LOS PASAJES CORONDA Y BURGOS Y EL MERCADO DEL PROGRESO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

“Caballito está en el centro de Buenos Aires, y Coronda debe estar en el centro de Caballito.” (Laura Restrepo, escritora colombiana, en su novela “Demasiados héroes”)

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 EL RECUERDO

Pocas calles en Buenos Aires tienen forma de L. Una de ellas, el pasaje Coronda, es una perla oculta del barrio de Caballito. De niño me llamaba la atención su curioso trazado: nacía en la avenida Juan Bautista Alberdi; tras una cuadra hacía un codo evitando chocar con un robusto edificio, para luego morir a pocos metros en la calle Centenera.

Pasaron los años y descubrí que la calleja que se abría en Centenera ya no se llamaba Coronda sino Burgos, y que lo que veía al final del primer tramo era la parte posterior un mercado. Sin embargo, el pasaje conservaba su atmósfera íntima, alejado del tránsito y el bullicio. Me propongo contar aquí algo de su historia.

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LOS ORÍGENES: EL PASAJE CORONDA Y EL MERCADO DEL PROGRESO

Un hecho marca un antes y un después en la vida del pasaje Coronda: La construcción del Mercado del Progreso en 1889. Hasta ese momento no tenía denominación oficial. Se extendía entre Rivadavia y Juan Bautista Alberdi, corriendo paralelo a Centenera, que en aquel momento se llamaba calle Silva[1]. Según un artículo de la revista barrial Horizonte, cuando se lotearon los terrenos donde se construiría aquel centro comercial, la actual Coronda era una calle de tierra conocida como Pasaje del Mercado. En la “Guía de Cartografía Histórica de la Ciudad de Buenos Aires (1854-1900)” no encontramos ninguna referencia a una Calle o Pasaje del Mercado en la zona, por lo que también es posible que haya adquirido ese nombre desde la fundación del Mercado del Progreso hasta ser designado Coronda seis años después.

La familia Ocantos, emparentada lejanamente con Narciso Laprida, el famoso presidente del Congreso de Tucumán de 1816, adquirió en 1880 una residencia vecina denominada La Quinta del Caballito. Fue su propietaria cerca de una década, utilizándola como casa de verano. El terreno ocupaba la manzana que hoy limitan la avenida Rivadavia, la calle Del Barco Centenera (que, como dijimos, en aquel entonces se llamaba Silva), la avenida Juan Bautista Alberdi y la calle Cachimayo, que hasta 1895 se conoció como calle Ocantos[2].

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Construido por la Sociedad de Progreso de Caballito frente a aquella quinta de los Ocantos, y al lado de un edificio en ruinas, el Mercado del Progreso se inauguró el 9 de noviembre de 1889 literalmente con bombos y platillos, pues, participaron en el acto dos bandas de música. Hubo una bendición religiosa por el párroco de Flores, el padre Feliciano De Vita, impulsor de la construcción de la actual basílica de San José de Flores[3],[4]. Para coronar la celebración, se realizó una reunión social en el Hotel Roma[5].

El mercado marcó un hito en la vida del barrio. Generó empleos mayoritariamente para inmigrantes, teniendo como principales clientes a los vecinos de los barrios de Caballito, Flores y Almagro.

EL MERCADO

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El Mercado del Progreso disponía de dos niveles: la planta baja estaba ocupada por locales comerciales y la planta alta por viviendas. Para su construcción se utilizaron hierro, ladrillos y mármol. El diseño priorizó la ventilación y la limpieza, signos de modernidad de la época. Los sectores al aire libre se cubrían con toldos para preservar la mercadería. Transcribimos lo que el sitio web del Mercado cuenta de sus orígenes:

“El pabellón central estaba exclusivamente reservado a la venta de carne. Completamente libre, sin paredes que impidieran circular libremente el aire, y cerrados los puestos durante la noche por planchas de hierro, tenía una excelente ventilación directa. En una de las galerías laterales donde había anchas tablas de mármol con fuentes de aguas constantes, se vendía exclusivamente pescado que podía ser lavado y aún conservado en agua con gran comodidad. El resto de las galerías estaban dispuestas para la venta de hortalizas y frutas. En total eran 53 puestos. El mercado estaba bien provisto de agua por medio de dos fuentes colocadas en el centro. Todos los departamentos estaban provistos de agua, de manera que la limpieza podía se inmediata y completa”[6].

