“SAFE”, UNA NUEVA MINISERIE BRITÁNICA AL ESTILO NETFLIX (por Pablo R. Bedrossian)

Safe 02“Safe” es una nueva miniserie presentada por Netflix. El personaje central es interpretado por Michael C. Hall, el protagonista de la serie Dexter. Ambientada en un suburbio indefinido de una ciudad de Inglaterra, transcurre mayormente dentro de un barrio cerrado de gente adinerada, donde todos suponen que se conocen.

La trama comienza con la desaparición de una pareja de adolescentes tras una descontrolada fiesta en una de las glamorosas casas de dos plantas, jardín y piscina, organizada por una joven durante un viaje de sus padres. A partir de allí se suceden la búsqueda, los descubrimientos y las revelaciones, que muestran -como suele ocurrir- que nada es lo que parece.

Podría decirse que hay dos historias: la de los padres -la principal- y la de los hijos, menos desarrollada aunque paralela. De todos modos, el guionista se las arregla para hacernos notar que no existe una sin la otra, y que es la dinámica familiar la que determina cada comportamiento. Además, aunque es obvio para una serie de intriga, resalta el necesario contraste entre la imagen pública y el verdadero interés que subyace debajo de las apariencias. No es exagerado decir que es un show de agendas ocultas.

Safe 01En mi opinión, “Safe” mantiene la tensión y atrapa al espectador todo el tiempo, pero abusando de los golpes de efecto. Con tanta novela de suspenso, sorprender al espectador resulta cada vez más difícil, pero la exageración puede quitarle credibilidad al relato.

Lo mejor reside en el último capítulo, donde -entre otros méritos- la historia se muestra desde el otro lado, contando lo que no se vio en los otros siete capítulos. La sucesión de acontecimientos conducen a un inesperado desenlace, por el cual la serie es digna de verse hasta el final.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

Neflix.jpgBill Gates, en su libro “Camino al Futuro”, publicado en los ’90, señaló que el error de IBM, empresa que perdió el liderago en computadoras personales, consistió en diseñar software que solo fuera compatibles con sus propios sistemas operativos. Netflix está padeciendo algo parecido. Ha dejado de ser una compañía de películas y series a demanda para convertirse en una productora que da prioridad a sus propios contenidos.

El cliente cada vez tiene menos opciones para elegir. Cerca del 50% de las sugerencias de Netflix a sus clientes son producciones propias. Uno entiende que en economías de escala es mejor negocio invertir en la creación de films y series que pagar regalías a competidores, pero llega un punto donde el espectador ya no encuentra lo que desea y lo busca en otro lado y en otra compañía.

Netflix ha transformado la forma de ver películas: la persona ya no necesita ir al cine, sino que el cine la visita. Ella misma puede elegir cuando y dónde quiere ver una serie y en qué dispositivo (celular, laptop, tablet, TV), a un precio accesible: eso lo ha convertido en un gigante.

Sin embargo, su estrategia, sin duda beneficiosa para sí mismo en el corto plazo, lo ha hecho levantar muros y el cliente hoy no necesita un hueco para escaparse, pues las puertas están siempre abiertas. Espero que no termine comulgando con Henry Ford cuando decía “el cliente puede elegir el color del auto siempre y cuando sea negro”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

LAS MENINAS SALEN A LA CALLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

Madrid se ha vestido de fiesta gracias a una extraordinaria iniciativa: poner Las Meninas en la calle. No se trata de colocar afiches o carteles con imágenes de la famosa obra de Velázquez, sino de ubicar en las principales calles de la ciudad 80 esculturas diseñadas por el artista venezolano Antonio Azzato que reinterpretan a la Infanta Isabel y a sus acompañantes.

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Estas renovadas meninas de fibra de vidrio miden de 180 centímetros de alto, 160 de fondo y pesan unos 30 kilos. Se reconocen inmediatamente por las anchas faldas, los ajustados sayos y los peinados acampanados. Han sido intervenidas por diversos creadores (músicos, pintores, toreros, actores, diseñadores), que las han transformado en una explosión de vida y color, respondiendo a la premisa “¿qué significa Madrid para ti?”. Las personas pueden interactuar con ellas, tomarse fotografías, selfies y videos.

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Gracias a la famosa pintura, las meninas se han convertido en íconos nacionales que han trascendido su propia época. Se exponen del 13 de abril a la primera semana de julio de 2018. El proyecto cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid y Acotex[1] en el marco del programa Madrid Capital de Moda.

