“THE VALHALLA MURDERS”, UNA MINISERIE POLICIAL EN LA NIEVE DE ISLANDIA (por Pablo R. Bedrossian)

“Los asesinatos de Valhalla” (en inglés “The Valhalla Murders”) es una miniserie policial de ocho capítulos ambientada en Islandia, una nación asentada sobre una gélida isla en el norte de Europa, de solo 350,000 habitantes.

Titulada en su lengua original simplemente “Brot” (“Violación”) la historia gira alrededor de una serie de asesinatos vinculados a un orfanato cerrado muchos años atrás y a una trágica desaparición. Tal como es común en este tipo de miniserie nada es lo que parece y los presuntos sospechosos van cambiando a lo largo de la investigación. Cuanto más se descubre, más se oculta.

En nuestra opinión, lo mejor de la serie son los paisajes, con altas montañas y llanuras que parecen cubiertas por un sudario blanco de gruesa nieve y la excelente dirección cinematográfica de Thordur Palsson, también creador de la serie. Las actuaciones y el guion, a pesar de algunos pozos, son aceptables y mantienen atento al espectador.

Hay algunos detalles que para los que vivimos en otras culturas son llamativos. Por ejemplo, la policía no va armada. Los investigadores de homicidios llevan un arma en una caja fuerte dentro de su vehículo y deben solicitar una clave telefónica para poder abrirla en caso de emergencia. Otro hecho curioso es que criminales de alta peligrosidad mientras son indagados pueden servirse café de una máquina cuando lo deseen e incluso ofrecerlo a sus interrogadores. En eso el lugar parece otro planeta.

Fue filmada en 2019 y lanzada por Netflix en 2020. Es admirable que un país con tan pocos habitantes haya producido una miniserie de calidad internacional. Si le gusta el género policial y los crímenes seriales seguramente no será esta la mejor miniserie que haya visto en su vida, pero tampoco se aburrirá.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

LA ESTATUA DE LA LIBERTAD (por Pablo R. Bedrossian)

La Estatua de la Libertad, uno de los monumentos más famosos del mundo, fue un regalo del gobierno francés al pueblo de los Estados Unidos para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia, pero recién pudo ser inaugurada diez años después, el 28 de octubre de 1886. La iniciativa de este colosal obsequio surgió del abogado y político Édouard Laboulaye, recordado en Argentina por una localidad que lleva su nombre, y tuvo como propósito fortalecer la amistad entre las dos naciones.

Emplazada en la Liberty Island (en español Isla de la Libertad) al sur de Manhattan, Nueva York, la imponente escultura tiene 46 metros de alto, y alcanza los 93 metros desde el suelo hasta la antorcha, si incluimos su base[1]. La mano derecha mide 5 metros y el dedo índice casi dos metros y medio. Solo el peso del cobre, material del que está hecha la estatua, es de 31 toneladas.

Fue diseñada por el francés Frédéric Auguste Bartholdi. Este escultor la había imaginado originalmente como un inmenso faro para el Canal de Suez[2]. Sin embargo, el proyecto presentado en 1867 a Ismail Pashá fue rechazado. El artista no se dio por vencido y logró que su idea, con cambios en el diseño, distinto nombre y una diferente solución estructural en hierro y acero desarrollada por el famoso ingeniero Gustav Eiffel, llegara a los Estados Unidos.

La imagen de inspiración clásica recuerda a la diosa griega Hécate tanto por su corona de siete rayos -en lugar del tradicional gorro frigio– como por la antorcha ardiente. La tea encendida se ha utilizado en el arte desde la antigüedad y el autor se ha servido de ella para representar la llama de la libertad. El brazo izquierdo sostiene una tabla donde está grabada en números romanos la fecha de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos.

Se discute quién fue la modelo utilizada para el rostro. La mayoría de los expertos piensa en la madre del artista, Charlotte Bartholdi; sin embargo, otros postulan a Isabella Boyer, viuda del millonario inventor Isaac Singer; esta dama contrajo nuevamente nupcias con el músico holandés Victor Reubsaet, por quien obtuvo el título de Duquesa de Camposelice. Conoció a Bartholdi durante su segundo matrimonio, pues la pareja se había radicado en París.

La base fue realizada por el arquitecto y escultor Richard Morris Hunt. El pedestal está conformado por un bloque de hormigón, mientras que la base, que incluye una loggia neoclásica (una galería exterior con arcos sobre columnas, techada pero abierta en uno o más lados) está hecha de granito y hormigón[3].

RÉPLICAS DEL TALLER DE BARTHOLDI

Aunque hay muchas réplicas, queremos presentar algunas cuyo singular valor proviene de su origen. Desde luego, no nos referimos a las reproducciones vendidas como souvenirs, sino a aquellas que proceden del taller del escultor. Comencemos diciendo que la firma Gaget, Gauthier et Cie, donde se hicieron las piezas de cobre, creó un importante número de miniaturas para la inauguración.

Aunque hay otras en París, nos interesa la que está ubicada en los Jardines de Luxemburgo. Nos referimos a un modelo en bronce que utilizó Bartholdi para hacer la enorme escultura enviada a Nueva York. Fue obsequiada por el artista al Museo de Luxemburgo de París en 1900, para la Exposición Universal desarrollada la ciudad. En 1906, a sugerencia de la viuda de su creador[4], se la trasladó a los Jardines. Aunque fue reemplazada por una copia en 2012, hay en su base una conmovedora placa recordando a las víctimas del atentado del 11 de septiembre de 2001, otro símbolo de la amistad franco-norteamericana, tan decisiva durante la 2ª Guerra Mundial.

Sin embargo, la original está al alcance de todos. Se puede observar en el salón principal del Musée d’Orsay de París. Mide casi tres metros y conviene apreciarla desde uno de los balcones.