EL NOMBRE CORONDA

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Al mercado se podía acceder por la avenida Rivadavia, la calle Silva (como dijimos, hoy Del Barco Centenera) y el pasaje Coronda, que adquirió su nombre definitivo en 1905, por la Ordenanza del 19 de mayo de ese año[7]. ¿Por qué Coronda? Según un artículo de la revista Horizonte, “recuerda una localidad santafecina del Departamento de San Jerónimo, originada en tierras que fueron de Juan de Garay”[8].

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Miguel Iusem va más allá y dice que “el nombre de Coronda proviene de la laguna, ciudad y puerto de Santa Fe homónimos, que tomaron para sí la palabra que los indígenas utilizaban para llamar la región. También es el nombre que recibió el triunfo de Estanislao López sobre Hortiguera en 1819 y sobre Ramírez en 1821, en el tiempo de los caudillos argentinos”[9].

INSEPARABLES

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La historia del Mercado del Progreso y el pasaje Coronda se entrelazan a lo largo del tiempo: “En 1920 la construcción sufre ampliaciones sobre el pasaje Coronda y lo incorpora como calle interna de servicio, allí se instalarían las cámaras frigoríficas”[10]. Allí Coronda pierde su acceso a Rivadavia.

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 A fin de mejorar la experiencia de compra, entre 1929 y 1930 se reforma la fachada, incorporando elementos Art Déco, que había causado furor en la Exposición Internacional de París de 1925. Resaltan formas geométricas de estricta simetría, el nombre del mercado en grandes letras y un reloj[11].

Todo sugiere que, a partir del Mercado del Progreso, el pasaje Coronda se convirtió en la clave para resolver el problema de la carga y descarga de mercadería: el transporte ingresaba desde Alberdi y, una vez descargada su mercadería, salía por Centenera. Esta rudimentaria logística, que perdura hasta nuestros días, no ha impedido que las casas sobre Coronda sur ni sobre Coronda este (hoy Burgos) conformen una suerte de isla donde la vida parece transcurrir más lenta y tranquila.

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El tiempo pasó, Caballito se desarrolló como un importantísimo centro comercial de Buenos Aires, pero el pasaje Coronda y el Mercado del Progreso, como un matrimonio que permanece unido a pesar de los avatares de la vida, no perdieron su esencia. Quizás el acontecimiento más relevante fue la venta del Mercado en 1957 a raíz de una crisis financiera, pasando a manos de una sociedad anónima conformada por los arrendatarios, que supieron conservar la fisonomía del edificio[12].

EL PASAJE BURGOS

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Actualmente el pasaje Coronda nace en la parte trasera del Mercado y termina en la avenida Juan Bautista Alberdi al 900. La dirección del tránsito vehicular es de sur a norte. Hasta 1990 tenía el mencionado brazo lateral -mucho más corto-, que llegaba hasta la calle Del Barco Centenera. En ese año, aquel ramal pasó a llamarse Burgos por la Ordenanza N° 43.942/1989, B.M. N° 18.683, no apareciendo un nombre anterior[13]. La denominación proviene de la ciudad española situada en el norte de la península ibérica[14]. El pasaje Burgos nace en Centenera; es una vía angosta, de no más de 30 metros, que termina en el pasaje Coronda, con el que forma dos esquinas, poco antes que éste desemboque en el Mercado. Los vehículos circulan en dirección oeste – este.

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EL ÚLTIMO ACTO

Por la Norma 111/01 “declárase Sitio de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Mercado del Progreso sito en la Avenida Rivadavia 5408 / 30 del Barrio de Caballito, con frente por la calle Del Barco Centenera y Pasaje Coronda”[15]. Con esta frase en un documento y la mención “Patrimonio del Barrio de Caballito” grabada en una placa, el Mercado del Progreso ingresó en 2001 en el selecto grupo de lugares que contienen valor patrimonial para la ciudad.

