SALGAMOS DE NUESTROS PROPIOS GHETTOS (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente usted escuchó hablar de los ghettos (en castellano, guetos). El origen del nombre es conocido. Aunque vivían familias hebreas en Venecia desde hacía varios siglos, la llegada de un alto número de inmigrantes judíos debido a la expulsión padecida en España, movió a las autoridades a establecer en 1516 un barrio donde alojarlos o, más bien recluirlos, que denominaron ghetto. A partir de allí los ghettos en Europa se multiplicaron.

Su propósito era aislar una población para controlarla. Estaban cercados por muros y tenían muy pocas entradas, que de noche debían permanecer cerradas. Además se sancionaban leyes que impedían a los judíos adquirir propiedades fuera del ghetto. Este confinamiento complicaba el desarrollo comunitario, pues el natural crecimiento demográfico terminaba con los pocos espacios disponibles.

EL GHETTO DE PRAGA

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Reloj en el barrio judío de Praga. Las manecillas giran en sentido inverso, imitando la lectura de la escritura hebrea, de derecha a izquierda.

Tuve oportunidad de visitar el barrio judío de Praga, llamado Josefov. Josefov deriva de Josefstadt (del alemán Ciudad de José), nombre que se le dio al lugar en 1850 en honor al emperador José II, quien en 1781 emancipó a los judíos. Sin embargo Josefov tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado. En los tiempos modernos, a fines de la primera mitad del siglo XX, los nazis quisieron hacer de la zona un curioso museo de una “raza extinta”, por lo que paradójicamente salvaron de la destrucción varias bellas sinagogas.

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Sinagoga en el Josefov, el barrio judío de Praga, República Checa

De los muchos testimonios conmovedores que se encuentran allí, hay uno que nos habla a pesar de su silencio: el antiguo cementerio judío de Praga.

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Lápidas del famoso cementerio judío de Praga

El cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que en ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas. Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas anónimas que vivieron, amaron y sufrieron.

He visitado otros ghettos, como el mencionado de Venecia, Italia, hoy reducido a sitio turístico. Me impresionó el de Cracovia, en Polonia, donde vivieron hacinadas 15,000 personas.

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Plaza de los Héroes, Cracovia, Polonia. Monumento a las víctimas del genocidio. Debajo de cada silla hay una vela encendida.

Muy cerca de él tenía su fábrica el empresario Oscar Schindler, cuya intervención en favor de sus empleados israelitas fue testimoniada en el film “La lista de Schindler”. El ghetto de Cracovia estaba cercado por muros, y todas las puertas y ventanas que daban al exterior estaban tapiadas. Sólo había cuatro entradas, todas estrictamente vigiladas.

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Resto que ha perdurado del muro que rodeaba el ghetto de Cracovia

El hambre y las enfermedades producidas por el encierro se llevaron miles de vidas; el genocidio no se realizaba solamente en la vecina Auschwitz.

NUESTROS PROPIOS GHETTOS

Cuando uno observa lo que fueron los ghettos e imagina la vida desgraciada a la que otros seres humanos fueron sometidos simplemente por su origen, no puede evitar sentir dolor e impotencia. Pero también nos mueve a mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos si no construimos nuestros propios ghettos para quedar encerrados dentro de ellos.

Lo veo todos los días. Muchos en lugar de dialogar, nos encerramos dentro de nuestras propias ideas. Sin darnos cuenta, pretendemos imponer a los demás nuestras propias reglas, creyendo que el mundo es de un único modo, aquel en que nosotros lo vemos. A diferencia del forzado sufrimiento del pueblo hebreo, construimos libremente una suerte de prisión social e intelectual para vivir cercados por sus muros.

