DETECTORES DE MENTIRAS: CUATRO EJEMPLOS INGENIOSOS (por Pablo R. Bedrossian)

No se sorprenda si no puede detectar quién dijo la verdad. Es muy difícil descubrir cómo realmente sucedieron los hechos; al intentarlo muchas veces nos internamos en un callejón sin salida. Ante escenarios de tanta incertidumbre, la herramienta más valiosa que tenemos es el pensamiento, porque la deducción y la imaginación trabajando unidas, han logrado en reiteradas ocasiones proveer los medios para explicar lo acontecido.  

Detectores de Mentiras 01Cuando no hay una confesión, un crimen sólo puede establecerse por las evidencias y los testigos. Las ciencias forenses vienen creciendo quizás por la desconfianza natural en muchos testimonios, influenciados por el miedo o el dinero. Por supuesto, la reconstrucción de los hechos es mucho más compleja que lo que muestran las series televisivas de CSI, y los resultados de las pruebas muchas veces son insuficientes. Además, aunque hoy cada vez disponemos de un mayor número de cámaras en lugares públicos, negocios y casas particulares, pareciera que no se utilizan para prevenir o documentar el delito sino para multar al conductor que comete una infracción o descubrir con quien anda el vecino.

Mientras la verdad permanece oculta entre mentiras, intereses y dudas, nos movemos por una cornisa de suposiciones y conjeturas. Pero, veamos cuatro ejemplos, que nos muestran cómo simplemente pensar nos ayuda a revelarla.

El caso de las dos madres que reclamaban el mismo hijo

Todos seguramente conocemos el caso presentado ante el Rey Salomón, considerado el máximo sabio entre los reyes de origen hebreo. Dejemos que el texto hable por sí mismo:

“En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él. Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.  El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar”[1].

El rey Salomón puso a prueba a ambas mujeres. Observó la reacción de cada una. Entendió que aquella que renunciaba a su reclamo lo hacía a favor de un interés superior: prefería perder la maternidad del bebé que a su hijo. Hoy, que se pone tanto énfasis en el móvil de un crimen, la reacción moral de los involucrados ante planteos inesperados pueden señalar o descartar su autoría.

La bebida de la verdad

Detectores de Mentiras 03El “detector de mentiras” o polígrafo es un dispositivo que registra y mide cambios en el organismo -tales como frecuencia cardíaca o la conductancia de la piel por aumento de la sudoración- durante un interrogatorio. Cada pregunta opera como un estímulo que produce una reacción fisiológica automática e inconsciente. Dicho de otro modo, no hace falta que la persona conteste para que la máquina detecte su respuesta, que no es verbal, sino química. A pesar que no ha sido validado científicamente, su funcionamiento tiene cierto rigor lógico, y permite, sea por sugestión o por percepción, inferir datos acerca de la veracidad de ciertas afirmaciones.

El polígrafo es un invento relativamente moderno, nacido poco antes de 1940. ¿Existían detectores previamente? Cierta vez escuché que una tribu sudamericana  contaba con una prueba infalible para determinar si un acusado de homicidio era  el culpable. Para ello le daban a beber un jugo mortífero. Si era inocente, le persona sobrevivía sin problema alguno; si mentía, inexorablemente fallecía. Los indígenas creían en este procedimiento jurídico, pues intuitivamente correlacionaban los resultados de la prueba con los hechos. Como aparentemente el método funcionaba, alguien con conocimiento científico se ocupó de dilucidar lo que ocurría, que en apariencia era pura superstición. Descubrió que, tal como el detector de mentiras moderno, estaba vinculado a la fisiología. El líquido contenía un veneno, un tipo de curare. Cuando la persona era inocente lo bebía sin temor alguno; al llegar el brebaje al estómago, el jugo gástrico de inmediato lo destruía. Pero si la persona era culpable, conociendo las consecuencias, retenía en su boca la bebida, lo que hacía que fuera absorbida por las venas sublinguales (tal como sucede hoy con algunos medicamentos que se administran debajo de la lengua) pasando directamente al torrente sanguíneo. Desde allí el veneno producía su efecto letal al actuar como bloqueante en la unión neuromuscular, llevando al paro respiratorio y a la muerte.