A partir de 2005 se comenzó a discutir la posibilidad de remodelar los pasajes Coronda y Burgos, que forman dos esquinas.

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Sin embargo, recién en 2008 se iniciaron las obras, que fueron inauguradas en febrero de 2009[16]. “El objetivo fue recuperar la esencia del comercio minorista en la zona de Primera Junta, en el barrio de Caballito reivindicando las veredas como lugares de tránsito peatonal y de encuentro entre vecinos. Se unificó la calzada con la vereda en los pasajes Burgos y Coronda, se reforzó la iluminación peatonal con farolas ornamentales y se renovó el arbolado y el equipamiento urbano”[17]. Se les dio una imagen renovada; para ello hubo dos elementos clave: la nivelación de aceras y calzada y la colocación de bolardos (un tipo de pequeños pilotes) para evitar el mal estacionamiento.

En cuanto al Mercado del Progreso, en la actualidad tiene 17 negocios ubicados hacia el exterior y 174 puestos interiores distribuidos en una superficie de 3600 m2[18]. A la izquierda del área de carga y descarga, hay un ingreso peatonal con rampa por el pasaje Coronda y un estacionamiento cubierto sobre Burgos.

EL MERCADO DEL PROGRESO Y EL PASAJE CORONDA EN LA LITERATURA

Varios artículos sobre el Mercado del Progreso repiten que Roberto Arlt ambientó allí su novela “El juguete rabioso”[19]. En realidad, no está ambientada allí, y tampoco nombra al Mercado del Progreso como tal, sino que, en una única mención, lo llama mercado de Caballito:

“Entré al mercado de Caballito, ese mercado que siempre me recordaba los mercados de las novelas de Carolina Invernizio”[20].

En su obra, Arlt habla otros mercados, como el Mercado del Plata, o de la feria de Flores; de Caballito menciona la vecina calle Rojas (cuya continuación es Centenera). El relato muestra al protagonista recorriendo diversos barrios de la ciudad para hacer sus ventas.

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Mucho más llamativa e interesante es la treintena de menciones a Coronda (en realidad, a una casa en el pasaje Coronda a la que identifica por el nombre del pasaje) que hace la escritora colombiana Laura Restrepo. Ubica su novela “Demasiados héroes” en Buenos Aires, a donde llegan los personajes Lorenza y Mateo, madre e hijo, en busca Ramón. Para ella el viaje es una reflexión sobre su antigua y peligrosa militancia en tiempos de la dictadura, mientras que para él es simplemente un camino hacia su padre. La autora, por ejemplo, escribe:

“Para Aurelia, Coronda fue la puerta a Buenos Aires”

“-¿Vivías en Coronda cuando yo aparecí”?

El tío Miche siguió viviendo en el Pasaje Coronda”.  

Incluso nombra la esquina vecina:

“Un sábado al mediodía regresaba de la florería cuando vio, en la esquina de Centenera y Alberdi…”

Sin embargo, el texto más interesante une el pasaje Coronda con el Mercado del Progreso describiéndolo:

“Hay un callejón que da a la parte de atrás del mercado popular del Progreso, en Primera Junta, barrio de Caballito. Se llama Pasaje Coronda, es el lugar de descargue de los camiones que surten al mercado de alimentos, y bien puede ser el menos memorable de los rincones de Buenos Aires. El número 121 de ese callejón es una especie de conventillo que aloja a varias familias; una construcción larga y precaria de un solo piso, en forma de tren, con fachada estrecha y nueve cuartos independientes entre sí y alineados hacia el fondo, que dan a un pasadizo común”[21].

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Las precisas referencias muestran el carácter autobiográfico del texto: la escritora vivió en Argentina entre 1978 y 1982; parte de ese periodo lo vivió en el pasaje Coronda. “Yo estaba en un partido trotskista y vine porque pidieron militantes para ayudar en la clandestinidad. Sabía perfectamente a qué venía”[22].

Independientemente de las ideologías, la ganadora del Premio Alfaguara 2004 ha puesto al pasaje Coronda dentro de la literatura latinoamericana.  Aunque dice “bien puede ser el menos memorable de los rincones de Buenos Aires”, su obra lo recupera del olvido y le da un merecido lugar. Acaso, es también lo que intentamos nosotros al contar su historia.