ABRE TUS VENTANAS

Philip Yancey cuenta una historia que simboliza cabalmente los ghettos a los que involuntariamente pertenecemos. Cita una experiencia que el pastor Eugene Peterson mencionó de su niñez. Peterson asistía a una iglesia asistía en donde se congregaba también una excéntrica anciana conocida como la hermana Lychen. Con frecuencia la mujer se ponía de pie durante de los cultos y decía que Dios le había revelado que no moriría hasta que Jesús regresara a la Tierra. Parecía una mujer dramática pero espiritual. Un día, la madre le pidió a Eugene que le llevara unas galletas a la hermana Lychen. La mujer invitó al niño a pasar a su casa a tomar un vaso de leche. Al entrar notó que todas las persianas estaban cerradas, y que la anciana vivía en una penumbra casi total. Tuvo ganas de abrir las ventanas y decirle “¡Mire afuera! ¡Vea, hay un álamo, y un águila pescadora en el tope de la rama! ¡Hay un venado de cola blanca! ¡Hermana Lychen, hay todo un mundo allá afuera!”.

Muchos sin darnos cuenta vivimos como la hermana Lychen. Esa oscuridad nos lleva a confrontar con el otro simplemente porque sentimos que si una de nuestras creencias se cae, nos desmoronaremos por completo. Hay quienes deciden en lugar de buscar la verdad, negar las evidencias y refugiarse en su propio yo.

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Close up de “Alta intensidad”  de Érro, (seudónimo del pintor islandés  Guðmundur Guðmundsson), Szépművészeti Múzeum, Budapest, Hungría

Nuestros ghettos nos impiden una visión amplia de la realidad y nos conducen a mirarnos a nosotros mismos. Nos limitan, y a veces nos oprimen, quedando encerrados en una cárcel cuyas puertas se encuentran sin llave. Si nuestra mente no tiene las ventanas abiertas, ¿cómo ver  y entender lo que hay fuera de nosotros? Si no nos exponemos a otras realidades, ¿cómo podremos crecer y aprender?  Nosotros no tenemos nazis que nos impidan salir del territorio donde estamos recluidos. Hagámonos el desafío de mirar más allá de lo que hoy pensamos y creemos para encontrarnos con nosotros, conocer la verdad y ser verdaderamente libres.

 

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


NOTA:

Este artículo fue escrito a mediados de 2015 para el número 1 de HORA ZERO MAGAZINE, revista impresa dirigida por Santiago Fernández, de Buenos Aires, Argentina.


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GAUDÍ EN BUENOS AIRES: LOS EDIFICIOS DE LA AVENIDA RIVADAVIA 2009 Y 2031 (por Pablo R. Bedrossian)

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Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

El arquitecto Antoni Gaudí (1852-1926) es reconocido como el más emblemático representante del modernismo catalán. Entre sus obras más importantes se encuentran la Casa Milà (más conocida como La Pedrera), la Casa Batlló, el Parque Güell y la maravillosa Sagrada Familia, basílica que aún inconclusa es la joya más preciada de Barcelona.

No es exagerado afirmar que Gaudí fue más allá del modernismo, creando su propio estilo. Como simples observadores nos asombra su estética, poblada de originales formas curvas y motivos tomados de la naturaleza. Además, los expertos dicen que sus invenciones estructurales y funcionales fueron brillantes soluciones a los retos que planteaban sus propios diseños.

No sólo concibió edificios de asombrosas fachadas. Se ocupó también de la decoración de sus interiores; desde las camas y percheros a los vitrales y puertas, todo llevaba su sello. Una de sus marcas propias es el trencadís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada, que evoca sin proponérselo el arte bizantino.

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GAUDÍ EN BUENOS AIRES

La influencia de Gaudí se extendió más allá de su Cataluña natal, y llegó hasta Buenos Aires, la pujante capital de la Argentina, cuyas élites tenían a Europa como su faro cultural. A principios del siglo XX, el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega (1878-1931) diseñó el edificio de cuatro plantas conocido como “El Palacio de los Lirios”.

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Construido entre 1903 y 1905 por encargo de Miguel Capurro, se ubica a la altura del 2027 al 2031 de la avenida Rivadavia, muy cerca del Congreso de la Nación.