Lenguaje corporal

Detectores de Mentiras 05Aun en silencio nos comunicamos. Si ante una pregunta nos cruzamos de brazos, expresamos incomodidad; si nos tocamos la zona de la boca o nos rascamos la nariz –dicen los especialistas- probablemente estemos afirmando que nuestra respuesta verbal es una mentira. Nuestro cuerpo habla y hay expertos en este tipo de metamensaje, como el Dr.Paul Ekman, cuyos trabajos, que leí hace más de una década, inspiraron el personaje del Dr. Cal Lightman (encarnado por Tim Roth) de la serie de TV “Lie to me”.  Desde luego, los abogados, sagaces en el arte de indagar, siempre observaron el comportamiento no verbal de los testigos para elegir en qué momento intimidarlos. Pero, aun careciendo de esa formación profesional, es posible “leer” un comportamiento, tal el caso que aparece en “El Psicoanálisis”[2], uno de los cuentos de Velmiro Ayala Gauna, que comienza de un modo provocativo y no está exento de buen humor:

“En el amplio rancho donde funcionaba la comisaría de Capibara-Cué, se encontraban, en la mañana de un cálido verano, los más distinguidos representantes de la autoridad policial lugareña, vale decir, don Frutos Gómez, el comisario; Luis Arzásola, el oficial sumariante, y el cabo Leiva, amén de un agente que cebaba mate para los tres primeros. La conversación, aburrida por falta de temas, se arrastraba de silencio en silencio, cuando Arzásola, de pronto, interrogó:

— ¿Conoce usted el psicoanálisis, don Frutos?

— No, m’hijo… Ese circo nunca vino por acá.”

Se enteran que don Casiano, el resero, había quedado malherido durante un asalto. Tras la pesquisa correspondiente detienen a dos sospechosos. Dejemos que el relato nos hable:

“Eran dos peones que habían conducido una tropa de hacienda para el carnicero y luego habían permanecido en el pueblo a la espera de otra ‘changa’. Los dos habían estado en el negocio jugando al monte la noche anterior y salido con intervalos de minutos, un rato antes que don Casiano, y sus explicaciones no eran muy satisfactorias. Uno decía que como había perdido todo lo que llevaba encima había ido hasta donde se alojaba a buscar más dinero y que, al volver, encontró el negocio cerrado por lo cual volvió a dormir. El otro dijo que después que perdió los veinte pesos que se había propuesto arriesgar esa noche y para no caer en la tentación salió a caminar y se estuvo un rato largo sentado sobre una piedra a orillas del río. Ninguno, sin embargo, pudo citar testigos o presentar pruebas en favor de su aserto.”

Finalmente, don Frutos le pregunta al oficial Arzásola, como funciona el psicoanálisis:

“— ¿Y cómo pa trabaja el sircoanálisi ése que decís vos?…

— En lo sustancial no es sino el estudio de las palabras o de los actos que dicen o realizan las personas en forma inconsciente, para relacionarlas con un hecho determinado.

— ¡…Cha que sos difísil. m’hijo! ¿Y qué pa e’inconsciente?…

— Lo que se hace sin pensar, en forma habitual y automática…, casi por costumbre, como usted, por ejemplo, cuando está preocupado, se tira de la barba…

— ¡Ajá!…

— Con esos actos el individuo, sin querer, se traiciona y suelta cosas ocultas.

Don Frutos pensó un rato y dijo:

— ¿Sabés que tenés razón, m’hijo? Mirá, no te preocupés má y dejame a mí que yo le voy a aplicar el sircoanálisi. A mí también me gusta el progreso.

Arzásola suspiró resignado y mansamente aceptó.

— Como usted quiera, don Frutos.

La siesta fue calurosa en extremo y los dos detenidos se desesperaban pidiendo agua al inmutable cabo o a los inconmovibles agentes.