CONOZCA EL PASAJE CORONDA

Lo invitamos a recorrer el pasaje Coronda, la entrada posterior del Mercado del Progreso y el pasaje Burgos a través de este video:

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Los ‘Pasajes Ciegos’ de Caballito”, Revista Horizonte Año 16, Número 178, noviembre 2010, sin firma, p.11

[2] Montes-Bradley, Eduardo, “La Resurrección de Carlos María Ocantos”, Revista Hispamérica, Número 114. 2009

[3] Avellaneda, Luis, “La Basílica y su Historia – San José de Flores: Reseña histórica”, 2000, http://sanjosedeflores.blogspot.com/2011/04/san-jose-de-flores-resena-historica.html#more.

[4] Avellaneda, Luis, “Fechas para recordar en nuestra Parroquia”, Compilación del Bicentenario, 2006

[5] Mercado del Progreso, website oficial, http://www.mercadodelprogreso.com.ar/; la mayoría de esta misma data aparece en la nota de Parise, Eduardo, “Un joya fuera de las guías turísticas“, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, https://www.clarin.com/ciudades/joya-guias-turisticas_0_SJ4KAXkjwXx.amp.html, 03/03/2014 y también en publicaciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que se pueden leer en www.buenosaires.gob.ar/areas/planeamiento_obras/pdf/humanizacion_1.pdf

[6] Mercado del Progreso, website oficial, http://www.mercadodelprogreso.com.ar/;

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.338

[8] Los ‘Pasajes Ciegos’ de Caballito”, Op. cit., p.11

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.47.

[10] Maronese, Leticia, “Sitios de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (1994-2003)”, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, 2004, p.156

[11] Historias de mi Comuna: Mercado del Progreso, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-mercado-del-progreso

[12] Maronese, Leticia, Op. cit., p.156

[13] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.314

[14] http://caballitotequiero.com.ar/portal/2014/01/28/las-calles-de-caballito/

[15] Maronese, Leticia, Op. cit., p.156

[16] “La verdadera historia del Pasaje Coronda”, Revista Horizonte Año 17, Número 188, Octubre 2011, sin firma, p.10

[17] “Acupuntura Urbana”, Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, http://www.buenosaires.gob.ar/desarrollo-urbano/humanizando-la-ciudad

[18] http://mercadodelprogreso.com/index.php?lan=1&sec=1

[19] Esta repetición de una afirmación errónea o confusa es común en publicaciones digitales que se dedican a copiar y pegar, mostrando como propio el trabajo ajeno. Otro ejemplo es la afirmación reiterada de que el Mercado del Progreso fue construido “frente a las casas de Ocantos”, sin tomarse el trabajo de investigar a qué hace referencia dicha localización.

[20] Arlt, Roberto, “El juguete rabioso”, Espasa Calpe, Buenos Aires, Argentina, edición de Ricardo Pilgia, 1993, p.173; la obra original es de 1926.

[21] Todas las citas corresponden a Restrepo, Laura, “Demasiados héroes”, Alfaguara, 2009

[22] Kolesnikov, Patricia, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, sábado, 06/08/2005, citada en “La escritora colombiana Laura Restrepo, reivindica militancia trotskista en Argentina”, https://www.aporrea.org/actualidad/n64192.html

[23] Separata “Obras”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, p.44, sin firma, se puede consultar en http://www.buenosaires.gob.ar/areas/planeamiento_obras/pdf/humanizacion_intro.pdf


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BONUS: DETALLES DE LAS REFORMAS DE 2008 / 2009 A LOS PASAJES CORONDA Y BURGOS

Transcribimos de la documentación que pudimos obtener:

“Ahora, el objetivo primordial de la intervención fue cualificar el espacio público de la ciudad, recuperando el comercio minorista y las actividades vinculadas, rehabilitando funciones de las calles comerciales, imprimiendo una nueva dinámica a la economía urbana al consolidarlas identidades barriales a través de sus sitios de interés. Se apuntó a recuperar las veredas como lugares de tránsito peatonal y encuentro con una renovada calidad espacial.