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Algunas de las intervenciones son muy divertidas. Las meninas callejeras pueden parecerse a un personaje de Star Wars, a Mafalda o mostrar su esqueleto.

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ENTREVISTA A ANTONIO AZZATO, DISEÑADOR DE LAS MENINAS

Gracias a Consuelo Durán Irazuzta, Directora de Durán Arte y Subastas, a Rocío Núñez, responsable del gabinete de prensa de Meninas Madrid Gallery, y a las nuevas tecnologías, pudimos entrevistar al diseñador de estas Meninas urbanas, Antonio Azzato.

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¿Qué es lo que más le ha atraído de Las Meninas, la maravillosa obra Velázquez? ¿Qué ha encontrado en ella que le ha cautivado o sorprendido?

Es una obra con un contenido de información impresionante. Pararse en frente de la obra y ver como Velázquez clava su mirada en la tuya hace que te sientas como en una cuarta dimensión; es imposible no sentirse cautivado y sorprendido por esta obra. Es una obra maestra que habla de la reivindicación, no solo de la profesión de pintor sino de un concepto fundamental en mi vida que es la familia. En aquel momento la definición de familia era “todo aquel que vive en la casa del señor” y Velázquez en ese cuadro incluye a todos los personajes que pertenecían al entorno de la familia real.

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 ¿Por qué razón decidió reinterpretarla? ¿Cuáles su intención al hacerla en su propio estilo?

Velázquez fue un especialista en pintar sobre todo aquello que no vemos, como el alma, el aire, y justamente en el aire nos dejó una incógnita: nunca sabremos lo que hay detrás de ese lienzo que pintaba. Es por eso, que después de analizar las múltiples interpretaciones del cuadro, he llegado a la conclusión de que se trata de un sistema de ecuaciones matemáticas con una variable por despejar, a la que he llamado, el mensaje infinito de Velázquez. Creo que Velázquez necesita seguir transmitiendo algo a través de su obra, por eso creo que el arte contemporáneo y la cultura de las ciudades donde realizaremos las exhibiciones deben ser las encargadas de transmitir ese mensaje.

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Las Meninas es una obra dominada por las mujeres. La infanta Margarita y sus pequeñas asistentes utilizan como vestimenta el sayo y la falda sobre guardainfante, mientras que lucen tocados acampanados en sus cabellos ¿por qué decidió tomar esos elementos como patrones para sus esculturas?

Hay algo en la sección áurea de las meninas, en sus proporciones que las hacen protagonistas. No es casual que 200 años después que se pinta el cuadro, cuyo título inicial era “la familia del Rey Felipe IV”, cuando llega al Museo del Prado y se inventaría, se le cambie el nombre y pase a llamarse “Las Meninas”, que eran las sirvientas. Es por eso que decidí crear un lienzo en blanco con la silueta de la menina para que artistas contemporáneos encarnasen a Velázquez y respondieran a la pregunta ¿qué es Madrid para ti? Esto, al finalizar la muestra, nos ayudará a desvelar el mensaje que Velázquez tiene para Madrid.

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 Dos de los rasgos más llamativos de sus Meninas son los estampados y los colores, mucho más vivos que los utilizados por Velázquez.  ¿Por qué los prefirió?

Las meninas son espectaculares y especiales de la manera que sea, las puedes dejar en blanco y lucen igual de bellas. Los colores y estampados son productos de la contemporaneidad y del mensaje que se quiere transmitir con cada una de ellas. Más allá de colores, modas y técnicas de intervención, creo que lo realmente importante es el mensaje que cada una de ellas quiere transmitir, el resultado ha sido maravilloso.

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Generalmente las personas van a los museos a admirar obras de arte. ¿Cuál fue la razón de proceder en sentido inverso, llevando las obras de arte hasta donde se encuentran las personas?

Duchamp y su corriente vanguardista decían que si sacas un objeto de su entorno habitual puede llegar a convertirse en una obra de arte, y logró llevar un urinario a un museo. Yo he ido más allá: creo que si sacas una obra de arte de un museo, puedes convertirse en una obra de arte nueva capaz de transmitir un mensaje diferente. Pienso que en la actualidad los niños y jóvenes han perdido mucho interés por el arte, es por eso que llevar el arte a las calles es muy importante para hacerlo más cercano y al alcance de todos. Mi objetivo con esta exhibición es que todo aquel que no haya ido a ver al Museo del Prado el cuadro de “Las Meninas” vaya, y aquel que ya lo haya visto, regrese y saque sus propias conclusiones del porqué.  Las meninas han decidido salir a pasear por las calles de la ciudad.