Cuando después de su larga siesta apareció don Frutos en el local, ya lo estaba esperando Leiva.

— Mirá —dijo el viejo al cabo—. Andá a traerme unas naranjas, un plato y un cuchillo.

Cuando tuvo las cosas pedidas en su poder, el comisario acomodó sobre la mesa una naranja en un plato y a su lado colocó el cuchillo.

— Hacé pasar al más flaco —ordenó después.

El detenido vino y se quedó esperando, pensando en la clase de suplicio a que sería sometido.

— Sentate allí —invitó don Frutos— y tomate esa naranja. Dispués vamos a hablar.

Brillaron los ojos del sediento al oírlo y después de sentarse empezó a pelar la dorada esfera con todo cuidado, luego la succionó golosamente hasta la última gota, colocando las semillas en el plato.

— Ponete en el rincón y esperá —le dijo don Frutos enseguida.

Mandó al cabo que limpiase el plato y colocara sobre él una naranja y el cuchillo como antes.

Cuando el otro sospechoso oyó la invitación, se arrojó sobre la fruta, le arrancó un pedazo de cáscara de un mordisco y empezó a chuparla a los estrujones.

— Éste es… —sentenció don Frutos—. Metelo otra vez en el calabozo.

Después, dirigiéndose al del rincón, se disculpó:

— Perdoná, m’hijo, l’encerrona, pero tenía qu’encontrar al culpable y vos no tenías a naides que te hubiera visto junto al río, como dijiste. Andate nomás.

Arzásola, que no salía de su asombro, interrogó atónito:

— Pero, don Frutos, ¿cómo puede resolverlo con tanta seguridad? ¿Y si se equivoca?…

— ¡Qué me voy a enquivocar, m’hijo! El sircoanálisi no engaña…

— No entiendo, comisario.

— Sos lerdo, muchacho. ¿No les viste tomar naranjas a esos dos?

— Sí…

— Y güeno, el primero, a pesar de haber pasado desde ayer a la tarde sin probar agua, no se impacientó, peló la fruta con calma y puso las semillas en el plato; el otro, en cambio, anduvo a los empujones, se atropelló todo y tiró las cáscaras y semillas donde cayeran.

— ¿Y eso qué tiene que ver con don Casiano?…

— Que el que lo golpeó fue un atropellado que de puro nervioso le erró el garrotazo a la cabeza y le pegó solamente de refilón; dispués, de apurao, apenas si lo revisó por arribita y se jué… Perdé cuidado que si el culpable hubiera sido el primero no le fallaba ni un negro’e uña y luego le hubiera sacao hasta las medias pa ver si no tenía escondido algo. Estos tipos sin yel, tranquilos como agua’e tanque, son una cosa seria cuando les da por hacerse los malandras.

La torpeza hija del miedo

Detectores de Mentiras 06Nuestras actitudes muchas veces nos delatan. No me refiero ahora al lenguaje corporal sino a esas acciones conscientes y voluntarias por las que pretendemos mitigar las consecuencias de nuestros actos, y que por ingenuidad, premura o estupidez, revelan nuestra culpabilidad. Hace poco tiempo, mi hermano Alejandro rescató un magistral ejemplo que Domingo Faustino Sarmiento incluyó en “Facundo”, aquella obra cuyo personaje excluyente es el “Tigre de los Llanos”:

“Es inagotable el repertorio de anécdotas de que está llena la memoria de los pueblos con respecto a Quiroga; sus dichos, sus expedientes, tienen un sello de originalidad que le daban ciertos visos orientales, cierta tintura de sabiduría salomónica en el concepto de la plebe… Entre los individuos que formaban una compañía (de soldados), habíase robado un objeto, y todas las diligencias practicadas para descubrir el ladrón habían sido infructuosas. Quiroga forma la tropa, hace cortar tantas varitas de igual tamaño cuantos soldados había; hace enseguida que se distribuyan a cada uno; y luego, con voz segura, dice: ‘Aquél cuya varita amanezca mañana más grande que las demás, ése es el ladrón’. Al día siguiente fórmase de nuevo la tropa, y Quiroga procede a la verificación y comparación de las varitas. Un soldado hay, empero, cuya vara aparece más corta que las otras. ‘¡Miserable!’, le grita Facundo con voz aterrante, ‘¡tú eres!…’ y en efecto él era; su turbación lo dejaba conocer demasiado. El expediente es sencillo; el crédulo gaucho, temiendo que efectivamente creciese su varita, le había cortado un pedazo”[3].

