12 PERLITAS SOBRE LA NAVIDAD, EL AÑO NUEVO Y LOS REYES MAGOS (por Pablo R. Bedrossian)

1. La palabra Navidad hace referencia al nacimiento de Jesús. Proviene de la palabra latina nativĭtas, que significaba nacimiento. Aquella palabra se convirtió al español en natividad, de donde pasó a llamarse navidad. En inglés, la palabra Christmas procede de la expresión del inglés antiguo Cristes mæsse, que significaba misa de Cristo; luego pasó Christ’s Mass, hasta tomar su forma actual Christmas. Su significado sigue siendo el original: el nacimiento de Cristo.

2. Cuatro libros del Nuevo Testamento, conocidos como evangelios, relatan la vida de Jesús. Sin embargo, solo dos cuentan su nacimiento: Mateo y Lucas. Marcos comienza con la predicación de Juan El Bautista y el bautismo de Jesús mientras que Juan inicia con un prólogo que proclama la divinidad de Cristo[2]. Si bien Mateo y Lucas comparten extensas partes con el evangelio de Marcos y tienen otras amplias secciones en común, tanto para el nacimiento como para la pasión, muerte y resurrección de Jesús ofrecen contenidos propios, cada uno con su singular perspectiva.

La Anunciación 01 (Giovanni Di Paolo)

3. En su evangelio Lucas ofrece detalles únicos. Comienza con el anuncio del nacimiento de Juan El Bautista. Lo ubica en la historia al decir “en tiempos del Rey Herodes, rey de Judea”[3]. Explica que su padre se llamaba Zacarías y era sacerdote de la orden de Abías -una de las veinticuatro órdenes sacerdotales que había en Israel[4]– mientras que su madre Elisabet era descendiente directa de Aarón, primer Sumo Sacerdote de Israel y hermano de Moisés[5]. Según el relato, Elisabet era estéril y, al igual que su esposo, de edad avanzada; sin embargo, un ángel que se identificó como Gabriel, les anunció que Dios les iba conceder un hijo cuya predicación tendría un alto impacto sobre la nación. Elisabet quedó embarazada y se recluyó en su casa durante cinco meses[6].

4. Según el mismo autor, al sexto mes del embarazo de Elisabet, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret, una ciudad de Galilea, provincia ubicada al norte de Palestina. La misión del ángel era anunciar a María que sería la madre de Jesús. María era virgen y estaba desposada con José, descendiente del rey David. El desposorio era un compromiso que se celebraba entre las familias tiempo antes de la boda. Lucas incluye el diálogo entre el ángel y María. El ángel le comunicó que concebiría un hijo por gracia divina, que su nombre sería Jesús, que sería llamado Hijo de Dios y que su reinado no tendría fin[7]. Asimismo, le dijo que su parienta Elisabet se encontraba en el sexto mes de embarazo a pesar de su vejez.

5. María decidió ir a visitar a Elisabet que vivía en una zona montañosa no identificada de Judea, ubicada al sur, quizás a unos 150 kilómetros de distancia. Era un viaje difícil considerando la precariedad de los medios de transporte, la complejidad geográfica y los riesgos del camino. Cuando se encontraron, cuenta Lucas, que “la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo”[8]. Como respuesta, María pronunció alabanzas a Dios que hoy conocemos como el Magnificat[9]. Permaneció tres meses en la casa de Zacarías y Elisabet y luego regresó a su casa[10].

La Visita (Piero di Cosimo)

6. Aunque José y María vivían en Galilea tuvieron a su primogénito en Belén de Judea. Lucas lo explica poniendo el nacimiento de Jesús en su contexto histórico: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.”[11].

7. Lucas es el único que cuenta que Jesús nació en un pesebre porque no había lugar en el mesón[12] y que su madre lo envolvió en pañales. Además, solo él menciona el ángel anunciando el nacimiento de Jesús a los pastores durante la noche, el coro celestial que apareció en ese mismo momento alabando a Dios y la visita de los pastores a José y María cuando encontraron a Jesús en el pesebre.