Más interesante aún es una réplica en hierro rojo también surgida de los moldes del artista, ubicada en las Barrancas de Belgrano, en Buenos Aires. Adquirida por la Municipalidad de la ciudad fue inaugurada poco antes que la de Nueva York.

Aunque ha perdido su color original, conserva los detalles de su enorme gemela de Nueva York.

Tiene grabada la firma de Bartholdi en la base de uno de sus lados.

No es esta la única Estatua de la Libertad en Buenos Aires; hay una sin el diseño de Bartholdi coronando el frontón de la Escuela Normal Superior Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicada sobre la avenida Callao entre la avenida Corrientes y la calle Lavalle.

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REFERENCIAS

[1]“Statue of Liberty”, National Park Service, https://www.nps.gov/stli/learn/historyculture/statue-statistics.htm

[2] Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell’Arco, Maurizio; Souchal, François, “Sculpture”, Vol. 2: “From the Renaissance to the Present Day”, Taschen, 1999, p.373

[3][3] Bartolini, Flaminia, “The Statue of Liberty”, en “Wonders of the World”, editado por Alessandra Capodifierro, Barnes & Noble Books, 2004, p.255

[4] Sin firma, “La Liberté à Orsay”, Musée d’Orsay, 2020, https://www.musee-orsay.fr/fr/collections/bienvenue/actualites/la-liberte-a-orsay.html


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CÓMO MANEJAR NUESTRAS EMOCIONES EN TIEMPO DE CORONAVIRUS (por Pablo R. Bedrossian)

“El Eternauta” es probablemente el cómic más famoso de la Argentina. Fue escrito en 1957 por H. G. Oesterheld y comienza cuando unos amigos observan que una lluvia de copos fosforescentes cae sobre Buenos Aires. El simple contacto con los copos produce la muerte. Pronto se enterarán que la misma lluvia cae sobre todo el planeta. La gente busca cubrirse de cualquier modo para evitar el contacto con la sustancia asesina, procurando salvarse. No comprende que el principal peligro no son los copos, sino los mismos humanos que en su desesperación pierden todos sus límites morales.

El parecido con estos tiempos es notable. El coronavirus es visto por muchos como si fuera los copos mortales. Por eso quiero describir algunas de las reacciones más comunes ante este mal desconocido.

Están los temerosos, los dominados por el miedo y la ansiedad. Aunque solo haya unos pocos casos en su ciudad, piensan en el riesgo de una muerte inminente. Creen todo lo que se publica. Usan guantes y barbijo desde el primer día, algunos incluso escafandra.

En el otro extremo están los negadores, esos que no aceptan recomendaciones. Actúan como si fueran intocables por esta mortal enfermedad desconocida y confían tanto en su propia opinión, que no toman ningún recaudo.

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Se han puesto de moda los informantes. Postean en redes sociales continuamente noticias alarmantes sin verificar las fuentes pues creen estar protegiendo a los demás.

No faltas los quejosos, aquellos que expresan su frecuentemente su frustración, amargados por la pérdida que para ellos representa esta nueva situación.

Existen los místicos, aquellos que pasan versículos, oraciones y cadenas como si tuvieran un poder mágico para hacerlos inmunes, olvidando lo que dijo Jesús, que tanto el sol como la lluvia salen sobre justos e injustos, y que las personas de fe también están expuestas.

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Aparecen los chistosos que siempre comparten memes, videos graciosos y toman con humor las malas noticias, como si una sonrisa hiciera más tolerable la pandemia.

Creo que la mayoría se identifica con alguno de estos comportamientos, que reflejan nuestro temperamento.

OPORTUNIDADES EN MEDIO DE LA CRISIS

Como todos sabemos, mientras las circunstancias no cambien, solo podemos cambiar nosotros. Por eso es importante mirar hacia adentro y encontrar recursos que nos permitan tomar decisiones sabiamente mientras dure esta crisis.

Primero, es importante identificar nuestras emociones; lo que sentimos habla más de nosotros que de la pandemia. Si no entendemos cuáles son nuestras emociones, será difícil mirar la situación con objetividad.

Segundo, necesitamos aceptar la incertidumbre. No hay forma de predecir el futuro, de modo que es inútil lidiar contra lo desconocido. Aceptar la incertidumbre es aceptar las circunstancias de hoy sin saber qué sucederá mañana.

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Tercero, enfocarnos en el presente. No podemos controlar el mañana, pero podemos tener cierto control sobre el hoy. La ansiedad se define como “un miedo sin objeto” y puede consumirnos. Del mismo modo, la preocupación por planes que se ponen en riesgo (viajes, bodas, graduaciones) mientras estén fuera de nuestras manos solo producen dolor y parálisis.

Cuarto, hacer lo que podamos. No nos sirve lamentarnos por lo que no podemos hacer sino trabajar en lo que sí podemos. Por ejemplo, en lo inmediato, decidir cómo aprovisionarnos o evitar riesgos de contagio. Yendo más allá, aquellos que pueden trabajar o estudiar en su casa, cumplir sus responsabilidades lo mejor posible, definiendo rutinas, fijando metas y midiendo su cumplimiento. Esto nos permite desarrollar autodisciplina.

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Finalmente, mantener vivos nuestros sueños. Así como nos ayuda enfocarnos en el presente, tenemos que creer que hay un futuro. Desde luego, ahora no es el momento y no sabemos cuándo; sin embargo, es necesario ejercitar la fe para seguir esperando y luchando por lo que anhelamos. ¿Cuál es tu sueño?