Detectores de Mentiras 04Un viejo proverbio que dice ““Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león”[4].

Estas son historias que iluminan nuestro camino. El ingenio, maravillosa facultad del pensamiento, es una herramienta con frecuencia más poderosa que cualquier testimonio o hallazgo forense, si aprendemos a utilizarlo sin dejarnos llevar por las primeras impresiones.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


NOTA: ACERCA DE LOS TEXTOS

Tres relatos fueron copiados textualmente: el de Salomón, el Ayala Gauna y el de Sarmiento, conservando errores ortográficos o gramaticales, modismos populares y expresiones locales. La única cita que no encontré es el de “suero de la verdad”. Creo que es un hecho verdadero y debe estar documentado por algún investigador o viajero.


REFERENCIAS

1] 1º Libro de los Reyes 3:16-28, Santa Biblia, RVA (revisión 1960), Sociedades Bíblicas Unidas

[2] No tengo una edición impresa; tomé el texto del sitio web http://alejandriabibliotecadigital.blogspot.com/2009/08/el-psicoanalisis.html

[3] Sarmiento, Domingo F., “Facundo”, 1845, editado por ElAleph.com, ©1999, descargado de http://www.educ.ar

[4] Proverbios 28:1, Santa Biblia, RVA (revisión 1960), Sociedades Bíblicas Unidas

 


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Ninguna me pertenece y no he logrado ubicar a sus autores.

 

“EL JARDÍN DE BRONCE”, LA OPERA PRIMA DE GUSTAVO MALAJOVICH (por Pablo R. Bedrossian)

El Jardin de Bronce 01

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

“El jardín de bronce” es la primera novela de Gustavo Malajovich, un joven arquitecto, guionista de la exitosa serie televisiva “Los simuladores”. A medio camino entre un policial negro y una obra de suspenso, atrapa desde el principio hasta el final. Es un texto adictivo, en el que la tensión nunca cae y que, a diferencia de otros buenos relatos que pierden fuerza en el último tramo, tiene un extraordinario desenlace.

“El jardín de bronce” es una historia que se lee desde dos lados, dos perspectivas complementarias e iluminadoras, que no son simultáneas. Son las dos caras de una misma moneda, que la revelan en su totalidad.

Situada en Buenos Aires, comienza con la desaparición de Moira, la única hija de Lila Lestelle y Fabián Danubio, un típico hogar porteño de clase media. A partir de allí comienza la búsqueda donde intervienen desde la policía hasta personajes entrañables como Doberti. Es una historia poblada de misterio, donde uno debe poner en duda todo lo que parece cierto, y cada hecho en apariencia casual puede resultar un movimiento planificado.

Malajovich administra magistralmente los tiempos. No se apresura ni se demora para presentar los hechos. Lo hace como si una silenciosa cámara siguiera a Fabián Danubio, el gran protagonista, describiendo las situaciones con un lenguaje preciso, sin barroquismos ni vulgaridades. Tiene el estilo de un cronista, o, mejor, el de un dibujante que a veces opera a grandes trazos y otras con precisión quirúrgica. Chesterton estaría feliz de leer una novela como esta, aunque no persiga el propósito moral que lo guiaba.  Ocurre que cada hilo suelto termina enhebrado en esa red narrativa que proyecta vívidas imágenes en la mente del lector.

Dice la solapa del libro que “El jardín de bronce” es el comienzo de una saga protagonizada por Fabián Danubio. Nos resulta muy atractiva la idea pero nos preguntamos –y, sin duda, ese será el mayor desafío de Gustavo Malajovich- cómo hará para superar su extraordinaria opera prima.

 © Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA: VEMOS LO QUE LEEMOS

Intriga 01El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia. Las novelas tienen hoy el lenguaje del cine: vemos lo que leemos, reconstruyendo en imágenes mentales lo que el texto presenta. Cuando esas palabras tejen una buena historia, ingresamos a un territorio desconocido donde el autor nos expone a nuevas experiencias, haciéndonos partícipes de las emociones de los protagonistas.

En el siglo XX, y en especial en su segunda mitad, las novelas se caracterizaron por combinar buenos relatos y diálogos intensos, despojando a los personajes del ejercicio introspectivo al que los sometía el escritor del siglo XIX. Graham Green o Morris West, por mencionar a algunos, hicieron gala de esa técnica, que parece más propia del guión y del cómic.

Además, las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Nada queda librado a la casualidad. Lo que parece un cabo suelto termina siendo un movimiento calculado del escritor, que lo retoma inesperadamente, procurando la sorpresa del lector. Además va introduciendo repentinos cambios que, como golpes de timón, dan la sensación de dejar a los personajes (y al lector ingenuo) totalmente a la deriva. Desde luego, lo inesperado es lo esperable, ¿o, acaso, no es la lectura de esa prodigiosa mezcla de drama, acción y misterio que es la novela de intriga, la búsqueda de una experiencia inquietante  que desafíe nuestra imaginación?

Intriga 02Un elemento que se agrega a la construcción del relato es la erudición, que incluso llega a desplazar a la imaginación. Ya no estamos en los ’60 donde Irving Wallace tiene grandes inconsistencias frente al saber académico cuando habla del documento Q en “La Palabra”, sino en el tiempo donde el conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción, como es este tipo de novela. “El Nombre de la Rosa” es un clásico ejemplo de novela erudita. Dan Brown, con sus best-seller “El Código da Vinci” y “Ángeles y demonios”, que hicieron furor a principios del siglo XXI, sumó el vértigo (pues las historias transcurren en un lapso muy corto de tiempo), que impreso a la atractiva idea de la conspiración, subyacente en la mayoría de las novelas de intriga, produce en el lector el efecto deseado.

El resultado de la combinación de estos elementos es mucho más que la suma de ellos. Se fabrica una texto–un caso– que tiene elementos crípticos que mueven al lector a encontrar las claves secretas que develan el misterio. Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad. Como alguien dijo, al leer una novela policial todos somos detectives, pero no somos nosotros quienes manejan a los personajes, sino el narrador que, como un gran titiritero, maneja también nuestras emociones a través de las palabras.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

LAS ASOMBROSAS ESCULTURAS DE RON MUECK (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

“Las esculturas de Ron Mueck reproducen fielmente los detalles del cuerpo humano y si no fuese por el tamaño serían confundidas sin dudas con personas” .  Carlos Alberto Gouvêa Chateaubriand. (Presidente del  Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro)

“En las obras de Ron Mueck uno observa las criaturas por fuera y las intuye por dentro”.

Vi por primera vez las esculturas de Ron Mueck en 2006, en una presentación en PowerPoint, de esas que llegaban en cadenas por correo electrónico, antes que Facebook universalizara la comunicación de nuestras preferencias. Quedé conmovido. La extraordinaria humanidad de sus figuras contrastaba con la monumentalidad o pequeñez de su tamaño.

Ancianos 04Nacido en Australia en 1958, este original artista se radicó en el norte Londres para crear obras cuyos temas son esencialmente humanos. Más que figuras construye personajes, cuyo mundo interior se revela a través de sus expresiones, modeladas con silicona, fibra de vidrio o acrílico. Sus esculturas no muestran pasión o histrionismo sino las emociones corrientes, disimuladas bajo una corteza de neutralidad pero reveladas en una mirada, una posición o en el gesto de las manos. Una excepción la constituye una naturaleza muerta, un   gigantesco pollo desplumado, que cuelga como si estuviera listo para la venta.