La intervención contempla unificar, en los pasajes, el nivel de calzada con el de vereda. La unificación de las aceras se encuentra fundada en el objetivo de construir la revalorización del espacio urbano de un sector ‘residencial’ que integra en su tejido un hito del barrio, como lo es el Mercado del Progreso.

Además se percibe en el entorno la carencia de equipamiento adecuado, la iluminación es insuficiente, se debe completar el arbolado urbano, faltan cestos papeleros, los solados se encuentran en mal estado y/o deslucidos; situaciones estas a las cuales la intervención mencionada dio respuestas. La unificación y nivelación de las veredas permitió generar un espacio público que potencia la flexibilidad de usos.

Los solados de las veredas son de loseta granítica de 40 x 40 -64 panes-. El sector de calzada en los pasajes se materializó con solado intertrabado 20 x 10 x 8, entre solias de hormigón, en las cuales se colocaron bolardos para dar seguridad y demarcar el área de vereda; se reforzó la iluminación peatonal con farolas ornamentales, se colocaron rejillas de evacuación de agua donde era necesario y rampas vehiculares de hormigón.

La arborización existente estaba compuesta por fresnos y algunos ficus. Estos últimos fueron retirados y se procedió a la plantación de arbolado urbano: fumo bravo en Del Barco Centenera y en Av. Rivadavia, y tulipaneros en Av. Juan B. Alberdi, completaron la forestación”. [23]

¿HACIA ARRIBA O HACIA ABAJO? (por Pablo R. Bedrossian)

Hace muchos años escuché esta historia y quizás Ud. también. No por eso ha perdido su vigencia. Lo invito a recordarla y a inspirarse en ella para volver a remontar vuelo y seguir adelante.

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Un experimentado piloto sobrevolaba el océano cuando percibió un ruido extraño dentro de su avioneta. No tardó en advertir que una rata enorme intentaba treparse a su pierna derecha. Dicen que fue el momento más patético de su carrera. Estaba desconcertado, porque sabía que las mordeduras de aquel infame roedor le impedirían conducir la pequeña nave hasta su destino.

Instintivamente decidió buscar algún lugar donde aterrizar de emergencia, pero recordó que no había islas en esa zona del Pacífico. Entonces, usó su imaginación. En lugar de preocuparse por hallar una pista, se preguntó cómo anular la amenaza. De inmediato se le ocurrió una idea original: Elevó su nave a una altura a la cual nunca se había atrevido a ascender. La rata no soportó la presión y murió en el acto.

Cuantas veces las “ratas” de la vida nos acosan. Los denominamos problemas y adversidades. Frente a ellos, la primera tentación es bajar. Resignarnos ante la fatalidad y admitir que nos supera es elegir el descenso. Pero no siempre hay pistas en el océano de la vida. Sin embargo, el relato nos trae una buena noticia: Siempre hay opciones cuando uno se atreve a subir. Alguien ha dicho que no elegimos las circunstancias pero sí elegimos cómo reaccionamos frente a ellas. En lugar de decirnos a nosotros mismos “no puedo hacerlo” debemos preguntarnos “¿cómo puedo hacerlo?”.

Necesitamos triunfar a pesar de todas las dificultades. Jamás lo haremos dándonos por vencidos. El modo es el mismo de aquel piloto: Elevarnos. Para ello debemos ser capaces de aprender y aplicar lo aprendido, de planificar y ejecutar con excelencia lo planificado, y, por sobre todo, usar los talentos que Dios nos ha dado, recordando que sólo la imaginación es más poderosa que el conocimiento.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA

Buscando el origen de esta historia la he encontrado contada por Dante Gebel en una editorial de 2009 de la revista Edición G, de la cual fui colaborador. Se puede leer en http://www.devocionaldiario.com/jovenes/dante-gebel-la-historia-del-piloto. Sin embargo, fue publicada mucho antes, por ejemplo en el libro “500 Ilustraciones” de Alfredo Lerín, publicada por la CBP, cuya primera edición es de 1965. Supongo que habrá un texto original en inglés que desconozco. La presente publicación no tiene fines de lucro.