EN QUÉ TERRITORIO CAMINAS

Una manera útil de autoexaminarnos es preguntarnos qué territorio emocional habitamos. Imagine que una raya traza el límite entre dos naciones: uno es el País de las Pérdidas y el otro el País de los Beneficios. El País de las Pérdidas tiene dos provincias. La más cercana a la raya se llama preocupación, la más alejada angustia. El País de los Beneficios también tiene dos provincias: la más cercana a la raya se llama aprendizaje; la más alejada, maduración. ¿En qué provincia habitamos emocionalmente? Una vez que nos hayamos respondido sinceramente, preguntémonos: ¿estamos donde queremos estar? Por favor, desde luego hay muchos motivos para sentirnos alarmados, pero ¿eso nos ayuda a mejorar? La buena noticia es que no hay cuarentena que nos pueda impedir movernos de un territorio emocional a otro y convertir una situación adversa en una experiencia enriquecedora.

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“CONTRATIEMPO”, UN THRILLER ESPAÑOL DE ALTA TENSIÓN (por Pablo R. Bedrossian)

Cuando subí el comentario de “El Desconocido” (en inglés “Retribution”) algunos recomendaron “Contratiempo”, otra película española. La había visto poco después de su lanzamiento, en 2017, y me había gustado muchísimo. Valió la pena volver a verla.

Rodada en Barcelona y en el País Vasco, este thriller español mantiene una altísima tensión, del principio hasta el final. Comienza con el asesinato de una mujer en un hotel, por el cual es imputada su pareja, un emprendedor exitoso en el campo tecnológico, quien a su vez aduce haber sido golpeado y dejado inconsciente por el verdadero asesino. En esa encrucijada y a punto de ser llevado a juicio, su abogado le recomienda contratar los servicios de la mejor preparadora de testigos del país.

A través del diálogo, la experta va desenredando la madeja en donde aparecen involucradas otras personas y situaciones, poniendo al descubierto los hechos. Todo el tiempo está en juego la verdad, con excelentes contrapuntos entre los dos personajes: el acusado Andrea Doria y la consultora Victoria Goodman, encarnados por Mario Casas y Ana Wagener, ambos de magníficas actuaciones.

El guion está concebido como si fuera una obra de teatro. La mayor parte del tiempo la historia transcurre en el living de un apartamento y la conversación es una partida de ajedrez donde a la natural desconfianza y tendencia a la manipulación de dos mentes brillantes se le opone la necesidad de generar empatía y confianza mutuas. Además, tiene un sorprendente desenlace que hace que todo cobre sentido.

El cine español de intriga viene creciendo. Definitivamente “Contratiempo” es un excelente ejemplo que disfrutarán los amantes del género.

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LA IGLESIA DINAMARQUESA DE BUENOS AIRES (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA DINAMARQUESA, Carlos Calvo 257, Barrio
de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Los primeros daneses llegaron a la Argentina alrededor de 1860, asentándose en la zona de Tandil donde se dedicaron a las actividades rurales. Lo hicieron por sugerencia de su paisano Juan Fugl, quien había vivido en la zona desde 1848 y había ido de visita a su país[1].

De a poco el número de daneses en la Argentina creció, expandiéndose a Tres Arroyos, Necochea y Coronel Dorrego. Se estima que entre 1870 y 1930 arribaron al país unos 13.500[2]. Eran blancos, rubios y, como Dinamarca había abrazado la Reforma, cristianos luteranos. Buscaron ayudarse mutuamente utilizando como amalgama su identidad cultural y étnica.

Los primeros inmigrantes no eran particularmente patriotas ni religiosos; sin embargo, a partir de 1880 llegaron daneses con aires nacionalistas.

LA IGLESIA COMO CORAZÓN COMUNITARIO

En Dinamarca convivían dos formas de luteranismo: la Iglesia Unida, también llamada Pietista o Indre Mission, mantenida por Estado, que adhería al luteranismo tradicional: la autoridad de la Biblia, la necesidad de una conversión personal y la visión misionera. Frente a ella, tras la derrota de Dinamarca ante Prusia en 1864, se levantó la Iglesia Danesa, también luterana pero mantenida por sus propios miembros e inspirada en el pensamiento del teólogo N. F. S. Grundtvig (1783-1872). En ella “la identificación con determinadas creencias religiosas sólo tenía sentido en su relación con los valores culturales del pueblo danés”[3]. Este sentimiento nacionalista caló profundamente en zonas rurales, especialmente en Jutlandia, de donde provenía la segunda ola de entusiastas pioneros daneses en la Argentina.

Sin embargo, no hubo divisiones entre los daneses criollos. La iglesia en Tandil fue fundada en 1877 y su primer pastor fue el pastor Oscar Meulengracht, ministro oficial de la iglesia de Dinamarca[4]. En 1901 se inauguró la Iglesia Danesa de Tres Arroyos (también llamada Sociedad Protestante del Sud[5]) y en 1918 la de Necochea. Las congregaciones danesas en Argentina eran mantenidas por sus propios fieles y se erigieron como la institución preponderante pues servían como eje entre las entidades comunitarias, sobre todo las educativas, a fin de mantener el idioma, la historia y la cultura, incluyendo las sagas nórdicas o la herencia vikinga.

LOS DANESES DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

En la ciudad de Buenos Aires, la presencia de dinamarqueses a mitad del siglo XIX era muy reducida. El censo de 1855 muestra apenas una veintena[6]. Pero años después fue epicentro de otra corriente migratoria, con un perfil diferente. Los daneses instalados en la capital de la naciente República Argentina no se dedicaban a la agricultura sino al comercio. Tal como aquellos “vikingos de las pampas”, se organizaron tanto para mantener su identidad como para actuar solidariamente.

En 1892 se fundó la Sociedad Danesa de Socorros Mutuos; en 1912, la Asociación Cristiana de Jóvenes y en 1919, el Club Danés, sin embargo, no había una Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires. Los luteranos daneses asistían a iglesias protestantes de otras colectividades.

