografiada por Gilberto Collazos Bolaños

De ojos amarillos o anaranjados posee un color grisáceo castaño que parece veteado; como los demás Nyctibius centroamericanos se alimenta de insectos.

Common Potoo con su cría fotografiada por Mario Wong

Tiene una extensa distribución territorial pues de observa en zonas boscosas desde Costa Rica hasta el sur de Sudamérica, incluyendo el norte y la mesopotamia argentina.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS

PÁJARO ESTACA MAYOR (GREAT POTOO)

PÁJARO ESTACA JAMAICANO O NORTEÑO (NORTHERN POTOO)


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


REFERENCIAS

[1] Robert E. Gallardo en su libro “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.193 llama pájaro estaca común al Northern Potoo; evitamos este nombre porque también, tal como suele pasar con los nombres en español, se aplica a otra especie, el Nyctibius griseus que en inglés se denomina Common Potoo.

[2] También puede estar en el sur de Nicaragua; al publicar esta nota, el último reporte de ese país en  www.ebird.org corresponde al 13 de junio de 2017.

[3] https://ebird.org/species/grepot1/MX


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción:

La segunda fotografía del pájaro estaca común (Nyctibius griseus, en inglés Common Potoo) con su cría, tomada por Mario Wong, de Costa Rica, a quien pertenecen los derechos y a quien agradecemos muy especialmente por su generosidad y admiramos por su talento.

La primera fotografía pájaro estaca común con su cría, que fue agregada luego de la publicación inicial del artículo, tomada por Gilberto Collazos Bolaños, de Colombia, a quien también estamos muy agradecidos.