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OSOS HORMIGUEROS EN CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

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Serie MAMÍFEROS DE CENTROAMÉRICA

Vivo Residencial Campisa, un proyecto residencial y ambiental de unas 300 hectáreas, en San Pedro Sula, Honduras. Su entorno es el de un bosque seco tropical. Posee una cobertura vegetal típica de las urbanizaciones, con arborización, engramado y jardinería, pero en su mayor proporción es una reserva natural con cobertura vegetal continua. El terreno es irregular, con elevaciones que van desde los 65 hasta los 267 metros sobre el nivel del mar; cuenta con áreas planas en el sector sudeste y norte.

Tamandúa mexicana 04 DSC04624Una mañana, hace pocos días, un trabajador de la empresa que desarrolla el proyecto me mostró algo asombroso: un oso hormiguero mediano, conocido como tamandúa, instalado en uno de los árboles, saboreando un manjar de insectos. Sus movimientos lentos y ordenados me permitieron fotografiarlo y filmarlo sin dificultades a una distancia de unos 5 o 6 metros.

No es la primera vez que alguien informa haber visto un tamandúa en la comunidad donde vivimos. Ya lo habían hecho dos vecinos, Frank Gallardo y Eduardo Fiallos, pero es la primera vez que su observación se documenta. El tamandúa se encontraba a sólo unos 200 metros de mi casa y a unos 50 metros del nacimiento del cerro.

QUÉ SON LOS OSOS HORMIGUEROS        

Los osos hormigueros conforman la familia Myrmecophagidae, que significa literalmente comedores de hormigas, en referencia a su dieta preferida. Son mamíferos placentarios exclusivamente americanos, que habitan regiones tropicales desde México hasta el norte de la Argentina. Sólo hay cuatro especies. ¿Qué tienen en común? Dejemos que un experto señale la más importante: “El cráneo es tubular; el hocico es cilíndrico, con una estrecha abertura, que permite únicamente la entrada y salida de la lengua, la cual es larga y delgada, con abundante saliva; no poseen dientes”[1].

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Estos hormigueros (no son verdaderos osos) tienen la piel cubierta de pelos y, según el mismo autor, las cuatro extremidades poseen cinco dedos, aunque, dependiendo de la especie, no todos son visibles externamente; además los miembros superiores son más desarrollados que los inferiores y tienen garras potentes.

EL MÁS PEQUEÑO, EL CYCLOPES DIDACTYLUS U OSO HORMIGUERO ENANO

Cyclopes didactylus 05 P1260163La observación del tamandúa no fue mi primer contacto con osos hormigueros. En diciembre de 2009, un colega de La Ceiba, en el norte de Honduras, planteó un dilema ético a un grupo dedicado a preservar la biodiversidad nacional. Alguien le había ofrecido un Cyclopes didactylus, (un oso hormiguero enano). Si lo compraba, estaría alentando el tráfico de especies; pero si no lo hacía, el pobre animalito terminaría de mascota en algún sitio alejado de su entorno. Luego de un breve debate, la mayoría recomendó su compra para liberarlo en el Parque Nacional Lancetilla, zona donde habita la especie. Interactuar con este osito hormiguero fue una experiencia memorable.

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A pesar de su naturaleza salvaje se comportó amigablemente, sin rehuir al contacto humano. Comprobé la suavidad de su pelaje cuando lo tuve en mis brazos.

Lo liberamos la misma noche que lo trajeron, el 11 de diciembre de 2009.

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Conocido en inglés como Silky Anteater y en español como oso hormiguero enano, hormiguero pigmeo, hormiguero sedoso, hormiguero de seda, hormiguero oro, oso dorado, serafín de platanar, ceibita, angelito, flor de balsa, gato balsa o perico ligero dependiendo el país y la región, es el más diminuto de la familia. Pesa aproximadamente medio kilo[2]; de los hormigueros, es el que tiene la cabeza menos alargada y la nariz más pequeña. Su color dorsal va del dorado al ocre brillante, con una franja café o marrón en su centro, mientras que el vientre tiene una tonalidad más amarillenta. Su cola es prensil, peluda, sedosa y más larga que el cuerpo[3]; se sirve de ella para moverse entre las ramas. En cuanto a su reproducción, tiene sólo una cría por camada[4][5].