En 1924 un grupo de líderes comunitarios solicitó a la organización Iglesia Dinamarquesa en el Exterior un ministro religioso. El pedido fue respondido con la llegada ese mismo año del pastor Sven Nielsen quien condujo el primer culto en Buenos Aires el 13 de julio en el templo de la Iglesia Noruega. Dos semanas después se realizó la primera reunión de la iglesia en uno de los locales de la mencionada Asociación Cristiana de Jóvenes danesa en la avenida Paseo Colón 1111, convertido en kirkesal (templo)[7].  

En 1925 se planteó contar con un edificio propio, iniciativa que comenzó a materializarse en 1929 con la compra del terreno ubicado en Carlos Calvo 257, San Telmo.  Ese mismo año la pujante congregación creó una subcomisión de edificación que realizó un concurso para elegir el mejor proyecto que debía incluir no solo el templo sino la casa pastoral y salones de uso comunitario. El proyecto ganador fue el denominado “Gotland”, del Estudio Rønnow & Bisgaard.

El 24 de agosto de 1930, tras una misa en la “Kirkesal” de Paseo Colón 1111, los fieles se dirigieron al terreno de Carlos Calvo 257 para la colocación de la piedra fundamental. La construcción se atribuye a la empresa Christiani & Nielsen, una importante empresa danesa fundada en 1904 que realizó varias obras importantes en Buenos Aires y en la actualidad opera en diversas partes del mundo. El flamante templo de la Iglesia Dinamarquesa se inauguró el 10 de mayo de 1931.

Los costos de la edificación fueron sufragados por la congregación más un aporte de la organización Iglesia Dinamarquesa en el Exterior. La inauguración del Salón Subsuelo y la casa de los caseros se realizó el 24 de agosto de 1933.

EL TEMPLO

La fachada de ladrillo rojo en estilo neogótico rematada por una torre le confiere identidad propia. Se accede al edificio subiendo una pequeña escalinata; el templo es pequeño, modesto y apacible, con paredes blancas sin imágenes ni figuras recargadas.

Al frente se encuentra el altar en cuyo centro hay una cruz vacía que simboliza a Cristo resucitado. A los lados hay dos candelabros que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Debajo de la cruz hay un candelabro de siete brazos que recuerda que Jesús era judío y que ambas religiones están entrelazadas inseparablemente.

Por encima del altar hay tres vitraux, que cuentan el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, también conocido como “la alimentación de los cinco mil”. Debajo hay una adaptación libre en danés de palabras de Jesús en aquel relato; traducidas significan: “No dejaré que vuelvan a casa en ayunas; podrían desfallecer en el camino, ya que muchos han venido desde muy lejos”. Es una referencia a los inmigrantes que llegaron a un “desierto” donde no tenían donde saciar su sed espiritual.

No puede pasar desapercibido un barco que cuelga desde el techo. Todas las iglesias danesas lo tienen y es una tradición vikinga preservada a pesar de la cristianización de Dinamarca. La embarcación simboliza la vida de cada creyente que a pesar de las tormentas tiene que llegar a buen puerto, a Dios mismo. No son maquetas sino réplicas de naves históricas de alto significado para cada iglesia. En este caso, rememora al buque escuela København (Copenhague) que, tras dar nueve vueltas al mundo, en 1928 visitó Buenos Aires. De allí zarpó rumbo a Australia y naufragó en algún lugar del camino pues nunca más se supo de él.

Otra placa con un león grabado atrae la atención. Conmemora a los valientes daneses que volvieron a su patria para luchar contra la ocupación nazi durante la 2ª Guerra Mundial.

El púlpito se encuentra a la izquierda, muy cerca de los bancos de madera que se apoyan en un piso de baldosas ajedrezado. Delante del altar se encuentra la pila bautismal.

En la parte posterior del templo hay un amplio balcón con un órgano de tubos.

Quien escribe asistió a la grabación de un disco del bandoneonista Gabriel Rivano junto a una orquesta de cámara realizada en este templo debido a su magnífica acústica.

OTRAS INSTALACIONES

A la derecha de la entrada se encuentra una gran biblioteca con anaqueles poblados de libros, mullidos sillones y piso de parquet.

También cuenta con un amplio salón de usos múltiples en el subsuelo, que pudimos visitar durante una Noche de los Templos.

EL ARQUITECTO RØNNOW

El arquitecto elegido, Morten Fredegod Rønnow era danés y tenía dos valiosísimos antecedentes: en 1914 había construido el Edificio Otto Wulff, famoso por su doble cúpula y sus magníficos atlantes, en Belgrano y Perú, y en 1926, ya asociado con el Arq. Bisgaard, la Casa Schenström, actual Residencia del Embajador de Suiza en Ombú 3002, Barrio Parque.

Rønnow realizó el primer estudio documental de la arquitectura colonial argentina: La Casa de la Virreyna, en 1912. Tras su demolición, dos años después el propio Rønnow levantaría allí el Edificio Otto Wulff. En un excelente artículo del Arq. Francisco Girelli sobre ese estudio encontramos una rica información sobre la vida y la obra de este brillante arquitecto danés. Dice Girelli: “La formación arquitectónica de fue absolutamente académica, de ascendencia en la arquitectura historicista del norte de Europa, pero a su vez influenciada por las corrientes del modernismo y el Art-Nouveau. Su obra es ecléctica y se caracteriza por un lenguaje simbólico con infinidad de detalles y el uso de cubiertas apuntadas de pizarras como remate de sus edificios”[8].

En base a datos provistos por su hija Isabel, que por aquel entonces tenía 90 años, Girelli confeccionó una breve biografía del Arq. Rønnow. Nacido en 1877 en Herning, Jylland, Dinamarca. Se formó inicialmente con su padre, también arquitecto. A los 25 años, como parte del estudio del arquitecto Andreas Clemmensen, diseñó y dirigió grandes obras en Rusia y Ucrania durante casi 10 años, incluyendo la construcción de un castillo en Talnoe, Ucrania.