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 ¿Qué retroalimentación ha recibido del público? ¿Qué le comentan cuándo toman conocimiento que es el creador?

Me siento conmovido por la reacción de la gente, se forman colas para hacerse fotos con las meninas. Cuando me reconocen me piden fotos y me felicitan, esa es mi mayor satisfacción. Creo que Velázquez, a quien considero el creador del selfie, debe sentirse orgulloso desde donde esté al ver a millones de personas hacerse selfies con su obra y darle la vuelta al mundo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Acotex es la Asociación Nacional del Comercio Textil, Complementos y Piel, la entidad más representativa  del sector Moda y Retail de España.


AGRADECIMIENTOS

A Consuelo Durán Irazuzta, Directora de Duran Arte y Subastas por haber respondido rápidamente mi consulta y haberme contactado con Meninas Madrid Gallery.

A Rocío Núñez, responsable del gabinete de prensa de Meninas Madrid Gallery, por haberme enviado toda la información y fotografías y gestionar la entrevista.

A Antonio Azzato por su creatividad y por su generosidad, pues accedió a responder todas mis preguntas sin conocerme personalmente.

Al Dr. Guillermo Mahchi, distinguido artista plástico hondureño y querido amigo, quien me contó de este proyecto y me impulsó a conocerlo más.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron cedidas por Meninas Madrid Gallery, y forman parte del dossier de prensa, que gentilmente me ha enviado.

CUANDO LA ORTOGRAFÍA CARECE DE IMPORTANCIA (por Pablo R. Bedrossian)

Una de las experiencias más terribles de la vida debe ser perder un hijo. Es algo antinatural. Lo esperable es que los padres precedamos a nuestros hijos en ese último viaje.

Especialmente en los años que ejercí la medicina, pero luego también, he sido testigo involuntario de ese inexpresable dolor. Recuerdo, por ejemplo, haber acompañado a un vendedor a la entrega del cuerpo de su hijo de 18 años, al que habían asesinado esa mañana para robarle un celular. Aún resuena en mi memoria el llanto de su madre. No solo al chico sino a la familia entera le habían arrebatado la vida.

Pero he visto también amigos que han podido superar esa situación límite y, tomados de la mano de Dios, seguir adelante. Mi querido Jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Zubizarreta de Buenos Aires, el Dr. Yankel Plotquin, para ilustrar la extraordinaria capacidad del ser humano para hacer frente a todo con frecuencia me decía:

–  Pablito, fíjate: hubo padres que enterraron hijos.

Hace unos días visité el cementerio de Santa Elena, una pequeña comunidad en la falda del cerro Azul Meámbar, frente al Lago de Yojoa, Honduras, por razones ajenas a pérdidas o fallecimientos. Sin embargo, una precaria inscripción sobre una tumba atrajo mi atención. Hablaba de un joven, Alex Joel, fallecido a los 34 años. Escrita a mano y con gruesas faltas de ortografía, me conmovió semejante declaración de dolor, aceptación y amor. En ese momento pensé en mis amigos que han perdido hijos, y sentí que, a pesar de su insondable tristeza, muchos -que son ejemplo e inspiración para mí-, se habían unido a esta madre en fe, afirmando “nada me faltará”.

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UN COMENTARIO A “EL LEGADO DE LA REFORMA”, DE CÉSAR VIDAL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

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Vivimos tiempos contradictorios, donde muchos supuestos beneficiarios de la Reforma están erigiendo una nueva Contrarreforma. Basta ver el regreso a las jerarquías eclesiásticas, que Lutero tanto combatió al predicar el sacerdocio universal de todos los creyentes, y la consiguiente predilección por títulos pomposos como los apostolados (cargo o función que ni siquiera los primeros seguidores de los apóstoles osaron tomar para sí), a lo que se añade la pretensión de autoridad y poder sobre otros hermanos. Incluso se utiliza la expresión “estar bajo cobertura” como si fuera bíblica, cuando no existe en el Nuevo Testamento. No se sorprenda: hay quienes predican la sujeción a un líder como signo de humildad y obediencia a Dios, cuando no es otra cosa que un intento de justificar el control y la manipulación.