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Se distribuye desde México hasta el norte de Bolivia. En Sudamérica se ubica en la zona oeste del continente, en zonas aledañas a los Andes, pero hay poblaciones de esta especie en Brasil, en áreas cercanas al océano Atlántico. No se ha documentado su presencia en El Salvador[6]. En México se lo considera en peligro de extinción[7].

Su hábitat son los bosques húmedos, bosques de crecimiento secundario y manglares. Vive en los árboles y prefiere la vida solitaria. Suele actuar de noche y dormir de día, enrollado a las ramas como un ovillo. Los pocos datos disponibles indican que el macho se moviliza más que las hembras, pero siempre dentro de un perímetro muy limitado, menor a medio kilómetro cuadrado.

LOS MEDIANOS, LAS DOS ESPECIES DE TAMANDÚAS

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Los osos hormigueros medianos se denominan tamandúas y hay dos especies: Tamandua mexicana (Northern Tamandua en inglés), que se distribuye desde México hasta el noroeste del Perú y el noroeste de Venezuela[8], y Tamandua tetradactyla (Southern Tamandua en inglés), que se encuentra sólo en Sudamérica desde Colombia, Venezuela, y la isla Trinidad hasta el norte de Argentina y Paraguay. El modo más sencillo de diferenciarlos es observar si poseen una mancha negra en forma de chaleco: El T. mexicana lo posee, y el T. tetradactyla no[9].

Los tamandúas poseen diversos nombres populares, según la región: oso hormiguero mediano, oso mielero, oso melero, oso colmenero, oso brazo fuerte, brazo fuerte, chupa miel, entre otros.

Hablemos del que observamos, el Tamandúa mexicana. Posee un cuerpo alargado de pelaje corto, con una trompa delgada y desnuda que se va oscureciendo hacia la punta. Como todos los hormigueros, no tiene dientes y posee una lengua delgada y pegajosa[10]. Sus ojos son pequeños y las orejas redondeadas.

Tamandúa mexicana 01 DSC04607El animal pesa entre 3.8 y 8.5 kg. Su dorso es un color crema amarronado con el mencionado chaleco oscuro. Los miembros delanteros son fuertes, con dos garras grandes y dos pequeñas; las patas traseras terminan en cinco garras y la cola es prensil[11].

Su ámbito natural son tanto los bosques secos como los bosques húmedos. Puede tener hábitos diurnos o nocturnos, pero siempre en solitario. En Panamá se ha estimado que tiene un campo de acción de hasta 75 hectáreas, pero en Centroamérica el rango identificado es más reducido, hasta unas 25 hectáreas[12]. Aparentemente su distribución es amplia, pero debido a sus costumbres solitarias su densidad poblacional es muy baja.

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Puede ser terrestre o arborícola, pero duerme entre las ramas. Se esconde en huecos, sean de troncos o de tierra, incluso en el suelo. Se alimenta de hormigas y termitas. El sureño Tamandua tetradactyla también gusta de las abejas. Las hembras dan a luz un ejemplar por vez, y, cuando van a comer, suelen ubicar a su cría en un nido en el hueco de un árbol. Se han observado hembras cargando en sus espaldas a sus crías[13]. Está relativamente protegido de la caza furtiva debido a que su piel no es codiciada por su rugosidad, ni su carne utilizada para preparar comidas.

EL OSO HORMIGUERO GIGANTE

Myrmecophaga tridactyla 02 DSC04708Su nombre científico es Myrmecophaga tridactyla (en inglés Giant Anteater) y es, sin duda, el más conocido de la familia de los hormigueros. En español, se lo conoce como oso hormiguero gigante, oso caballo, oso bandera o yurumí. Lo he visto solamente en cautiverio. Es un animal realmente único, pues no se parece a ningún otro. Lamentablemente es una especie seriamente amenazada.