La Adoración de los Pastores (Giorghione) 02

8. Mateo complementa la historia contada por Lucas. Cuenta que María, estando desposada, “había concebido del Espíritu Santo” y que José, de quien dice que “era justo”, para no exponerla, quiso abandonarla cargando sobre sus espaldas la responsabilidad del embarazo prematrimonial[13]. Un ángel que le habló durante un sueño lo impidió. Le dijo “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”[14].

9. Si bien Mateo establece a Belén como lugar de nacimiento de Jesús y a los días del rey Herodes, como contexto histórico[15], no menciona ni al pesebre ni a los pastores; sin embargo, revela una sorprendente secuencia de hechos: habla de unos magos que llegaron a Jerusalén siguiendo una estrella que anunciaba el nacimiento del nuevo Rey de los Judíos. Los magos tenían un único propósito: “venimos a adorarle”[16].

Madonna de Brujas 01 (Miguel Ángel)

10. Mateo resalta que Herodes mismo, asesorado por los sacerdotes, envió a los magos a Belén, pues le informaron que era donde iba a nacer el Cristo, un título para el libertador que aguardaba Israel, que podemos traducir como el Ungido. Fingiendo un sano interés, el rey les pidió que le avisen cuando lo localizaran. Los magos siguieron la estrella hasta que se detuvo: “Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”[17]. Como Herodes se vio burlado, envió a matar a todos los varones menores de dos años, pero José, advertido en sueños por un ángel, sin esperar la mañana siguiente, huyó a Egipto junto a María y el niño, permaneciendo allí hasta que Herodes murió[18].

La Adoración de los Magos (Fra Angelico)

11. Alguien puede preguntarse por qué si el 25 de diciembre se fijó como fecha del nacimiento de Jesús, los días, meses y años comenzaron a contarse desde el 1º de enero del año 1 “después de Cristo”. La respuesta es que el 1º de enero coincide con la fecha donde Jesús fue llevado al templo y circuncidado. Allí, cuenta Lucas, recibió el nombre de Jesús[19].

12. Finalmente, Mateo y Lucas ofrecen dos genealogías[20]. Aunque tienen algunas diferencias, ambas señalan que Jesús era del linaje del rey David [21].

La historia de la Navidad es protagonizada por personas de carne y hueso; muestra la intervención de Dios en la Historia al enviar a su propio Hijo para salvar a una humanidad que se pierde. El evangelio de Juan dice de Jesús “fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”[22] pero también que “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”[23].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Diccionario de la Lengua Española”, Edición del Tricentenario, Actualización 2018, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Se puede buscar en http://dle.rae.es/?w=navidad . No encontramos esta palabra en nuestra referencia preferida, el “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas, Biblioteca Románica Hispánica, Gredós, 2000, Tercera Edición “muy revisada y corregida”, según los editores.

[2] Se cree que parte de él corresponde a un antiguo poema o canto cristiano primitivo debido a su métrica.

[3] Evangelio según Lucas: 1:5

[4] La distribución de las órdenes sacerdotales se encuentra en el Antiguo Testamento, en el 1º Libro de Crónicas, capítulo 24. El versículo 10 hace específica referencia a la orden de Abías.

[5] Ver Éxodo, capítulos 28 y 29.

[6] Evangelio según Lucas: 1:5-25

[7] Evangelio según Lucas: 1:26-38

[8] Evangelio según san Lucas 1:41

[9] Evangelio según san Lucas 1:46-55

[10] Evangelio según san Lucas 1:56

[11] Evangelio según san Lucas 2:1-6

[12] Evangelio según san Lucas 2:8-20

[13] Evangelio según san Mateo 1:18-19

[14] Evangelio según san Mateo 1:20-21

[15] Evangelio según san Mateo 2:1

[16] Evangelio según san Mateo 2:2

[17] Evangelio según san Mateo 2:11-12

[18] Evangelio según san Mateo 2:13-21

[19] Evangelio según san Lucas 2:21

[20] Evangelio según san Lucas 3:23-28 y Evangelio según san Mateo 1:1-17

[21] José también es presentado como “hijo de David” en el Evangelio según Lucas: 1:27 y 2:4 y en el Evangelio según Mateo 1:20. En la Epístola a los Romanos 1:3-4, escrita por el apóstol Pablo, aludiendo al origen davídico de Jesús dice “nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos”.