Esta Contrarreforma, a la cual, desde luego, muchos cristianos e iglesias se oponen, también pregona una falsa promesa de prosperidad a cambio de diezmos y ofrendas, e incluso promueve “pactos” económicos vergonzosos. Dentro de este lamentable escenario se ha añadido una suerte de mediación entre Dios y los hombres, donde se “pasa” la “unción” y hasta con “doble porción”, sustituyendo la relación directa entre el hombre con Dios por alguien “ungido” para impartir esos “dones”.

Finalmente, y quizás la prueba más dramática de esta Contrarreforma en marcha, es la sustitución de la Biblia no ya por dogmas -aunque también los hay- sino por experiencias, que llevan a mover a las personas por emociones y no por la Palabra revelada en las Sagradas Escrituras.

Por eso, en tiempos donde los tataranietos de la Reforma se cruzan a la vereda de enfrente, a veces por ignorancia pero otras veces movidos por el poder y el dinero -males contra los cuales Lutero luchó-, “El Legado de la Reforma” del periodista e historiador César Vidal, es mucho más que una bocanada de aire fresco: Es la recuperación de una perspectiva que, al menos en los países latinos, parece olvidada o perdida.

EL LIBRO

Publicado por los 500 años de aquel día donde Lutero clavó sus 95 Tesis en Iglesia del Palacio de Wittenberg, “El Legado de la Reforma” es un estudio del mensaje que puso bajo tela de juicio la religiosidad dominante de su tiempo. Comienza con el análisis de sus causas, presenta los hechos y se concentra en sus consecuencias.

La obra consta de cuatro partes y un apéndice. La primera, titulada “La necesidad de la Reforma”, es un breve recorrido por la historia de la Iglesia Católica Romana donde pone al desnudo sus crisis, divisiones y urgencias hasta la época de Lutero.

La segunda parte, “Los orígenes de la Reforma” es una mirada al viaje espiritual del monje alemán devenido a teólogo. César Vidal reconstruye su biografía llegando hasta inmediatamente después de la famosa Dieta de Worms. En sección no solo incluye la famosa disputa sobre las indulgencias, sino que dedica varias páginas al descubrimiento bíblico que Lutero hizo de la justificación por la fe, de donde se derivan muchos de sus postulados. Allí, en algunos momentos, no se sabe si habla el apóstol Pablo, el reformador alemán o el escritor.

Al final de esta segunda parte, hay una somera descripción de otros movimientos reformadores surgidos en la misma época.

La tercera parte, “El legado espiritual de la Reforma” enfatiza la centralidad de la Biblia en el pensamiento de Lutero. Se ocupa de los principios sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo sobre los cuales el teólogo alemán fundamentó su reclamo de devolver la Biblia, el evangelio y a Cristo al pueblo, con un fuerte acento en la libertad que goza el cristiano cuya medida no es la religiosidad sino las verdades presentadas en el Nuevo Testamento.

La cuarta parte es “El legado cultural de la Reforma”. Esta extraordinaria sección es una exposición de las contribuciones que la Reforma hizo en campos como el trabajo, las finanzas, la educación, la ciencia, la Ley, la ética, la división de poderes, la libertad de conciencia, la ayuda social, la dignidad de la mujer y el arte. Dentro de esta sección, resulta aleccionador ver que las posiciones antijudías que Lutero mantuvo en la última parte de su vida fueron rechazadas y condenadas por sus seguidores, confirmando que en la nueva concepción de iglesia, ni teólogo alemán ni ningún otro sería un Papa evangélico ni tendría poder supremo. Se terminaba el autoritarismo para abrirse a una libertad que facilitara el diálogo y el debate para encontrar la verdad.

Finalmente, la obra incluye un apéndice con varios textos breves de Lutero y otros documentos de valor histórico.

EPÍLOGO

El “Legado de la Reforma” no es solamente un libro sobre el pasado, sino sobre el presente. En un tiempo donde la fe cristiana no católica se ve amenazada por una Contrarreforma interna que, como la establecida en el Concilio de Trento, se aleja de las Escrituras y construye un sistema de poder vertical al cual el creyente debe someterse, esta obra nos recuerda que el cambio comienza por principios no negociables: sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

“LAS MENINAS” EXPLICADA PARA TODOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

No pretendemos analizar en detalle una de las obras cumbres de la historia del arte, sino hacer una sencilla semblanza de esta pintura y de las razones que le han otorgado ese lugar de privilegio.

Las Meninas es una obra de grandes dimensiones; pintada al óleo sobre tres bandas de tela cosidas, sus figuras centrales están retratadas en tamaño real.