Ya dueño de una gran fortuna, a los 35 años decidió trasladarse a la Argentina, donde residían dos hermanos suyos[9]. Arribó a Buenos Aires hacia 1908 o 1909 para invertir en una estancia en Lobería. Lamentablemente el negocio fracasó, por lo que regresó a la capital porteña para dedicarse a la arquitectura.

A los 50 años se casó con una danesa 22 años menor que él con quien procreó cinco hijos, tres en Argentina y dos en Dinamarca, pues en 1930 regresó a su país por causas desconocidas, hecho que le impidió asistir a la inauguración de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires en 1931. Rønnow se radicó en Copenhague, trabajó como arquitecto adoptando el racionalismo y visitó a su familia en la Argentina solo en una ocasión, en la década del ’60.  Falleció en 1972 a los 95 años y fue sepultado en su ciudad natal.

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BONUS 1: ¿QUIÉN CONSTRUYÓ REALMENTE LA IGLESIA DINAMARQUESA DE BUENOS AIRES?

La información oficial de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires dice que la construcción de su edificio fue realizada por la empresa Christiani & Nielsen[10], fundada en 1904 y radicada en Buenos Aires desde 1919. Ese mismo año esta constructora levantó la antigua subusina Benito Pérez Galdós de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad[11], hoy convertida en La Usina del Arte. Entre otras obras, también erigió el Edificio IV de estación terminal Plaza Constitución del Antiguo Ferrocarril del Sud (hoy Ferrocarril General Roca)[12] entre 1924 y 1931 y los edificios anexos de la Antigua Fábrica Argentina de Alpargatas[13] entre 1938 y 1942.

Sin embargo, el mayor especialista en el arquitecto Morten F. Rønnow, el Arq. Francisco Girelli, señala que la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires no aparece en ningún catálogo de esta empresa. Por eso, a partir de sus investigaciones podemos inferir una interesante alternativa.

En la Casa Schenström, actual Residencia del Embajador de Suiza, una placa sobre la fachada principal indica “Rønnow y Bisgaard | Arqo – Contor”. Dice Girelli, “no queda claro si ambos fueron responsables del proyecto y construcción, o si Rønnow ofició como arquitecto y Bisgaard como constructor. Los planos existentes en el archivo de Obras Sanitarias (actual AySA) no aportan información sobre este punto, ya que en ninguno de ellos aparece su firma” [14].

Esto nos lleva a preguntarnos quién construyó realmente esta bella iglesia de ladrillo rojo en estilo neogótico. A favor de Christiani & Nielsen hay tres argumentos a favor y uno en contra: era una empresa danesa, operaba en Buenos Aires y es mencionada por la propia iglesia. El dato negativo es que la obra no aparece en sus catálogos. Sin embargo, en vista de la inscripción en la Casa Schenström cabe la posibilidad que el Arq. Bisgaard, solo o asociado con el propio Rønnow, hubiera estado a cargo de la construcción. No hemos podido encontrar datos suyos, ni siquiera su nombre de pila, en ninguna de las publicaciones consultadas durante nuestra búsqueda.


BONUS 2: LA GRABACIÓN DEL INFIERNO EN LA IGLESIA DINAMARQUESA

 Entre julio y diciembre de 2002 el bandoneonista argentino Gabriel Rivano grabó el álbum “Infierno Porteño” en la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires, debido a la magnífica acústica del templo.

Este querido ex compañero del Colegio Nacional de Buenos Aires, me invitó un sábado a una de las grabaciones en la Dansk Kirke donde la Orquesta de Cámara de Palermo Viejo, dirigida por él, lo acompañó.

Fue mi segunda visita al interior de esta pequeña y bella capilla luterana que inspira a la meditación y al recogimiento. La primera había sido durante la inauguración de un circuito turístico por San Telmo.

Desde que resido en el exterior regresé dos veces: durante una visita a Buenos Aires donde amablemente una persona que entraba me permitió pasar en 2017 y luego en La Noche de Los Templos en 2018.


REFERENCIAS

[1] Bjerg, María, “Entre Sofie y Toleville. Las escuelas de la comunidad danesa frente al problema de la identidad nacional de las generaciones nacidas en la Argentina (1886-1930)”, Revista de Indias, 1996, Nº 206, p.133,134 y 147

[2] Bjerg, María, Op. cit., p.134

[3] Bjerg, María, Op. cit., p.138-139.

[4] Bjerg, María, Op. cit., p.141

[5] Sin firma, “Sociedad Protestante del Sud – 100 Años Cartas, memorias recuerdos. La Iglesia y su gente (1901-2001)”, Edición de Sociedad Protestante del Sud, 2001, p.2 y siguientes

[6] Sin firma. “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”,

“Población de Buenos Aires”, Vol. 3, Nº 4, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, octubre, 2006, o.102

[7] Esta nota, como la mayoría de las precedentes y las siguientes fueron tomados de https://web.archive.org/web/20110502072950/http://www.iglesiadinamarquesa.com.ar/index.php?modulo=historia. Durante la preparación de este artículo el link a la sección Historia del sitio oficial de la Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires, http://iglesiadanesa.com.ar/,  conducía a una página de error. Sin embargo, se puede encontrar en la página de Facebook de la iglesia, https://www.facebook.com/pg/IglesiaDinamarquesaenBuenosAires/about/?ref=page_internal

[8] Girelli, Francisco, “Morten F. Rønnow, primer estudio material de la arquitectura colonial argentina: La Casa de la Virreyna (1912)”, sin fecha, p.1, se puede leer este magnífico trabajo en http://www.iaa.fadu.uba.ar/?page_id=7138

[9] Girelli, Francisco, Op. cit., p.3

[10] Según la página oficial en Facebook https://www.facebook.com/pg/IglesiaDinamarquesaenBuenosAires/about/?ref=page_internal y https://web.archive.org/web/20110502072950/http://www.iglesiadinamarquesa.com.ar/index.php?modulo=historia.