Durante mi última visita a Buenos Aires en 2014 pude admirar por primera vez personalmente sus obras cuya realismo (o, como algunos insisten, hiperrealismo) supera largamente todo lo que pude admirar en las fotografías que mencioné al principio. No sería aventurado proponer que Ron Mueck cultiva un realismo paradójico, una suerte de ilusionismo escultórico, pues sus personajes parecen tener vida, una vida latente que en cualquier momento puede ponerse en movimiento,  mientras que su volumen nos advierte que no pertenecen al mundo biológico, sino más bien al mundo de los sueños, que es el de los símbolos.

Mask II 01Buenos ejemplos son su Máscara II, donde la vida se reduce a un rostro dormido con la boca entreabierta, Man in a boat donde un hombre desnudo con los brazos cruzados marcha a la deriva.

Al arco iris de la experiencia humana ha incorporado obras con dos personajes. Tendemos a calificar el arte de acuerdo a su forma de expresión: pintura, escultura, música, cine, literatura, teatro, pero también podemos abordarlo desde su temática. Entonces, podemos definir estas piezas como arte de relaciones, porque pasa de la sensibilidad individual a la circunstancial, dándole un contexto: La proximidad con otro ser humano ante el cual reacciona.  Vemos una madre con su bebé, una pareja de adolescentes con sus relaciones conflictivas o dos ancianos tomando sol con un pasado desconocido a cuestas que a la vez los une y los separa. Parece decir que nada de lo que sentimos puede manifestarse sin el otro.

Las obras de Mueck asombran, porque a pesar de sus proporciones imposibles, se parecen demasiado a nosotros.

Algunas fotos:

"Couple under un Umbrella", en español "Pareja bajo una sombrilla" (2013). Esta obra mide 300 x 400 x 350 cm.
“Couple under un Umbrella”, en español “Pareja bajo una sombrilla” (2013). Esta obra mide 300 x 400 x 350 cm.
Detalle de "Couple under un Umbrella".
Detalle de “Couple under un Umbrella”.
Vista del rostro del anciano de "Couple under un Umbrella". Como se observa, la recreación de los rasgos es perfecta.
Vista del rostro del anciano de “Couple under un Umbrella”. Como se observa, la recreación de los rasgos es perfecta.
"Young couple", en español "Joven pareja" (2013). Mide 89 x 43 x 23 cm.
“Young couple”, en español “Joven pareja” (2013). Mide 89 x 43 x 23 cm.
Detalle de Young couple. ¿No se advierte en la joven una mirada de tristeza o resignación?
Detalle de Young couple. ¿No se advierte en la joven una mirada de tristeza o resignación?
Vista dorsal de "Young couple". Observe el detalle de las manos, que revela el conflicto: El muchacho tiene a la chica tomada de su muñeca mientras ella extiende su mano hacia atrás.
Vista dorsal de “Young couple”. Observe el detalle de las manos, que revela el conflicto: El muchacho tiene a la chica tomada de su muñeca mientras ella extiende su mano hacia atrás.
"Still Life" en español "Naturaleza muerta" (2009). Mide 215 x 89 x 50 cm
“Still Life” en español “Naturaleza muerta” (2009). Mide 215 x 89 x 50 cm
Detalle de "Still Life".
Detalle de “Still Life”.
"Woman with Shopping", en español "Mujer con las compras" (2013). El bebé extrañamente transportado observa a su mamá cuya mirada parece abstraída en sus propias preocupaciones.
“Woman with Shopping”, en español “Mujer con las compras” (2013). El bebé extrañamente transportado observa a su mamá cuya mirada parece abstraída en sus propias preocupaciones.
Detalle de "Youth", en español "Juventud" (2008)
Detalle de “Youth”, en español “Juventud” (2008)
"Man in a boat", en español "Hombre en un bote" (2002). Mide 159 x 138 x 425.5 cm.
“Man in a boat”, en español “Hombre en un bote” (2002). Mide 159 x 138 x 425.5 cm.
Detalle de "Man in a boat". El protagonista navega en un enorme bote completamente desnudo, con una intensa palidez, cruzado de brazos como y mirando algo que parece convocar su interés.
Detalle de “Man in a boat”. El protagonista navega en un enorme bote completamente desnudo, con una intensa palidez, cruzado de brazos como y mirando algo que parece convocar su interés.
"Drift", en español "A la deriva" (2009) rompe el modelo de colores neutros con un colorido traje de baño. El único objeto real es el reloj en la muñeca izquierda (un reloj para niños). Mide 118 x 96 x 21 cm.
“Drift”, en español “A la deriva” (2009) rompe el modelo de colores neutros con un colorido traje de baño. El único objeto real es el reloj en la muñeca izquierda (un reloj para niños). Mide 118 x 96 x 21 cm.
"Drift" visto a la distancia. Los brazos en cruz sugieren un Cristo posmoderno y hedonista, en contraposición con el Jesús que vino a servir.
“Drift” visto a la distancia. Los brazos en cruz sugieren un Cristo posmoderno y hedonista, en contraposición con el Jesús que vino a servir.
"Woman with sticks", en español "Mujer con ramas" (2009). Mide 170 x 183 x 120 cm.
“Woman with sticks”, en español “Mujer con ramas” (2009). Mide 170 x 183 x 120 cm.
"Mask II", en español "Máscara II" (2002). Mide 77 x 118 x 85 cm.
“Mask II”, en español “Máscara II” (2002). Mide 77 x 118 x 85 cm.