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Su autor fue Diego de Velázquez (1599-1660), el artista preferido de la corte española de su época. Compuso esta pintura en 1656, durante lo que se conoce como el Siglo de Oro de las artes en España.

El cuadro, que se expone en el Museo del Prado de Madrid, ha tenido diversos nombres oficiales, tales como “Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana”, “Familia del Señor rey Phelipe Quarto” o simplemente “La familia”[1] pero se conoce popularmente como “Las Meninas”.

LOS PERSONAJES

En la obra hay doce figuras, todas correspondientes a personajes históricos. Seis de ellas están en primer plano. Veamos de quiénes se trata[2]:

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Al centro abajo, la luz recae sobre una niña vestida con un sayo y una falda sobre guardainfante, armazón de aros de metal o mimbre ajustado a la cintura, que se usaba debajo de la falda acampanada; es la Infanta Margarita, de unos cinco años de edad.

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A su lado están las meninas, de donde proviene el nombre la obra, que eran sus jóvenes asistentes: a nuestra izquierda, María Agustina Sarmiento de Sotomayor, y a nuestra derecha, Isabel de Velasco, ambas pertenecientes a la nobleza. Con su postura contribuyen a resaltar la imagen de la Infanta.

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A continuación, a la derecha, aparece Mari Bárbola, integrante del séquito de la infanta. Sus rasgos muestran un ostensible enanismo acondroplásico[3]. Ella parece mirar al observador. En el extremo derecho se encuentra Nicolasito Pertusato. Contra lo que pueda suponerse, no es un niño; cuando fue pintado el cuadro tenía 21 años. Era un bufón en la corte, nacido en Italia. Su corta estatura se debe a un enanismo hipofisario[4]. Su pie izquierdo se apoya suavemente sobre un mastín, mascota de la corte, que descansa indiferente al movimiento alrededor suyo.

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Pasemos a los personajes que se encuentran detrás. A la derecha, entre la menina Isabel de Velasco y Mari Bárbola, hay una pareja. La mujer es Marcela de Ulloa, responsable de las doncellas que acompañaban a Margarita. Su vestimenta no se debe a que fuera monja sino a su viudez. Se desconoce la identidad del hombre a su lado, pero es descrito como un guardadamas, una suerte de escolta de las niñas de la corte[5].

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Detrás, bajo un fondo intensamente iluminado, sobre una escalinata que aparece detrás de una puerta se ubica José Nieto Velázquez, responsable de los cuartos de la reina.

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Del lado izquierdo, el propio artista se incluye en la obra; se representa a sí mismo ejerciendo su arte.

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¿A quiénes pinta? Se presume que a las figuras que vemos reflejadas en un espejo: Los padres de la Infanta Margarita: el rey Felipe IV y su esposa Mariana de Austria.

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El monarca había estado casado previamente con Isabel de Borbón[6], con quien tuvo ocho hijos. Tras enviudar se casó su sobrina Mariana, con quien engendró cinco hijos, de los cuales la Infanta Margarita, la niña rubia del cuadro, fue la mayor.

¿DE QUÉ TRATA LA OBRA?

A simple vista, el cuadro parece captar un momento. Es la interpretación realista de Las Meninas. Algunos estudiosos han propuesto que Velázquez estaba retratando a la niña, pero tanto la imagen en el espejo como los documentos posteriores sugieren que Velázquez pintaba a los reyes de España que, mientras posaban, se encontraban rodeados de su hija y su séquito.

En el siglo XX surgió otra teoría: la simbólica, según la cual el artista, movido por otros propósitos, comunicó mensajes esotéricos que no eran detectables por el gran público. Esta teoría no nos interesa y fue abandonada.

La tercera, la interpretación filosófica, propuesta por intelectuales de la talla del psicoanalista Jacques Lacan y el pensador francés Michel Foucault, es la que ha impulsado un rico debate acerca de esta pintura.

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En el primer capítulo de su libro “Las Palabras y las Cosas”, dedicado a Las Meninas, Foucault analiza, entre otros elementos, al pintor que nos mira y que -si la imagen tuviera movimiento- desaparecería de nuestra vista si se corriera a nuestra izquierda para trabajar sobre la inmensa tela, de la cual solo vemos la parte posterior sobre el bastidor. El filósofo agrega: “En apariencia, este lugar es simple: vemos un cuadro desde el cual, a su vez, nos contempla un pintor… sin embargo, esta sutil línea de visibilidad implica a su vez toda una compleja red de incertidumbres, de cambios y de esquivos… el contemplador y el contemplado se intercambian sin cesar[7]. Para Foucault los espectadores constituimos un personaje más de la obra de Velázquez y es el propio pintor español quien intencionalmente nos incluye.