[22] Evangelio según san Juan 1:14

[23] Evangelio según san Juan 1:12

JESÚS, EL INMIGRANTE (por Pablo R. Bedrossian)

Vivo en Honduras, Centroamérica. El principal ingreso del país son las remesas enviadas por los hondureños desde el exterior[1]. Aunque recientemente una nutrida caravana ha atraído la atención de la prensa mundial, desde que llegué hace muchos años a este bello país he conocido personas que, arriesgándolo todo, emprenden un viaje en dirección al sueño americano. Pagan grandes sumas a coyotes que pertenecen a organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas que les prometen -muchas veces falsamente- transportarlos a la Tierra Prometida.

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Desde luego, la emigración no solo ocurre en Centroamérica: los heroicos venezolanos huyen de la sangrienta dictadura de Maduro como lo han hecho por décadas los cubanos que huían de Fidel Castro. Lo hacen habitantes del norte de África viajando a Europa en naves tan primitivas que parecen cáscaras de nueces en medio del mar. Lo hacen los sirios en su lucha por sobrevivir a una guerra de intereses económicos y geopolíticos que ha convertido a su nación en un campo de batalla y los sudaneses de Darfur para no ser una cifra más en el genocidio.

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Lógicamente, un país no puede aceptar a cualquier inmigrante sin verificar quién es, no sea que ladrones, asesinos o terroristas ingresen libremente a su territorio; sin embargo, se levantan otros muros que impiden al extranjero honesto y trabajador lograr su cometido.

En su inmensa mayoría, las personas no emigran porque quieren; escapan de la guerra, la violencia, las extorsiones, las amenazas y la falta de oportunidades que les impiden desarrollarse en el medio que han nacido, donde se encuentran sus afectos. Por favor, no se malentienda: no estoy victimizando al inmigrante. Muchas personas se quedan y luchan por mejorar sus condiciones, demostrando que es posible progresar en su propia tierra, pero eso no nos puede hacer perder de vista que, a medio camino entre la desesperación y la desesperanza, hay quienes asumen el riesgo de perderlo todo con tal de salvar la vida.

JESÚS Y LA HUIDA A EGIPTO

Pocos recuerdan que Jesús fue un inmigrante. No eligió serlo, sino que lo fue por decisión de sus padres, a fin de preservar su vida.

El nacimiento de Jesús es relatado en dos evangelios: el de Lucas y el de Mateo. Mateo es el único que cuenta la famosa historia de los “Reyes Magos”, que no eran ni reyes ni magos, sino sabios que estudiaban los astros. Leamos el relato:

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“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta… Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

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Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes… Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel”[2].

Hay un notables paralelismos entre este relato de la niñez de Jesús y la historia de algunos migrantes de nuestro tiempo.

El primero es la precariedad. Todas las personas, y en particular los niños, deberían gozar del derecho a vivir en paz y libertad. En algunos países por causa de las dictaduras, en otros por las mafias, narcos, maras y pandillas, y en algunos debido a los fanatismos violentos -todos ellos diferentes formas de terrorismo-, el futuro se presenta peligroso y angustiante.

El segundo es la huida como única opción. Solo una medida desesperada como escapar con lo puesto a veces salva la vida. No tuvieron ese tiempo los judíos durante la Noche de los Cristales Rotos, ni los líderes armenios el fatídico 24 de abril de 1915, ni los hugonotes franceses la aciaga noche de san Bartolomé; tampoco los tutsis y hutus moderados ruandeses aquellos trágicos días a partir del 6 de abril de 1994 donde los hutus radicales salieron en su caza con la bendición oficial.

El tercero son los riesgos asumidos. Muchos migrantes mueren en el camino víctimas de la violencia, las enfermedades y los accidentes. No sabemos cómo fue aquella travesía que José y María emprendieron con el único propósito de salvar a su primogénito, pero estamos seguros que no estuvo exenta de graves sobresaltos. Del mismo modo, para muchos migrantes el riesgo de dejar su tierra es tan alto que hay una sola cosa más riesgosa: no dejarla.