 


ACTUALIZACIÓN 2017:

A fines de 2016 visité el Hirshhorn, un museo de arte moderno que pertenece a la Smithsonian Institution, en Washington D.C.. Me sorprendió encontrar allí, solitaria en un rincón, una colosal creación de Ron Mueck.

DSC02545Aunque no tiene título, se la conoce como “Big Man”. A simple vista, parecería un ser humano, si no fuera por su descomunal tamaño.

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Se trata de un hombre desnudo, obeso y calvo, sentado en el piso con las piernas flexionadas, que parece estar en su madurez.

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El lenguaje corporal de la figura revela preocupación y desconfianza a través de su mirada -dirigida hacia abajo y a la derecha-, del ceño fruncido, y de la posición de los brazos; también el torso, inclinado hacia abajo y adelante, comunica abatimiento.

DSC02450La enorme figura se aproxima a una posición fetal, impactando al observador por el severo contraste entre la fuerza de su volumen y la sensación de impotencia que sugiere su postura.

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Creada en el 2000 en resina de poliéster pigmentado sobre fibra de vidrio, la obra confirma la singular habilidad del genial artista australiano para comunicar estados de ánimo, mediante una perfecta recreación de la anatomía que sin proponérselo se acomoda a las diversas circunstancias.

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© Pablo R. Bedrossian, 2014, 2107. Todos los derechos reservados, a excepción de los correspondientes a las fotografías de la nota original publicada en 2014.


NOTAS:

Recomiendo ver el documental que Gautier Deblonde filmó en el atelier de Ron Mueck, donde se lo observa trabajar con dos asistentes, de un modo sobrio, casi en completo silencio.

También sugiero adquirir el libro o cuadernillo “Ron Mueck” editado por la Fundación Proa, y dentro de él leer el excelente ensayo de Justin Paton sobre esta exhibición, que en total consta de nueve esculturas, las cuales mostramos en su totalidad.


CRÉDITOS MULTIMEDIA:

Como en la exposición que visité en la Fundación Proa, en el barrio de La Boca de Buenos Aires, estaba prohibido tomar fotografías, todas las imágenes fueron descargadas vía Google desde Internet (desconozco quiénes son los autores) y corresponden a las obras exhibidas allí. La mayoría pudo haber sido tomada en la exposición de París (2013), y, las restantes, en otras anteriores.

Todas las fotografías de la obra sin título del Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, de Washington DC, fueron tomadas por el autor de esta nota y no está permitida su reproducción sin su autorización escrita.


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