El libro prosigue con una serie de inferencias y especulaciones muy interesantes de las que no sabemos cuáles estaban en la mente de Velázquez al crear Las Meninas y cuáles son producto de la reflexión e imaginación de Foucault.

EL CUADRO IMPOSIBLE

Se ha dicho que “Las Meninas” es el cuadro imposible. Esta afirmación se sostiene, entre otras cosas, por el extraordinario manejo que Velázquez hizo de la luz. Para ello se sirvió de varios artificios.

El tercio inferior de la tela, donde se encuentran los personajes, es luminoso, mientras que en los dos tercios superiores domina una suave penumbra. Nos encontramos ante la sensación de un gran espacio, que gana aún más profundidad gracias a las técnicas de perspectiva utilizadas, donde el punto de fuga se encuentra en la figura de José Nieto Velázquez sobre un fondo brillante. Se crea así un ambiente misterioso, donde la oscuridad palaciega contrasta con la luminosa presencia de los protagonistas.

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En la obra hay al menos tres fuentes de luz: la recién mencionada que desde atrás ilumina al responsable de los dormitorios de la reina, la que proviene de la ventana a nuestra derecha que intuimos adelante, y una segunda fuente de luz del mismo lado, más atrás, que ilumina el listón de madera entre Marcela de Ulloa y el guardadamas.

UN DETALLE CURIOSO

La cruz en el pecho del pintor fue añadida posteriormente. Es la insignia de la Orden de Santiago, de la cual fue nombrado Caballero tres años después, poco antes de morir. Se dice que fue agregada por el propio monarca.

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ALGUNAS RAZONES PARA ADMIRAR LAS MENINAS

A primera vista, esta escena de la corte puede parecer trivial, pero incluye varios elementos que la revelan como una obra sorprendente. Nosotros hemos elegido mencionar algunos:

Sobre la técnica, comenzamos afirmando que esta imagen anticipa el futuro al captar un momento al estilo fotográfico. Si el autorretrato fue el pionero de la selfie personal, Las Meninas es la precursora de la selfie grupal. Nótese que, aunque parece una instantánea fotográfica (la captura de un momento en el momento), la imagen comunica movimiento. Como indicaba Foucault, basta que el pintor se mueva a su derecha, delante de la tela, para desaparecer de nuestra vista. Además, sorprende el innovador uso de la luz, que no tiene parangón en la Historia del Arte previa a esta pintura.

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Sobre el tema y su significado, si bien es cierto que la obra presenta una escena de la vida de la corte española, es, a la vez, una pintura acerca de una pintura. Pero avancemos un paso más: A través de su maestría, el pintor ha logrado incluir a los espectadores dentro de su obra. Al representarse el creador como criatura se plantean nuevas perspectivas sobre los roles: ¿es solo el público quien contempla a los personajes o son también los personajes quienes contemplan al público? Más aún, ¿qué vemos y qué no vemos? Quizás Velázquez imaginó que sus personajes más importantes no eran la Infanta o sus acompañantes o, ni siquiera él mismo, sino los espectadores que somos partícipes de ese sorprendente juego de espejos que es Las Meninas.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Calvo Serraller, Francisco, “Las Meninas o la familia de Felipe IV”, Enciclopedia del Museo del Prado, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2006, p.1553

[2] La única fuente de información disponible es un texto del pintor Antonio Palomino, escrito casi 70 años después de concluida Las Meninas.

[3] El enanismo acondroplásico que se produce por una falla genética a nivel óseo que impide el crecimiento de los cartílagos, produciendo cierta deformidad en los rasgos.

[4] El enanismo hipofisario está causado por un déficit de hormona de crecimiento. Quien lo padece es de baja estatura, pero de rasgos armónicos.

[5] El diccionario de la Real Academia Española define como guardadamas a un “empleo de la casa real, cuyo principal ministerio era ir a caballo al estribo del coche de las damas para que nadie llegase a hablarles”.

[6] Hija de Enrique IV de Francia.

[7] Foucault, Michel, “Las Palabras y las Cosas”, Siglo Veintiuno Editores Argentina, Buenos Aires, Argentina 1968, p.14 (la edición original en francés es de 1966)


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