Myrmecophaga tridactyla 03 DSC04714Es de gran tamaño (puede medir más de dos metros) y posee hábitos terrestres. Su alargada cabeza de forma cónica y sin cuello parece la continuación natural del resto del cuerpo. Posee una larguísima lengua retráctil puede alcanzar los 60 cm de largo, y está cubierta por una sustancia adhesiva que le permite capturar las hormigas con facilidad. Su extensa cola que no es prensil está cubierta de largos pelos, [14]. Tiene un color café o marrón oscuro, con una típica mancha negra en forma de V, que va del pecho hasta la parte media de la espalda. Sus patas delanteras son color crema, con dedos que terminan en garras[15].

Su hábitat son bosques secos y bosques húmedos. Si bien se dice que se encuentra desde el sur de Belice hasta el norte de Argentina, es muy raro en Centroamérica. Recientemente, utilizando cámaras trampa, David Gonthier y Franklin Castañeda documentaron fotográficamente la existencia de al menos dos osos hormigueros gigantes[16] en los alrededores del río Sikre, en la Reserva de la Biosfera de Río Plátano, confirmando su existencia en Honduras[17]. Este hallazgo es esperanzador pues el Myrmecophaga tridactyla es considerado el mamífero más amenazado de Centroamérica y se cree extinto en Belice y Guatemala, and probablemente también en Costa Rica[18].

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Agradecemos muy especialmente a Franklin Castañeda por toda la información brindada sobre el Myrmecophaga tridactyla, el oso hormiguero gigante.


REFERENCIAS

[1] Tirira S., Diego, “Mamíferos de Ecuador II”, Museo de Zoología, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito, Ecuador, 1999, p.59

[2] Carrillo, Eduardo, Grace Wong y Joel C. Sáenz, “Mamíferos de Costa Rica Mammals”, INBio, Santo Domingo de Heredia, Costa Rica, 1999, p.56 dan un peso menor, entre 155g y 275g.

[3] Hayssen, Virginia, Flavia Miranda, and Bret Pasch, “Cyclopes didactylus (Pilosa: Cyclopedidae)”, Mammalian Species 44(895):51-58, enero 2012. © 26 de septiembre de 2012, American Society of Mammalogists, p.53

[4] Carrillo, Eduardo et al., Op. cit,, p.56

[5] Leyendo diferentes libros y publicaciones se encuentra que hay quienes dicen que la cría es transportada en el vientre por la hembra y quienes dicen que por el macho sobre su espalda.

[6] Hayssen, Virginia et al., Op. cit., p.54

[7] Norma Oficial Mexicana NOM-059-ECOL-1994, que determina las especies y subespecies de flora y fauna silvestres terrestres y acuáticas en peligro de extinción, amenazadas, raras y las sujetas a protección especial, y que establece especificaciones para su protección, DOF (Diario Oficial de la Federación) del 16/05/1994,

[8] Carrillo, Eduardo et al., Op.cit. p.54

[9] Tirira S., Diego, Op. cit., p.60

[10] Navarrete, Daya y Jorge Ortega, “Tamandua mexicana (Pilosa: Myrmecophagidae)”, Mammalian Species 43(874):56–63, © 28 de marzo de 2011, American Society of Mammalogists, p.58

[11] Carrillo, Eduardo et al., Op.cit. p.54

[12] Navarrete, Daya et al., Op. cit., p.60

[13] Navarrete, Daya et al., Op. cit., p.61

[14] Tirira S., Diego, Op. cit., p.60

[15] Carrillo, Eduardo et al., Op.cit. p.52

[16] Las cámaras trampas capturaron cuatro imágenes de osos hormigueros, que, según los autores, corresponden, al menos a dos ejemplares diferentes. Esto sugiere que su presencia en la zona en mucho más alta de lo esperado.

[17]  Gonthier, D. J. and Castañeda, F. E. 2013. “Large- and medium-sized mammal survey using camera traps in the Sikre River in the Río Plátano Biosphere Reserve, Honduras”. Tropical Conservation Science. Vol. 6(4):584-591, p.584

[18] Superina M., Miranda F.R., & Abba A.M. 2010. “The 2010 Anteater Red List Assessment”. Edentata 11:96-114. Google Scholar, p.104


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