[11] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), “Patrimonio Arquitectónico Argentino, Memoria del Bicentenario (1810-2010), Tomo II, (1880-1920)”,2010, p.574

[12] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), Op. cit., p.540

[13] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), Op. cit., p.578

[14] Girelli, Francisco, “Morten F. Rønnow”, Anales del IAA, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo; Universidad de Buenos Aires, Vol 49, Nº 1, 2019. La versión digital se encuentra disponible en http://www.iaa.fadu.uba.ar/ojs/index.php/anales/article/view/307/html_233#notas


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CEMENTERIOS EXTRAORDINARIOS (por Pablo R. Bedrossian)

La palabra cementerio tiene su origen en el término griego koimêtêrion (“dormitorio”) que a su vez deriva de la expresión koimáõ que significa “me acuesto”[1]. Se atribuye a los cristianos el primitivo uso de la palabra cementerio con ese significado: “lugar de los que duermen”. De hecho, el apóstol Pablo llama así a los cristianos que ya han muerto cuando él escribe a mediados del siglo I: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús”[2].

Para muchas personas el cementerio es un lugar de honda tristeza pues yacen allí los restos de sus seres queridos. Ha sido el lugar de dolorosas despedidas y momentos de profundo recogimiento. En un diálogo que tuve con el escritor argentino Jorge Luis Borges, hablando de la Recoleta comentó:

– El otro día fui a caminar por el cementerio. Allí descansan los restos de mis padres. En ese momento pensé: si mis padres están en algún lugar seguro que no es en este sitio donde todo es polvo y corrupción[3].

Sin embargo, los cementerios no solo producen tristeza sino también nos recuerdan la historia; los epitafios nos acercan a quienes nos precedieron y la arquitectura de muchas tumbas nos hace admirarlas como auténticas obras de arte. Por eso, presentamos aquí cementerios extraordinarios en breves reseñas para que Ud. decida si desea conocerlos.

1. CEMENTERIO DE LA RECOLETA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Aunque el cementerio de la Recoleta fue establecido en 1822, recién en 1881, gracias a una completa remodelación que imitaba el estilo de los cementerios europeos, adquirió su nueva fisonomía[4]. Las décadas siguientes constituyeron la época de oro de la Argentina y las familias adineradas contrataron famosos arquitectos y escultores para adornar las tumbas de sus seres queridos. “Estos príncipes de las pampas copiaron a los burgueses italianos y franceses no solo en sus ropas y en su espíritu, sino también las esculturas que admiraban en los cementerios de Père Lachaise en París y Staglieno en Génova[5].

Contiene 4,970 bóvedas en sus casi cinco manzanas y media. En su mayoría se levantan como pequeños edificios que contienen ataúdes, altares y símbolos religiosos coronados por ángeles y cruces en sus techos.

Confluyen en ellas una gran cantidad de estilos arquitectónicos como el eclecticismo, art nouveau, el art deco o incluso, el arte egipcio.

Una de las mayores curiosidades, tanto por su diseño como por su historia, es la tumba Tomás Guido quien fuera amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín. Su tumba fue levantada por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano, con piedras traídas de la Cordillera de los Andes.

Algunos sepulcros, como en de la familia Leloir, de la cual Luis Federico es el más conocido por haber recibido el Premio Nobel de Química en 1970, son imponentes. Otros sorprenden por sus historias y su arte, como el de Rufina Cambaceres.

El Cementerio de la Recoleta reúne la mayor concentración de tumbas de celebridades, empresarios y políticos argentinos, como la de Evita y la de Domingo Faustino Sarmiento. Tanto el cementerio en general como muchas de sus tumbas han sido declaradas sido declaradas Monumento Histórico Nacional.

2. CEMENTERIO DE PÈRE LACHAISE, PARÍS, FRANCIA

Este gran cementerio parisino de calles empedradas y jardines ingleses toma su nombre del confesor del Rey Luis XIV, el padre La Chaise.

Es un lugar verde y apacible ubicado sobre una suave loma con unos 70,000 terrenos cedidos en concesión para tumbas y sepulcros. Muchos de ellos son verdaderos monumentos que homenajean a quienes yacen allí. En particular nos llamaron la atención los recuerdos a soldados muertos, muchos de ellos anónimos, que dieron la vida por su patria.

Además, descansan allí grandes protagonistas de la historia y la cultura francesa, como Molière, Balzac, Champollion, Maria Callas, Edith Piaf e Yves Montand, e incluso extranjeros fallecidos en París como Frédéric Chopin, Oscar Wilde y Jim Morrison.

En el centro del cementerio se encuentra el imponente crematorio que constituye por sí mismo una extraordinaria obra de arquitectura diseñada por Jean-Camille Formigé.

Forma un complejo con el columbario anexo y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

3. CEMENTERIO JUDÍO, PRAGA, REPÚBLICA CHECA

Este cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que debajo de ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas.

Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas desconocidas que vivieron, amaron y sufrieron.

Está ubicado en Josefov, el barrio judío de Praga, que tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado.

Junto a la entrada del cementerio -cuya visita es conmovedora- se encuentra el antiguo edificio de la Jevrá Kadishá, la fraternidad fúnebre, que se ocupaba de los ritos funerarios que son de gran relevancia para la comunidad judía. El edificio, que se puede visitar, parece un pequeño castillo. Su construcción data de 1906 pero la Jevrá Kadishá de Praga fue creada en 1564[6].

Umberto Eco en 2011 publicó una novela que lleva el nombre del sitio, “El Cementerio Judío de Praga”, donde desenmascara la historia de los tristemente célebres “Protocolos de los Sabios de Sion”.

4. CEMENTERIO NACIONAL DE ARLINGTON, VIRGINIA, ESTADOS UNIDOS

Muy cerca de Washington D.C., apenas cruzando el río Potomac, se encuentra el cementerio militar más grande de los Estados Unidos, el Cementerio Nacional de Arlington.