El cuarto, y, sin duda, el más significativo es la esperanza. La fe en un nuevo comienzo es el motor que permite enfrentar los dolores y calamidades que acechan a lo largo del camino. Como José y María, hay padres que hacen lo imposible por proveer a sus hijos un futuro digno. Quiero mencionar a Juan Alberto Matheu, un valiente padre soltero que salió de Honduras rumbo a los Estados Unidos con su hija Lesly, una niña de 7 años con capacidades especiales debido a un severo daño cerebral. Llevó a su hija postrada en silla de ruedas por los medios que pudo hasta la frontera. Cuentan los que lo han visto que con amor limpiaba a su niña con toallas secas, le daba el biberón y le cambiaba los pañales. Por la acción humanitaria de personas que apoyan a los inmigrantes pudo ingresar a los Estados Unidos, una prueba más que los milagros existen y que hay ángeles de carne y hueso. Sin embargo, uno se pregunta cuántos padres desesperados como él habrán quedado en el camino.

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La mayoría de los inmigrantes son personas honradas y luchadoras. Su inmigración no es un delito; es un acto desesperado que requiere comprensión y respeto. No piden otra cosa que una oportunidad de dar lo mejor de sí mismos para encontrar un lugar en el mundo donde sostener a su familia y servir a la sociedad.

En este tiempo de Navidad donde celebramos el nacimiento de Jesús, recordemos que él también tuvo que emigrar. Si no hubiera salido de su tierra, quizás nunca se hubiera encendido esa luz divina que aún veintiún siglos después alumbra a millones de corazones.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Honduras – Informe Económico y Comercial”, Oficina Económica y Comercial de España en Tegucigalpa, actualizado a Junio 2018, p.11

[2] Mateo 2:1-5,7-16


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La foto de la caravana de migrantes fue tomada del sitio https://www.animalpolitico.com/2018/10/caravana-migrantes-tapachula/

La foto de refugiados del norte de África fue tomada del sitio https://www.elestrechodigital.com/2018/05/08/acnur-reclama-una-mayor-coordinacion-ante-el-aumento-de-pateras-en-el-estrecho/

Las pinturas de Jesús camino a Egipto son creaciones de la artista norteamericana de origen filipino Rose Datoc Dall. Para conocer más de las obras de esta brillante artista contemporánea se puede visitar su website, https://www.rosedatocdall.com

La foto de Juan Alberto Matheu y su hija Lesly fue tomada del sitio https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article223263905.html

BRAQUEURS: ATRACADORES EN SU PROPIO LABERINTO (por Pablo R. Bedrossian)

Braqueurs 01“Braqueurs”-en español asaltantes o ladrones de bancos– es un film francés acerca de un grupo criminal dedicado a asaltar furgones, que se ve obligado a trabajar para narcotraficantes. Atrapa por su acción que se mantiene desde el principio hasta el final. En Netflix aparece en inglés como “The Crew”.

Además de los tiroteos y persecuciones -propios del género pero bien logrados-, hay algunos detalles que sobresalen.

La mayoría de sus protagonistas son de origen árabe. No sabemos si es un estereotipo, tal como las nanas latinas de familias norteamericanas, o si existe alguna otra razón. La película sugiere un submundo que se nutre de inmigrantes que prefieren fijar sus propias reglas a vivir bajo las del país que los acoge.

Braqueurs 02.jpgEn cuanto a la percepción del delito, se observa un notable contraste: los ladrones lo ven como una profesión de riesgo donde existen códigos y lealtades, mientras que los narcos lo entienden como una dictadura impuesta a sangre y fuego, que no admite consideraciones ni atenuantes. En “Braqueurs” el hampa es mostrado con dos caras, muy diferentes una de la otra.

De paso, aunque el film no persigue ningún fin moralista, queda latente la pregunta si el crimen reditúa. El dinero fácil puede cotizar demasiado alto; como dice un viejo dicho español, a veces el caldo termina costando más que las albóndigas.

Braqueurs 03No quiero dejar de resaltar la impecable actuación de Sami Bouajila, el actor francés de origen tunecino, que asume el rol protagónico.

Resumiendo, si le gustan las películas de acción realistas, sin la explosividad que las producciones holliwoodescas, “Braqueurs”, traducida al español como “Atracadores” le puede gustar. Cuando la vea, no piense; simplemente observe y sienta.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.