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Aunque viví hasta los 25 años a sólo cuatro cuadras, descubrí el Palacio de los Lirios mucho después, en una visita a Buenos Aires. Al verlo, lo asocié inmediatamente a La Pedrera, seguramente por sus ondulaciones y sus balcones de hierro retorcido.

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Aunque los árboles lamentablemente ocultan  gran parte del frente y los negocios de la planta baja no respetan su línea arquitectónica, basta pararse en la vereda y mirar hacia arriba para observar los tallos y flores de lirios representados en la fachada.

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La cornisa tiene en su centro un mascarón barbudo que recuerda a Poseidón o a Eolo, famosos dioses griegos.

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En la misma cuadra, en Rivadavia 2009, esquina Ayacucho, hay otro edificio proyectado por el mismo arquitecto, con pinceladas gaudianas.

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La huella del genial arquitecto catalán se advierte fácilmente al observar su cúpula, con 952 piezas de vidrio espejado. Debajo de ella hay un obvio homenaje a Gaudí: la inscripción en lengua catalana “NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES”, que en castellano significa “no hay sueños imposibles”, agregada por el arquitecto Fernando Lorenzi quien remodeló la parte superior del edificio en 1999.

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También a los lados de su terraza hay dos réplicas de la Puerta del Dragón de la Finca Güell (no confundir con el Parc Güell).

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El edificio de estilo modernista comenzó a construirse en 1912 y se terminó en 1914.

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QUÉ ES EL MODERNISMO

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba más que una ruptura, una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todos el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surge Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolla su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de los cánones conocidos hasta ese momento.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


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VIDEO

Los invitamos a ver el siguiente video, cuyos derechos pertenecen a su autor:

Edificio de Rivadavia 2009: Tomado de la página NO HI HA SOMNIS IMPOSSIBLES de Osvaldo Ventriglia


BIBLIOGRAFÍA

Bassegoda Nonnell, Juan, “Antonio Gaudí master architect”, Abbeville Press, 2000

Nogués, Germinal, “Buenos Aires, ciudad secreta”, Editorial Sudamericana, 2003


ARTÍCULOS SOBRE LA RESTAURACIÓN DEL EDIFICIO DE RIVADAVIA Y AYACUCHO

http://arqa.com/arquitectura/en-buenos-aires-una-cupula-vuelve-a-vivir.html

http://www.lanacion.com.ar/922238-la-influencia-de-gaudi-brilla-en-dos-edificios-portenos

http://www.clarin.com/ciudades/Cupula-portena-catalan-homenaje-Gaudi_0_771522909.html


MÁS ARTÍCULOS DE LA SERIE “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”


SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO FRANCÉS EN MEDIO DE LA TRAGEDIA (por Pablo R. Bedrossian)

Bandera Francia Paz.jpgCuánta tristeza y cuánta impotencia por los inocentes asesinados en Francia el día del ayer, 13 de noviembre de 2015.

Expresamos nuestro amor y condolencias al pueblo parisino que vive esta trágica hora.

Condenamos el terrorismo en todas sus formas, y en esta ocasión el terrorismo islámico, un cáncer que se extiende bajo la mirada pasiva de los líderes de Occidente.

No sabemos si el silencio de la ONU ante las brutales ejecuciones de ISIS, es por resignación o complicidad.

Con dolor, recordamos el poema de Martín Niemöller, pastor evangélico que fue preso personal de Hitler, extrapolando lo que él atribuyó hace varias décadas a los nazis hoy al terrorismo islámico. Hoy todos somos franceses.

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© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


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La primera, la bandera de Francia con el símbolo de la paz y la Torre Eiffel es un collage realizado por el autor de esta nota e invita a compartirlo en esta hora trágica, como signo de solidaridad con el pueblo francés.

La segunda, con el poema de Martín Niemöller fue tomada del sitio web http://www.fotolog.com/expresar_ideas/45995904/