Fue creado durante la Guerra de Secesión y contiene los restos de veteranos de todas las épocas, desde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos hasta las invasiones militares en Afganistán e Irak.

Impacta la enorme cantidad de lápidas blancas en fila con los nombres de hombres y mujeres que sirvieron (y murieron) por su país. 

Hay algunas tumbas especiales como la Tumba del Soldado Desconocido o el Memorial a John F. Kennedy que son muy visitadas, pero hay otros sitios importantes de recuerdo como el de las víctimas del fatídico 9-11, el correspondiente a los fallecidos en la explosión del transbordador espacial Challenger y el dedicado a las 259 víctimas del atentado aéreo a un vuelo de Pan Am en Escocia.

El lugar inspira un hondo respeto y mueve a reflexionar sobre la vida, la guerra y la muerte.

5. EL CEMENTERIO O NECRÓPOLIS DE COLÓN EN LA HABANA

Este magnífico cementerio levantado en la segunda mitad del siglo XIX fue creado para albergar la tumba de Cristóbal Colón. Sin embargo, nunca recibió los restos descubridor de América que por aquel entonces yacían en la catedral de La Habana.

Declarado Monumento Nacional, tiene magníficas bóvedas y tumbas anteriores a la revolución castrista, de gran valor histórico, cultural y artístico.

Quizás el sepulcro más visitado sea el panteón de la familia Falla y Bonet; entre otros elementos incluye una pirámide trunca granito gris pulido con un Cristo de bronce sobre ella. Considerada una de las piezas funerarias más bellas del planeta, es creación del escultor español Mariano Benlliure.

Una de las mayores curiosidades es que es el único lugar en la isla -según me explicaron allí- donde existe la propiedad privada. Aunque no hemos podido aún documentarlo, el guía que nos acompañó en la visita contó que por esa razón durante un tiempo una mujer trasladó allí su oficina.

Ángeles, mármoles y cruces en un tono intensamente blanco hacen de este cementerio una extraordinaria galería de escultura al aire libre digna de admirar y visitar.

6. CEMENTERIO GREYFRIARS, EDINBURGO, ESCOCIA

Este cementerio no se destaca como el de la Recoleta, el Père Lachaise o el de Colón en La Habana por su arte, ni tampoco como el Cementerio Judío de Praga o el Nacional de Arlington por el recogimiento, sino por la simpatía y el misterio.

Hablamos de simpatía pues cerca de la entrada se encuentra la famosa estatua de Bobby, el perrito que permaneció durante 14 años -hasta su muerte- junto a la tumba de su dueño. Hay una lápida que recuerda a este Skye Terrier que vivió a mediados del siglo XIX, que, en realidad, se encuentra enterrado en otro lugar del cementerio.

Pero dijimos misterio porque la leyenda cuenta que en el cementerio habita el fantasma de George “Bloody” Mackenzie, un abogado y político que encarceló en una prisión vecina a 1200 covenanters presbiterianos opuestos al gobierno católico que regía el Reino Unido durante la  segunda mitad del siglo XVII. Muchos de los reos fueron ejecutados y otros murieron debido al maltrato. Finalmente el rey Jacobo II fue derrocado en la Revolución Gloriosa en 1688 y tres años después Mackenzie murió y fue enterrado en este cementerio. Incluso hay tours nocturnos por el Greyfriars, considerado uno de los lugares más tenebrosos del planeta.

Al lado de Greyfriars se encuentra nada menos que la Georges Heriot’s School, un antiguo colegio que dicen que inspiró Hogwarts, “el mejor colegio de magia y hechicería del mundo”, según la saga de Harry Potter.

De paso, no hay visita a la ciudad de Edinburgo que no incluya la vista de la cafetería donde, según se cree, J.K. Rowling creó al famoso personaje.

7. CEMENTERIO DE LA SAINT’S PAUL CHAPEL, DE LA TRINITY CHURCH, NEW YORK, ESTADOS UNIDOS

La Capilla de San Pablo (en inglés, St. Paul’s Chapel), ubicada sobre la avenida Broadway en el Bajo Manhattan, forma parte de la famosa Trinity Church vecina a Wall Street. Fue construida en 1766, siguiendo el influyente diseño de la iglesia St Martin-in-the-Fields erigida en Londres por James Gibbs en 1721.

Esta iglesia episcopal que sobrevivió a los atentados de 2001 contra sus vecinas, las Torres Gemelas, cuenta en sus jardines con un antiguo cementerio abierto al público que recibe un millón de visitantes por año.

Están enterrados allí varios héroes de la independencia y otros neoyorquinos ilustres. A diferencia de los grandes cementerios, este pequeño camposanto no muestra panteones o bóvedas, sino simplemente tumbas identificadas por lápidas, la más antigua de 1704[7]. Otra sepultura datada en 1750 tiene una estrella sobre la piedra cincelada por un herrero pues en aquel entonces no había especialistas en la zona. En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a aparecer otros símbolos de fe en las tumbas y en ocasiones algún epitafio acompañando el nombre de las personas y la fecha de su defunción.

Este cementerio declarado Sitio Histórico Nacional es en sí mismo un valioso documento sobre el pasado de la ciudad y la nación, incluso antes de la declaración de su independencia. Constituye, a la vez, un remanso en medio del ajetreo de la Bolsa de Comercio de New York y las agencias bancarias. Invita a meditar sobre la vida y hacer lo que amamos mientras podamos.

CEMENTERIO GENERAL DE CHICHICASTENANGO, GUATEMALA

Guatemala conserva un alto porcentaje de la población indígena, en su mayoría correspondiente a tribus descendientes de los mayas. Entre ellos todavía se practica lo que se conoce como animismo católico, una fusión entre el cristianismo de los conquistadores y las creencias religiosas prehispánicas que mantiene vivas un conjunto de tradiciones, como las procesiones rituales.

En Chichicastenango, sede de un maravilloso mercado indígena que es también el más grande de Centroamérica, se vive una intensa espiritualidad. Según la tradición maya, honrar a los muertos mueve a los vivos a aceptar la inevitabilidad de la muerte.

Su cementerio, ha considerado por la National Geographic como uno de los más coloridos del mundo[8]. Sin embargo, no es un lugar bullicioso; más bien se impone un reverente respeto por los ancestros.

Los parientes pintan las tumbas de diferentes colores y para integrante hay un color asignado según su rol dentro de la familia. Vale la pena admirar las tumbas y entender que a través de sus colores el pueblo expresa su fe.

RESUMIENDO

Desde luego, los cementerios nos recuerdan la pérdida de los seres amados y la brevedad de nuestro paso por la vida, pero también son silenciosos testigos de la historia; en cada visita pueden revelarnos algunos de los secretos del pasado. Además, constituyen un espacio único de arte y arquitectura que nos conmueve por los sentimientos que comunica.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Corominas, Joan, “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas, Biblioteca Románica Hispánica, Gredós, 1961, tercera edición “muy revisada y corregida”, 2000, p.144

[2] 1ª Epístola a los Tesalonicenses 4:13,14

[3] La entrevista ha sido publicada por primera vez en “El Expositor Bautista”, agosto 1986, y posteriormente reproducida en varios websites. Puede leerse completa en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges” y puede leerse en https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[4] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, 2013, p.28

[5] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.7

[6] Entrevista al director del Museo Judío de Praga, Leo Pavlát, que puede leerse en https://www.radio.cz/es/rubrica/legados/antiguo-cementerio-judio-de-praga-un-lugar-magico-que-inspira

[7] https://www.nps.gov/sapa/learn/historyculture/stpaulschurchcemetery.htm

[8] https://www.nationalgeographic.com/travel/destinations/north-america/guatemala/chichicastenango-maya-cemetery/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

COTINGA AZUL – NOMBRE CIENTÍFICO: COTINGA AMABILIS; NOMBRE EN INGLÉS: LOVELY COTINGA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

Muchos visitantes eligen hospedarse en el Pico Bonito Lodge, muy cerca de La Ceiba, por una exclusiva razón: admirar el bello macho de esta especie, dueño de un intenso color azul turquesa que en vuelo parece irradiar destellos. Su garganta y una zona triangular de su pecho son de color morado o ciruela mientras que las alas y la cola son azules y negras. Las hembras tienen tonos más apagados que van de gris a café y en las partes inferiores, que son blancuzcas, adquieren un patrón empedrado[1].

La cotinga azul, más conocida entre los birders como Lovely Cotinga, se encuentra desde el sur de México hasta Costa Rica (a excepción de El Salvador). En eBird[2], la base de datos de aves más utilizada en el mundo, a la fecha del presente artículo solamente hay dos observaciones en Panamá, pero no cuentan con evidencia fotográfica; sin embargo, podría tratarse del límite sur de esta especie. Del total de observaciones registradas en eBird, el 47% corresponden a Honduras, donde habita en toda la costa norte, en La Moskitia y en el extremo oriental del país, aunque es difícil de hallar.   

Mide casi 20 cm. Curiosamente no tiene un canto típico, aunque se ha identificado un sonido que le pertenece. Se alimenta de frutos e insectos[3]. Suele posarse en las copas de los árboles de bosques húmedos desde el nivel del mar a alturas de 1,500 metros.

Aunque las Cotingidae conforman una familia con un amplio número de especies; la mayoría se encuentran en Sudamérica. Los machos de algunas de estas especies, como el famoso pájaro campana centroamericano (Procnias tricarunculatus), poseen “barbas” carnosas. En Centroamérica el comportamiento de los miembros de esta familia ha sido poco estudiado hasta la fecha porque habitan en las copas de los árboles de bosques húmedos latifoliados (latifoliado significa de hojas anchas) lo que dificulta su observación.

El experto Robert Gallardo en su libro “Guía de las aves de Honduras” escribe sobre los integrantes de esta familia: “muchos son completamente frugívoros mientras que otros se alimentan de insectos. Semillas normalmente pasan a través de su sistema digestivo sin daño o son regurgitados, ayudando así a la dispersión de las semillas”[4]. Además menciona que, tal como la Lovely Cotinga, sus vocalizaciones, cuando existen, son extrañas. Un dato curioso tradicionalmente los géneros Tityra y Pachyramphus (al que pertenecen los cabezones o becards) fueron incluidos dentro de la familia Cotingidae[5] hasta principios del siglo XXI cuando se demostró que no correspondían a ella.

Junto al guía Elmer Escoto hemos observado varios ejemplares de Lovely Cotinga en la entrada del Pico Bonito Lodge (donde suele dejarse ver en enero y febrero) además de una hembra en la zona de la represa El Cajón, Cortés durante un conteo de aves. Otro buen lugar para observarlas es Río Santiago, Atlántida.

Un detalle poco conocido es que sus plumas, tal como las del quetzal, eran utilizadas por los pueblos nativos de Centroamérica para ofrendas rituales y también para embellecer la imagen personal[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


REFERENCIAS

[1] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.331

[2] http://www.ebird.org

[3] Cálix, Estefanía; Germer, Daniel “Guía de Campo para las Aves de la Bahía de Tela”, Hondubirding, 2010, p.160

[4] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.331

[5] Howell, Steve N.G.; Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.519-523

[6] Thorn, Sherry L., Germer, Luis D.; “Folklore de la Avifauna Hondureña”, El Esmeralda (Boletín de la Asociación Hondureña de Ornitología), Vol. 2 No. 2, Julio-Diciembre 2013, p.33


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